Millones de Lulas

La agitada situación política en Brasil y su futuro inmediato llama la atención de todo el mundo. Compartimos este abrebocas al análisis que hace Pablo Gentili del diario El País de España sobre las implicaciones de la situación jurídica del candidato favorito: Lula.

Los dueños del poder no perdonan. Especialmente, cuando pierden. Los dueños del poder saben el riesgo que corren. Y no se andan con vueltas. Embisten con todas sus fuerzas, no desperdician la oportunidad, se organizan y despliegan todas sus estrategias de guerra y manipulación. Nunca se defienden, siempre atacan. Los dueños del poder no descansan, aunque a veces parecen desorientados, sin rumbo, a la deriva. Aunque a veces se mantienen en silencio y aparentemente inofensivos, derrotados. Cuando esto ocurre, los que combaten a los dueños del poder corren un serio peligro. Porque los dueños del poder no descansan ni se rinden tan fácilmente. Algunas veces, inclusive, cuando no aciertan sus municiones contra los defensores de la democracia y de la igualdad, los dueños del poder simplemente están practicando cómo errarles. Como tienen buen pulso, practican su falta de puntería, haciéndonos creer que no nos aciertan porque somos más listos o más rápidos que ellos.

La metamorfosis es el estado natural de los dueños del poder: se trasmutan, cambian, se adaptan, rejuvenecen, renacen. Y lo hacen porque saben que de eso depende la dominación y la explotación humana: de parecer natural, de volverse una parte constitutiva del funcionamiento del mundo y de las cosas. El secreto de los dueños del poder está en convencernos de que no son ellos los verdaderos dueños del poder, sino los que sufren sus consecuencias, los que soportan con su sufrimiento y con su dolor la arbitrariedad, la prepotencia y la supuesta superioridad intelectual y moral de los que tienen el dinero suficiente como para comprar nuestros derechos y nuestra dignidad, transformándolos en una montaña de escombros.

Los dueños del poder no perdonan cuando pierden. Por eso, cuando les arrebatamos aunque sea un pedacito de su poder, debemos andar con cuidado. Porque es en ese momento que los dueños del poder se dan cuenta que podemos ser más peligrosos de lo que parecemos. Y se prepararán para destrozarnos. Los dueños del poder no aceptan perder. Especialmente, su privilegio de ponerle nombre a las cosas, de explicar cómo funciona el mundo y de trazarle límites a nuestros sueños. Tampoco el derecho que se han atribuido de construirle muros a nuestras esperanzas, de imponer el miedo a nuestro futuro. Los dueños del poder saben que la historia la escriben los cazadores y no los leones. Por eso, se estremecen cuando un león se les escapa de la jaula. Se mean y se cagan de miedo. Y así como están, así como son, seres humanos que parecen cloacas, llenos de mierda en sus cuerpos y en sus almas, salen de cacería. Los dueños del poder saben que lo más peligroso que existe es que alguno de los que nacieron para servir, para obedecer y simplemente para vivir de lo que sobra, decida hacer, construir o escribir la historia a su manera. Cuando esto ocurre, los dueños del poder no perdonan.

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Fuente

  • El País
  • Fotografía: Ricardo Stuckert Instituto Lula.

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