La Justicia brasileña condena al inductor del asesinato de Vicente Cañas a 14 años de prisión

Una sentencia que recuerda la impunidad de los crímenes contra los pueblos originarios.

Después de dos días de juicio en el Tribunal Federal regional de Cuiabá (Brasil), Ronaldo Antoniô Osmar, el único acusado vivo o en edad legal de ser juzgado por el asesinato del misionero jesuita español Vicente Cañas, realizado en 1987, fue declarado culpable, de los delitos de colaboración directa y planificación de emboscada. Y condenado a 14 años de cárcel y tres meses.

Quedó demostrado que él, siendo delegado de policía de la región, contrató a varios sicarios para ejecutarle, por orden de varios hacendados.

Durante el juicio, en el que estuvieron presentes familiares de la víctima llegados desde España y numerosos representantes de la iglesia que trabaja con el mundo indígena, el jurado, formado por 4 hombres y 3 mujeres, votó en contra del acusado. En 2006 (20 años después del crimen) se celebró el primer juicio que absolvió al acusado -que era en el momento de los hechos delegado de policía de Juína- y a otros implicados que ya han fallecido o no tienen edad legal para ser juzgados. En aquel momento salieron absueltos por 6 votos frente a uno. Hace dos años, en 2015, el Ministerio Federal logró que se pudiera celebrar otro juicio, en base a que en 2006 no se tuvieron en cuenta todas las pruebas.

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Durante este nuevo juicio, la acusación basó su defensa en el testimonio de dos indios Rikbacktsa, Paulo Tompero y Adalberto Pinto, quienes al poco de los hechos escucharon de uno de los presuntos ejecutores del misionero confesar el crimen e implicar al acusado y a quien le contrató para organizarlo, el hacendado de la hacienda Londrina, Pedro Chiquetti, quien veía amenazados sus intereses por la defensa de las tierras indígenas que lideraba el jesuita Vicente Cañas. También testificó Fausto Campoli, compañero de Vicente Cañas quien narró al jurado la estrecha relación del jesuita con los indios Enawene Nawe y cómo estos le consideraban un miembro más de su pueblo.

Por su parte, la defensa intentó demostrar que la muerte no fue violenta sino natural, a causa de una úlcera. También insinuó que fueron los indios Enawene Nawe quienes asesinaron a Vicente Cañas.
Para la familia Cañas, en palabras de sus sobrinos Rosa y José Angel la sentencia es una gran alegría y abre un precedente en el país: ”Estamos muy contentos, esto abre un precedente impresionante en este país. Se ha hecho mucha justicia con mi tío, estamos felices, contentos. Después de tantos años de espera es una gran satisfacción que se haya hecho justicia, lo que representaba nuestro tío era abrir un camino para la protección de los pueblos indígenas. Esta sentencia servirá para defender a muchos otros que no pueden defenderse y que no se llegue a los extremos que se había llegado contra ellos que es lo que siempre quiso él defender, la autonomía de unos pueblos con su cultura”

Para la Compañía de Jesús en Brasil, según el superior de la Plataforma Apostólica Centro Oeste (PACO), Antonio Tabosa SJ, esta sentencia sigfinica “lo primero es justicia para un misionero jesuita que dedicó su vida a los indígenas aquí en la región de Matto Grosso, lo segundo justicia para sus familares que estuvieron con nosotros en este juicio y sentir el dolor y la impunidad de la muerte trágica, y sobre todo justicia para los pueblos indígenas que tanto les cuesta defender sus derechos sino hubiese quien les defendiese de aquellos que quieren invadir de sus tierras”.

Durante el juicio, además de los familiares se hizo presente el consulado español en Brasil a través de Elisea Mendoza y muchos representantes de la Iglesia y de la lucha por la defensa de los indios. Por parte de la Compañía de Jesús, además de numerosos jesuitas, acudió el superior de la Plataforma Apostólica Centro Oeste de Brasil, Antonio Tabosa. Asimismo acudieron: el obispo de Juina, D. Neuri Tondelo, el obispo representante del CIMI (Consejo Indigenista Misionero), Roque Palocci, grandes amigos y compañeros indigenistas de Vicente Cañas como la religiosa del Sagrado Corazón Bety Myky, y su gran compañero Thomaz Lisboa.

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Y por supuesto, representantes indígenas de las poblaciones Enawene Nawe, Myky, Rikbacktsa, Nanbikvara, Kajabi. También representantes de la Opan (Operación Amazonia Nativa) como Rosa María Monteiro y de la Funai (Fundación Nacional del Indio- órgano oficial del estado brasileño para el servicio de los pueblos indígenas) .

Este caso no solo se ha juzgado este asesinato sino que simbólicamente trae al presente los muchos crímenes cometidos contra los indígenas durante las últimas décadas en Brasil y que han quedado impunes. La causa indígena en este país sigue enfrentándose hoy a numerosas problemáticas y conflictos que generan la defensa de la tierra de los indios frente a los intereses económicos de la agro-industria.

Até que enfim chegou a hora da justiça!

Depois de dois dias de juízo o Tribunal do Júri na Justiça Federal em Cuiabá, Mato Grosso (Brasil)1, Ronaldo Antônio Osmar, o único acusado vivo em idade legal de ser julgado pelo assassinato do missionário jesuíta Vicente Cañas ou Kiwxi foi declarado culpado de mandar matar o missionário jesuita de origem espanhol, naturalizado brasileiro, fato ocorrido em 6 de abril de 1987. O jurado, formado por 4 homens e 3 mulheres, considerou o acusado culpado dos delitos de colaboração direta e planejamento de emboscada, por isso foi condenado a 14 anos e três meses de prisão em regime fechado, mas responderá em liberdade, pois já vivia assim nestes 30 anos. Foi demonstrado que, sendo delegado de polícia da região, contratou os assassinos para executar o Irmão Vicente, mediante pagamento por parte dos fazendeiros interessados nas terras dos Enawenenawe.

O Irmão Vicente Cañas foi avisado das ameaças feitas e dos perigos que passava, por isso veio discretamente a Cuiabá para encaminhar os trabalhos e voltou com um peixe assado pelo Darci Pivetta como matula no ônibus para não precisar descer na viagem de retorno. Não tirava férias junto da família para não deixar os Enawenenawe sozinhos.

Durante o Júri estiveram presentes três sobrinhas e um sobrinho do Irmão Vicente vindos da Espanha, os indígenas Enawenenawe, Mÿky, Rikbaktsa, Chiquitanos, Nambikwara, Boe (Bororo) e numerosos representantes da Igreja que trabalha com os indígenas.

A defesa buscava demonstrar que a muerte não foi violenta mas natural, por causa de una úlcera que nunca existiu. Também insinuou que foram os Enawenenawe que mataram Vicente Cañas

A culpabilização das vítimas é algo odioso no Brasil até os dias de hoje. Quando a defesa começou a culpar o próprio Vicente Cañas e os indígenas Enawenenawe ela se perdeu. Suas contradições foram aparecendo e as mentiras foram cuidadosamente demonstradas. Quando o profeta Daniel (capítulo 13, versículos 1 a 65) defendeu Susana da acusação da classe dominante da sua época e a livrou da pena de morte, deixou uma lição de que Deus auxilia os inocentes e mostra-nos que a iniquidade prejudica quem a comete. Deus fica indignado com o pecador empedernido que não O teme o O desafia como se fosse imune à lei que impõe sobre os demais. A bondade de Nosso Senhor Jesus Cristo que nos convida ao Natal também nos convida a rever nossa vida, refletir sobre nossos atos e a nos convertermos todos os dias.

O juiz falou durante o Júri: “O tempo leva tudo, até mesmo a memória!” e auxiliou a preservar a memória dos indígenas nesta terra do Mato Grosso, valorizou-se as formas de ver diferente destes que se tornaram testemunhas fiéis dos fatos. E o que estava escondido foi proclamado acima dos telhados. Quando os Rikbaktsa testemunharam que o matador teria falado que desafiava o Irmão Vicente Cañas “Você vai morrer no lugar dos índios!”, algo mais estavam dizendo para nós da vida deste mártir, como Jesus que se tornou o Cristo. Noutro contexto, Fausto Campoli falou que os Enawenenawe conviviam com o Irmão Vicente como um deles, o tratavam dentro de suas normas dentro de um clã deles. E, uma vez morto, o sepultaram segundo os seus rituais, canonizaram Kiwxi como Enorenawe, um ser celestial. Falou que ia subir para a aldeia no dia seguinte. Estava no Barraco junto do Juruena, e talvez pensasse que subiria para a aldeia dos Enawenenawe, mas subiu para a aldeia dos céus, tornou-se mais um santo da Igreja Católica.

Pacini S.J.

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Notas:

  1. Em 24 de outubro de 2006, 19 anos depois do crime, antes de prescrever, foi conseguido instalar o primeiro Tribunal do Júri para julgar os acusados de homicídio duplamente qualificado, mediante pagamento e em emboscada (outros implicados já tinham falecido ou não tinham idade legal para serem julgados). Naquela ocasião foram levados a Júri Popular e sentaram no banco dos réus: Ronaldo Antônio Osmar, ex-delegado de polícia de Juína (município onde ocorreu o assassinato), Martinez Abadio da Silva, um conhecido pistoleiro da região, e José Vicente da Silva. Os três, entretanto, foram absolvidos por falta de provas.

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