Celso Carias: “El laico no es un súbdito, sino parte integrante del proceso eclesial”

Celso Carias miembro de la Comisión del Laicado de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil explica por qué es necesario atacar al clericalismo, y lo importante que es el misterio diaconal para las mujeres.

La llegada del Papa Francisco ha supuesto una vuelta a la teología del Vaticano II, que a partir de una Iglesia Pueblo de Dios pretendía hacer realidad una forma de organización en la que todos y todas tengan un protagonismo común dentro de la institución eclesiástica.

Partiendo de esos nuevos aires vaticanos, la Iglesia de Brasil ha instituido para 2018 el Año del Laicado, que tiene como tema: “Cristianos laicos y laicas, sujetos en la “Iglesia en salida”, al servicio del Reino”, y como lema: “Sal de la Tierra y Luz del Mundo”, cuya apertura coincide con la fiesta de Cristo Rey.
Uno de los miembros de la Comisión del Laicado de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB) es el teólogo laico Celso Carias, quien en esta entrevista nos ayuda a reflexionar sobre la necesidad de reconocer la importancia del laicado como elemento imprescindible para garantizar el futuro de la propia Iglesia Católica.

En una Iglesia donde impera el clericalismo, al que el propio Papa Francisco define como “un cáncer”, como nos recuerda Celso Carias, el Año del Laicado puede abrir nuevas perspectivas y caminos, que reconozcan la importancia de todos, también de las mujeres, verdaderas artífices de la presencia eclesial en muchas periferias de todo Brasil y para quienes es necesario un reconocimiento explícito por parte de la propia Iglesia.

Pero por encima de todo, el Año del laicado tiene que ayudar a entender que el laico no es un súbdito y sí parte integrante del proceso eclesial. Por eso, es necesario que la Iglesia se organice a partir del sacramento del bautismo y no del sacramento del orden.

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La Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB) ha convocado el Año del Laicado, al que se da inicio con la Fiesta de Cristo Rey. Como miembro de la Comisión Episcopal para el Laicado, ¿cuáles son las motivaciones de este año del Laicado?

Desde el inicio del Pontificado del Papa Francisco se ha retomado mucho la dimensión de integrar el laicado en la vida eclesial, lo que ha hecho posible que la Comisión del Laicado haya podido sugerir, después del Documento 105 de la CNBB, que es el documento que habla justamente de la dimensión laical, un evento en la Iglesia de Brasil que pudiese llamar la atención sobre la necesidad de esa integración del laicado y de la vocación de los laicos dentro de ese proceso eclesial.

Reunidos todos esos factores se hizo la sugerencia, fue bien recibida y aceptada y se hizo efectivo el año 2018 como el Año Nacional del Laicado.

De hecho, esa integración del laicado en la Iglesia de Brasil, dentro de la vida y de la toma de decisiones, ¿es algo que ya está teniendo lugar o todavía es algo poco acogido?

Tenemos que ser sinceros. Después del Vaticano II, en América Latina, también en Brasil, que lo conocemos mejor, hubo una integración del laicado dentro del proceso eclesial. Sin embargo, acabamos viviendo un periodo de nueva centralización, un poco en la línea de aquello que el Papa Francisco define como auto-referencia, que durante treinta y tantos años hizo que el laicado dejase de tener un papel protagonista, sino de sumisión a una centralización del poder clerical, en el sentido de clericalismo.

Eso fue algo que provocó un alejamiento de aquello que es la lógica de la eclesiología del Vaticano II. Lo que estamos proponiendo en realidad es una retomada de la eclesiología del Vaticano II.

Ese clericalismo, que el Papa Francisco dice que es uno de los grandes pecados de la Iglesia, ¿es algo que sólo está presente en el clero, o en Brasil, el propio laicado es clerical?

El Papa Francisco a veces usa expresiones muy fuertes y él dice que el clericalismo es un cáncer, que es una enfermedad que no ataca un único sector del cuerpo, sino al cuerpo como un todo. En ese sentido, el clericalismo es una experiencia de auto-referencialismo que está presente en todos los lugares, inclusive, infelizmente, para el propio laicado.

Hay laicado clerical, diáconos permanentes clericales, todos los sectores de la Iglesia que acaban cayendo en lo que el Papa Francisco tiene acentuado en estos últimos años, que no se expresa en la dimensión del servicio, en la recuperación de la identidad y de la ciudadanía por el bautismo, sino por esa centralización.

Como asesor nacional de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) y su representante en la Comisión Episcopal para el Laicado, ¿Cuál es el papel que las CEBs pueden tener en este año del Laicado?

Creo que pueden tener un papel muy importante. A pesar de que hoy en día las CEBs no se las reconoce como medio articulador de la pastoral en muchas diócesis, el laicado de las CEBs es un laicado bastante preparado, con conciencia crítica, con fundamentación bíblica, que puede marcar la diferencia en este momento en que la Iglesia de Brasil ofrece un espacio de reflexión sobre los laicos y laicas.

Creo que las CEBs, aunque no sean mayoría, sino todo lo contrario, pueden ayudar a marcar la pauta, a reflexionar, a apuntar, como acabé de decir, en la dirección de la eclesiología Pueblo de Dios, que es lo que se está queriendo rescatar.

El papel de la mujer en la Iglesia está queriendo ser rescatado, puesto en un lugar de mayor protagonismo por el Papa Francisco. ¿El año del laicado puede ser un momento importante para que el papel de la mujer, sobretodo de la mujer laica, sea reconocido por la Iglesia de Brasil?

Yo tampoco tengo duda, aunque está claro que en una dimensión de proceso, no vamos a esperar que a lo largo de 2018 las mujeres laicas pasarán a ser protagonistas en varias dimensiones de la vida eclesial, pues sería esperar demasiado.

Pero no hay duda que también, como nos dice el título del documento 105 de la CNBB, que configura la cuestión de género, al hablar de laicos y laicas, esa conciencia de que la mujer no puede ser tratada como sumisa a la realidad del machismo, es algo muy fuerte en la comprensión de muchos laicos y laicas y es necesario llamar la atención sobre eso.

Creo que como proceso, como elemento que va a ser reflexionado y cuestionado, pues es necesario cuestionar, no tengo duda de que será ampliada esa conciencia.

También porque no podemos cerrar los ojos y decir que las mujeres no son importantes, cuando de hecho son la mayoría o la práctica totalidad de la presencia laical en la Iglesia. ¿Podemos continuar considerando a la mujer dentro de la Iglesia con un papel subsirviente?

De ninguna manera, pues en la Iglesia hay mucha gente que es tratado como ser humano de segunda categoría. Muchos dicen eso, no es algo que yo inventé, pues he visto gente común diciendo eso. Yo soy de la “Baixada Fluminense”, estado de Río de Janeiro, donde muchas comunidades son lideradas por mujeres, y si no fuese por las mujeres, la mayoría de las comunidades estarían cerradas.

Dejar de reconocer esa importancia, ese papel fundamental, es querer esconder los problemas existentes. Por eso, es fundamental que eso aparezca claramente, que todos sean tratados de igual manera, cada uno en su especificidad de género, pero con una dignidad que nace de una igualdad fundamental.

Cerrar esas comunidades supondría acabar con la presencia de la Iglesia Católica en las periferias. ¿Cuándo esas mujeres van a tener un reconocimiento expreso de la Iglesia a través de un ministerio, que puede ser un ministerio laical o las diaconisas, de las que tanto se escucha hablar, o incluso otras propuestas a las que algún día se puede llegar? ¿Eso es una necesidad, las mujeres necesitan eso?

No tengo ninguna duda de que ese reconocimiento es extremamente necesario. Evidentemente, antes de eso, y no es sin ningún fundamento que el Papa Francisco habla constantemente sobre eso, es necesario atacar al clericalismo, pero simbólicamente es importante que las mujeres ocupen esos espacios de referencia, como por ejemplo el ministerio diaconal para las mujeres, algo que ya está en fase de estudio. No hay, y en ese sentido hablo como teólogo, sabiendo que no soy un teólogo de gran profundidad, pero no encuentro nada ni en la Biblia, ni en la tradición magisterial que puede impedir que la mujer sea contemplada con un ministerio específico, como por ejemplo el ministerio de diaconisa.

¿Cuáles pueden ser los pasos, perspectivas, intuiciones, que pueden nacer de este año del laicado?

Podemos destacar algunos, que varios ya han aparecido en nuestra conversación, pero en grado de importancia, lo que uno espera que sea retomado es esa conciencia de que laico y laica es miembro efectivo de la Iglesia por el bautismo y no esa posición de súbdito a la que muchas veces se ve sometido en la realidad eclesial de las diócesis y parroquias.

El laico no es un súbdito, sino parte integrante del proceso. Si fuese hecha alguna cosa en esa dirección, y creo que puede ser dada una contribución en ese sentido, valdrá la pena.

También porque el sacramento principal y primero es el bautismo. De hecho, una vez preguntaron al Papa Benedicto cual había sido el día más importante en su vida y respondió que el día de su bautismo. ¿Cuándo la Iglesia va a organizarse a partir del bautismo y no del sacramento del orden?

Esa es la cuestión clave, el punto fundamental está ahí. En una carta que el Papa Francisco escribió al cardenal Oullet, responsable de la Comisión para América Latina, él dijo algo parecido, pero desde mi punto de vista más contundente, diciendo que nadie nace obispo, sacerdote, sino que nacemos para la Iglesia por el bautismo.

Ese es el postulado fundamental. Por eso, recuperar esa teología es algo importantísimo si queremos pensar en términos de futuro. Si estamos pensando en el mundo moderno, en los desafíos urbanos, en aquello que está circundando nuestra experiencia de fe, sin protagonismo de los laicos y laicas creo que estamos dándonos muchos tiros en el pie.

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