Crónicas desde el Trapecio: El Aula Viva

Daniel Chaw, S.J., nos relata su travesía amazónica para conocer la experiencia Aula Viva, que de la mano de la Fundación Caminos de Identidad convoca a religiosos e indígenas en toda la región.

Apenas a dos meses de este ano, un compañero jesuita colombiano del proyecto Pan-amazónico me indicó la siguiente pregunta: ¿Oiga, a usted le interesa tener una experiencia de Aula Viva? Le respondí casi sin responder y añadí: ¿dónde es? Él me respondió que sería en Leticia, Colombia. Al principio pensé que era muy lejos y que tenía que sacrificar algo de mi tiempo en mi puesto de misión.

En el día indicado del mes de mayo , junto con otro compañero jesuita, partimos desde nuestra zona de misión en el Alto Marañón de la Amazonia peruana y cruzamos dos cadenas de montañas en un viaje de aproximadamente 9 horas hasta llegar a la ciudad de Chiclayo. Allí abordamos un avión hasta Lima y de ahí otro hasta Iquitos. Nos hospemos por unas horas en el convento de los hermanos franciscanos canadienses y después nos embarcamos en la madrugada en una lancha rápida hacia Caballococha en un viaje por el río Amazonas de 9 horas.

Al día siguiente a las 6.30 am nos embarcamos en otra lancha rápida por 1 hora y media. Llegamos al territorio colombiano primero a Puerto Nariño y luego seguimos para desembarcar en Santa Sofía. Alli esperamos unos veinte minutos hasta que se acercó Víctor, un joven guardia indígena Tikuna de la comunidad de Nuevo Jardín. Se presentó muy amablemente e hizo que lo acompanaramos hasta un peque- peque para adentramos en territorio indígena.

Al llegar a tierra firme, llegamos hasta una maloca. Allí nos esperaban varias delegaciones entre religiosas, sacerdotes y diversos profesionales y representante de otras etnias de Brasil, Colombia y Perú, así como el equipo capacitador de la fundación Caminos de Identidad (FUCAI).

En total estuvimos 4 días intensos -difícil de relatar cada detalle- de duro trabajo. La fundación, liderada por Ruth Chaparro y el equipo interdisciplinario, nos mostraron una metodología en el cual abrimos nuestros corazones para descubrir nuestras escaseces y nuestras abundancias. Aquellas que podrían ser desde nuestra pobreza material hasta nuestra pobreza psicológica y espiritual.

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El primer día no terminaria solo con demostrar lo escasos o abundantes que somos. Había que dialogar con nuestra escasez y luego gritarle para reconocerla que no la queremos y que no nos dominará.

En otro momento del día, cada delegación según la creencia propia, reconocimos en Dios -el creador con mil nombres- que nos había puesto en una Amazonía abundante en agua, en semillas, en colores, en animales y era urgente: despertar. Despertar significa hacerme consciente de que mi escasez es el fruto de mi pereza, mi egoísmo y de las fuerzas que nos han programado el chip de la pobreza y la desunión. Aquí sobrepasamos el límite de las particulares religiones y nos unimos al de una espiritualidad común.

El segundo día recorrimos diferentes chagras (chacras) para ir preparando los ánimos, el conocimiento respectivo y el espíritu para el tercer día: día de siembra.

En la madrugada del tercer día, salimos cuando aún era oscuro, tan oscuro como nuestras manos bañadas en Huito y conjuradas, en la víspera, en un rito Tikuna para echar de lado lo negativo y para que las fuerzas naturales y de la comunidad nos ayuden en la siembra. Todas las delegaciones, cargados de numerosas semillas y algunos con machetes, caminamos hacia la chagra y nos pusimos a abrirla, es decir, prepararla para la siembra multidiversa. Talamos los árboles y luego sembramos ordenadamente: yuca, plátanos, piñas, canas de azúcar. Luego, continuamos con algunos árboles maderables. Finalmente, las semillas más pequeñas: frijoles, maíz y otras especies.

El cuarto día de la capacitación estaba dedicado a la cosecha y pesca, es decir, es decir a la visualización de nuestra abundancia local. En un circulo de hojas de plátano similar a una mandala se colocaron los frutos de lo que en el futuro sería nuestra cosecha: plátanos, yucas, papayas, racimos de asai, cañas de azúcar, cocos, ajos, cebollas, culantros, ajíes dulces junto con peces como: boquichicos, pirañas y doncellas. Aquello era una alegre abundancia. Pero ello no acabaría allí, la sorpresa fue para las delegaciones: Ahora hay que cocinarlas.

Parte de la mañana hasta la hora previa del almuerzo, iban apareciendo diversos potajes: mazamorras de doncella, patarashcas de boquichico, salsas de ají, frituras de arroz y farina, pescado ahumado, potajes dulces y varias otras bebidas, bocaditos y ensaladas. Con ello, también,se asomaron las familias de la comunidad de Nuevo Jardín. Todos los presentes al curso y familias vecinas quedamos satisfechos y agradecidos de tanta abundancia. En la tarde quedaba la evaluación del aula viva y la despedida con bailes y cantos Tikuna de esta comunidad tan alegre. A la mañana del día siguiente las delegaciones regresarían a sus países.

Quiero terminar esta hermosa cronica agradeciendo a Ruth Chaparro, Adán Martínez y a los técnicos del FUCAI por enseñarnos que la soberanía alimentaria es la puerta para la soberanía territorial y política pero ello solo se logra con trabajo duro de transformación personal, familiar, comunitario.

Finalmente, transcribo la ultima frase del relato motivador del Aula Viva://“y pude comprender que la escasez y la abundancia nacen del corazon y que podemos decidir a cual de los dos queremos seguir”//.

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Para leer el texto completo del relato siga este 3.

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