Chema García, apasionado con el mundo indígena

José María García nació en Segovia (España) y con 19 años ingresó a la Compañía de Jesús. Llegó a Perú por primera vez en 1969 para realizar su etapa apostólica de “magisterio” en el Colegio de la Inmaculada, donde fue profesor de religión y de comunicación. Después de realizar sus estudios teológicos en la Universidad de Comillas (Madrid), los completó en la facultad de Santo Toribio de Lima.

El único destino de la vida apostólica de Chema fue la comunidad de URCOS (Quispicanchi, Cusco) a la que fue enviado en 1974. En esos años, junto con él, llegaron otros jesuitas recientemente ordenados para fortalecer una misión nueva y prioritaria en la Provincia. Ese año el catálogo se refería a su comunidad como Residentia apud quechuas, y lo calificaba de “territorito experimental”. Chema se unió con entusiasmo al desafío de crear una nueva comunidad jesuita cuyo principal objetivo era la inculturación del evangelio en la zona andina.

Durante los 40 años que pasó en Quispicanchi su trabajo y presencia en la zona fue evolucionando. Los primeros años los dedicó al aprendizaje del quechua y al conocimiento de la cultura lo cual hizo recorriendo las comunidades y conviviendo durante largos periodos con los campesinos. En ese tiempo conoció profundamente la cultura lo cual resultó fundamental para todas las iniciativas que emprendió posteriormente. De los diarios de sus experiencias de estos primeros años procede el libro “Con las comunidades del Ausangate” escrito entre 1975 y 1982, y que ha tenido un gran difusión. Otra hito importante en su trayectoria fue el trabajo para la electrificación de los distritos de la zona alta de la parroquia que culminó con éxito después de desarrollar un enorme esfuerzo de coordinación, tanto con las comunidades campesinas como con las autoridades.

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Posteriormente, en el discernimiento de la comunidad jesuita se vio importante involucrarse en el área educativa. Por eso en 1995 tras un año sabático en España se encarga de iniciar Fe y Alegría en la zona. Empieza con el colegio de Andahuailillas y desde él, se constituye el PERFAL: la red de escuelas rurales que dirigió hasta 2014. A esta iniciativa educativa se le pueden atribuir grandes logros tanto en la educación de calidad como en las innovadoras propuestas de educación bilingüe, pero sobre todo porque consiguieron elevar de forma sustancial el índice de perseverancia de estudiantes en la escuela.

Siempre mantuvo una dedicación especial a la formación de los catequistas rurales, y una especial vinculación con la parroquia San Juan Bautista de Ccatca de la que fue párroco desde el año 1992. Fruto de su trabajo pastoral editó el devocionario Diospa llaqtanpi huñukusunchis que contiene canciones y oraciones en quechua y que se ha constituido en un material imprescindible para la labor de los catequistas.

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El profundo amor a la cultura quechua definió la vida y dictó los criterios de Chema. Ese amor estuvo estrechamente vinculado a una sensibilidad muy fina hacia los más débiles y las injusticias que se pudieran cometer contra ellos. Fue un hombre de carácter fuerte y, al mismo tiempo, cariñoso y entrañable. No dejaba indiferente a los que le trataban, siempre claro y perseverante en las opciones fundamentales de su vida. Era, de alguna manera, la memoria de la presencia de los jesuitas en Quispicanchi.

A finales del año 2014 se le diagnosticó el cáncer. Durante el año 2015 alternó temporadas viviendo en la enfermería de Lima, a donde venía para recibir su tratamiento, y estancias en Cusco. En último mes de diciembre pudo ver varios sueños cumplidos: recibió el templo de Ccatca totalmente restaurado, celebró su último cumpleaños en su tierra querida, y pudo entregar unos cuadros que había preparado con mucho cariño para el templo de Cauri, recién inaugurado.

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