Michelena: "Para nosotros, los charrúas, Salsipuedes fue un genocidio"

"Este 11 de abril se realiza la quinceava marcha a caballo hasta Salsipuedes", cuenta la descendiente y referente indígena. "A los 18 años, me entero que mi abuelo era hijo de un charrúa. Mi madre nunca me había querido decir. Ella me dice que fue para protegerme, para que no sea discriminada. Apartir de ahí empiezo un camino a la recuperación de mis raíces, pero también a los 21 años hacia el reencuentro con otros descendientes de charrúas.

Comienzo a entender cómo fue toda nuestra historia, cada uno de los que me encontraba tenía como un pedacito de esa memoria, y empiezo a armar el tema de la memoria charrúa dentro mío, a reflexionar y entender muchas cosas de mi infancia y que mi madre me contó y otras que no", explica una de las referentes charrúas del país, Mónica Michelena, asesora honoraria de Asuntos Indígenas adjunta a la Unidad Étnico Racial del Ministerio de Relaciones Exteriores, en el día que se conmemoran 185 años de la matanza de Salsipuedes.

"Hay mucha pauta cultural o costumbre que mi madre me transmitió sin decírmelo que eran charrúas, sin explicitarme esto es indígena, simplemente al ella hacerlas, como el contacto con el fuego continuo todos los días, y hay actitudes ante la vida que se transmiten sin palabras", agrega.

¿Cuándo comenzó a formar parte de una organización indígena?

En 1989 me uno con ADECH (Asociación de descendientes de charrúas) y soy parte hasta 1991, y en 1996 formo el grupo de música Basquade Inchala –que significa levántate hermano en lengua charrúa-, donde nuestro principal objetivo era la recuperación de la lengua y de los instrumentos musicales de la música nuestra charrúa. Junto con mi esposo que es músico empezamos a investigar, fuimos a las fuentes y a musicólogos y ahí pudimos recuperar algunos instrumentos. Estaban estudiados, pero nadie se había puesto a tocarlos, estaban en la historia, en registros y documentos, pero nosotros lo que hicimos fue sacarle sonido, ya a nuestra manera porque no hay ninguna grabación que nos diga cómo era la música charrúa. Y en 2003 conformamos la Comunidad Charrúa Basquadé Inchalá, con 30 integrantes que tiene actualmente, pero ya ampliamos nuestros objetivos, ya no solamente somos un grupo de música y teatro, sino que también trabajamos por la recuperación de nuestros derechos colectivos como pueblo indígena. Esta organización es una de las fundadoras del CONACHA (Consejo de la Nación Charrúa), en 2005, que es como una federación de organizaciones de diversos puntos del país. Hoy hay 8 organizaciones que conforman el CONACHA somos aproximadamente 500 personas, en Salto, Tacuarembó, Paysandú, 33, Montevideo, y Canelones. Uno de sus objetivos es lograr la autoindentificación indígena en Uruguay. En el censo nacional de 2011 hicimos una campaña de sensibilización, y logramos aumentar el porcentaje de autoidentificación, y salió que un 5% de la población uruguaya (aproximadamente 160.000 personas) contestó que sí a la primera pregunta sobre creer tener ancestros indígenas y un 2,4% (76.000 personas) contestó que su principal ascendencia era indígena. Por eso nuestro objetivo es saber dónde están esas personas y comenzar a organizarlas. Y otro objetivo importante es lograr la ratificación del Convenio Nº 169 de la OIT. En 2005 una de nuestras primeras acciones fue entregar un petitorio en el Ministerio de Trabajo. Es un largo peregrinaje que tuvimos que pasar por todos los ministerios, los ministerios que dieron un informe positivo hacia la ratificación fueron el del Educación y Cultura y el de Relaciones Exteriores; pero no el Ministerio de Trabajo -que pasaron varios ministros- no hemos logrado que de un apoyo que es quien debe proponerlo al Consejo de Ministros y a través del cual debe entrar al Poder Ejecutivo y luego al Parlamento. El Convenio Nº 169 tiene el derecho al territorio, y tienen miedo a la restitución territorial, ese es el argumento que nos dan siempre, los que se oponen son los de la ARU (Asociación Rural del Uruguay), los dueños de las grandes extensiones de tierras del país.

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Fotografía: Nadia Ameghino

¿Cuál es su cargo en la actualidad? ¿Se dedica a otras actividades?

Fui por dos períodos delegada del CONACHA, hace casi dos años que dejé de serlo porque alternamos, y ahora nuestro representante es Martín Delgado. Desde junio de 2014 estoy como asesora honoraria de Asuntos Indígenas adjunta a la Unidad Étnico Racial del Ministerio de Relaciones Exteriores. También soy la delegada por el gobierno de Uruguay ante el Fondo Indígena, y pertenezco a la Cátedra Indígena Intercultural- CII de la Universidad Indígena Intercultural del Fondo Indígena. Además, soy profesora de matemática en secundaria en el liceo nocturno, para poder dedicarme a todo lo otro.

¿Cómo es ser mujer dirigenta indígena?

En nuestro proceso de lucha como charrúa en Uruguay, no ha habido tanta discriminación por ser mujer como en otros países y cada vez menos. En el CONACHA dos mujeres hemos sido representantes, sí hemos sentido discriminación al entablar diálogos y trabajar en forma interinstitucional, pero por ser indígena más que por ser mujer. Porque se ha avanzado mucho en cuestiones de género, pero casi nada en derechos indígenas. En 2005 formamos una organización conjuntamente con las hermanas charrúas de Entre Ríos (Argentina) la UMCHA (Unión de Mujeres del pueblo charrúa).

¿Desde cuándo se realiza y cuál es el objetivo de la cabalgata a Salsipuedes?

Desde 1997 empezamos a hacer una peregrinación a Salsipuedes para homenajear a nuestros ancestros, junto a historiadores e investigadores. No en el lugar exacto del genocidio, porque es un campo privado y porque no se ha hecho una investigación de arqueología histórica para saber con exactitud el lugar y hay varias versiones de cuál fue el lugar exacto de la matanza. Nosotros vamos a un lugar cercano que en la década del 2000 se instaló un monumento muy lindo y significativo, porque es inspirado en las cartas de Tacuabé, uno de los 4 charrúas que fueron prisioneros después de la matanza de Salsipuedes y llevados a Francia. A partir de 2001 se empieza a hacer la marcha a caballo organizada por organizaciones indigenistas de la zona y aparcerías, y nosotros empezamos a acompañar esa marcha. En 2005 se funda la Agrupación Queguay Charrúa, que a partir de estas aparcerías muchos gauchos se empiezan a autoreconocer como charrúas, de los pueblos lindantes a Salsipuedes. Este año se cumple la quinceava marcha a caballo. El objetivo es ir a homenajear a nuestros ancestros, va también gente en ómnibus, esta vez habrá 3 ómnibus acompañando (2 de Montevideo y 1 de Paysandú) y en su propia locomoción. Es muy simbólico la llegada a caballo, porque nuestros ancestros luego del genocidio de Salsipuedes se mimetizaron, fueron gauchos y es en ellos, en los pobladores rural sin tierra que trabajan como peones en las estancias en las forestales o trabajos zafrales, donde se conserva la memoria oral. Es muy impresionante la marcha, el silencio y respeto con que se marcha, y cuando llegan al memorial después de 3 días de marcha alrededor de 80-100 caballos todos juntos, y vienen al galope y paran de golpe en seco y gritan. Siempre hay un chasqui, se van pasando ese mensaje en la cabalgata, y llega el chasqui y lee ese mensaje que representa a todos los gauchos que vienen a caballo. Siempre se hace los fines de semana para que puedan ir los trabajadores rurales, y el domingo a las 10 de la mañana se hace un homenaje y ellos leen el mensaje que traen, también participa el CONACHA en la oratoria y niños de la escuela. Luego del acto vamos hacia el arroyo Salsipuedes, ahí todos los años el dueño nos abre la portera y nos deja entrar porque es un lugar privado, y nos trasladamos campo adentro hacia el arroyo donde entregamos una ofrenda -semillas, flores, poncho, bandera- a los caídos. Es un momento muy íntimo, en silencio, un momento de mucho respeto y dolor. El objetivo es dar visibilidad a nivel nacional y local, en esa zona al norte del Río Negro donde salió en el censo que se está la mayor cantidad de población indígena del Uruguay, por ej. en el departamento de Tacuarembó el 8% y en Salto el 6%. La marcha es un momento de encuentro de los charrúas y descendientes (el uso de la palabra descendiente tiene que ver con un proceso inicial de reconocimiento y empoderamiento) y el pueblo en general, donde estamos todos juntos, sin diferencias para homenajear a nuestros ancestros.

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Fotografía: Martín Delgado

¿Por qué señalan que fue un genocidio?

Para nosotros los charrúas actuales, Salsipuedes –y sus posteriores masacres- constituyen un genocidio porque cumple con la definición de genocidio del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, la intención de exterminio de una nación o grupo étnico, el traslado por la fuerza de niños del grupo a otro grupo; no fue una batalla porque les hicieron dejar las armas, y fueron con un engaño: los caciques fueron convocados por Rivera para ir a recuperar ganado robado a las misiones al imperio de Brasil. No fue un exterminio porque hubo 300 sobrevivientes -según datos oficiales-, que los trasladan caminando hasta Montevideo, pero nosotros sabemos que hubo más, muchos lograron escaparse. Hubo un reparto de los sobrevivientes, separando a los hermanos y sacándole a las madres a sus niños para entregárselos a las familias de las haciendas o a las familias ricas de Montevideo y así fue que la lengua se murió. La lengua es la que transmite la cosmovisión, y partes de las costumbres murieron, pero otras no, fueron lo que nosotros llamamos la memoria resistente, trasmitidas de generación en generación hasta nuestros días.

¿Cuáles son los rasgos culturales del pueblo charrúa que sobrevivieron y en la actualidad pueden observarse en la sociedad uruguaya?

Por ejemplo la presentación del niño a la luna, cada vez que nace un niño lo presentamos a la primera luna llena, para que le de toda su energía y pueda crecer fuerte y sanito, y la luna va a guiar sus pasos. Otra costumbre de origen indígena es curar con la palabra y plantas medicinales, con algún sincretismo. Y hay valores también, como el valor a la palabra dada, el amor a la tierra, a la libertad de esta tierra, y la horizontalidad que es muy importante para nosotros. En nuestra forma de organización social es a través de la horizontalidad, en la antigüedad sabemos que no había caciques en la época en que no había guerra, sino que todo se decidía en asamblea donde nadie era más que nadie.

¿A qué se debe la creencia de que Uruguay es un país sin indios?

Porque después del genocidio hubo toda un proceso de etnocidio y de homogenización de la población, de esos remanentes no solamente charrúas que habían quedado sobrevivientes, sino también de la población guaraní. Hubo toda una campaña a través de los sistemas sociales, políticos, pero principalmente educativo a partir de José Pedro Varela de civilizar a la barbarie, a los salvajes con la reforma vareliana e instauración de la escuela pública, laica y obligatoria a finales del siglo XIX. Y así se aculturaliza y se asimila los remanentes y se matan muchas de las creencias. Por eso es interesante ver que aparte de esos 76.000 que se autoreconocen que su principal ascendencia es indígena debe haber muchos más, porque hay estudios de ADN que dan un 38% de la población uruguaya que son descendientes de indígenas. Hay una gran población que fenotípicamente uno la ve como indígena, pero que ellos no se reconocen, tienen cortada la memoria en su familia por ese proceso. Algunos académicos o instituciones nos dicen a veces que no cumplimos con la definición de qué es ser indígena, por no tener la lengua, ni vivir en comunidad, ni en el monte. Esos son elementos esencialistas y diacríticos, y no se reconoce que eso no es culpa nuestra, el Estado es el responsable de que no tengamos esas pautas culturales que hoy para reconocernos como pueblo indígena nos exige tener. Para la antropología actual se sabe que esos elementos esencialistas que ya no se utilizan para designar quien es indígena, sino el autoreconocimiento, incluso figura así en el Convenio Nº 169.

¿Cuáles son las demandas actuales de las organizaciones indígenas hacia el Estado uruguayo?

Una de las demandas es justamente el reconocimiento a nivel oficial, a través de una ley, porque no hay nada en la Constitución uruguaya, ni ningún presidente nos ha reconocido, sino que el discurso es que todos los uruguayos bajamos de los barcos. Lo único que hemos logrado es una ley que declara el 11 de abril como Día de la Nación Charrúa y de la Identidad Indígena, pero no es una ley de reconocimiento. Uruguay se ha jactado a nivel internacional de ser un país sin indios. Pero es interesante ver como se está revirtiendo ese mito, y como ahora existe un debate que hemos instalado nosotros con un trabajo de hormiga que está dando resultados. Ahora después de 25 años uno se va acostumbrando a esa negación, pero por acostumbrarnos no dejamos de luchar ni de ser firmes, y cada vez tenemos mejores herramientas y más aliados en esa lucha.

Desde hace ya más de veinte años, los charrúas estamos en un proceso de reconstitución como Pueblo - Nación, conjuntamente con los hermanos charrúas de Argentina. Estamos trabajando juntos para derribar la representación social y simbólica de la extinción, para así poder salir de la invisibilización estructural a la cual fuimos y estamos aún sometidos. Hoy los charrúas estamos vivos, estamos de pie y volvemos a construir juntos nuestro propio destino.

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