Oración en el Pozo. La Arena, Chiapas, México

Desde que llegaron los primeros misioneros jesuitas a esta región de la selva, entre Palenque y Yaxchilan, ahora llamada Misión Santísima Trinidad, vieron la importancia de acompañar a los pueblos en la formación de la defensa y cuidado de la tierra, “la madre tierra”, como le llaman ellos.

En este contexto el pasado 9 y 10 de noviembre fuimos a hacer oración a un pozo petrolero cercano a la comunidad El Jardín, una comunidad tseltal que pertenece al territorio de la Misión Santísima Trinidad (La Arena). Éramos cerca de 100 personas, de los tres pueblos que conforman la Misión: zoques, ch’oles y tseltales. La comunidad de Jardín hace esta oración en el pozo cada seis meses, pero esta vez fueron invitadas más comunidades de la Misión y acompañamos los del equipo pastoral: Tino (laico del proyecto), Rodrigo Galindo (maestrillo), Rubén Smith (prenovicio) y yo.

También invitamos a compañeros de la Parroquia de San José y Nuestra Señora de los Remedios (Plátano y Cacao), fueron: Teresa, que colabora en la pastoral de la salud; Jesús, que colabora con la pastoral social y Ernesto que colabora en el CODEHUTAB (Comité de Derechos Humanos de Tabasco, AC).

El motivo de la oración en el pozo fue para pedirle a Dios y a la Madre Tierra que no vengan personas extrañas a extraer y destruir su montaña, su selva; llevándose la riqueza y empobreciendo sus tierras. Amenaza que tienen en esta tierra desde los años 80.

Llegamos a Jardín el 9 por la tarde. Primero, con los servidores y principales , preparamos cómo iba a ser la oración en la madrugada del día siguiente. Ellos me preguntaron: “¿Cómo le vamos a hacer jTatic ?, ¿qué propones?”. Yo les contesté que íbamos a hacer lo que dijera la comunidad y los principales: “Venimos a acompañar y fortalecer lo que la comunidad hace, no a cambiar la costumbre. Ustedes dicen y, nosotros, obedecemos.”, dije. Después de dialogar un rato, me dijeron que esperaban misa en la noche y que buscara tres citas bíblicas para el oxquejajel del día siguiente al pie del pozo petrolero. También nos dijeron que por acuerdo ejidal estaba prohibido tomar fotos ahí en el pozo.

Al día siguiente nos levantamos a las cuatro de la mañana y, después de tomar café, salimos de la iglesia en fila, delante iba el caracol tocando, detrás el incienso y todos los demás. Fuimos en caravana. Eran seis camionetas en las que nos fuimos hacia el pozo petrolero. Avanzamos como una hora en camioneta. Después de dejarlas estacionadas a media vereda, caminamos como 40 minutos por en medio de la selva espesa. Mientras caminaba escuchaba el cantar de pájaros que jamás había escuchado en mi vida, y eso que vivimos “en la selva”… De repente, nos salió al paso un letrero ya viejo y oxidado de PEMEX, diciendo que estaba prohibido cazar. Aprox. 200 metros más adelante llegamos a un claro donde en medio estaba un cuadrilátero de metal y el pozo petrolero en el centro. Al verlo me asusté pues realmente había mucha infraestructura ahí. En ese pozo se suspendieron las actividades debido al levantamiento armado zapatista en 1994. Los pobladores tienen miedo que regresen los empresarios y continúen –o terminen– lo que habían empezado.

Al llegar al cuadrilátero, los principales prepararon el lugar. Limpiaron un poco la juncia (barba de pino) que había ahí. Hicieron una pequeña casa verde con hojas de palma, donde dentro pusieron las imágenes de los santos que llevaban y a su lado las banderas que estaban en la iglesia. Eran banderas azules y verdes; otras con los colores patrios pero con la Virgen Guadalupana en medio. Frente a la pequeña casa verde, sembraron dos filas de 13 velas cada una. El número 13 para los mayas representa los niveles que tiene el cielo, cada nivel tiene un cuidador.

Ya empezado el oxquejajel se repitió la siguiente estructura: Canto del coro de Jardín; lectura de la Sagrada Escritura; reflexión de la palabra; después, el principal invita a hacer la oración y nos hincamos, empieza la oración. Estando hincados, todos hablándole a Dios al unísono, de repente se saluda al sol con las manos juntas e inmediatamente postramos nuestra frente en el suelo para hablarle al espíritu cuidador (ahau), esto se hizo tres veces en cada hincada, es decir nueve en total. Para terminar cada hincada, besamos la tierra y nos levantamos. Después bailamos baile tradicional con sonajas tres veces, una por cada hincada. Al final de cada uno de estos bailes, nos saludamos entre todos y nos deseamos buen día. Cuando acabamos la oración, cada quien sacó lo que traía de desayuno: compartimos mats’ (pozol, que es masa revuelta con agua), café y tacos de frijol. Yo traía una penca de plátanos que me había regalado mi comadre al pasar por su casa, el día anterior. Entre todos compartimos lo que somos y tenemos.

Las lecturas que vimos fueron, primero la del Apocalipsis 21, 1-8, viendo cómo Dios quiere un cielo nuevo y una tierra nueva para nosotros, pero que esto debe ser en una espera activa, “haciendo todo como si dependiera de nosotros, pero confiando absolutamente en Dios”. La segunda lectura fue 1 Reyes 21, 1-19. La viña de Nabot. Reflexionamos cómo el primer paso de los poderosos es cambiar las leyes y reformarlas para hacer ver que el despojo a los pueblos originarios de su tierra y territorio es legal. La tercera lectura fue la de Juan 2, 13-22. Cuando Jesús corre a los vendedores del templo. Aquí invité a que releyéramos la lectura, pero cambiando la palabra “templo” por “nuestra Madre Tierra”. Vimos que muchos han convertido nuestra casa común en un mercado, pero también nosotros cuando talamos la selva, ensuciamos los arroyos y ríos o cuando vendemos animales nomás por tener más dinero. El espíritu del capitalismo también se apodera de nuestro corazón cuando no respetamos a nuestra Madre Tierra.

De ahí, regresamos a la iglesia de Jardín y escuchamos el testimonio de los hermanos de Tabasco. Ellos compartieron su experiencia sobre cómo fue el “Boom petrolero” desde los años 70; cómo primero era una fiesta para los campesinos tabasqueños: “nos vendieron la idea de que tener pozo petrolero en tu parcela era como sacarte la lotería”, dijeron; y cómo, poco a poco, fueron viendo las destructivas consecuencias para el campo y las familias campesinas. Cada vez que compartían una idea los hermanos de Tabasco, se escuchaba el barullo entre las bancas: algunos asintiendo con la cabeza, otros discutiendo y hasta complementando las ideas que iban escuchando. Como una bola de nieve, se fue creando sinergia entre todos. Sin duda las y los compañeros están dispuestos a defender su tierra y territorio . Terminamos con una oración final, e hicimos compromiso de compartir lo visto y oído con nuestras comunidades y ejidos. Luego pasamos a comer wacax (res) y regresamos a nuestras comunidades.

Para mí, en primer lugar, fue una experiencia de encuentro y colaboración entre obras de la Provincia: Plátano y Cacao, y La Arena, a los compas les gustó mucho el aporte de los de Tabasco. También fue una experiencia de encuentro con el misterio… Durante el oxquejajel, en mis adentros y estando dentro de la selva, hablándole a nuestra Madre Tierra “con todo mi corazón, con toda mi alma y con todas mis fuerzas”, me sentí uno con la tierra y en comunión con mis hermanos y hermanas. Es una experiencia un tanto inefable, donde el logos no alcanza a describir lo sentido. Fue una experiencia donde toca dejarse abrazar por la realidad, por el misterio; las palabras sobran… en esa fusión qué importa ser tseltal, ch’ol o mestizo. En ese abrazo con la tierra, nos fundimos todos, hijos de la tierra. Se me hacía hermoso la forma en que los principales, sobre todo el jTatic Enrique que estaba a mi lado, le hablaban a la Madre Tierra (Ch’ul lum qu’inal, ch’ul ahau ta bahlumilal…) y a los distintos espíritus cuidadores de la naturaleza. “Santa Madre Tierra, santos espíritus/señores de la tierra… Ustedes que viven en la cascada, en el lago y en el río, debajo de la tierra y en los árboles… dennos fuerza para resistir con ustedes y defender a nuestra mamá, la tierra, que nos alimenta…”

Una vez platicando con el Mayo Bárcenas me dijo que ser sacerdote para él era como ver la vida en primera fila, o algo así; así me siento. Estoy agradecido con el buen Dios de ponerme en medio de sus hijos e hijas zoques, ch’oles y tseltales, sintiéndome hermano, compañero, pastor. Me siento amado y amando a estas personas, que tienen nombre y apellido, que algunos son mis compadres y que compartimos el alimento, la bebida, el piso para dormir, nuestras alegrías y tristezas.

Uno de mis deseos fuertes es que los escolares y laicos se entusiasmen por este tesoro escondido que hemos encontrado los jesuitas en el mundo indígena. Este tesoro lo encontramos, y al día siguiente se nos vuelve a perder, así como las vírgenes prudentes (Mt 25, 1-13), no nos podemos confiar… es necesario el esfuerzo constante de mantenernos enamorados y concentrados en la misión, esa fue mi consigna en mis últimos ejercicios espirituales. Es compartiendo lo dulce y lo amargo; lo fácil y difícil de la misión como se mantiene fresco mi Principio y Fundamento.

Mando un saludo, compas,

Juan Pablo Orozco, S.J.
“El Chore”

Notas:
  1. Autoridades morales, elegidas por la comunidad, para guiar, acompañar y hacer la oración por la comunidad. Diría que es una reminiscencia del sacerdote maya precolombino.
  2. Lit. “nuestro padre”.
  3. Lit. “tres hincadas”. Es una oración donde nos hincamos tres veces y todos pedimos según lo que nos haya sugerido e invitado el principal.
  4. Entendido como el espacio físico, donde se siembra y se cosecha.
  5. Entendido como el espacio social, donde se recrea la comunidad.

Comentarios