Gobernar con espíritu ignaciano, hoy

En este texto de Sandie Cornish, originalmente publicado por la revista Promotiio Iustitiae, se discute como la espiritualidad ignaciana permea el gobierno de las obras jesuitas en el continente asiático.

El gobierno y la espiritualidad se encuentran en la ordenación de relaciones, sistemas y procesos por el bien de la misión. El reto del gobierno ignaciano consiste en asegurarse de que está impulsado por valores, actitudes, motivaciones y compromisos que reflejan nuestra espiritualidad, esto es, nuestra comprensión de Dios, del mundo y de nuestro lugar en él.

En el derecho civil australiano, el gobierno empresarial se describe como “el marco de normas, relaciones, sistemas y procesos dentro del cual y mediante el cual se ejerce y se controla la autoridad en las empresas. Engloba los mecanismos por los cuales las empresas y quienes están al frente de ellas deben rendir cuentas”(1). Las obligaciones de gobierno características incluyen determinar la misión y el propósito de la organización, establecer la visión estratégica y los objetivos, supervisar la planificación y revisión organizativa, seleccionar al presidente y monitorizar su actuación, control financiero, asegurar recursos adecuados, supervisión ética y de reputación, incidencia de la organización, gestión de riegos, garantizar el cumplimiento de las leyes y regulaciones pertinentes(2) . Por su parte, Lucas et al. señalan que en el derecho canónico el gobierno “se refiere a la formulación de políticas y quienes gobiernan son responsables de ellas. Los administradores, en cambio, ponen en obra las políticas así determinadas” (3).

En la región Asia-Pacífico, los laicos a menudo administran, dirigen o asumen el gobierno conforme al derecho civil de los ministerios establecidos por institutos religiosos. En algunos lugares, los institutos religiosos están trasfiriendo el gobierno eclesiástico de ministerios sujetos al derecho canónico a nuevas personas jurídicas públicas con laicos como miembros del consejo de administración. Quienes asumen el gobierno eclesiástico tienen que entender la naturaleza espiritual de tal gobierno. Aunque no aborda específicamente este fenómeno, la CG 35 reconoce que las cambiantes estructuras y circunstancias “requieren articular mejor los valores y modos de proceder ignacianos” y quizá “exigen ciertas clarificaciones sobre cómo se ha de ejercer el gobierno, de manera que continúe siendo genuinamente ignaciano”(4). Las reflexiones que siguen son un esfuerzo por contribuir a esta tarea.

Espiritualidad y gobierno

Si entendemos la espiritualidad como la forma en que una persona o un grupo ven a Dios, el mundo y su lugar en él, lo expresan en valores, actitudes, motivaciones o disposiciones, compromisos y prácticas(5), entonces el gobierno y la espiritualidad se encuentran en la ordenación de las relaciones y en los modos acordados de proceder, o sea, más en la forma que en el contenido de la misión. Si bien puede ser percibido como estructural, procedimental e impersonal, la CG 36 caracteriza el gobierno en la Compañía como “personal, espiritual y apostólico”(6). Sirve y apoya a la misión a través de la cura personalis y la cura apostolica, atendiendo tanto a la misión misma como a las personas implicadas en ella. Las personas nunca son meros instrumentos de la misión y siempre deben ser vistas dentro de la red de relaciones que nos sostiene en el ser. A continuación, consideraremos algunos retos planteados al gobierno por la llamada a reconciliar –u ordenar adecuadamente- nuestras relaciones con Dios, con los demás y con el resto de la creación.

Reconciliación con Dios

En el gobierno ignaciano, en realidad no decidimos nosotros nuestra misión, sino que más bien discernimos cómo somos llamados a participar con Jesús en la missio Dei, porque, “como siervos de la misión de Cristo, estamos invitados a trabajar con él en el restablecimiento de nuestra relación con Dios, con los demás y con la creación”(7). Quienes desempeñan papeles de gobierno deben cultivar la libertad interior de dejar a un lado proyectos preferidos, perspectivas particulares o el sentimiento de representar a un cierto electorado.

El discernimiento para la misión no es una mera planificación estratégica con un lenguaje diferente. Un análisis del contexto no nos alertará de la presencia de pecado o gracia, ni de la llamada que Dios nos hace, a menos que intentemos activamente descubrir a Dios en los datos. Como explica la CG 36, el discernimiento “comienza con la contemplación de Dios que trabaja en nuestro mundo y nos permite sacar más fruto al unir nuestros esfuerzos a los designios de Dios” y “es el fundamento para la toma de decisiones de toda autoridad legítima”(8).

El discernimiento para la misión no es una cartera ministerial que pueda ser delegada; es responsabilidad de todos los que desempeñan algún papel de gobierno. De ahí que a los laicos en puestos de gobierno haya que facilitarles la formación e incluirlos en los procesos de discernimiento en vez de recurrir a ellos en busca simplemente de pericia técnica. Mi investigación doctoral sugiere que en la región Asia-Pacífico es necesario ofrecer una sólida formación en espiritualidad ignaciana a los laicos comprometidos en el apostolado social, si se quiere que se conviertan en verdaderos socios, incluso en líderes de obras ignacianas(9). Esto nos lleva a los retos para el gobierno ignaciano que fomenta relaciones adecuadas con los demás.

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Reconciliación con los demás

¿Cómo pueden nuestros sistemas de gobierno encarnar relaciones adecuadas con los demás? ¿Pueden expresar solidaridad, asumir una opción por los pobres y respetar la actuación y vocación de los colaboradores mejor que en la actualidad?

Haciéndose eco del llamamiento del papa Francisco a la globalización de la solidaridad, las últimas congregaciones generales nos han exhortado a actuar más como una sola Compañía, a hacer que el gobierno tenga en su mira el bien mayor y más universal y a compartir de manera más eficaz los recursos humanos y materiales para la misión(10). La globalización exige una reevaluación del ejercicio multiestratificado de la subsidiaridad dentro de la Compañía. Algunas decisiones pueden tomarse ahora de manera más eficaz en el plano de las conferencias y en el plano universal; y el gobierno debe ejercerse en todos los niveles con espíritu de comunión, no solo como coordinación técnica. Además, la necesidad de colaboración entre niveles y entre sectores ha impulsado la expansión del trabajo en red dentro de la Compañía y por la Compañía (con otras instituciones y organizaciones), especialmente en el apostolado social. La CG 36 sitúa el potencial de este enfoque y sus logros en el contexto del deseo del Vaticano II de una mayor sinodalidad en la Iglesia(11). Estos desarrollos tienen que ver tanto con la eclesiología –quiénes somos en cuanto Iglesia– como con la acción eficaz –qué hacemos.

La opción por los pobres de la Compañía(12) hace de las personas y las comunidades pobres una preocupación central del gobierno ignaciano. Sus raíces pueden encontrarse en el deseo de Ignacio de seguir a Jesús, pobre y humilde, y la confirmación de su misión en la visión de la La Storta, donde tuvo la experiencia de que el Padre le colocaba junto al Jesús cargado con la cruz. Suscita interrogantes sobre cómo pueden incorporar los sistemas de gobierno significativamente a los crucificados y sus perspectivas, sobre cómo pueden ser trasparentes para los pobres y rendirles cuentas, posibilitando que la experiencia de estos cuestione nuestro modo de entender y vivir la opción por ellos. La base cristológica de este compromiso ignaciano puede plantear también desafíos a la acción interreligiosa en algunos contextos.

La CG 35 y la CG 36 han abordado la colaboración por razones tanto pragmáticas como eclesiológicas(13). La CG 36 valora adecuadamente el progreso en la colaboración y menciona algunos obstáculos importantes aún existentes(14). Mi investigación, que incluye como caso de estudio la praxis de la Red de Apostolado de la Conferencia Jesuita de Asia Pacífico en relación con migrantes vulnerables en Asia, puso de manifiesto que los jesuitas y los no jesuitas en ella estudiados tienen percepciones característicamente diferentes de si los jesuitas y las organizaciones jesuitas cultivan el espíritu de colaboración, así como concepciones diferentes de qué es la colaboración(15). La autocomprensión de la Compañía puede mejorarse escuchando con mayor atención las experiencias y las visiones de los colaboradores. ¿Son tratados como iguales e incorporados a las tareas de gobierno? ¿O estás limitados en gran medida a tareas administrativas y a la ejecución de las decisiones de otros? ¿Pueden ser incorporados de hecho al gobierno eclesiástico con las estructuras actuales? Por ejemplo, mientras que la CG 35 admite la posibilidad de que obras ignacianas y jesuitas sean dirigidas por colaboradores de otras tradiciones religiosas16, el derecho canónico exige que los miembros del consejo de administración de las personas jurídicas públicas sean católicos.

Reconciliación con la creación

El tercer elemento de las relaciones adecuadas es la reconciliación con el resto de la creación. Nuestro gobierno puede presentar sus informes según la metodología de la “triple cuenta de resultados” (triple bottom line), podemos aplicar filtros éticos positivos y negativos a nuestras inversiones, nuestros sistemas y procesos pueden ser revisados para que premien la reducción, la reutilización y el reciclado. Todo esto es bueno y necesario, pero el gran reto aquí radica en pasar de una ética de la mayordomía (stewardship, administración) a una ética del cuidado y del parentesco, tal como el papa Francisco lo ha hecho en la Laudato Si’(17). Entendernos a nosotros mismo como parte de la creación, no como gestores o usuarios responsables de la creación, es más una cuestión de espiritualidad que de ética.

En este punto, la premoderna visión del mundo de Ignacio responde directamente a las necesidades de nuestra época. En el segundo ejercicio de la primera semana, Ignacio nos invita a reflexionar sobre nuestros pecados y a llevar a cabo “exploración admirative con crecido afecto, discurriendo por todas las criaturas, cómo me han dejado en vida y conservado en ella... los cielos, sol, luna, estrellas y elementos, frutos, aves, peces y animales; y la tierra, cómo no se ha abierto para sorberme…”(18). También nosotros somos criaturas y Dios nos sostiene en el ser a través de todas las demás criaturas que nos acompañan, ayudándonos a conocer, amar y servir a Dios. La respuesta que este ejercicio suscita no es de obligación, sino de gratitud y admiración. Este es el espacio desde el que debe proceder nuestro gobierno si queremos que verdaderamente promueva la reconciliación con el resto de la creación.

Conclusión

El desarrollo que está experimentando el gobierno genuinamente ignaciano requiere una sofisticada reflexividad que retroyecte nuestra mirada sobre nosotros mismos en cuanto agentes. La experiencia, el pensamiento y la acción de otros pueden cuestionar y enriquecer nuestra praxis y afilar nuestro discernimiento. ¡Dios trabaja en el mundo, y no solo a través de la Compañía! Las personas en tareas de gobierno tienen que ser capaces de moverse entre diversidad de fuentes y recursos, incluidas fuentes de fe, y de integrarlas. Hemos visto, por ejemplo, que la colaboración y el trabajo en red son formas de estructurar las relaciones con potencial para fomentar relaciones adecuadas. Ignacio y sus primeros compañeros caracterizaron su relación como ser “amigos en el Señor”, y mi investigación confirma que el acompañamiento y la amistad son prácticas centrales de la Red de Apostolado Social de la Conferencia Jesuita de Asia-Pacífico. Ponerlas en diálogo con teologías contemporáneas –por ejemplo, con el tratamiento que hace Swinton de la amistad como una práctica redentora o con la comprensión que Bretherton tiene de la hospitalidad como una forma de relacionarnos con vecinos con los que tal vez estemos en desacuerdo sobre concepciones del bien– quizá nos habilite para formular mejor cómo el ser amigos y compañeros peregrinos puede informar el gobierno ignaciano(19). También se podrían establecer conexiones más explícitas con conceptos de la doctrina social católica, tales como la solidaridad en cuanto virtud cristiana, la subsidiaridad y la unidad de la familia humana. Además, vincular la reflexión sobre el gobierno con la comunión y la sinodalidad nos recuerda que somos parte de un cuerpo apostólico dentro de la Iglesia, a la que contribuimos y de la que aprendemos.

En resumen, el gobierno genuinamente ignaciano estará al servicio de la misión de Cristo; permanecerá atento a las experiencias y perspectivas de los otros, en especial de los pobres; y será discernidor, flexible para adaptar los modos de proceder con el fin de interpretar creativamente las exigencias de la subsidiaridad en un contexto de globalización y, por último, sofisticado en su reflexividad.

Notas

  1. Justice Owen, en HIH Royal Commission, The Failure of HIH Insurance, volume 1: A Corporate Collapse and Its Lessons, Commonwealth of Australia, abril de 2003, p. xxxiv, cit. en ASX Corporate Governance Council, Corporate Governance Principles and Recommendations, ASX Corporate Governance Council, 2014, p. 3 (http://www.asx.com.au/documents/asx-compliance/cgc-principles-and- recommendations-3rd-edn.pdf, consultado el 6 de diciembre de 2017).
  2. Véase, por ejemplo, Institute of Community Directors Australia, Women’s Leadership Institute Australia y Our Community, Get on a Board (Even Better - Become the Chair): Advancing Diversity and Women in Australia, Our Community, North Melbourne 2011, 70-74; David Fishel, The Book of the Board: Effective Governance for Non-Profit Organisations, The Federation Press, Annandale 20082, 6-8.
  3. Brian Lucas, Peter Slack y William D’Apice, Church Administration Handbook, St Pauls, Strathfield 2008, 50-51.
  4. CG35,D5,n.1c.
  5. Michael Mason, Andrew Singleton y Ruth Webber, The Spirituality of Generation Y: Young People's Spirituality in a Changing Australia, John Garratt Publishing, Mulgrave 2008. pp. 39-41.
  6. CG36,D2,n.1.
  7. CG35,D3,n.18.
# CG36,D2,n.4.
  8. Cf. S. J. Cornish, How Catholic social teaching and Ignatian spirituality interact within the praxis of the Jesuit conference Asia Pacific Social Apostolate network in relation to vulnerable migrants in and from Asia (Doctoral thesis, Australian Catholic University, 2016), accesible en http://researchbank.acu.edu.au/theses/624
# CG35,D5,n.1a.
  9. CG36,D2,nn.8-9.
  10. CG35,D1,n.6.
  11. Por ejemplo, CG 36, D 2, n. 5 sitúa la discusión de cómo debe llevarse a cabo la colaboración en el contexto del decreciente número de jesuitas y el n. 6 reitera la afirmación de la CG 35 de que la colaboración y la corresponsabilidad expresan la complementariedad de las diferentes vocaciones dentro de la Iglesia.
  12. CG 36, D2, n. 7.
  13. Cf. Cornish, op. cit.
  14. CG35,D6,n.11.
  15. Francisco, Laudato Si’, 2015; véase esp. el cap. 4, que aborda la ecología integral, y el cap. 6, que, entre otras cosas, llama a una profunda conversión ecológica de índole espiritual.
  16. EE [60].
  17. Cf. John Swinton, Raging with Compassion: Pastoral Responses to the Problem of Evil, William B. Eerdmans Publishing, Grand Rapids (Michigan) 2007; Luke Bretherton, Hospitality as Holiness: Christian Witness Amid Moral Diversity, Ashgate, London 2006.

Fuente

  • Promotio Iustitiae No. 41.
  • Original en inglés. Traducción al español José Lozano.
  • Sandie Cornish es practicante de la Doctrina Social Católica, Australia.
  • Fotografías: Flickr: Rajesh Pammani y Daren Poon - Licencia Creative Commons.

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