Colombia: Elecciones presidenciales 2018. Estudio cualitativo de opinión

Luego de las elecciones legislativas del pasado 11 de marzo, el panorama político colombiano está aún lleno de incertidumbres. Este estudio del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica CELAG que compartimos, nos da pistas para entender el momento actual e intentar descifrar el sentir de los colombianos.

El Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica CELAG ha elaborado un estudio demoscópico cualitativo sobre el clima de opinión en torno a las elecciones presidenciales de Colombia, previstas para el próximo 27 de mayo. El trabajo de campo se realizó entre el 12 de febrero y el 6 de marzo en las ciudades de Bogotá, Medellín, Cali y Buenaventura, mediante sesiones de debate de técnica mixta, combinando grupos de discusión con grupos focales. La división de la muestra participante se basó en la separación por estratos que habitualmente utiliza el Departamento Administrativo Nacional de Estadística de Colombia (DANE) en sus investigaciones[1]. De esta forma, las sesiones se realizaron agrupando a los participantes en tres bloques, de acuerdo a la siguiente división: grupo A, estratos 1 y 2 (estratos bajo-bajo y bajo); grupo B, estratos 3 y 4 (estratos medio-bajo y medio); grupo C, estratos 5 y 6 (medio-alto y alto).

Todas las sesiones comenzaron preguntando a los intervinientes sobre la situación política, económica y social. En prácticamente todas las ocasiones, el debate no desembocaba en la cuestión electoral. A apenas tres meses de las elecciones, éstas no surgían de forma espontánea en las discusiones sobre el estado del país. La ausencia era tan notoria que los conductores de las sesiones se vieron obligados a introducir el tema. De ahí que a la previsión inicial de realización exclusiva de grupos de discusión hubiera que añadir técnicas de grupos focales.

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La primera conclusión, por tanto, es que el hecho electoral no está presente en el debate sobre la situación política y socioeconómica del país. No se puede hablar de un clima electoral. Este desinterés hacia los comicios ratifica los hallazgos del estudio cuantitativo de opinión llevado a cabo por Celag también en el pasado mes de febrero[2]. En esa encuesta, dos de cada tres colombianos ignoraban cuándo se celebrarán las elecciones. No obstante, hay que señalar que ambos estudios se llevaron a cabo antes de las elecciones legislativas y consultas internas del pasado 11 de marzo. Por tanto, no se contemplan los previsibles incrementos del interés público que todo proceso electoral conlleva, así como la mayor exposición mediática de los candidatos.

Cualquier conclusión posterior de este estudio cualitativo debe ser analizada a la luz de la premisa del desinterés y/o desinformación sobre las elecciones. En la raíz de la atonía se encuentra un escepticismo generalizado sobre la utilidad de las elecciones. El discurso triunfador, en todos los estratos, es aquel que no contempla ninguna posibilidad de cambio, con independencia del resultado que arrojen las urnas. Gane quien gane, todo va a seguir igual. Por consiguiente, las elecciones no tienen ningún interés. De ahí la apatía, el desinterés y la desinformación. La abstención o el voto en blanco son hegemónicos en el debate. Este convencimiento de la futilidad de las elecciones se fundamenta con razonamientos históricos, tanto del pasado reciente, como del más lejano. La historia de Colombia demuestra que aparentemente pareciera imposible un cambio. Las opciones alternativas, o son cooptadas por el sistema, volviéndose igual que el resto, o son eliminadas, ya sea política y/o civilmente o, incluso, físicamente mediante el asesinato. Las espirales de silencio detectadas se construyen sobre ese discurso triunfante de la impugnación electoral. El descrédito de lo político hace que cualquier opinión divergente permanezca oculta por temor a la sanción en forma de crítica o de ridiculización. Hasta la postura de la necesidad de votar como deber cívico –el sentido republicanista del voto– se ve obligada a justificarse y a argumentar a la contra. Esta posición defensiva se incrementa cuando se muestra cierta simpatía con algún candidato.

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Frases emergentes sobre la atonía política y electoral:

  • “Al colombiano la política le asquea”.
  • “Me desconecté de la política porque me estresaba”.
  • “Nunca voto por ninguno de ellos”.
  • “Uno no sale a votar porque ya uno sabe”.
  • “Yo voto en blanco”.
  • “La gente está resignada”.
  • “Uno no vota por la falta de conocimiento”.

Ante la ausencia de lo electoral, el debate político se inclina indefectiblemente hacia lo económico. La situación económica es percibida unánimemente como muy negativa, así como las perspectivas de futuro. La palabra “crisis” aflora continuamente. De nuevo es pertinente la comparación con el estudio cuantitativo, donde un 58% consideraba que la economía no había hecho más que empeorar en el pasado año.

Los discursos se vuelven resignados –“esto no hay quien lo arregle”; “este país no tiene solución”–, cínicos –“que roben pero que al menos hagan algo”– y clasistas –“el problema es que los pobres no saben lo que votan”–.

Frases emergentes sobre la situación económica:

  • “A todo le suben menos a los sueldos”.
  • “El año pasado no era tan complicado”.
  • “Ya no se puede”.
  • “Queremos una vida digna”.
  • “Difícil ofrecer empleos”.
  • “Si la situación actual sigue, tendremos una crisis”.
  • “La crisis ya existe”.

Los discursos que emergen sobre las causas de la mala situación económica se centran en las élites políticas y empresariales para después extenderse a la totalidad de la sociedad colombiana. Las argumentaciones empiezan invariablemente por la crítica hacia las élites:

  • La corrupción de políticos y grandes empresarios. Se llega a la política para enriquecerse. Todo político es corrupto.
  • Secuestro del sistema por parte de las élites: el mito de las “Cinco Corbatas” o grandes familias que controlan el país.
  • Esos políticos, además de corruptos, son incapaces.

Frases emergentes sobre la responsabilidad política en la crisis:

  • “Todos roban”.
  • “Los políticos están vendiendo todo”.
  • “En este país, ser corrupto paga”.
  • “Dicen una cosa y después hacen otra”.

Pero de forma inmediata, la crítica deriva en la totalidad:

  • Todas estas deficiencias son producto de la “colombianidad”, una serie de valores –o más bien de antivalores– que conducen a esta situación: picaresca, corrupción, ineficiencia, falta de capacitación, flojera, indisciplina, irrespeto…
  • Por tanto, los políticos son corruptos porque Colombia es corrupta.
  • Los políticos son ineficientes porque Colombia es ineficiente.

De esta forma, de la culpabilidad personal se pasa a la culpabilidad colectiva. La responsabilidad queda diluida en el magma difuso de la “colombianidad”.

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Frases emergentes sobre la responsabilidad colectiva y los antivalores colombianos:

  • “Hay una sociedad de antivalores”.
  • “La patria boba”.
  • “Nos da miedo leer”.
  • “Es un país que no entiende que pensar diferente está bien”.
  • “Vinimos de una historia donde no nos enseñaron a ser críticos”.
  • “Mucha gente en Colombia no ama a Colombia”.
  • “Te enseñan de pequeño a preguntar cuánto vas a recibir y no cuánto vas a dar”.

Los discursos se vuelven resignados –“esto no hay quien lo arregle”; “este país no tiene solución”–, cínicos –“que roben pero que al menos hagan algo”– y clasistas –“el problema es que los pobres no saben lo que votan”–.

Sobre un sustrato común de deslegitimación de lo político, pesimismo ante la situación económica e indiferencia electoral se levantan diferentes discursos segmentados por estratos:

Estratos altos 5 y 6:

  • Asumen por completo el imaginario neoliberal. El gran problema de la economía colombiana es la excesiva presencia del Estado: impuestos, controles, límites al libre mercado, leyes restrictivas de la iniciativa privada, burocracia, corrupción, ineficiencia, etcétera. El Estado es un mastodonte que impide que Colombia se desarrolle.
  • La meritocracia es la única medida para la promoción personal. Quien ha triunfado es porque está capacitado. El que no ha tenido éxito es porque no ha aprovechado sus oportunidades. Se edulcora el mensaje clasista: a los pobres no se los discrimina por su nivel económico, sino por su falta de preparación.
  • Las clases altas expresan una cierta precaución ante una posible llegada de lo que denominan populismos de izquierda, englobando en esta etiqueta a todo aquel político que no comparte sus postulados neoliberales. Cualquier subsidio o ayuda social –además de ineficiente puesto que solo promueve la pasividad y no estimula la iniciativa personal– es una señal de alerta sobre el avance de estos populismos, que buscan un voto clientelar.
  • La mirada sobre la “colombianidad” es absolutamente despreciativa, pero este sector se excluye de los antivalores: “El colombiano es flojo pero yo no lo soy”; “El colombiano es pícaro pero yo no lo soy”.
  • En este estrato es donde más anida la conciencia republicanista del deber del voto, aunque su percepción sobre los candidatos de su espectro ideológico es muy negativa (algo que casa perfectamente con el imaginario neoliberal, que ve a los políticos como un mal necesario) Asimismo, también son los que se muestran más informados sobre las elecciones.
  • En estas elecciones se percibe, desde este estrato, un discurso del “voto del miedo”, “voto a la contra” o “voto defensivo”. Se votaría para impedir la llegada de un candidato de corte populista de izquierdas, según su imaginario (por ejemplo, Gustavo Petro) y no tanto porque los candidatos propios ilusionen.

Aunque cuantitativamente son el sector más reducido, las clases altas y medias altas tienen una gran capacidad de instalar opinión y propagar sus valores, como se comprobará al analizar los siguientes estratos.

Frases emergentes en el discurso de los estratos 5 y 6:

  • “El neoliberalismo de Gaviria no estuvo mal”.
  • “El 60% de la gente no está haciendo un carajo”.
  • “No estamos preparados para enfrentar una globalización”.
  • “El pueblo es responsable de lo que recibe”.
  • “El socialismo de darle a todos por igual no es lo mejor”.
  • “El socialismo destruye países”.

Venezuela es un tema recurrente en todos los grupos y en todos los lugares. La situación del país vecino es considerada muy negativa por absolutamente todos los estratos, sin ningún tipo de distinción. Venezuela surge de forma espontánea en todos los debates, con independencia de la clase social o de la ciudad. Los discursos en relación a este tema se articulan de las siguientes formas.

Estratos medios 3 y 4:

  • Asumen por completo el discurso neoliberal de las clases altas. Fe ciega en el ascenso social por los propios méritos, mitificación de la figura del emprendedor, exaltación de lo individual, ausencia de conceptos y acciones colectivas, estigmatización y criminalización de las clases populares.
  • Sus discursos denotan la falta de una identidad clara. No hay un sentido de pertenencia grupal y los discursos se mueven entre lo que no son pero les gustaría ser (clases altas) y lo que no quieren ser pero tal vez lo sean (clases bajas).
  • Esta esquizofrenia es muy patente a la hora de abordar las ayudas sociales. Por una parte, es evidente que su percepción de un menguante poder adquisitivo se vería aliviada con ayudas para salud, educación, vivienda, transporte… Pero por otro lado, muestran una suerte de dignidad meritocrática en la que todo lo que han conseguido ha sido gracias a su esfuerzo. Por lo tanto, rechazan de plano las ayudas para las clases populares y, en consecuencia, para ellos mismos.
  • Su discurso es victimista y profundamente destructivo, en especial, hacia la clase política tradicional. Es un discurso muy difícil de capitalizar en términos políticos.

 Frases emergentes en los discursos de los estratos 3 y 4:

  • “Hay falta de emprendimientos”.
  • “Todos roban”.
  • “Ningún aspirante a presidente nos conviene”.
  • “Tristeza todo el platal que le dan a los guerrilleros”.
  • “Las encuestas están manipuladas”.

Estratos bajos 1 y 2:

  • La dificultad de la vida cotidiana impregna su discurso. Las frases recurrentes –“no da”; “no alcanza”– denotan que su máxima preocupación es el deterioro de su poder adquisitivo.
  • En estos grupos sí hay una demanda de actuación del Estado en forma de ayudas sociales para paliar su situación.
  • Relacionan de forma muy directa su situación con la corrupción. Hay una vinculación instintiva entre lo que roban los políticos y el dinero que debía estar destinado a los más vulnerables.
  • Son los únicos sectores en los que en algunas franjas se atisba cierta rebeldía ante el sistema –a veces expresada de forma muy ingenua, como la posibilidad de auto-organizarse al margen del Estado– y la esperanza de algún tipo de cambio.

Frases emergentes en los estratos 1 y 2:

  • “Que la brecha entre pobres y ricos baje”.
  • “Ahora siempre te quieren pagar el mínimo”.
  • “La educación cada vez es más mediocre”.
  • “No queremos que nuestros hijos vivan lo mismo que nosotros”.
  • “Ya no hay inversión social”.
  • “Cuando las cosas son privadas no funcionan”.
  • “Necesitamos un político que de verdad luche por resolver las necesidades”.

Conviene aclarar que, a pesar de esta mirada sombría sobre Colombia, no hay una impugnación total del sistema. La situación es considerada muy negativa y se demanda un cambio, pero no hasta el punto de desear una ruptura. El cambio o la mejora deben producirse dentro del sistema ya construido y aceptado.

Venezuela es un tema recurrente en todos los grupos y en todos los lugares. La situación del país vecino es considerada muy negativa por absolutamente todos los estratos, sin ningún tipo de distinción. Venezuela surge de forma espontánea en todos los debates, con independencia de la clase social o de la ciudad. Los discursos en relación a este tema se articulan de las siguientes formas:

  • Para las clases altas y medias, Venezuela es el ejemplo de a dónde conducen los populismos de izquierda y una señal de advertencia para Colombia. Es ahora mismo el argumento más difundido desde el bando del “voto del miedo” frente al “voto del cambio”.
  • Las clases populares no conceptualizan políticamente este miedo, pero sí que expresan el temor de que Colombia siga el camino de Venezuela.
  • Hay una creciente sensación de que el problema de Venezuela ha llegado a Colombia a través del ingreso masivo de inmigrantes. Esta migración –novedosa en la historia colombiana– es percibida de formas diferentes:
  • Las clases altas y medias-altas muestran tristeza del destino de los habitantes de un país tan rico en petróleo, pero no denotan ningún temor ante esa avalancha supuestamente masiva.
  • Las clases bajas y medias-bajas sí expresan ese miedo, fundamentado en dos amenazas
  • Los emigrantes venezolanos traen delincuencia.
  • Competencia laboral. Los emigrantes venezolanos quitan el trabajo a los colombianos porque: 1. Están mejor preparados. 2. Aceptan salarios más bajos.

Frases emergentes sobre Venezuela:

  • “Ahora, con los venezolanos es peor”.
  • “Veo en cinco años una nueva Venezuela aquí”.
  • “Le economía se va a poner peor con los venezolanos”.
  • “Las personas que vienen de Venezuela están empeorando la situación”.
  • “Los venezolanos tienen mejor hoja de vida y aceptan que se les pague menos. Por eso los contratan a ellos y no a nosotros”.
  • “La izquierda venezolana y cubana viven como reyes”.
  • “Los venezolanos se tienen que ir”.
  • “Durante el paro cívico en Buenaventura pasaban por televisión a Venezuela”.

Venezuela eclipsa en los debates al Proceso de Paz, el otro tema que polariza el eje “voto del miedo” / “voto del cambio”. Los discursos sobre los acuerdos con la guerrilla tardan en aparecer y cuando lo hacen deslizan subrepticiamente la cuestión hacia el pasado. No es que el conflicto forme parte del pasado, sino que debería ser parte de una Colombia ya pretérita. De esta forma, la existencia de la guerrilla sería un anacronismo.

Este discurso es especialmente fuerte en un sector joven urbano, especialmente en Bogotá, que muestra un cansancio creciente hacia lo que consideran una política del pasado, de sus progenitores, que ya está caduca para ellos. El conflicto sería el máximo ejemplo de esa política caduca. Ellos preferirían debatir de otros temas más relacionados con la modernidad y el progreso, con claros referentes en Estados Unidos y en Europa.

En lugares como Cali o Buenaventura las referencias al Proceso de Paz son más visibles y el tema no da tantos síntomas de agotamiento. En estos lugares, y muy especialmente entre jóvenes de los estratos 1 y 2, se detectó una corriente de cierta simpatía hacia la guerrilla. Se valoraba el hecho de que era el único elemento de confrontación con un sistema al que consideran injusto y que, en muchas ocasiones, habían ejercido de defensores de los más vulnerables. Esta simpatía se inscribe en la corriente de rebeldía descrita con anterioridad.

Frases emergentes en torno al Proceso de Paz:

  • “Tristeza todo el platal que dan a los guerrilleros”.
  • “Es mejor derrotarlos por las urnas que por las armas”.
  • “Nadie habla de los secuestrados que están en la selva”.
  • “Las Farc se fueron a las armas por culpa del Gobierno”.
  • “La guerrilla nunca se va a acabar”.
  • “La guerrilla en Colombia es necesaria”.
  • “Las Farc han matado libremente”.

Candidatos y otros actores políticos

Para una correcta valoración de los discursos que emergen sobre los candidatos electorales y otros actores políticos es necesario insistir en el desinterés hacia los comicios, pero también tener presente que quizás el conocimiento y el interés hayan aumentado tras las elecciones del 11 de marzo, posteriores a este estudio.

Una muestra palpable de la atonía electoral es que tan sólo Gustavo Petro y Germán Vargas Lleras surgen de forma espontánea en el debate a la hora de hablar de los candidatos presidenciales y Álvaro Uribe de entre el resto de los actores políticos. Ni siquiera el presidente en ejercicio, Juan Manuel Santos, es mencionado.

Gustavo Petro.

Es el único candidato por el que sus votantes denotan sentimientos de simpatía, adhesión y militancia. Capitalizaría ese “voto de la esperanza” frente al “voto del miedo”. En la franja joven de estratos 1, 2 y en menor medida 3, en especial en ciudades como Cali o Buenaventura, se evidencia un deseo de mostrar la ilusión por el voto a Petro. En este caso, la espiral de silencio se retrae frente a una ilusión que se desea que sea contagiosa. Las alusiones positivas en torno a su figura se centran en la certeza de que es la verdadera opción del cambio.

Petro también está presente en el discurso del miedo emanado de las clases altas. Es el ejemplo de izquierdismo populista que conduciría a Colombia a la situación de Venezuela. De hecho, la acusación de castrochavista surge de forma recurrente.

El exalcalde de Bogotá es el único candidato en torno al cual se construyen los discursos de la polarización, ya sea a favor o en contra. Una muestra es la percepción de su mandato en la Alcaldía capitalina. Para sus seguidores, sus políticas sociales demuestran su sensibilidad hacia los más vulnerables y la voluntad de cambio. Por el contrario, sus detractores ven en estas políticas un asistencialismo populista que sólo conduce a la pasividad por parte de sus perceptores, establece un clientelismo electoral y allana el camino a la venezolanización de Colombia.

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“Va a convertir Colombia en Venezuela”.

Frases emergentes en torno a Gustavo Petro:

  • “Ayudó a los vulnerables”.
  • “Fue un buen alcalde”.
  • “Fue guerrillero”.
  • “Es el mejor candidato”.
  • “Ese es (en tono positivo)”.
  • “Es el protagonista”.
  • “Va a convertir Colombia en Venezuela”.
  • “Quiero verlo más en los medios”.

Germán Vargas Lleras.

Junto con Petro, es el otro candidato que aparece de forma espontánea. Hay consenso con respecto a la percepción negativa de su figura y no tanto por su trayectoria política –aunque se critica su gestión y se le pone como ejemplo de corrupción y de Vieja Política– sino por sus características personales: hosco, zafio, antipático, de modales groseros… Es, en definitiva, un personaje oscuro. El episodio de su agresión a uno de sus escoltas es redundante en todos los debates y consolida las percepciones negativas. Se va diluyendo cierto convencimiento generalizado de que indefectiblemente va a ganar con independencia de la consideración que sobre él se tenga.

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“Qué puede esperarse de alguien que le pega a sus empleados”.

Frases emergentes en torno a Germán Vargas Lleras:

  • “Es un patán”.
  • “Mentiras”.
  • “Qué puede esperarse de alguien que le pega a sus empleados”.
  • “Hace campaña con los fondos del Estado”.
  • “Lo mismo de Uribe”.
  • “Ojalá no gane”.

Sergio Fajardo.

El exgobernador de Antioquia sirve como refugio de voto para aquellas franjas progresistas que consideran a Petro demasiado radical. Este discurso, patente en estratos medios, se cimenta en una buena valoración de su preparación y en su imagen moderada. Pero la percepción generalizada es o bien de desconocimiento sobre su figura o de crítica hacia su indefinición ideológica y su tibieza ante muchos temas. Permea la idea de que carece de autoridad para gobernar.

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“Es muy medias tintas”.

Frases emergentes en torno a Sergio Fajardo:

  • “Es muy medias tintas”.
  • “Cayó en las encuestas cuando dijo lo de subir la edad de las pensiones”.
  • “Puede ser un cambio”.
  • “Muy buena gestión como gobernador”.
  • “Es un corrupto”.
  • “Haría las cosas distintas”.
  • “Es de la oligarquía”.

Iván Duque.

Un gran desconocido, aunque probablemente el nivel de conocimiento habrá aumentado tras su victoria en la consulta interna de este 11 de marzo. Se le considera un títere de Álvaro Uribe y, con base en esta supuesta dependencia, se le atribuyen cualidades relacionadas con la grisura y la falta de carisma. Las reflexiones sobre Duque terminan por convertirse en reflexiones sobre Uribe, ya sea a favor o en contra. Hay un leve discurso en los estratos medios y altos que valora su preparación y una presunta moderación. Desde los estratos bajos y medios/bajos se le considera una pieza más de los poderosos que va a gobernar a favor de ellos y no del pueblo y siempre según los dictados de Uribe.

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Frases emergentes en torno a Iván Duque:

  • “Un títere de Uribe”.
  • “Va a hacer una campaña populista”.
  • “Muy preparado”.
  • “Con muchos estudios”.
  • “Es un paraco”.
  • “Tiene propuestas de Economía Naranja”.
  • “Es moderado”.
  • “Es otro corrupto”.
  • “Me gustaría escucharlo en un debate”.
  • “Lo mismo que Uribe”.
  • “Ojalá no gane”.

Piedad Córdoba.

Aunque es una política con un amplio grado de conocimiento, pocos sabían que se presenta como candidata. De hecho, la sorpresa e, incluso, la incredulidad eran la tónica dominante cuando los moderadores informaban sobre su postulación. Se mantiene en el discurso una relación con el Gobierno de Venezuela que nadie refuta. Hay un discurso que valora su defensa de las mujeres, los Derechos Humanos, la diversidad sexual o las minorías étnicas. Sin embargo, este discurso se complementa con las dudas sobre la transversalidad de su propuesta. También hay una línea discursiva que la sitúa en un tiempo político que tiende a desaparecer.

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“Contaminada por las ideas castrochavistas”.

Frases emergentes en torno a Piedad Córdoba:

  • “Ayudó a los secuestrados”.
  • “No la veo ni de izquierda ni de derecha”.
  • “No sabía que Piedad Córdoba era candidata”.
  • “Contaminada por las ideas castrochavistas”.
  • “Fue guerrillera”.

Álvaro Uribe.

De los actores políticos no candidatos presidenciales es el único que aparece en los debates. Se denota una erosión progresiva de su figura y una tendencia a considerarlo un elemento menos determinante de lo que era hace unos años, aunque sigue manteniendo un enorme ascendente sobre el discurso político. Da la impresión de que las recientes acusaciones y sus comparecencias judiciales están debilitando una imagen pública antaño muy sólida, con independencia de que se le apoyara o no.

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“Uribe polarizó el país”.

Frases emergentes en torno a Álvaro Uribe:

  • “Uribe polarizó el país”.
  • “Uribe no es la persona que yo creía”.
  • “Yo era muy uribista”.
  • “Yo soy antiuribista”.

Actores políticos y sociales ausentes:

además de la ya mencionada ausencia de Juan Manuel Santos, tampoco aparecieron en los debates los partidos políticos –se hablaba solo de personas, nunca de organizaciones–, las Fuerzas Armadas, la Iglesia Católica, otras confesiones religiosas, la Policía, el narcotráfico y otras organizaciones delictivas y temas relacionados con la inseguridad.

Ficha técnica:

  • Trabajo de campo: del 12 de febrero al 6 de marzo de 2018.
  • Lugares: Bogotá, Medellín, Cali y Buenaventura.
  • Método de trabajo: sesiones de debate con técnicas mixtas de grupo de discusión y grupos focales.
  • Número de sesiones: 36
  • Intervinientes: 210 personas; 110 hombres y 100 mujeres; 102 intervinientes de entre 18 a 25 años de edad; 108 intervinientes de 26 a 41 años de edad.
  • Coordinadores del estudio: Alejandro Fierro y Óscar Navarro, investigadores del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica.

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