Comunidad intercongregacional misionera caminando con los Jesuitas

Estuve visitando esta comunidad el miércoles de la Semana Santa pasada, en Fond Parisien (Haití). Una generosidad sin par y una alegría contagiante me hicieron experimentar una vez más el sentido profundo de la consagración religiosa y del profetismo que le es propio en la iglesia. Este breve recuento de su experiencia, escrito por una Clemencia, no alcanza a dar cuenta del inmenso bien que están haciendo. – Presentación de Roberto Jaramillo, S.J. Delegado del Apostolado Social - CPAL/

Como una respuesta al Dios que clama en las situaciones de mayor pobreza e injusticia, la CER de Ecuador (Conferencia Ecuatoriana de Religiosos/as) decidió poner en marcha en noviembre del 2010 esta comunidad, con el estilo nuevo de inter congregacionalidad. Estábamos conmovidas, como todo el mundo, por las consecuencias del terremoto que asoló Haití en el mes de enero. Sin embargo, nos animaba también la decisión de que nuestra entrega y solidaridad debía continuar cuando Haití dejase de ser noticia.

Y ya han pasado casi 6 años. Diez Congregaciones y catorce hermanas hemos pasado por la C.I.M. valorando positivamente esta experiencia.

Comenzamos trabajando con el Servicio Jesuita al Refugiado acompañando a gente ubicada después del terremoto en siete campamentos. Hicimos un camino de tres años con mujeres, jóvenes y niños/as asumiendo el lema de “Acompaña, Servir y Defender” propio del SJR, hasta que la gente fue desalojada de dichos campamentos. En octubre del 2013 nos integramos en el Servicio Jesuita al Migrante Haití (SJMH.)

Sensibles por luchar por la dignidad de las personas desplazadas, migrantes forzosos, deportados y repatriados, actualmente nuestra misión va en coordinación con los proyectos que los Jesuitas llevan en este campo, especialmente en la zona de Fond Parisien (población del sur este haitiano), y también acompañando el Programa de Economía Solidaria con mujeres que salieron de los campamentos y continúan en sus esfuerzos de crecer en dignidad y autonomía.

Estamos también integrando el Grupo de Reflexión para un Trabajo Pastoral con Migrantes (P.I.M), grupo inter congregacional “ampliado” que está llevando adelante un proyecto de viviendas para apoyar a la reconstrucción personal y social de personas desplazadas o migrantes forzosos. Las familias 12 beneficiarias serán seleccionadas entre las que venimos acompañando desde cuando vivían en los campamentos o son personas repatriadas en la zona fronteriza que viven condiciones graves de precariedad.

El 31 de diciembre del 2014, la CER terminó su coordinación de la comunidad. Hemos entrado en una nueva modalidad de dar continuidad a la C.I.M y el nuevo convenio con el SJM-Haití fue firmado por tres congregaciones: Mercedarias Misioneras, Maestras Católicas del Sagrado Corazón y Misioneras Combonianas.

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Casa en Fond Parisien. Flickr: Marshall Segal. Licencia Creative Commons.

Como comunidad inter congregacional no hemos tenido dificultad de ser aceptadas por el pueblo haitiano. Antes de meternos de lleno en el trabajo, tanto el SJR como el SJMH nos ha facilitado hacer un mes de aprendizaje del kreyòl y de diversos aspectos de la cultura, lo que es muy positivo para favorecer el proceso de inserción en medio del pueblo.

La relación entre nosotras, de diversas congregaciones, distinta procedencia, edades diversas, se basa en el respeto mutuo, la acogida cariñosa a la diversidad, el valorarnos la creatividad de cada una. Procuramos mantener nuestra propia identidad pero con apertura total para conocer y asombrarnos por las maravillas de Dios hechas vida en cada uno de nuestros/as Fundadores/as.

El hacer vida el evangelio y el querer responder a su invitación de construir el Reino desde lo pequeño, es una de las principales motivaciones que va marcando nuestro caminar del día a día. Hemos optado por una vida con un estilo sencillo, tratando de caminar cercanas al pueblo haitiano. Estamos convencidas que es necesario acercarse al dolor del pobre, escuchar con respeto y cariño su clamor a veces silencioso pero muchas otras hecha queja y súplica profunda. Sentimos la impotencia de no poder responder a sus demandas. Pero allí estamos. No creemos en una vida religiosa cómoda y alejada de la realidad. No podríamos vivir sin ese “conmovernos las entrañas” al palpar el sufrimiento de quien carece de todo pero que, sin embargo, tiene muy claro que es un hijo/a amado/a por Dios.

Muchas son las perspectivas que tenemos ante nuestros ojos. Algunas quizá las veremos plasmadas en la realidad. Muchas otras sólo quedarán como semillas enterradas en la tierra y que algún día darán su fruto.

Somos conscientes de que la experiencia de inter congregacionalidad para asumir un compromiso misionero de esta envergadura, es un estilo lleno de la fuerza del Espíritu. Creemos que será un recurso a tomarse en cuenta dada las limitaciones de edad y personal de tantas Congregaciones que, sin embargo, vibran en algunos de sus miembros por un compromiso de vanguardia en los lugares donde hay más necesidad. Estamos convencidas de que el Espíritu del Señor es el que va encaminando la misión de la C.I.M en Haití y es quien va abriendo las posibilidades de comunión con otras Congregaciones y hermanas, diferentes, únicas, irrepetibles, ¡regalo de Dios, signo de un estilo nuevo de vivir de nuestra consagración religiosa!

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  • Tomado del Boletín LE REGARD, revista del territorio de Haití de la Compañía de Jesús, Año 6, No. 19.

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