América Latina: políticos más católicos, sociedades más plurales

Este informe de Manuel Alcántara y Cristina Rivas, para Estudios de Política Exterior, contrasta los recientes desplazamientos de la filiación religiosa de las sociedades latinoamericanas y sus líderes políticos.

Aunque América latina sigue siendo una de las regiones del mundo donde se concentra un mayor porcentaje de población católica, esta situación lleva cambiando desde el último medio siglo. De ser sociedades homogéneas donde el catolicismo era casi seña de identidad nacional se ha pasado a un escenario en el que la confesión católica cubre al 80% de su población en términos de la medida regional, pero donde hay diferencias muy significativas por países. Por otra parte, tanto las creencias religiosas como la práctica de la religiosidad son diferentes entre las que se registran en el ámbito de la sociedad con respecto a las que se constatan en la clase política. En cualquier caso, el asunto de la religiosidad vinculada con cierto activismo en torno a cuestiones vinculadas a la educación pública, las costumbres y la expansión de derechos de minorías ha exacerbado movilizaciones como la de la marcha por el orgullo LGTBI o con pancartas con lemas como el de “con mis hijos no te metas”, con un notable impacto en la vida política como se ha puesto de relieve en el actual proceso electoral que vive Costa Rica.

La presente nota toma datos de las últimas encuestas realizadas a ciudadanos y a diputados llevadas a cabo por el proyecto LAPOP de la Universidad de Vanderbilt para los primeros en 2016 y 2017, y por el proyecto PELA de la Universidad de Salamanca entre los segundos para el periodo 2014-2017.

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El gráfico anterior pone de manifiesto la gran disparidad existente entre los países latinoamericanos a la hora del actual asentamiento del catolicismo. Mientras que en ocho países la población que se declara católica supera las dos terceras partes, en tres ya no llega a la mitad (Uruguay, El Salvador y Nicaragua). Y a ellos se suman otros cinco países en los que los católicos son menos del 55% de la población, aunque más de la mitad de la misma: Brasil, Chile, Guatemala, Honduras y República Dominicana. Centroamérica es, por consiguiente, la subregión donde se concentra el mayor número de población que se confiesa no católica, seguida de Uruguay, donde el tradicional laicismo afecta a la religiosidad en general, y Brasil.

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El anterior gráfico contrapone al primero los datos para el conjunto de los diputados de los países latinoamericanos. La comparación revela que, salvo Guatemala y Honduras, países donde los diputados que se declaran católicos son un porcentaje por debajo de la mitad de las asambleas legislativas, en los restantes el porcentaje sube para todos los casos por encima del 75%. Por consiguiente, y en términos de la coherencia de la representación, existe un claro desfase entre representados y representantes. El mundo católico está sobrerrepresentado en sociedades que tienden a ser, religiosamente hablando, más plurales.

Junto con la declaración de la fe religiosa que se profesa, existe una medición complementaria del grado de religiosidad que tiene que ver con la asistencia a los servicios religiosos, sean de la religión que sea.

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La tabla anterior pone de relieve también el comportamiento variopinto que se registra en los países latinoamericanos. Hay tres países adscritos al denominado Cono Sur –Argentina, Chile y Uruguay– que destacan por su menor práctica religiosa, ya que más del 50% de su población no asiste nunca o casi nunca a servicios religiosos. Ese dato contrasta con tres países centroamericanos en los que sus ciudadanos en porcentajes superiores al 55% dicen ir “más de una vez por semana” o “una vez por semana” (El Salvador, Guatemala, Honduras). Es interesante resaltar la brecha existente en este asunto entre ambas subregiones.

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La segunda tabla vuelve a mostrar similar disparidad en la representación que la registrada al referirnos a la religión profesada. Todos los diputados dicen asistir con mayor frecuencia a los servicios religiosos que los ciudadanos de sus países. Esta situación puede ser explicable por el hecho de que la función representativa requiere de la comparecencia pública en actos sociales de los diputados. Sin embargo, en Uruguay ello no sucede, reforzándose la idea de que el carácter laico de este país está sumamente asentado desde hace tiempo y los representantes actúan como los representados. Los países donde los diputados dicen asistir con mayor frecuencia a actos religiosos son El Salvador, Honduras y Nicaragua, con porcentajes superiores al 60%; por el contrario, los países en los que sus legisladores asisten menos son, además de Uruguay, Argentina y Venezuela, con valores inferiores al 20%.

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Mientras que los anteriores gráficos que reflejan el cruce tanto del grado en que se profesa la religión católica como el nivel de asistencia a oficios religiosos por parte de los parlamentarios, con su género muestran que no hay apenas diferencias. Los gráficos que cruzan ambas cuestiones con la edad ponen en evidencia un pequeño sesgo en favor de la edad. Quienes son más mayores son más católicos y asisten con algo más de frecuencia a servicios religiosos.

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Para concluir, estos dos gráficos cruzan la religión y la práctica religiosa con la ideología medida por la autoubicación de los propios legisladores en la escala izquierda-derecha (donde 1 es izquierda y 10 es derecha). El porcentaje de diputados que se declaran católicos varía muy poco de acuerdo con su agrupamiento en tres familias ideológicas: de izquierda (quienes se colocan entre el 1 y el 4), centro (los que se sitúan entre el 5 y el 6) y derecha (los ubicados entre 7 y 10). El primer gráfico evidencia la ligera correspondencia entre los que se sitúan en la derecha y el mayor grado de adscripción a la religión católica. Sin embargo, esta correlación es más evidente cuando se toma en cuenta la frecuencia con la que los parlamentarios asisten a los servicios religiosos (según el segundo gráfico). Sumando quienes dicen ir “más de una vez por semana” y “una vez por semana”, el porcentaje de los diputados a la izquierda es del 33,7%, mientras que los situados en el centro ascienden al 41,3% y los ubicados en la derecha al 54,7%.

Fuente

  • Estudios de Política Exterior
  • Fotografía: Flickr - Galo Naranjo. Licencia Creative Commons

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