Indígenas y Jesuitas en Roraima

Desde el año 2008, la Compañía de Jesús está presente en el estado de Roraima, actuando en el municipio de Bonfim: en la sede, en las poblaciones del interior y en las comunidades indígenas. En este fin de año 2015, cuatro jesuitas marcaron presencia en Roraima: PP Rui Körbes, Horie Setsuro y Urbano Mueller, así como el estudiante Tiago Zeni, que está terminando su segundo año de magisterio.

El centro de nuestra misión aquí en Bonfim, en la frontera con Guyana, es la presencia con los pueblos indígenas Wapichana y Macuxi, llamados “indios del lavrado”. Estamos con estos dos pueblos que viven en una región llamada Serra da Lua, que abarca el municipio de Bonfim y una pequeña parte del municipio de Cantá; los PP Horie y Urbano viven y trabajan con las comunidades indígenas y desde marzo de 2013, viven en una de esas comunidades llamada Moskow (en Sierra da Lua). El Padre Rui atiende las comunidades de la sede de Bonfim y de las poblaciones del interior. Tiago, por su parte, colabora en la pastoral indígena y pastoral juvenil en todas las comunidades.

La decisión de insertarnos y encarnarnos en la realidad indígena fue un paso muy importante en nuestro camino como jesuitas, en este pedazo de tierra de Roraima. De esta manera vivimos más cercanos y encarnados en la realidad de los pueblos Wapichana y Macuxi, compartiendo su vida, luchas y esperanzas. Aprendimos mucho del Buen Vivir de los indígenas, de su cultura, costumbres y tradiciones, y por que no decirlo, también de sus/nuestros vicios y defectos. Es una convivencia muy buena y rica, en la que los valores comunitarios y la simplicidad de la vida todavía están en vigor, a pesar de los conflictos y dificultades.

Uno de los grandes problemas que perjudican la vida y van minando la cultura, los valores y la forma de ser de los indígenas es la “urbanización” de sus comunidades, o sea, la influencia del medio urbano, la publicidad, los medios de comunicación, la tecnología, etc. cuya influencia es muy fuerte sobre los indígenas. Con sus ventajas y desventajas, es una atracción irresistible. Caminamos con el desafío de saber integrar la cultura urbana sin perder los valores de la cultura indígena. Para eso, es necesario tener la sensibilidad evangélica de preservar los valores y también de integrar las diferencias.

En nuestro trabajo pastoral priorizamos la formación de líderes, la colaboración con el movimiento indígena en su articulación a nivel regional y del estado de Roraima. Procuramos ser compañeros en las luchas y el caminar de los pueblos indígenas y sumar fuerzas participando activamente de encuentros y asambleas regionales y estatales (Roraima) de tuxauas y líderes, las cuales suceden periódicamente. Felizmente, la diócesis de Roraima y las/los misioneros/as siempre fueron, y continúan siendo buenos compañeros del movimiento indígena. Y los indígenas reconocen, reiteradamente, el valor y la fuerza de este compañerismo y compromiso de la diócesis de Roraima con su causa. Como jesuitas, queremos continuar sumando fuerzas con los indígenas, junto con todos los misioneros y misioneras que actúan en esta diócesis.

El Padre Horie y yo trabajamos en equipo con tres hermanas Hijas de la Caridad, que viven en Boa Vista. Formamos el “equipo misionero de Serra da Lua”. Nos reunimos mensualmente para evaluar y planear nuestro camino en la pastoral indígena. Atendemos a 23 comunidades cristianas en la región de Serra da Lua, animando y asesorando su camino, en todas las dimensiones. Siempre que es posible, visitamos las comunidades para celebrar, hacer encuentros de estudio y de evaluación. Periódicamente hacemos encuentros de formación de catequistas y lideres. Para tal fin, dividimos la Serra da Lua en cuatro polos. Cada polo se compone de cuatro a ocho comunidades cercanas para un mejor acompañamiento y participación de todas las comunidades. En cada polo hay dos encuentros de formación por año, totalizando así, ocho encuentros anuales en la región.

Una vez por año, siempre en octubre, realizamos una asamblea general de todos los catequistas y líderes de Serra da Lua. También participamos en las asambleas regionales de los tuxauas y en la asamblea de los pueblos indígenas de Roraima. Esta última es anual, reuniendo cerca de 1.200 líderes indígenas de todo el Estado de Roraima, a la cual siempre están invitados los misioneros y la diócesis, como compañeros y aliados. Esta asamblea es un momento fuerte e importante del movimiento indígena, mostrando el poder de la unión y de la articulación del Consejo Indígena de Roraima.

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Los temas tratados en los encuentros de formación siempre están relacionados con la realidad indígena nacional y local; con la coyuntura del país; con el camino eclesiástico; con la Campaña de la Fraternidad de cada año; estudios bíblicos, encíclicas y mensajes del papa, etc. Siempre aparece la cuestión de la preservación del medio ambiente y de la Madre Tierra, el asunto de la juventud y sus desafíos, la cuestión de la sostenibilidad y de la tierra, los derechos indígenas, el buen vivir, todos estos asuntos vitales para los pueblos indígenas. En todas las ocasiones de estudio, abordamos las temáticas del movimiento indígena, procurando fortalecer la articulación de sus luchas, anhelos y esperanzas de vida más digna.

Como “servidores de la misión de Cristo” en la Amazonía, tenemos ante nosotros el desafío de encarnar la espiritualidad ignaciana en la cultura amazónica e indígena. Y este desafío es enorme. Una respuesta concreta y fundamental es la vida de inserción en esta cultura. El Padre Horie y yo entramos en este proceso de encarnación en la realidad de la vida de los indígenas del lavrado roraimense y creemos que este es el mejor camino para servirlos en la humildad. Estamos para servir, para escuchar y percibir lo que Dios quiere de nosotros como jesuitas en estas tierras. Agradecemos a Dios porque estamos cerca de los indígenas y podemos aprender tantas cosas buenas de su vida y su cultura. Estamos contentos por haber sido acogidos como hermanos por los líderes y por la comunidad de Moskow, en donde vivimos.

En el cumplimiento de la misión, un criterio importante es el testimonio de vida, de justicia y de servicio. Por eso, la vida de inserción es una estrategia de acción fundamental que ayuda a definir la vida y la misión. Procuramos seguir en nuestra vida de pobreza y simplicidad, en la humildad, sin hacer mucho alarde, siempre con nuevo ánimo y vigor, en la alegría de servir y aprender de los indígenas Wapichana y Macuxi. Estamos con ellos. Es por todo esto que damos gracias a Dios Creador.

Urbano Mueller, Coordinador del Área Misionera, trabaja en la pastoral indígena, jesuita.

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