Dos obras, un solo espíritu

Compartimos este relato del jesuita Moritz Khulmann, en el que reflexiona sobre su experiencia en el instituto de secundaria Loyola en Kosovo, y las preguntas y retos que representa, Tranzit, un barrio cercano de población romaní, a sus estudiantes y directivas.

"¡Intenta comprometer a nuestros alumnos en un proyecto social!", me dice el padre Axel Bödefeld SJ, el director del instituto de secundaria Loyola. Este es su deseo para los alumnos del Loyola, que está considerado como el mejor centro de enseñanza secundaria en Kosovo. La peadgogía ignaciana, sin embargo, aspira a algo más que a los mejores resultados en las pruebas comparativas. El padre Bödefeld quiere que a estos alumnos de elite les eduquemos también el corazón.

A Saide le pagan 15 céntimos por kilo de chatarra. La anciana dejó caer su carretilla a un lado de la calle. Se lavó la cara en un charco sucio. Me introdujo en su barrio, en cada casa casa y cada familia. Me encuentro en el barrio romaní de 'Tranzit', próximo a la autovía. Quiero traer aquí a los alumnos del instituto Loyola.

El instituto de secundaria Loyola y Tranzit son dos mundos del todo opuestos. Por una parte, los impecables uniformes con los colores de la Unión Europea que visten los muchachos albaneses de buena familia; y por otra, las raídas ropas de calle y las botas embarradas de los niños romaníes de hogares pobres. Los albaneses se quejan de que durante la guerra de Kosovo en 1999 los romaníes lucharon contra ellos junto con los serbios. A fin de escapar del odio, muchos romaníes niegan su identidad de tales y se denominan a sí mismos askalíes. ¿Será posible tender puentes entre estos dos mundos? El instituto Loyola puede aportar educación, mejoras y reconocimiento a Tranzit. Pero Tranzit puede ayudar también al Loyola y sus alumnos a desarrollar un estilo de vida más responsable y reconciliado, a lograr una formación más profunda de la personalidad.

Mi superior me aconseja que contacte con Ruth Zenkert, de quien en su día aprendió los conceptos básicos del trabajo social. En la actualidad, Ruth dirige junto con el padre Georg Sporschill SJ proyectos sociales en asentamientos romaníes abandonados (en Rumania). Le escribo un correo electrónico pidiéndole una conversación por Skype. En vez de ello, me invita a visitarla y conocer su proyecto 'Elías'. Planifico una estancia de tres días y encuentro justo lo que andaba buscando: convivir con romaníes en vez de trabajar para ellos, compartir la vida en vez de ayudar. Y descubriendo a Dios en todo ello. Me quedo tres meses para formarme.

De regreso a Kosovo, dos alumnos del Loyola, Leila y Premton, tienen el coraje de acompañarme a Tranzit. Poco después, un montón de jóvenes están dispuestos a sumarse. Se percatan de cómo pueden cambiar el mundo: en Tranzit casi ningún niño está escolarizado. Los alumnos del Loyola se convierten en los profesores. Acuden a diario a Tranzit para alfabetizar a los niños. Nuestra primera aula es una alfombra extendida delante de algunas chabolas. Los niños estallan de alegría cuando ven llegar el minibus del Loyola, por mucho que luego los jóvenes de mayor edad maldigan, entorpezcan, incordien.

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Un día, un tractor se estrella contra la primera aula que alquilamos en Tranzit. El tractorista sale despedido del vehículo y atraviesa las ventanas, rompiendo los cristales. Está gravemente herido. En ese momento, los jóvenes de mayor edad comprenden que pueden hacer algo más que alborotar. Pueden salvar una vida. Con las carretillas con las que suelen recoger la basura retiran los cristales rotos y trasladan al tractorista herido. A partir de este momento, dos de esos jóvenes, Ramize and Ramadan, se ponen de nuestra parte y dejan de boicotearnos. Ellos son los que pueden abrirnos la comunidad askalí de Tranzit desde dentro e invitar a los preocupados alumnos del instituto a entablar una relación.

El proyecto 'Elías' es el modelo de nuestro proyecto de construcción de puentes 'Loyola Tranzit'. Comenzamos por una escuela de música. Nuestros profesores de música son albaneses. Marigona, la profesora de flauta, vive en otro barrio askalí. Cuando me presentaba a sus vecinos, les pedía perdón: "Por todos estos años en los que ni siquiera os saludaba". Premton y Leila hicieron posible que todos los niños fueran escolarizados y les ayudaban a hacer los deberes. Ramadan, junto con un voluntario alemán, abrió un pequeño estudio de arte y a la vez cafetería para su comunidad. Ramize es el coordinador de la guardería infantil. Por las mañanas, ambos reciben clases, a fin de prepararse para obtener un certificado escolar y proseguir su formación. En las comunidades de 'Elías' y 'Loyola Tranzit' oramos juntos todos los días. En Rumania, es una oración ecuménica: católicos y ortodoxos; en Kosovo, interreligiosa: cristianos y musulmanes. Es probable que, para formar comunidad, no exista instrumento más eficaz que la oración en común. Y quizá tampoco un fin más bello.

'Elías' y 'Loyola' son proyectos hermanados. Con frecuencia voy a ver a Georg Sporschill, lleno de preguntas. Juntos luchamos continuamente por mantener el buen espíritu, el magis jesuita, el modo ignaciano de proceder. El espíritu de 'Elías' nos inspira en 'Loyola Tranzit'. Tras múltiples debates, formulamos una declaración de nuestra misión:

¿A dónde vienes? LOYOLA TRANZIT crea comunidad allí donde Europa se halla dividida: entre Oriente y Occidente, entre jóvenes y ancianos, entre abundancia y miseria, entre romaníes y no romaníes. La necesidad nos inflama. Al igual que Ignacio de Loyola, luchamos por la justicia. Con fuego y gratitud. Por los niños y sus familias. Música, ayuda material, educación, oración: descubrir a Dios en todas las cosas. ¡Ven y verás!

Esta es la misión que tiene 'Elías'. En 'Loyola Tranzit' tratamos de compartirla con nuestros amigos musulmanes. Al final de mi magisterio confiaré a mis sucesores el nuevo centro social que hemos comenzado a edificar en Tranzit. Estoy seguro de que prosperará con el espíritu de las dos obras jesuitas: 'Elías' y 'Loyola Tranzit'.

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