La indigencia no es solo falta de vivienda, es un fracaso en materia de derechos humanos

El proceso Hábitat III supone una oportunidad clave para llevar a cabo un ambicioso objetivo: comprometerse a eliminar la indigencia, incluyendo sus causas, para el 2030.

Huelga decir que la vivienda es esencial para el bienestar, incluso para la vida misma. Es mucho más que un lugar físico o una estructura. Es donde desarrollamos nuestras primeras relaciones sociales, nos vincula con nuestras comunidades, y se relaciona con nuestro medio de subsistencia. Así como la vivienda va más allá de cuatro paredes y un techo, la indigencia no solo es falta de una vivienda.

Cuando se pide describir a alguien en situación de indigencia, lo que se le viene a la mente a la mayoría es una persona (a menudo un hombre mayor) durmiendo en la calle, sin siquiera un techo para protegerse. Si bien es esta la realidad devastadora para muchos que se encuentran en situación de indigencia en todo el mundo, esta imagen corresponde solo a un segmento de la población mundial de indigentes.

Profundizando en la cuestión, observamos que en el mundo millones y millones de personas se encuentran  en situación invisible de indigencia. Esto incluye a mujeres, niños y jóvenes que encuentran un refugio hacinados junto con otras familias. También familias compuestas por varias generaciones que viven apiñadas en casas precarias, sin los servicios más básicos, y que pueden ser desalojadas en cualquier momento, a menudo por segunda o tercera vez.

Además hay un aspecto de la indigencia que muy pocas veces se menciona, y menos aún es abordado: la criminalización, discriminación y estigmatización. Las personas en situación de calle muchas veces no tienen acceso a los servicios más básicos, tales como agua o instalaciones sanitarias, e incluso son multadas por realizar actividades necesarias para su propia supervivencia — como por ejemplo, comer y dormir en lugares públicos. Se los trata como “desechos humanos”, y en ocasiones se ven obligados a vivir sobre o junto a basurales.

La indigencia no solo es una de las formas más extremas de privaciones físicas; también define a un grupo de personas que están sujetas a gran discriminación y violencia. Para las personas en situación de indigencia constituye un doble desafío. El mismo sistema que los crea, luego los penaliza por ser indigentes.

Entender a la indigencia en un sentido más acotado naturalmente resulta en respuestas políticas limitadas, que a menudo se centran en la creación de más viviendas. Aunque tiene una intención racional, este abordaje de “alimentar a los hambrientos” ignora las causas subyacentes de la indigencia, no aborda la estigmatización ni la criminalización de las personas indigentes, y evita totalmente un análisis crítico que incluya medidas preventivas.

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Fotografía: Flickr - Galo Naranjo. Licencia Creative Commons.

Para ampliar las respuestas hacia la indigencia y así efectivamente abordar la problemática, necesitamos un cambio de paradigma. Debemos abandonar el enfoque exclusivo en las circunstancias individuales que llevan a la indigencia o surgen de ella, y movernos hacia un enfoque que reconozca sus causas estructurales así como sus dimensiones individuales.

Un marco de derechos humanos es un buen punto de partida.

Los gobiernos deberían tener en cuenta y asegurar que el derecho a la vivienda ocupe el centro del debate en la Conferencia de la ONU sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible,  más conocida como Hábitat III, que tendrá lugar en octubre.

Desafortunadamente, la crisis de indigencia y el reconocimiento de la vivienda como derecho humano no han estado en el centro de los debates de los preparativos para la conferencia, dejando una amplia brecha entre las políticas de vivienda y las obligaciones gubernamentales.

Causas de fondo

Si el acceso a la vivienda fuese abordada como un derecho humano, entonces la existencia de la indigencia — sea visible o invisible — sería necesariamente reconocida como un fracaso de los Estados. Este cambio de perspectiva nos ayuda a superar el impulso inicial de culpar a la víctima, en lugar de centrar la atención en la acción o inacción de los Estados.

Un abordaje de esta naturaleza expondría las causas de fondo de la indigencia. Entre ellas figuran por ejemplo, que los Estados abandonan su responsabilidad de protección social en el marco de una urbanización sin precedentes; implementan normas y políticas que discriminan a personas en situación de calle; y no regulan los mercados de bienes inmuebles, la distribución de tierras ni a los actores privados en cuanto a sus obligaciones con respecto a los derechos humanos.

En primer lugar, hago un llamamiento para que todos los Estados se comprometan firmemente a erradicar la indigencia, incluyendo sus causas, para el 2030. Aunque se trata de un enorme desafío, ha llegado el momento, en vista del compromiso mundial de los Estados de combatir la pobreza y asegurar el acceso a viviendas adecuadas a todos para esta fecha, en el marco de los recientemente acordados Objetivos del Desarrollo Sostenible.

 Hábitat III tiene el potencial de ser una fuerza impulsora para alcanzar este objetivo si el derecho a la vivienda y la indigencia son considerados factores clave en el desarrollo de la Nueva Agenda Urbana, la estrategia de urbanización a 20 años que surgirá de la conferencia a llevarse a cabo en octubre.

Esto requerirá que los gobiernos cambien el enfoque en torno a la política de vivienda, y que asignen recursos en concordancia con las obligaciones asumidas para asegurar  el derecho a la vivienda. Un enfoque basado en los derechos aporta claridad, y determina responsabilidades así como los importantes próximos pasos, tales como crear una estrategia nacional para la erradicación de la indigencia y desarrollar definiciones más completas y abarcativas de la misma.

Creo que es necesaria una definición inclusiva y flexible, que se centre en los más necesitados, que reconozca a las personas en situación de indigencia como titulares de derechos, y que considere tanto las dimensiones sociales como las causas estructurales de la indigencia. Se pueden adoptar nuevas mediciones de la indigencia complementando con datos cualitativos a los métodos cuantitativos, de manera que se puedan identificar y abordar las causas subyacentes y su prevención.

Además de estos cambios, se debería dar a las personas indigentes la posibilidad de hacer valer sus derechos y acceder a soluciones efectivas. A través del sistema judicial o instituciones de derechos humanos los Estados deberían proporcionar acceso a la justicia y asegurar que los derechos de los indigentes no sean ignorados.
Estos son algunos de los factores fundamentales que son pasados por alto cuando no logramos ver a la indigencia como una violación de los derechos humanos.

Sin duda alguna, construir viviendas deberá formar parte de cualquier estrategia que se proponga la erradicación de la indigencia. Sin embargo, solo una respuesta enfocada en los derechos humanos puede abordar lo que supone fundamentalmente un fracaso en esta materia.

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Fotografía: Flickr - Galo Naranjo. Licencia Creative Commons.

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