Concluye en Puebla el Encuentro Intergeneracional de Teología de la Liberación “La fuerza de los pequeños”

Con una eucaristía en memoria de monseñor Óscar Romero, presidida por Juan Hernández Pico, concluyó el Encuentro Intergeneracional de Teología de la Liberación “La fuerza de los pequeños”, que reunió en Puebla, del 12 al 14 de octubre, a casi una cincuentena de teólogas y teólogos del continente.

Tradición teológica liberadora

El inicio de la última jornada estuvo marcado por la reflexión en torno a la tradición teológica liberadora, tema del panel en el que intervinieron Agenor Brighenti, de Brasil, Diego Irarrázaval, de Chile, Marta Zechmeister, de El Salvador, y Geraldina Céspedes, de Guatemala.

En un primer momento, Geraldina Céspedes se refirió a la teología de la liberación como una teología que toma en serio la contextualidad, la subjetividad y la alteridad, retomando, por una parte, “los puntos esenciales de esta manera de reflexionar el seguimiento de Jesús a partir del compromiso transformador asumido al interior de los distintos contextos históricos en que nos ha tocado vivir”, y, por otra parte, identificando “los puntos clave de la tradición teológica de la liberación y la forma en que se han ido desarrollando en momentos y contextos históricos distintos”.

En torno a las características de una teología plural en movimiento, Agenor Brighenti recordó que “la teología de la liberación alimentó la resistencia de la Iglesia de la Liberación, desde sus principios y particularmente en las últimas tres décadas, marcadas por una involución eclesial, con el reflujo de una postura de neocristiandad”. Concretamente, subrayó el carácter regional de la teología de la liberación, la praxis como mediación histórica, la teología de la liberación como inteligencia de una Iglesia liberadora, así como algunos componentes que configuran la teología de la liberación como una teología desde la óptica del sujeto social –el pobre–, situada en el lugar social de los pobres –la periferia–, y desde el reverso de la historia, sin dejar de referirse, a las periferias situadas en un mundo globalizado y plural.

Marta Zechmeister, por su parte, destacó el legado de los mártires de la liberación, es decir, “de los hombres y las mujeres que hicieron presente el misterio de la muerte y la resurrección de Jesús, poniéndose del lado de las víctimas”. Ante la realidad del pueblo crucificado –y su calvario–, con el que se identificaron los mártires, Zechmeister planteó la necesidad de apelar a “nuevos lenguajes que permitan recuperar la fuerza liberadora de la teología, con un nuevo vigor, a favor de los marginados”.

En la última intervención del panel, Diego Irarrázaval disertó sobre los cimientos y las causes de la teología de la liberación. “Estamos en medio de un cambio de época que trastoca, y a la vez abre horizontes”, propuso, señalando la necesidad de “regenerar el caminar eclesial y teologal” a través de una reflexión transversal. “Lo transversal implica –a mi parecer– reconocer el entrecruzamiento de preguntas primordiales y de labores en terrenos teológicos, es una categoría que reconoce al ‘otro’, y lo hace desde el reverso. En este encuentro en México se hace entre generaciones: hay distancias cronológicas y hay procesos diferentes, nos une el indagar y admirar el misterio cristiano con los ojos y esperanzas de gente pequeña”.

Además de estas sugestivas miradas e interpelaciones que tuvieron lugar durante el panel, el conversatorio intergeneracional que se desarrolló a continuación –tercero y último del encuentro– visibilizó tres perspectivas de cara a la dimensión teologal de los procesos sociales.

El teólogo jesuita Juan Hernández Pico, de El Salvador, analizó “el descarrilamiento de los procesos revolucionarios centroamericanos”, a partir de una experiencia personal y, sin embargo, de
dimensiones estructurales –especialmente en torno a los procesos políticos y revolucionarios de Guatemala, El Salvador y Nicaragua– que lo ha llevado a “buscar y encontrar a Dios en medio del fracaso”.

La realidad de los pobres como sacramento

También la teóloga peruana Paola Polo se refirió a su experiencia personal –con sus implicaciones sociales– al acentuar “una teología de la vida y para la vida”, considerando “la realidad de los pobres como sacramento (…), desde la escucha atenta de las voces, pero sobre todo desde el diálogo cordial”. Se trata, por tanto, de “un diálogo desde lo humano”.

El teólogo español Juan José Tamayo fue el último que intervino en el conversatorio, sugiriendo la necesidad de ubicar el quehacer teológico desde los nuevos escenarios globales, caracterizados por la incidencia del capitalismo en su versión neoliberal, el colonialismo en su versión neocolonialista, el patriarcado como sistema de dominación estructural, el antropocentrismo, el fundamentalismo religioso, la democracia sometida al asedio del mercado, el racismo epistemológico, la heteronormatividad, el imperialismo y el armamentismo. “No se puede olvidar, sin embargo, el clamor de los migrantes, de los refugiados y de las fronteras, que nos piden pasar de la exclusión a la hospitalidad”, concluyó Tamayo.

Agenda

A partir de estos aportes y de las elaboraciones teológicas de los días precedentes –particularmente en los espacios de ‘minga’ o ‘tequio’ teológico– el último momento del encuentro se dedicó al discernimiento de una posible agenda para transitar, durante los próximos años, frente a los desafíos actuales que representa “hacer teología de la liberación desde las nuevas resistencias y esperanzas”.

Desde las múltiples iniciativas postuladas a nivel de producción, articulación-organización, y medios o canales de difusión, se confió al equipo organizador la tarea de concretar la propuesta de agenda que buscará dar continuidad al encuentro intergeneracional y apoyar los procesos de reforma eclesial del pontificado de Francisco.

Amerindia continuará comunicando los frutos de esta experiencia de construcción colectiva que desencadenará nuevos itinerarios intergeneracionales, para proyectar la teología de la liberación ante los actuales sujetos y escenarios socio-eclesiales, también con miras a la celebración de los 50 años de Medellín (II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano), en 2018.

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