Emilio Travieso, S.J.: “Aún somos frágiles, pero somos el futuro”

Compartimos la entrevista realizada al jesuita Emilio Travieso sobre el caso de Yomol A’tel en el marco del VI Encuentro de la red COMPARTE.

En el marco del VI Encuentro de la red COMPARTE que se está desarrollando hasta el 21 de mayo, les hacemos llegar la siguiente entrevista realizada a Emilio Travieso quien estudia -para su tesis doctoral en la Universidad de Oxford- el caso de Yomol A’tel, un grupo de cooperativas formado por familias tzeltales de Chiapas que trabajan el café desde una perspectiva de justicia social y defensa de su territorio:

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Emilio Travieso, S.J.

La comunidad de aprendizaje COMPARTE es una red de experiencias productivas y de diversas ONGs principalmente de América Latina. Pero además en la red participan un grupo de personas investigadoras encargadas de profundizar en el análisis y la reflexión. Emilio Travieso sj. forma parte de este grupo de investigación. Él realiza su tesis doctoral en la Universidad de Oxford, en la Facultad de Desarrollo Internacional sobre el caso de Yomol A’tel, grupo de cooperativas formado por familias tzeltales de Chiapas que trabajan el café desde una perspectiva de justicia social y defensa de su territorio.

¿Qué papel tiene en COMPARTE el grupo de investigación?

Nuestra labor se centra en el análisis, pero vamos más allá del mero diagnóstico, ya que en lugar de enumerar problemas e intentar solucionarlos, proponemos el camino inverso: partimos del potencial de la red, de los objetivos que se quieren lograr y nos marcamos retos. Creo que es una propuesta mucho más optimista y enriquecedora.

Cuando hablas de una economía más humana y sostenible, ¿a qué te refieres?

El modelo económico hegemónico está haciendo mucho daño al medio ambiente y crea niveles de desigualdad muy peligrosos sin tener en cuenta el futuro. La propuesta de COMPARTE, que puede parecer un caso pequeño ante un sistema mundial se fundamenta en la teoría de innovación social transformadora, que basada en estudios de caso llevados a cabo por universidades europeas, plantea que cuando ocurre algo relevante, como es el caso del cambio climático, es cuando comienzan a verse las contradicciones del sistema dominante, y éste empieza a agrietarse un poco. En esos momentos es cuando los modelos alternativos pueden emerger como modelo cambio, como es el caso de COMPARTE.

La semana pasada, durante una charla en la Universidad de Mondragón, el alumnado decía que ese modelo es utópico y muy difícil de realizar, pero les expliqué que en realidad Yomol A’tel sigue el modelo cooperativista de Mondragón. Todo consiste en saber colaborar y aprovechar alianzas para ir caminando hacia adelante. Hoy en día /Yomol A’tel// es rentable, genera riqueza, pero ha llegado aquí con muchas alianzas, con muchos amigos, caminando juntos.

Existen voces críticas que dicen que experiencias como COMPARTE o Yomol A’tel son utópicas, que no son viables, ¿qué les responderías?

La definición de la palabra utopía nos habla de un proyecto irrealizable, de algo imposible, Yomol A’tel existe, está funcionando y es viable. Ahora mismo el modelo se está replicando en otros lugares. Por ejemplo, en Colombia a finales de abril inauguraron una cafetería en Garitea, a través del IMCA-Suyusama, que también forma parte de COMPARTE. Es un modelo muy parecido, pero no es el mismo ya que cada caso tiene unas particularidades. Lo importante ha sido el proceso de colaboración. Desde Colombia a México han aportado en la parte de agroecología, del manejo orgánico de las enfermedades del café, y desde Chiapas han ayudado en el proceso de comercialización. Se trata de diseñar círculos virtuosos entre las esferas económica, social y ecológica para que se refuercen mutuamente en lugar de seguir el modelo capitalista que es un círculo vicioso que degenera el circuito.

Yomol A’tel, ¿ha tenido que hacer frente a dificultades en el camino?

Muchísimas. Una de las preguntas que siempre me plantean es si este tipo de experiencias podría ser en el futuro un modelo universal y sí, es posible, pero para ello deben cambiar muchas cosas, y ahí es donde radica la principal dificultad. Por ejemplo, retomando el caso de Mondragón, se trata de una cooperativa de cooperativas y Yomol A’tel, inspirado por ese ejemplo, trata de estructurarse de la misma manera, pero en este momento en México las leyes no recogen esa figura jurídica de cooperativa de cooperativas, y si la ley no se adecua no van a poder seguir creciendo.

Otra dificultad tiene que ver con la agroecología. Hace unos años sufrieron una plaga de roya, un hongo que ataca a la planta del café, que afectó a cerca del 90% de la producción. Las prácticas agrónomas habituales siguen la lógica de la agricultura convencional extensiva. En esta agricultura de monocultivos extensivos, se utilizan venenos y productos químicos que son “círculos viciosos” ya que perjudican el medio ambiente y las relaciones sociales, y son propias de una economía que no es sostenible. El gobierno mexicano -y en el resto del mundo se hace lo mismo- está promoviendo lo que Naomi Klein denomina doctrina del shock, que consiste en introducir variedades de café muy resistentes a la roya, pero que no se cultivan bajo sombra, en el bosque, sino bajo sol en monocultivos que destruyen la biodiversidad, ya que afectan a todas las especies animales y vegetales que conviven en el bosque. Además este modelo implica consumir abonos artificiales contaminantes, y los latifundios hacen que la gente pierda la propiedad de la tierra.

Los intereses de las grandes empresas van en esta línea y no les interesa que experiencias como Yomol A’tel avancen y sean referentes. Apostar por este modelo implica lucha y resistencia. Afortunadamente en Chiapas cuentan con el apoyo de MODEVITE, el Movimiento por la Vida y Defensa del Territorio.

¿Cuál es el siguiente paso para Yomol A’tel?

Es importante recordar que Yomol A’tel no sólo cultiva café, sino que lo hace favoreciendo la tenencia de la tierra de forma justa, manteniendo viva la cultura teltzal, favoreciendo conocimientos tradicionales y la soberanía alimentaria y todo ello desde un sentido armónico entre las personas y la naturaleza. Dentro de ese café hay una cosmovisión, una manera de entender la vida y de entender nuestra forma de estar en el mundo con otras personas y otros seres. Y mientras hace todo esto y tras años de sacrificios, de trabajar mucho con muy pocos resultados, finalmente Yomol A’tel ha conseguido ser competitiva.

Lo han conseguido porque han apostado por un mundo mejor para toda la comunidad. Y ahora que las cosas comienzan a ir bien, es cuando empiezan a recibir las visitas de los coyotes, intermediarios que comercializan el café convencionalmente. En Yomol A’tel saben que están en peligro, les pueden incendiar la planta, saben que es una región rural: de una aldea a otra las distancias son grandes, y saben que atraviesan peligros pero están apostando por una alternativa que saben que es mejor para toda la comunidad, así que aceptan el riesgo porque saben que merece la pena, que es algo que debe hacerse.

¿Cómo ves el futuro para Yomol A’tel y COMPARTE?

En mi opinión el futuro está lleno de esperanza, yo al menos la he encontrado en COMPARTE y en Yomol A’tel. COMPARTE todavía es pequeño, aún somos frágiles, pero somos el futuro, una alternativa al sistema. Y tengo el privilegio de ser testigo de esta etapa inicial. Para mí es como cuando pones agua a calentar. Al principio gastas energía y parece no ocurrir nada, pero al de un rato surge una burbuja, y luego otra, y otra, y de pronto todo está en ebullición. Nosotros ahora mismo estamos viendo las primeras burbujitas antes del cambio.

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