Cómo la universidad jesuita más reciente del mundo está promoviendo la agricultura sostenible

Los abundantes recursos naturales de la República Democrática del Congo no sólo se encuentran bajo tierra. Cualquier visitante nuevo al país no puede dejar de apreciar la abundante vegetación y las fértiles tierras cultivables de este país.

Y sin embargo, a pesar de sus excelentes condiciones de suelo y clima, la República Democrática del Congo (RDC) tiene que importar gran parte de su comida desde los países vecinos. El sector agropecuario es quizás otra víctima más de la maldición de los recursos minerales. El intenso enfoque en la explotación de materias primas preciosas -–la búsqueda de El Dorado-– ha contribuido a la falta de interés en el desarrollo del potencial agrícola de la nación.

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Fotografía: Flickr CIFOR. Licencia Creative Commons

Habiendo identificado un déficit nacional de habilidades agrícolas, la Université Loyola du Congo (ULC) ha tratado de crear un centro de excelencia para la sostenibilidad y la seguridad alimentaria. Establecida sólo el año pasado, la ULC es la universidad jesuita más nueva del mundo. Su Centro de Investigación y Comunicación para el Desarrollo Duradero (CERED), que forma parte de la Facultad de Ciencias Agropecuarias y Veterinarias de la Universidad, ha desarrollado un programa multidisciplinario para una amplia gama de participantes interesados que incluye investigadores, estudiantes y comunidades locales.

Viajé a la sede de la ULC en Kimwenza, un distrito meridional de Kinshasa, para conocer al director de CERED, Ghislain Tshikendwa Matadi SJ. La visión del Padre Ghislain es desarrollar un centro que reúna las ciencias naturales y sociales, lo que sitúa el bienestar de las personas en todo el centro de su investigación y formación educativa. Como superior de una incipiente comunidad de jesuitas académicos que se encuentra en el campus de la ULC, su primera misión es concientizar a esas mentes jóvenes de la Compañía de Jesús en la misión de la Compañía, incluyendo asuntos relacionados con la sostenibilidad. Luego de haber pasado una tarde con estos impresionantes jóvenes jesuitas congoleños, quienes de forma elocuente me explicaron la situación en RDC, me doy cuenta que la influencia del Padre Ghislain comienza en casa!

Al día siguiente acompañé a Ghislain al centro agroforestal y al centro de formación agropecuaria de CERED en Mongata, en la meseta de Batéké, a 165 km de Kinshasa. El proyecto Mongata comenzó hace ya varios años cuando el Padre Ghislain coordinó la plantación de árboles en 4200 hectáreas de sabana. La plantación, que se compone principalmente de árboles de Acacia, está ya bien establecida y es administrada por la población local. Mongata también actúa como una estación meteorológica para medir el impacto del cambio climático, y tiene un proyecto apícola que se basa en las técnicas de las tradiciones y la sabiduría locales.

En el viaje saliendo de kinshasa, dos cosas me impactaron poderosamente. Primero fue el pésimo estado de las carreteras. Cualquier conductor tiene que esquivar con habilidad enormes baches, atravesar hoyos de barro y pequeños charcos, y navegar cuidadosamente alrededor de una gran cantidad de camiones destartalados o averiados. Es evidente que los enormes ingresos de la industria minera no están logrando alcanzar mejoras en la infraestructura básica de la República Democrática del Congo. La otra cosa de la cual el viaje por carretera me hizo dolorosamente consciente fue la incesante franja de desarrollo de tugurios o barrios marginales a lo largo de la carretera, habitados por una población que subsiste en la extrema pobreza y vive desesperada por el trabajo.

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Fotografía: Flickr CIFOR. Licencia Creative Commons

Al entrar en las tranquilas zonas rurales a las afueras de Mongata, me preguntaba por qué tantos de ellos huyen de un idilio rural a las grandes ciudades. Pasando por los pueblos, sin embargo, me di cuenta de que la pobreza de los campesinos era tan aguda como en Kinshasa. También noté que había poca evidencia de empleo o infraestructura agrícola.

Cuando llegamos a Mongata al atardecer, se había reunido un grupo de agricultores locales, que incluía al jefe del pueblo. Al parecer estaban aquí para darme la bienvenida, pero también para una sesión de formación dirigida por Ghislain y el miembro del personal de CERED Emmanuel Mwanangulu. Luego de una presentación sobre la idea de establecer una cooperativa en Mongata para fortalecer la posición de la comunidad en la compra y venta, siguió una animada discusión en una mezcla de francés y lingala. Una comida de maíz, pollo y legumbres se sirvió a continuación, y los hombres locales parecían felices de tener la oportunidad de charlar con los demás. Luego se fueron, sobre todo a pie, algunos de ellos en moto.

Mi experiencia en Mongata me recordó el aspecto de “Laudato Si” que fomenta la inversión en las economías rurales locales. La obra del Padre Ghislain personifica la orientación y el estímulo del Papa Francisco cuando dice: “Se pueden fomentar nuevas formas de cooperación y organización comunitaria para defender los intereses de los pequeños productores y prevenir la destrucción de los ecosistemas locales”. En verdad, ¡mucho se puede hacer! (Párr. 180).

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