Honduras, ¿Cuál es el Problema?

El P. Ismael Moreno, S.J. analiza la actual situación política en Honduras, el mal uso de los recursos del Estado y la incidencia de los medios de comunicación corporativos que alaban la ilegal reelección presidencial.

Que la inscripción del ciudadano presidente a la reelección aceptada por el Tribunal Supremo Electoral es ilegal y constitutiva de delito, todo mundo lo sabe, y que solo en un ambiente de impunidad se podría imponer como válido.

Que el candidato a la presidencia por vía de reelección ilegal es el mismo que aceptó que su partido había recibido dinero del que gente de su partido saqueó del Seguro Social, todo mundo lo sabe, y que solo en ambiente de impunidad ha logrado aceptarse bajo la excusa de que no lo sabían pero que decidieron devolver dicho dinero.

Que el candidato a la presidencia por vía de reelección ilegal cuenta con un presupuesto proveniente de Casa Presidencial que lo coloca en una ventaja desproporcionada en relación con los otros candidatos, todo mundo lo sabe, y solo en una institucionalidad arbitrariamente manejada por una mafia política se puede sostener.

Que es igualmente un ventajismo el uso de recursos del Estado que se manejan bajo la clave de programas de asistencia social, pero conducidos debidamente hacia la campaña proselitista de la ilegal reelección del presidente, todo mundo lo sabe, y solo en una institucionalidad subordinada a las arbitrariedades de reducidos grupos políticos se puede sostener.

Que los medios de comunicación corporativos, los mismos que unos años atrás dieron la batalla para defender la Constitución de la República ante la amenaza de la reelección, son los mismos que hoy avalan y alaban la ilegal reelección presidencial o en el mejor de los casos guardan silencio, todo mundo lo sabe, y solo en un país con un control férreo de la libertad de expresión por la vía del acaparamiento de medios y frecuencias se puede sostener.

Que las jerarquías de las iglesias en la inmensa mayoría de denominaciones unos años atrás avalaron la decisión de los políticos de defenestrar un presidente porque así se protegía al país amenazado por hordas externas, extrañas y cargadas de patrañas comunistas, y que hoy avalan la reelección ilegal con su silencio o la bendicen tácitamente por medio de ayunos y largas oraciones, todo mundo lo sabe, y que solo en una sociedad con bajos niveles de formación cultural y escolaridad se puede sostener.

Todo eso lo sabe todo mundo. El problema no es que ocurran todas esas barbaridades. El problema de fondo y frontal es que ante tantas atrocidades nosotros las avalemos con nuestros encierros, miedos e indiferencias. Porque si de algo jamás debíamos dudar es que solo la movilización social puede obligar a transformaciones políticas e institucionales.

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