Kiwxí: la sepultura florida… La memoria profética del Hermano Vicente Cañas, S.J.

Uno de los objetivos de este escrito es hacer memoria de la transformación profética del hermano Vicente Cañas SJ en Kiwxí, hermano de los indígenas, hasta el momento de su martirio. Por eso, el camino que elegimos fue visitar el lugar en dónde los Enawene Nawe junto con los jesuitas y amigos misioneros indigenistas, lo sepultaron.

Uno de los objetivos de este escrito es hacer memoria de la transformación profética del hermano Vicente Cañas SJ en Kiwxí, hermano de los indígenas, hasta el momento de su martirio. Por eso, el camino que elegimos fue visitar el lugar en dónde los Enawene Nawe junto con los jesuitas y amigos misioneros indigenistas, lo sepultaron. Una pregunta siempre aparece de nuevo: ¿en dónde está la sepultura? Y la información en Porto Escondido, en la aldea Myky, dónde el hermano Vicente Cañas fue “bautizado” Kiwxí es que la piedra con el nombre “Kiwxí” que estaba sobre la sepultura había desaparecido y que la desembocadura del río Papagaio queda lejos. ElCaixão de Pedra es la referencia en el río Juruena; dónde sus límpidas aguas se estrechan resonando, cantando y desvelando el secreto.

Llegando, su fuerte presencia ya se siente y se respira en la fragancia fresca del aire, mezcla de aromas de sol, de río y de selva. En la margen izquierda del río, una pequeña playa de arena blanca indica el lugar. Un sendero va hasta la pequeña construcción, de cinco metros por cuatro y a menos de cien metros de la orilla del río. Tejas de fibrocemento y dos paredes de madera. Las tablas de las otras paredes sirven de piso para quienes allí llegaban a descansar y también alimentaron el fuego de los que allí se calentaban en los días de invierno, cuando la madera de la selva estaba mojada. La piedra con la inscripción “Kiwxí” no estaba junto a la sepultura. Partida, servía de base para la hoguera en dónde se asa el pescado. Al lado de la sepultura, la selva creció y floreció, con flores amarillas de sol y de vida. Y el pueblo Enawene-Nawe revivió y su semilla se multiplicó: ya son más de mil, en dieciséis casas circulares. La “Casa de las Flautas” está en el centro. Hasta el día de hoy siguen riendo, cantando alrededor de las hogueras y tocando las flautas en las noches de luz de luna. Kiwxí se entregó enteramente y en el pueblo y en la selva y en la memoria de todos, ¡resucitó!

En los próximos dos años 2016 y 2017 celebraremos el 40º y el 30º aniversario de nuestros dos compañeros profetas y mártires del amor y de la justicia junto a los pueblos indígenas: el P. João Bosco Penido Burnier SJ, en Ribeirão Bonito, Mato Grosso, Brasil, el 6 o 7 de abril de 1987. Este texto, centrado en la vida del Hermano Vicente, es un homenaje a estos compañeros que entregaron la vida al servicio de los pueblos indígenas. Pero también quiere ser memoria subversiva que incomode, una invitación desafiante a los que quieren seguir sus huellas en la lucha por elbuen vivir y convivir, en la búsqueda delbien común y en el cuidado de lacasa común, en la cual todo y todos estamos conectados (Papa Francisco, Encíclica Laudato Si)

1. Vocación misionera

A finales de junio e inicios de julio de 2015, los compañeros del Consejo Indigenista Misionero 1 , Egon Heck, Rodolfo Ferraz, Fernando López y Rosa María Monteiro, de la Operación Amazonia Nativa, visitamos la región de Mato Grosso en dónde el Hermano Vicente Cañas SJ agotó su vida y fue asesinado. Diez días de viaje y más de dos mil kilómetros de carreteras y ríos. Visitamos la aldea de los Enawene Nawe, el ranchito y la sepultura del Hermano Vicente Cañas SJ.

Fue todo un privilegio “corazonar”, sentir, escuchar y recolectar anécdotas sobre Kiwxí.
Sobre todo, el viaje fue un tiempo fuerte de gozo interior y cuestionamientos, reflexión y oración frente al testimonio, martirio y profecía del Hermano Vicente y de todos aquellos compañeros y compañeras que se dejaron inspirar por el Concílio Vaticano II, asumieron con tanta osadía, creatividad y radicalidad su compromiso profético hasta el martirio con los pueblos indígenas de la Amazonía.

Nacido en Alborea, España, un pequeño municipio agrícola, el 22 de octubre de 1939, Vicente Cañas entró al Noviciado San Pedro Claver de la Compañía de Jesús con 21 años, el día 21 de abril de 1961. En el noviciado, Vicente demostró dotes y condiciones extraordinarias para la cocina. En el juniorado, va madurando, discerniendo y manifestando al Provincial de Aragon, P. Mariano Madurga, su vocación misionera:

Padre, le pido perdón anticipadamente, pues debe tener mucho trabajo. Lo que uno tiene por dentro tarde o temprano se tiene que decir. El día cinco de este mes lo esperaba como algo especial para concretar nuestro asunto pendiente; (…).

Me decía que pensara en Brasil. Usted tiene la palabra para donde más lo desee. Dejo a su disposición la voluntad de nuestro buen Dios, lo que usted decida y mande. Créame Padre, me da algo de pena ver tanta necesidad de misioneros en África, y cada día siendo menos por la simple razón de que son expulsados.

Padre, permítame preguntarle: ¿Soy yo uno de los hermanos que piensa enviar al final del curso a Brasil?

Rece este próximo año por mi, el día diez hago la renovación de mis Votos. El once voy a Zaragoza, unos dos meses, para aprender a cocinar.

Filialmente, Vicente Cañas S.J 2

Es impresionante la coherencia de la vida del Hermano Vicente Cañas. Expresa con toda claridad sus mociones al Provincial: “Lo que tenemos adentro, tarde o temprano se tiene que decir.” Esta transparencia y conexión entre su sentir, decir y hacer lo acompañarán a lo largo de toda su vida y misión, mejor dicho, hasta la muerte y ¡la muerte por el martirio!

También tiene claros los criterios ignacianos para el discernimiento de la misión (“mayor necesidad y lugares más difíciles”): “tanta necesidad de misioneros en África, y cada día siendo menos por la simple razón de que son expulsados”. El Hermano Vicente también manifestó en otra oportunidad que tuvo una experiencia espiritual en un retiro: “vio una tribu indígena en América” que necesitaba de él y por eso también pidió ser enviado a Brasil. ¡Su disponibilidad para acoger la voluntad de Dios es total! Y el P. Madurga confirma su destino a Brasil. 3

Los primeros que saben de la noticia son sus padres. Aunque con dolor por la nueva ruptura, no les sorprende. Conocen bien las inquietudes misioneras y la radicalidad de su hijo. En la fiesta de San Francisco Javier (el 3 de octubre de 1965), patrón de las Misiones junto con Santa Teresita, el Hermano Vicente recibe el crucifijo de misionero en el Castillo de Javier, en Navarra, España. Los cambios del Concilio Vaticano II marcan esta época. También coincide con la elección del P. Pedro Arrupe SJ como nuevo Padre General de la Compañía de Jesús (el 22 de mayo de 1965), con quien llegan profundos cambios en el modo de comprender la misión de los jesuitas del mundo.“El servicio de la fe y la promoción de la justicia” será la nueva fórmula del carisma e identidad de los jesuitas consagrada en la Congregacao Geral XXXII (1974)

El hermano Vicente bebe, vibra y se compromete radicalmente con esta profunda y profética renovación en la Iglesia Católica. Llega con los Hermanos Lledó y Jordán al aeropuerto de Río de Janeiro el 19 de enero de 1966. Dos semanas después le escribe al P. Madurga compartiendo sus primeras impresiones y la del bus hacia Recife, dónde convivió con el pueblo que le impacta profundamente:

Durante el viaje hubo algo impresionante. Tuve que arreglármelas para entenderme con el pueblo, el idioma no es tan fácil como parece (es mucho más complicado hablarlo que leerlo). En el bus se respiraba una simplicidad que quedé asombrado. (…) Tuve la gran suerte de comer y dormir en medio de esta gente (…). Daba pena ver durante el camino tanta gente llena de pobreza y miseria, sin embargo esta gente es tan buena y llena de bondad que yo me confundía y creo que, dado su buen corazón y simplicidad, nuestro Señor les tendrá un buen lugar en el cielo. 4

2. Cocinero en Baturité

En agosto de 1966 fue destinado a Baturité, en Ceará, para trabajar en la cocina de la casa de retiros. En una carta al P. Madurga observa el contexto social:

Por aquí se vive muy pobremente, es más, yo diría que en la miseria. Hay muchas casas en medio de esta selva, aunque separadas. Las casas son más o menos de paja y barro. En el interior de ellas no existen cuartos separados para dormir. Todos duermen en hamacas. Los cubiertos son sus manos y algunos se dan el lujo de comer en una lata y usar como vaso, otra. Todas estas cosas son habituales. La alimentación es fríjol con yuca y alguna que otra vez, arroz blanco. Aquí se comprueba aquel dicho: “de cada tres personas, ¡dos pasan hambre!” En cuanto a los niños, van casi desnudos y los más grandes van con la camisa o los pantalones rotos. 5

El Hermano Vicente también expresa la importancia de haber venido joven a estas misiones tan exigentes en Brasil, lo que le da maleabilidad para adaptarse:

Aquí necesitamos cocineros. Que sea uno joven, que ya haya terminado el juniorado, me parece que es lo ideal para hacerse un brasilero y adaptarse a todo fácilmente. Es un acierto que uno venga joven, pues el cambio no cuesta absolutamente nada en el sentido que sea: el calor, la comida, etc. (…) Claro, también uno tiene una fuerza interior grande. 6

3. Rumbo a la misión con los pueblos indígenas: el nacimiento de Kiwxí.

A mediados de 1968, el Hermano Vicente recibe su nuevo destino hacia La Prelatura Diamantino, en Mato Grosso, que llevaba adelante el gran desafío histórico de los jesuitas en Brasil, pues allí retomaron el trabajo misionero junto a los pueblos indígenas, la marca distintiva de la Compañía de Jesús en las Américas antes de la Supresión (1759 en Brasil y 1767 en la América española)

Él vive esta nueva misión como un paso más en su total consagración a Dios y a los hermanos. Muy consciente del desafío de la nueva misión, comparte con el Provincial que estaba de visita en Brasil:
Dios quiera que mi nuevo destino sea fructuoso para mí, para vivir una entrega más y más a Dios. Ahora necesito de sus oraciones, pues dicen que en esta misión se necesita ser muy espiritual y, con el auxilio de otros, espero subir un escalón más. 7

Este tiempo inicial en Diamantino es un nuevo noviciado de preparación para la desafiante misión con los indígenas:
Ahora estoy aquí en el puesto central de la misión, transitando mi noviciado para acostumbrarme y después trabajar con los indígenas salvajes, que todavía existen muchos por aquí. Creo que voy a pertenecer a un grupo de Padres y hermanos que se está conformando para recorrer las aldeas. 8

El Hermano Vicente muestra su sensibilidad con los pobres, pero llega a Diamantino con la visión colonizadora propia de la época en relación a los indígenas, vistos como “salvajes” necesitados de “civilización” y cristianismo. En la misma carta expresa mucha admiración por los misioneros de la región, así como una comprensión propia del Servicio de Protección al Indio, para el cual los indígenas son como niños.

Estos misioneros son todos gente simple y espontánea, con los cuales el trato es muy familiar, pues somos todos de la clase trabajadora. Los que ya llevan muchos años aquí cuentan todo lo que pasaron y siguen pasando en las selvas: vida dura, mucho calor y gran cantidad de mosquitos que transmiten el paludismo. Las distancias son enormes de una aldea a otra, pues hay que considerar que la región es poco poblada. El pueblo de aquí es muy parecido al del noreste, con una sensibilidad muy fina. Pero el indio es muy diferente: es muy tranquilo y tiene la mentalidad de un niño de cuatro o cinco años. 9

Él reconoce que este nuevo “noviciado” fue mucho más intenso de lo que imaginaba, pues necesitaba de una profunda conversión a la cosmovisión y espiritualidad indígena, lo cual sucedió poco a poco. En la medida en que se dejaba conmover por las necesidades y perspectivas de los indígenas, el Espíritu de Dios movía su corazón hacia una entrega cada vez más radical:// “si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él sólo; pero si muere, da mucho fruto”// (Jn 12,2). Volvió a “nacer de nuevo” (Jn 3,1s) en estas tierras de Misión: del “viejo” Hermano Vicente brota el nuevo Kiwxí.

4. La prueba de fuego

En octubre de 1969, a pedido de la Fundación Nacional del Indio (FUNAI), el Hermano Vicente fue con los padres jesuitas Antônio Iasi y Adalberto Holanda Pereira a salvar los 41 Tapayunas (Beiço de Pau). Restaba cerca del 7% de la etnia por el contacto mal realizado por la FUNAI, la cual llevó a un equipo de reportaje con gripe. Los Tapayunas ya sufrían, desde hace décadas, la persecución violenta de los frentes de expansión en el valle de los ríos Sangue y Arinos, cercanos de Porto dos Gaúchos, norte de Mato Grosso. El P. Adalberto cuenta cómo el envenenamiento se convirtió en la forma preferida de los invasores para exterminarlos, colocando arsénico mezclado con azúcar en los lugares frecuentados por los indígenas. El P. Aloir Pacini SJ describe que encontró una sobreviviente de esta tragedia entre los Kisêdje (Suyá). Con gestos y llanto ella recordaba, hablando en su lengua tradicional, cómo tenían que abandonar a los parientes muriendo en las aldeas y salir huyendo de la enfermedad hacia otras aldeas… No sabían que llevaban consigo el virus de la gripe y que estaban contaminando a todo el pueblo.

Esta primera misión directa con los indígenas fue la “prueba de fuego”, un bautismo que resultó en la sobrevivencia de los 41 Tapayunas contagiados por la gripe! El Hermano Vicente y todo el equipo se desvelaron en la preparación de comida y en el tratamiento para que permanecieran vivos aquellos quienes quedaban de esta etnia. Se evidencian de esta manera los peligros de los primeros contactos con pueblos indígenas que estaban sucediendo debido los frentes de expansión por la Marcha hacia el Oeste, incentivada por el Gobierno de Brasil.

El trabajo heroico dio resultado y ¡juntos consiguieron que los 41 Tapayunas sobrevivieran! Sin embargo, el Estado siguió con su política de distribuir las tierras tradicionales de las etnias indígenas. Por eso, los Tapayunas son arrancados de sus tierras tradicionales y transferidos (¡deportados!) al parque Indígena del Xingú, dónde se mezclan con los Kisêdjê, parientes tradicionales. La “justificación” para maquillar la cruel deportación fue que allí vivirían más protegidos. ¡El verdadero y encubierto motivo era liberar las tierras para la colonización!

El hermano Vicente y el Padre Thomaz acompañaron los Tapayunas en el viaje y los dejaron en el Xingú. Esta dolorosa experiencia fue una de las causas que los llevó a adoptar posturas más radicales a favor de los pueblos indígenas y de la demarcación de sus tierras tradicionales. Así, comenzaron a enfrentar las acciones gubernamentales y de la iglesia que no respetaban los derechos de estas etnias.

5. El proyecto Utiariti y el contacto con los Miky

En el proceso de formación misionera del Hermano Vicente fueron maestros importantes los jesuitas João Dornstauder, Adalberto de Holanda Pereira, Thomaz de Aquino Lisbôa, Egydio Schwade y Antônio Iasi. Ellos fueron referencias en el cambio de orientación de la evangelización y la misión indígena en Brasil. También estuvieron en los orígenes de la Operación Anchieta (OPAN) y del consejo indigenista Misionero (CIMI)

En general, aunque con admirables y proféticas excepciones, hasta el Concilio Vaticano II la evangelización buscaba ¡ “blanquear, civilizar y cristianizar” los indígenas! Esa es también la perspectiva desarrollada por el Estado Brasilero a partir del Mariscal Rondon a principios del siglo XX, herencia que asumió el Servicio de Protección al Indio (SPI, 1910-1967, año en que es creada la FUNAI). Durante el tiempo de la dictadura militar (1964-1985) fue concebido el Proyecto Rondon (1967-1989) con el lema: “integrar para no entregar”. Y el proyecto militar proponía que para el año 2000 no hubiesen más indígenas en Brasil.

En el contexto histórico y renovador del Concilio Vaticano II, los jesuitas percibieron que la orientación de la misión en Uriariti (1930-1970) producía más problemas que soluciones para los pueblos indígenas. Fue elaborado así el Directorio Indígena (1969) y planearon un trabajo con más respeto para con la cultura, el hábitat, la forma de vida y también la religiosidad de los pueblos indígenas. Son los misioneros quienes deben adaptarse e integrarse a las diferentes culturas, proceso que fue conocido como “inculturación”. Esta palabra fue acuñada por el P. Pedro Arrupe, General de los jesuitas que visitó el internado de Utiariti en 1968. En este contexto privilegiado de renovación y cambios, es que se incorpora el Hermano Vicente a la misión indígena.

Entre los años 1970-1975, el Hermano Vicente se dedicó a los Paresis en la región de la Chapada de los Paresi, noreste de Mato Grosso. Hizo equipo con los misioneros laicos de la Operación Anchieta (OPAN) para acompañar a los Paresi del Río Verde, amenazados por la BR 364. Él escribe a su familia:

Ahora estoy con los Paresi. Son 364 en 12 aldeas. Yo vivo entre ellos. Tengo una casa como ellos, de paja de palmera y estoy ayudando en la agricultura para que no pasen hambre. Ya prepararon los campos para plantar dentro de tres semanas, cuando comienzan las lluvias. Plantaron arroz, frijol, caña de azúcar y otras cosas. En estos días se agarraron una epidemia de gripe. Como consecuencia del hambre todos adelgazaron y quedaron débiles. De eso ya hace quince días y todavía no están bien. Murió un niño de 7 años y otros están al borde de la muerte.

Pasé tres meses solo y ahora pedí ayuda y está conmigo una Hermana que me ayuda a atender los enfermos y a arrancar los dientes como dentista práctico.

En aquellos años, los indios “aislados” dejaban señales de su tránsito en las cabeceras del arroyo Escondido, afluente de la margen derecha del río Papagayo. Dos primeras expediciones fueron llevadas a cabo por los P. Adalberto Holanda SJ y el P. Thomaz Lisbôa SJ en los años 1969 y 1970. En la tercera expedición, el Padre Thomaz fue con el Hermano Vicente y alcanzaron los primeros contactos pacíficos con los Myky el 13 de junio de 1971. No hubo ninguna pérdida humana por contagio de enfermedad en ese contacto.

El Hermano Vicente y el Padre Thomas asumen la nueva perspectiva de misión con estos grupos recién contactados: nunca más reproducir en la lógica de la misión la perspectiva de “amansar”, “civilizar” y “cristianizar” indígenas, borrando en ellos la memoria histórica de sus propias raíces, cultura, lengua, cosmovisión, creencias, mundo simbólico, religioso, etc. Estos pueblos en su “diferencia”, son ejemplos vivos de “semillas” del Reino de Dios para nuestra sociedad occidental.

A partir de 1975, el Padre Thomaz empieza a vivir en la aldea Myky y recibe el nombre de “Yaúka”. El Hermano Vicente acompaña esta iniciativa y recibe el nombre “Kiwxí”. De a poco, los corazones, espíritus y almas de estos dos compañeros se van “indianizando”, haciéndose más y más “hermanos por la sangre y el compromiso”, “amigos en el Señor” y “amigos y hermanos de los indios”.

6. Os Enawenê Nawê: los indígenas que el Señor mostró

Entusiasmados con los resultados del contacto con los Myky (1971), el Hermano Vicente y el Padre Thomaz comenzaron a organizar expediciones para encontrar a otro pueblo “aislado”:

Tenía noticias (…), llegadas a través de algunos caucheros que indicaban que en las inmediaciones de los ríos Camararé y Doze de Outubro, Juruena arriba, vivían unos indios de carácter pacífico, ya que no eran hostiles con los trabajadores, aunque intentaban impedir que los blancos se acercaran a sus tierras. 11

También los Paresis y los Rikbaktsa daban noticias de este pueblo de río Iquê. En 1973 hicieron sobrevuelos en la región. El día 9 de julio de 1974 el Padre Thomaz y el Hermano Vicente con los indígenas Nambikuara Roberto, Zezinho y Baiano y el indígena Tupxi hicieron la primera expedición por tierra 12 . El día 28 de julio de 1974, la expedición encontró nuevos indígenas. El Hermano Vicente escribe a su familia el 21 de octubre de 1974: “Acabamos de amansar otra tribu de indios. Ya les hicimos otra visita y se confirmó nuestra amistad. Son muy buenos y acogedores. Viven de un modo bien primitivo. Te envío madre una foto de ellos y yo”. 13

Seguirán otras expediciones y contactos con esta etnia. Gracias a la experiencia y el cuidado de Thomaz y Vicente, en el contacto con los Enawenê Nawê hubo pocas muertes de los indígenas, nada comparado con lo que había pasado en los contactos con los Xavantes, Rikbaktsa, Suruís, Tapayunas y otros.

Desde el principio, el Hermano Vicente interpretó que estos eran indígenas que Dios le había mostrado cuando todavía era estudiante jesuita. Decidió entonces que su compromiso futuro era con esa etnia, pues estaban amenazados por los frentes de expansión agropecuaria, hacenderos y madereros. Para el Padre Thomaz, “Vicente reunía todas las características que debían acompañar a la persona que iniciara un vida en común con los Salumã 14 y nadie mejor que él podía hacerlo”. 15

7. Viviendo entre los Enawene Nawe: la entrega de la vida.

El mismo año del contacto con los Enawene Nawe, el Provincial P. Paulino, decide conceder al Hermano Cañas los Últimos Votos, su incorporación definitiva en la Compañía de Jesús. En los informes que se piden, el P. João Bosco Penido Burnier SJ, también mártir y profeta de la justicia junto a los pueblos indígenas, da su parecer sobre el Hermano Vicente Cañas. 16

Su compromiso es evidente: procura convivir con los indígenas compartiendo su vida, “encarnándose” en la vida indígena, con una dedicación total, sin restricciones. Por la información que tengo (no vivo en ese mismo lugar), creo que su testimonio es muy aceptado por los indígenas. Es igualmente bien aceptado por los laicos que trabajan en el sector indígena. Sin embargo, no todos nuestros jesuitas entienden esa forma de apostolado; para algunos, el modo de vida adoptado por el Hermano Vicente es fruto de la extravagancia. No sólo externamente (cabello y barba largos, collares vistosos sobre su pecho), sino también en la programación. A mi modo de ver, esta apreciación negativa de algunos de nosotros es superficial y motivada porque no conocen la realidad indígena. Por lo tanto, no están en condiciones de juzgar objetivamente. 17

El Hermano Vicente Cañas hizo sus Últimos Votos en la aldea indígena Zozoiterô de la Misión Diamantino, en Mato Grosso, Brasil, el día 15 de agosto de 1975.

A finales de 1975, el Hermano Vicente Cañas se dedica de manera plena a los Enawene-Nawe. De junio de 1979 a junio de 1983, Kiwxí no apartó un pie de la aldea. Fue en esos años que descubrió que aquellos indígenas no eran Salumã, sino que se autodenominaban Enawene Nawe y que pertenecían a la familia lingüística Aruak, como los Paresís.

Entre los años 1979 y 1981 llegaron algunas personas para ayudar a Kiwxí: Terezinha Weber, enfermera laica de la OPAN; Wanda Barbosa, también de la OPAN, ayudaron en los tratamiento dentales; el P. Bartolomeu Meliá, jesuita, marcó presencia intermitente haciendo levantamientos lingüísticos y etnográficos. Fue él quien denominó a los Enawene Nawe como “Benedictinos de la Selva” 18 , debido a la intensidad de los rituales que marcaban toda su vida a lo largo del año.

Con la ayuda de los Rikbaktsa, de Gregorio, eximio carpintero, e Isidoro Roremuitsa, todavía joven, el Hermano Vicente construyó un pequeño ranchito en el río Juruena, un poco abajo del “caixao de pedra” (nombre de la referencia donde el río se estrechaba entre dos paredes de piedra), a unos 60km de la aldea. Allí el Hermano Vicente se escondía esporádicamente para sus “retiros”, para escuchar música clásica, organizar sus pensamientos y comunicarse con el mundo externo a través de un radio improvisado. En este lugar hacía sus “cuarentenas” para no llevar enfermedades a la aldea, también se despojaba de sus cosas occidentales y se vestía de Enawene Nawe.

Desde 1982 hasta el martirio en 1987, Kiwxí vivió intensamente entre los Enawene Nawe. Tenía una dedicación de trabajo impresionante y procuraba reducir al máximo los “peligros” y efectos del contacto de los indígenas con nuestra sociedad. Como misionero fue lo más lejos que pudo en el trabajo de inculturación orientado por la Iglesia.
Poco a poco fue volviéndose uno de ellos: participaba en sus rituales, pescas, trabajos agrícolas, colectas de miel, de frutas y tubérculos, hacía cestos, artesanías y utensilios propios de los hombres. Se dedicó al aprendizaje profundo de la lengua de esta etnia, medio privilegiado para reproducir y transmitir su cultura. Cada día se familiarizaba más con sus usos y costumbres.

Vicente Cañas escribió un diario de gran valor antropológico con más de 3.000 páginas. En él relata sus experiencias diarias y deja patente su comunión profunda con los Enawene. Su diario muestra los cuidados con las pequeñas cosas. Anotaba todo, desde las finalidades de cada parte del hábitat tradicional Enawene, hasta lo que sucedía en las cabeceras del río Juruena, en la selva y en la aldea de este pueblo que vivía de manera armoniosa con la naturaleza. En estos diarios es posible entrever que estaba amenazado de muerte hace tiempo.

Kiwxí era simple en su manera de vestir y comer. En su mochila llevaba la hamaca y su ropa: bermudas y camisetas. Junto a los objetos de higiene personal estaban los de caza y pesca. Era un eximio pescador, algo que los Enawene Nawe valoraban mucho, pues no comían carne roja de caza. Las sandalias más sencillas, la camiseta y la bermuda eran su marca distintiva. Leía mucho teología y antropología, y le gustaba conversar de forma crítica respecto a la práctica misionera. Era realista en su visión de mundo y práctico en su acción, abierto hacia lo nuevo y atento a las señales de los tiempos. Con memoria privilegiada, desarrollaba los temas con perspicacia en las reuniones con jesuitas, la OPAN y el CIMI, y en los diálogos particulares. Todo lo que hablaba era asunto que ya había rumiado por meses en la aldea, la selva, el río y el ranchito del Juruena. Exponía sus ideas con espontaneidad y pasión. Como hombre místico, su motivación última y su proyecto de vida era Dios. Alimentaba su fe en el silencio, en la comunión con la selva y el río, pero sobre todo, participando de intensos y largos rituales de los Enawene Nawe distribuidos a lo largo de todo el año.

La lucha por la tierra fue la primera bandera que Kiwxí levantó junto con los Enawene Nawe. Ellos tenían conciencia de los límites de su territorio tradicional y de la necesidad de defenderlo de los invasores. Para esta etnia la tierra es sagrada en el sentido más fuerte de la palabra. Debido a esta defensa de su tierra hubo algunas muertes trágicas.

El hermano Vicente tenía conciencia de los peligros. Entre los hacendados de la región, Pedro Chiquetti, dueño de la hacienda Londrina (en el límite con el área indígena) fue acusado de mandar a matar al Hermano Vicente, pues éste tenía interés en tomar parte de las tierras de los Enawene Nawe. Todos los indicios apuntan como responsables del homicidio a Pedro Chiquetti (propietario de la hacienda “Londrina”), Ronaldo Antonio Osmar (exdelegado de la Policía Civil de Juina), José Vicente da Silva e Martínez Abadio da Silva (entre otros sicarios contratados para “realizar el servicio”).

Debido a las amenazas, Kiwxí evitaba al máximo salir de tierra indígena. En una carta enviada al P. Thomaz Lisbôa el 20 de septiembre de 1984, expresa:

No volví a Cuiabá, no voy a salir del área dejando a los Enawene Nawe amenazados. Ni Dorotea (voluntaria de la OPAN) va a salir de la aldea. Vamos a asumir las circunstancias hasta el final: ¡si tenemos que morir, vamos a morir todos! Esta es una razón más, Jaúka (nombre Myky de Thomas Lisbôa) para urgir la necesidad de resolver de forma definitiva el problema del área (la demarcación), pues la inseguridad afecta ahora a mucha gente. 19

Una semana antes del martirio, cuando se dirigía hacia los Enawene Nawe con un barco y motor de popa nuevos, víveres y gasolina suficiente para meses, en la travesía del río Jaruena, Kiwxí compartió con el P. Balduino Loebens SJ: 20

¡Nunca estive tan bien de recursos para seguir adelante con el trabajo de forma tan calificada! No me siento sólo. Vivo en la presencia de Dios. Contemplo las maravillas de Dios en la bella naturaleza de ese río Jurena. Alabo a Dios al atrapar deliciosos peces! (…) ¿Para qué arruinar el ritmo de este pueblo que vive feliz? Nuestra presencia debe ser seguridad y ayuda para que ellos sigan su vida sin percances.

El Hermano Vicente Cañas SJ fue martirizado con 48 años de edad, en abril de 1987, presuntamente en el día 6 o 7, cálculo hecho a partir del momento en que su reloj de pulso paró a las 9:30 de la mañana del día 8. Algunas señales del violento asesinato: todo el ranchito revuelto y las cosas tiradas en el piso fruto de la lucha, lentes y dientes quebrados, sandalias rotas, una perforación en lo alto del abdomen con intención de llegar al corazón, lesiones en el cráneo… Su cuerpo fue arrastrado afuera del rancho para que los animales se lo comieran y así destruir las pruebas. Sin embargo, su cuerpo momificado y preservado fue encontrado en una esquina del rancho, el día 16 de mayo de 1987 (¡40 días después!). La mañana del día 22 fue enterrado al uso indígena: en su propia hamaca, en una fosa escavada a dos metros de distancia de dónde había sido encontrado el cuerpo. Indígenas Enawene Nawe, Rikbaktsa y Myky, junto con los misioneros P. Iasi SJ, Tião (Cimi), Rosa (Opan) entre otros, le dieron sepultura.

Solo 19 años después fue posible llevar un jurado popular a los involucrados que todavía estaban vivos. Muchas personas y entidades indigenistas 21 colaboraron para que este martirio no quedara impune. La oficina de abogacía Luiz Eduardo Greenhalgh de São Paulo, a través de la abogada Michael Mary Nolan, no escatimó en esfuerzos para que el proceso llegara al jurado popular. Sebastião Moreira (Tiao do CIMI) fue el articulador en este arduo trabajo de acompañar el proceso en la justicia.

Fue fundamental lograr que en 1996 el proceso pasara del Foro de la Comarca de Juína (MT) para ser juzgado en la Justicia Federal en Cuiabá (MT). El jurado popular inició el día 24 de octubre de 2006, en la segunda Vara de la Justicia Federal en Mato Grosso, contando con gran participación en el plenario que estaba abierto al público. Lamentablemente, a pesar del dolor y la indignación del pueblo que clamaba por justicia, el jurado popular concluyó y no condenó a ninguno de los acusados por “falta de pruebas”.

Conforme el MPF, el Consejo de Sentencia desconsideró pruebas sustanciales recolectadas durante el proceso, incluyendo testimonios y la autopsia, además de los misteriosos intentos de desaparecer las pruebas. El cráneo de Cañas desapareció del la sede del Instituto Médico Legal (IML) de Belo Horizonte (MG) mientras que pasaba por un análisis pericial. Días después fue encontrado por un transeúnte en una plaza de la ciudad.“Los jurados realmente dieron la espalda al acervo probatorio, ignorando las declaraciones recogidas en la fase probatoria y confrontando únicamente con el interrogatorio del reo, que todo el tiempo negó su participación en el episodio, como era de esperarse”, afirmó el MPF en los recursos de apelación.

8. A modo de conclusión: Caminando bajo la inspiración del Hermano Vicente mártir.

¡Hoy, los pueblos indígenas y las instituciones y personas que caminamos junto a ellos, luchamos y exigimos de las autoridades que hagan justicia y no dejen impune este crimen que es contra los pueblos indígenas y sus aliados!
Vicente Cañas es un mártir de la justicia y profeta de la vida de los pueblos indígenas. Un testimonio y símbolo de coherencia en la convivencia con los indígenas y con los misioneros y misioneras, con el sol y la luna, con el viento y la lluvia, con los ríos y las selvas. Con los años, Vicente se va adaptando por dentro y por fuera, curtiendo la piel y el espíritu. Siempre fue un hombre delgado, alto y saludable, de a poco su piel y su alma van siendo más morenas, ¡más indias!

Don Pedro Casaldágia habla con cariño que el Hermano Vicente Cañas: es el“mártir de las causas amerindias”. Y continúa “ Se desnudó de los prejuicios y hábitos culturales, asimiló las más avanzadas propuestas de la Misión y se hizo un indígena Enawene Nawe” (Terol et Pardo, Contraportada)

Cada día crece y se expande en diferentes medios el reconocimiento de Kiwxí por su compromiso profético junto a los pueblos indígenas hasta el martirio. Se decía en el jurado (2006) que no se llevaron la vida del jesuita mártir, pues él tenía conciencia de a lo que se estaba entregando. No se dejó amedrentar, no apartó un pie de la misión. Su corazón fue atravesado por el amor a los Enawene Nawe!

Su memoria ha fecundado muchas instituciones e iniciativas en diferentes lugares: Centro de Espiritualidad Vicente Cañas SJ (Manaus, AM, Brasil); Causa Amerindia “Kiwxí” (ONG indigenista de Venezuela fundada por el Hermano Korta SJ); en la música y letra “Enawene Nawe” de Luiz Augusto Passos; un grupo de la CVX en Sevilla, España; etc.
También su sangre derramada, como semillas de vida, ha germinado en muchas personas misioneras que asumieron la causa de los pueblos indígenas. Uno de ellos es Fernando López. Su vocación indigenista fue sembrada por Vicente Cañas SJ, asesinado dos meses después de que Fernando hizo sus primeros votos del noviciado en Paraguai (febrero de 1987). Él mismo cuenta:

Cuando la noticia llegó quedé muy impactado. En mi oración frente a la foto del cadáver momificado de Kiwxí solo se me ocurría de modo insistente ofrecerme para la misión indígena. Con toda decisión y fuerza expresé esta decisión al provincial de la época y a los provinciales sucesivos. Y el pedido fue acogido y apoyado hasta hoy. A Kiwxí, mártir de la fe y de la justicia con sus pueblos indígenas debo mi vocación indigenista en la Compañía de Jesús. ¡Gracias hermano! Sigue intercediendo por los pueblos indígenas y animándonos a todos, misioneros y misioneras de las causas amerindias.

El Hermano Vicente Cañas, Kiwxí está vivo: en la selva florida que crece en su sepultura, en la madre tierra, en las aguas de los ríos y arroyos que corren libres y por los que navegó y pescó; en los territorios que defendió ayudando a demarcar y proteger; en los pueblos con los que luchó; en la memoria, inspiración y compromiso de los misioneros y misioneras que van siguiendo sus huellas, ayer, hoy y siempre seguiremos andando; en la vida y en el canto, en la danza y en la música de las flautas de sus hermanos Enawene Nawe.

Estamos agradecidos Hermano Vicente Cañas SJ, por dejarte sembrar en estas tierras amazónicas y germinar en medio de sus pueblos. Gracias por tu sepultura que es un campo florecido; por donarte todo, por tu martirio y transformación profética en Hermano Kiwxí, ¡hermano de los indígenas y de todos nosotros!

Notas

  1. El Consejo Indigenista Misionero (CIMI) fue fundado en 1972 como un órgano ecuménico de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB) para el servicio de pastoral de la Iglesia junto a los pueblos indígenas.
  2. La operación Anchieta (OPAN) fue fundada en 1969 como una iniciativa indigenista formada por jesuitas y laicos/as, para apoyar el trabajo de la Misión Anchieta en Mato Grosso. En 1990 pasó a ser Operación Amazonia Nativa (OPAN)
  3. LOPEZ TEROL, J. L. CARRION PARDO, J. Kiwxi, tras las huellas de Vicente Cañas: Vicente Cañas, martir de la fe y la justicia. Madrid, Edición del Autor, p. 52, 28/12/1964.
  4. Cf. Ibidem p. 53 , 28/7/1965.
  5. Ibidem p. 82, 05/02/1966.
  6. Ibidem pp. 86-87, 4/8/1966.
  7. Ibidem p. 88.
  8. Ibidem p. 90.
  9. Ibidem p. 102, 24/3/1969.
  10. Ibidem p. 103.
  11. Terol et Pardo, op cit pp. 111-112, 24/7/1970.
  12. Ibidem p. 122.
  13. La información de los primeros contactos con los Enawenê Nawê fue sacada del libro del P. Thomaz Aquino Lisbôa SJ, Enawenê-Nawê. Primeiros contatos. Ed. Loyola, 1985 (nova edição em 2010 pela Carline Caniato).
  14. Terol et Pardo, op cit p. 132.
  15. Salumã fue inicialmente el nombre con el que se demonimó al pueblo Enawene Nawe.
  16. Terol et Pardo, op cit p. 137.
  17. “Informações para os últimos votos”, Diamantino, 15/11/1974.
  18. Terol et Pardo, op cit p. 153.
  19. Cf. Lisbôa 1985, op cit p. 50.
  20. Terol et Pardo, op cit p. 170
  21. El P. Balduino Loebens SJ sufrió amenazas, fue golpeado por supuestamente estar involucrado con los sin tierra cerca de Fontanillas (MT). Trabajó con los Rikbaktsa durante 49 años. Fue llevado preso y acusado de armar a los Rikbaktsa en la lucha por la Tierra Indígena Japuíra. Murió ahogado en las aguas del río Juruena, dónde desarrollaba su misión de ciudadano de la salud de los Rikbaktsa. El día 17 e octubre de 2006 se reunieron representantes de varias entidades en Cuiabá para organizar las actividades referentes al jurado popular de los acusados por la muerte del Hermano Vicente Cañas, Jesuita. Auxiliaron en este proceso la Misión Anchieta; el CIMI-MT; la AMI SJ VIDA, la OPAN; el GTME; el CBFJ, la Missionsprokur; Don Luciano Mendes; Paulo Suess, Don Pedro Casaldáliga y otros.

Fuente

  • Fotografías: Flickr - Leo Wery. Licencia Creative Commons.

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