•   Salvatore Cernuzio - Vatican Insider

  •   Migraciones

  •   Enero 15 de 2018

“¿El Papa insiste demasiado sobre los migrantes? Somos nosotros lentos en responder”

Entrevista con el padre Michael Czerny, subsecretario de la Sección Refugiados del Dicasterio para el desarrollo integral con motivo de la próxima Jornada Mundial del Migrante: “No existe un ’bien común’ que se funde sobre el miedo y la marginación”. “La Iglesia puede hacer más”

No se puede hablar de migrantes solo para “suscitar miedos ancestrales”. Esa es una de las reflexiones clave del largo discurso de Francisco al Cuerpo diplomático acreditado en la Santa Sede, volviendo una vez más sobre uno de lo dramas de nuestro tiempo para el cual ha pedido superar “cierres y obstáculos”. Y el próximo domingo 14 de enero el Papa celebrará una misa en la Basílica vaticana con ocasión de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado. Un nuevo gesto de atención hacia “aquellos miembros, grupos y categorías de la familia humana que hoy tienen más necesidades y que el mundo tiende a no atender”, como destaca el padre Michael Czerny, el jesuita checoslovaco elegido por el Papa como subsecretario, junto al escalabriniano padre Fabio Baggio, de la Sección migrantes y refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. Sección dirigida por el Pontífice por su expresa voluntad.

“Donde está el cuerpo de Cristo que sufre, allí está Cristo; y donde está Cristo, está su Iglesia: esto es el punto importante”, subraya Czerny a Vatican Insider para explicar la gran atención e insistencia del Papa sobre el tema de las migraciones. “El primer Obispo de Roma escribió: “Sed hospitalarios los unos con los otros sin murmurar” (I Pedro 4,9), y el sucesor de Pedro está repitiendo lo mismo con palabras más actuales: “Con espíritu de misericordia, abracemos a todos aquellos que huyen de la guerra y del hambre o que están obligados a dejar sus tierras a causa de discriminaciones, persecuciones, pobreza y degradación ambiental”.

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Padre Michael Czerny SJ, subsecretario de la Sección migrantes y refugiados del Dicasterio para el desarrollo humano integral

Por tanto a todos aquellos que juzgan excesiva –casi una “obsesión”, dicen-- esta atención del Papa hacia los migrantes, ¿usted que respondería?

“Que quien hable de esta manera debería dar a la situación actual una mirada ponderada. Para muchos es excesiva la lentitud con la que el mundo “desarrollado” responde a las necesidades tan obvias e importantes. Y muchos juzgan excesiva la obsesión hacia las fronteras y la seguridad nacional en detrimento de lo derechos y de la dignidad de los refugiados. Para muchos otros, es excesiva la predilección de los medios de comunicación por las historias sensacionales que alimentan la xenofobia y el aislamiento; y otros muchos valoran como decisivamente excesivo el modo en el que los políticos crean o exageran en un sentido la crisis para obtener ventajas en el corto plazo. En su mensaje de año nuevo de 2018, el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, nombró el aumento del nacionalismo y la xenofobia entre los nuevos peligros para la paz y la estabilidad global. Considerando estos excesos como dañosos, tantas buenas personas –me parece que son la mayoría-- lejos de criticar la atención del Papa, están profundamente agradecidos por su guía moral y buen ejemplo. Y están de acuerdo con lo que él dice: ’Aquellos que fomentan el miedo frente a los migrantes, quizá con fines políticos, en lugar de construir la paz, siembran violencia, discriminación racial y xenofobia’”.

El Papa ha indicado en cuatro verbos –acoger, proteger, promover e integrar-- las acciones para afrontar este fenómeno que, según él, “es la mayor tragedia tras la Segunda Guerra Mundial”. ¿En qué modo concreto, es decir teniendo en cuenta los límites y las exigencias de los distintos países, se pueden aplicar?

“Las cuatro acciones del Mensaje del Papa son ya de por sí muy concretas. Son buenas obras para hacer, medidas que funcionan, pautas a las que hacer referencia. Su valor deriva de la experiencia de la Iglesia y en especial de sus obras pastorales dirigidas a migrantes y refugiados, de la experiencia de las organizaciones católicas y no solo, que desde hace años se dedican a las cuestiones relativas al fenómeno migratorio. La responsabilidad de valorizar tanto los recursos y las capacidades como las limitaciones de sus países, provincias, áreas urbanas o rurales es de los gobernantes, pero también de los empresarios, académicos y periodistas. Estos tiene el deber de encontrar soluciones válidas para problemas reales, apelando a lo mejor que hay en la esfera pública. Los verdaderos líderes demuestran que el bien común puede y debe siempre perseguirse y que no existe un “bien común” basado en el miedo, la defensa y la marginación”.

¿Cómo se está moviendo la sección del Dicasterio de la que usted es subsecretario, un año después de su institución? ¿El Papa, que es el responsable, orienta vuestro trabajo?

“A finales de este primer año, el Papa Francisco, visitó la sede del Dicasterio en el Palacio de San Calixto. Se detuvo ante el salvavidas de una niña que murió ahogada en el Mediterráneo. Tomándolo en sus manos, el Santo Padre nos repitió: “Este chaleco salvavidas muestra lo que tenéis que hacer”. En el primer año de la Sección ha sido constante nuestro compromiso de llegar a la Iglesia en todas las partes del mundo. Hemos tratado de abrir un diálogo con las Conferencias Episcopales, las organizaciones católicas y otras organizaciones que trabajan en el campo de la migración a fin de colaborar en el desarrollo de programas efectivos y adecuados para migrantes y refugiados. Con ellos hemos declinado los cuatro verbos del Papa en 20 Puntos de Acción que se fundan sobre la Doctrina Social de la Iglesia y sugieren algunas buenas prácticas como soluciones a los problemas de mayor actualidad, traducidos en un lenguaje ’pastoral’”.

En concreto, ¿cuáles son vuestras propuestas?

“La intención es ofrecer a las Iglesias locales un instrumento útil para planificar y valorar sus respuestas hacia los migrantes, solicitantes de asilo, desplazados y víctimas de la trata de personas. Los 20 Puntos de Acción sugieren, por ejemplo, la expansión de canales legales y seguros para todos los migrantes mediante la emisión de visados humanitarios, la reubicación de refugiados en terceros países, programas de patrocinio comunitario, corredores humanitarios y visas de estudio para jóvenes que viven en campos de refugiados. La reunificación familiar es también una forma segura y legal de inmigración y también es una garantía de una integración más simple, como la Iglesia ha sostenido repetidamente en el pasado”.

¿La Santa Sede se prepara así, por tanto, a la definición de los dos Pactos globales sobre las migraciones seguras y sobre los refugiados del 2018?

“Sí, las mismas cuatro acciones, concebidas como directrices políticas, constituyen la contribución de la Santa Sede a los dos Pactos mundiales que las Naciones Unidas adoptarán en la segunda mitad de 2018: uno sobre refugiados y otro sobre migración segura, legal y ordenada. En las reuniones preparatorias celebradas el pasado diciembre, una en Puerto Vallarta (México) y otra en Ginebra, la Santa Sede presentó un breve vídeo del Papa Francisco invitando a la comunidad internacional a trabajar con el objetivo de que los Pactos mundiales de la ONU sobre migrantes y refugiados se inspiren en la compasión, la previsión y la valentía” (Aquí está el vídeo del Papa Francisco).

¿Qué respuestas habéis obtenido hasta ahora?

“La Iglesia se ha comprometido a promover una sensibilización masiva sobre los dos Pactos Globales. Sin lugar a dudas, la comunidad internacional en todos los niveles, desde las zonas rurales y hasta las grandes ciudades, desde los Estados-nación a continentes enteros, puede hacerlo mejor, mucho mejor, con respecto a la planificación, el gobierno y el apoyo de la movilidad humana que siempre ha sido una parte esencial de la experiencia humana desde el inicio”.

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