Reconciliación con la creación

Una misión de reconciliación y justicia es la directriz básica de la CG 36 y forma del trabajo para responder a las preocupaciones ecológicas y a los márgenes de la sociedad.

Una misión de reconciliación y justicia es la directriz básica de la CG 36 y forma parte integral de nuestro trabajo para responder a las preocupaciones ecológicas y a los márgenes de la sociedad. Como jesuitas, llevamos décadas hablando sobre la degradación medioambiental y social. Tenemos instituciones que reflejan esa preocupación en su nombre y llevamos trabajando por el cambio de políticas tanto en el plano gubernamental como en el plano global desde la Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro en 1992 y sus secuelas. La Compañía de Jesús ha acentuado crecientemente la llamada integral a la reconciliación1.

Si queremos dar mayor profundidad y renovada importancia a nuestra misión, debemos cambiar nuestro estilo de vida personal e institucional, así como nuestros compromisos educativos e intelectuales. Todos tenemos que aprender nuevos hábitos de relación con el mundo natural y adaptar nuestras prácticas personales, institucionales, sociales y económicas con el fin de que fomenten una sostenibilidad justa.

Ya se ha escrito mucho sobre la Laudato Si’, con extensas reflexiones sobre su conceptos y enseñanzas, incluyendo el desarrollo intelectual y las ideas que se constatan en ella. El reto para nosotros es influir de manera significativa en los hábitos humanos y sostener los hábitats naturales.

Reconciliarse con la realidad

Las personas que viven en estrecho contacto con los ecosistemas naturales del mundo están sufriendo mucho. Son mayoritariamente los pobres quienes padecen la creciente desigualdad socioeconómica, la degradación de los recursos naturales y la contracción de las regiones de recursos, así como quienes se encuentran más expuestos a nuevos compuestos químicos2 y a las incertidumbres del clima. Un significativo porcentaje de estas comunidades están socialmente fragmentadas en su interior y carecen de la educación que debería acompañar su integridad como personas que buscan una forma de ganarse la vida. Muchas otras comunidades están urbanizadas, con la consiguiente inseguridad laboral, y alienadas de la tierra en las que ellos mismos o sus progenitores subsistían antaño

Muchos de los pobres ven y sienten la connatural conexión con la vida que los rodea, aunque quizá no la diversidad total del planeta. No conocen solo al Dios de vivos3, sino también al Dios de cómo ellos mismos viven, pues en su experiencia diaria de buscar alimento dependen humilde y esperanzadamente de que Dios provea. No tienen respuestas para su crisis, ya que no manejan los mecanismos globales de los precios de las materias primas ni del consumismo más amplio, que consume sus energías. Muchos pierden el ánimo y desesperan. Mientras tanto, los conceptos, argumentos y temas le ganan la mano a la capacidad de la gente para comprometerse; muchas personas se resignan a una aceptación pasiva porque “de todos modos, ¿qué puedo hacer yo?”. Sin embargo, es mucho lo que podemos hacer cuando tenemos esperanza.

Los contextos de los desplazados, migrantes y refugiados no son sino la extensión de los márgenes impulsada por la carencia de oportunidades, la inquietud, la maximización de beneficios y la guerra. Toda acción en el mundo se inserta en una realidad compleja; toda fuerza tiene su repercusión allí donde mucho se halla dolorosamente desajustado. En esos lugares necesitamos esperanza, reconciliación y celebración de la creación.

Los círculos en los que los jesuitas hablamos predominantemente no son los de los pobres. Compartimos análisis socio-psicológicos y preguntas introspectivas sobre por qué la respuesta en medio de esta crisis creciente es tan débil. Reconocemos humildemente nuestras limitaciones; sin embargo, nuestras instituciones pueden impedirnos pasar a la acción, porque hemos establecido un eficaz orden diario y un estilo de vida seguro en un mundo consumista; y ello, tristemente, por regla general nos distancia de los pobres y de la tierra. En muchos casos somos incapaces de influir desde la base.

La reconciliación exige, en primer lugar, reflexión y aceptación de las relaciones presentes con un sentido de la responsabilidad. En segundo lugar, requiere cultura y comunidad: un sentimiento de pertenencia. ¡En tercer lugar está el espíritu humano, la conversión y el deseo imperioso de marcar la diferencia! Se trata de una aspiración que va más allá de todo lo aprendido y recibido, algo más, ¡milagrosamente, el otro y yo! Este es el momento a partir del cual es posible tomar decisiones y la integridad de la acción nos sostiene. Podemos invitar al cambio a través de realidades como el movimiento surgido en la reserva sioux de Standing Rock4, un sufrimiento local que da testimonio de un dolor global, pero en numerosos casos sigue resultando difícil cobrar conciencia de la necesidad de colaboración sostenida.

La reconciliación no tiene que ver con sentirse bien, sino con los cuidados

El primer paseo en solitario por un bosque natural representa a menudo una experiencia de centelleante entusiasmo ante su tamaño, su clima, su luz, su vida. Existe también respeto reverencial al experimentar cómo la belleza de lo ordinario refleja lo divino. Una vez terminada la excursión, ese asombro puede desvanecerse dejando una sensación de pérdida momentánea. Es posible que nos hayamos prometido hacer las cosas de forma diferente, pero luego el ajetreo se adueña de nosotros, los compromisos se debilitan y nos olvidamos de cambiar nuestra vida diaria.

Al vivir en una sociedad consumista, únicamente se conecta con el mundo natural de laderas de montañas y costas en momentos especiales de celebración y profunda pena, después de los cuales la gente retorna a la vida en ciudades en extremo contaminadas y contaminantes.

La reconciliación suena bien y es una aspiración razonable, ya que no es algo que genere conflictos, pero en ella no se trata de disfrutar de la creación ni de ir tachando ítems en la lista de cosas que uno debería hacer antes de morir: lanzarse en paracaídas o celebrar una fiesta junto a un fuego de campamento y contemplar las estrellas. Tampoco tiene que ver con hacer más “verde” mi estilo de vida.

La reconciliación no consiste en reconocer simplemente los pecados de la degradación forestal, por graves que sean, ni tampoco en “preservar” los bosques para que los habitantes de las ciudades puedan fundirse con la naturaleza. La reconciliación con la creación tiene que ver con el sentido y la integridad de toda forma de vida, desde los bosques a los mares, incluyendo a las familias de agricultores pobres y los habitantes de las ciudades, de suerte que todos puedan estar conectados y sostenerse unos a otros. Esta es la principal desconexión: no vivir unidos.

Cuando hay que abordar detalles cotidianos, la reconciliación se convierte rápidamente en un motivo de frustración y cansancio, incluso de división acerca de qué debe hacerse o cómo. ¿Por qué molestarse en separar la basura cuando luego el contenido de los contenedores vuelve a ser mezclado?, ¿por qué molestarse en ahorrar agua o electricidad si luego hay megapresas? A menudo es necesario que nos replanteemos el “¿por qué molestarse?”. La reconciliación requiere mucho dar y una dosis aun mayor de compromiso.

La Laudato Si’ dice que el medio ambiente es todo lo que se extiende fuera de nosotros; el medio ambiente es una relación, no un objeto. Experimentar la vida de las comunidades indígenas y ver la silenciosa exclusión económica y a veces social brinda un atisbo de la alienación de las personas y del campo ocasionada por la sociedad urbana. Los migrantes buscan tierra para criar a sus hijos en mejores condiciones de las que ellos disfrutaron de niños. Desean satisfacer las necesidades de sus hijos; pero, dada su exigua productividad, no siempre son capaces de lograrlo. Entonces se procuran los medios para abandonar el campo. Pero ¿qué sostenibilidad ofrece la ciudad?

1

En los países en vías de desarrollo, los pobres todavía escarban en la basura y extraen de los montones de inmundicia botellas de “agua mineral” para reciclar, agradecidos a Dios de que se han asegurado la comida para ese día. “Nuestro auxilio es el Nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra”5. ¿En qué momento se convierte la indiferencia en juicio? Los pobres no están libres de pecado, pero ¿qué han hecho para merecer una vida entera en los vertederos de nuestras ciudades? En algunos países, las regulaciones locales sobre residuos logran un cierto grado de separación de la basura, y aquí una revisión del consumo puede ayudar a muchas personas a reducir la compra de novedades e incrementar la de productos locales. Para los jóvenes urbanos menos favorecidos, la vida anodina y las drogas son realidades espeluznantes de las que resulta muy difícil escapar. Para otros más afortunados, tener dinero puede engendrar una cultura de privilegios; sin embargo, muchos se sienten inseguros en sus trabajos y pierden su sentimiento de pertenencia y de tener un propósito en la vida. ¿Cómo podemos crear comunidades de práctica (communities of practice) que sean inclusivas y susciten esperanza?

Con toda experiencia se plantan semillas de cuidado y esperanza, que germinan con la reflexión y el compromiso. La pregunta “¿por qué?” tiene que ser contestada desde nuestro interior, con una respuesta discreta y sencilla: “Porque me preocupo, porque pongo cuidado”. Es posible que algunas cosas no puedan ser recicladas todavía, quizá yo no disponga de los métodos adecuados, pero me preocupo. ¿Por qué me preocupo? La preocupación, el cuidado aspira a algo mejor. Acontece compartiendo con otros lo que está en lo hondo del corazón; entonces el simple actuar rezuma amabilidad, alegría.

Tratar de hacer bien a los jóvenes

Cuando intentamos hacer bien, debemos profundizar en la relación con los otros, en especial con los jóvenes. Estos necesitan examinar qué les está ocurriendo en la vida, de modo que sus emociones, pensamientos, acciones y sueños sean integrales.

La vida no es una sucesión de luchas; es muy importante que los jóvenes encuentren consuelo. Es posible que reflexionar les haga sentirse mejores personas, no tanto porque tienen éxito, sino porque se preocupan. Durante estas épocas sienten consuelo, conversión e integridad y sus vidas se abren a Dios. Los jesuitas llamamos a esto “examen”, un ejercicio espiritual diario que comienza por la gratitud por lo que es. Algunos jóvenes encuentran que esto les ayuda a mantenerse sosegados, a albergar esperanza y a estar preparados para tomar decisiones más claras cuando llegue el momento. La esperanza es experimentada como libertad para la acción.

Desarrollar “algunas cualidades y actitudes básicas: disponibilidad, movilidad, humildad y libertad, habilidad para acompañar a otros, paciencia y voluntad para escuchar respetuosamente y para que podamos expresar la verdad uno al otro”6, eso ayuda a los jóvenes a trabajar mejor juntos.

Rara vez tienen los jóvenes ocasión de compartir en profundidad. Tales ocasiones son la base para instruir a los jóvenes en el liderazgo del servicio. Discernir juntos en qué dirección convendría que se desarrollara una actividad ayuda a los jóvenes a aproximarse a la realidad sin quedar embargados por la incertidumbre. Discerniendo el camino a seguir, su relación con Dios puede ser personalizada de manera más honda7.

Vivir en mi realidad

Los desafíos que plantea la Laudato Si’ ayudan a la gente a modificar sus hábitos y a cobrar nueva energía como ciudadanos ecológicamente concienciados. Las escuelas buscan prolongar el compromiso con el cambio de hábitos a través de actividades como “agua para todos” y “el reto del carbono”. Existe mucha buena voluntad, y con ella podemos trabajar para ir más allá de las prácticas ecológicas comunes y suscitar un mayor compromiso para transformar las relaciones vitales.

Es posible que la realidad nos golpee varias veces antes de que nos decidamos a cambiar. Las inundaciones extensas o los incendios forestales pueden modificar en gran medida nuestra visión de la realidad. Conversar cara a cara con una familia de refugiados o simplemente una pregunta infantil como: “¿Por qué compráis agua embotellada y luego tiráis la botella si sabéis que es malo para el medio ambiente?”, puede alterar nuestra senda perdurablemente.

Hoy nos enfrentamos al reto de vivir la realidad en un mundo diverso; no podemos elegir una realidad de conveniencia. Nos enfrentamos al reto de contribuir a reducir la degradación medio ambiental y la exclusión socioeconómica. Este desafío se hace más profundo cuando sentimos una pérdida personal al ver la degradación, y entonces nuestras necesidades disminuyen. Debemos cuestionar el ciego desarrollo económico, a menudo vinculado al agotamiento del combustible fósil y al negocio de la guerra. Después del desastre de una inundación, las economías locales prosperan, pero eso no quiere decir que el problema esté solucionado. Mientras la cruenta guerra ruge en algún lugar, en otro una economía florece. El estilo general de vida basado en el consumo, sin referencia alguna al impacto que este tiene, causa estragos.

Podemos tratar de leer el Evangelio en contexto, a fin de no ritualizar ni simular una respuesta al sufrimiento de los pobres y la creación. Entre los miles que se reúnen y los millones que ahora pasan necesidad, ¿es este el contexto en el que reflexionamos e intentamos alimentarlos? Si leemos el Evangelio en un lugar aislado, ¿sabemos que el Creador provee? ¿Y cómo llevamos este cuidado a la misión? No podemos contentarnos con intentarlo; tenemos que celebrar el fracaso aprendiendo las lecciones de nuestro esfuerzo y dándonos sin reservas, puesto que no tenemos esperanza, sino que la recibimos.

La reconciliación con la creación vuelve a formar parte de la cultura dominante en la Iglesia. El reto de la Iglesia es cambiar saliendo de sí misma hacia el mundo con un mensaje de alegría y justicia. Necesitamos dar testimonio, al igual que los primeros cristianos, de la integridad de nuestras acciones practicando lo que predicamos. La “nueva evangelización” tiene que ser experimentada como el gozo del Evangelio, entonando alabanzas y buscando la reconciliación8.

Planificar la reconciliación y colaborar para hacerla realidad

Nos hallamos en el Antropoceno, la actual era geológica en las que los seres humanos estamos explotando los depósitos geológicos y estableciendo una nueva química atmosférica y un récord negativo de biodiversidad para el planeta. Más que en ninguna otra época anterior, la sociedad adopta decisiones que afectan al mundo. Pero la sociedad no puede tomar todas las opciones que quiera, pues algunas de ellas impiden que otras personas puedan elegir. ¿Cuáles son las prioridades claras que juntos podemos establecer y tener como objetivo vital?

Si somos valientes, podemos optar por comprometernos con una estrategia renovada. “Dada la magnitud y la interconexión de los retos que afrontamos, es importante apoyar e impulsar la creciente colaboración entre jesuitas y entre las obras de la compañía a través de redes”9, puesto que estamos llamados a “privilegiar las acciones que generan dinamismos nuevos en la sociedad”10.

Necesitamos estrategias y mecanismos para unirnos al conjunto de la sociedad en la búsqueda de una mejor calidad de vida, puesto que todos podemos contribuir a la promoción de la dignidad humana, la justicia social y el cuidado de la creación en este mundo nuestro que cambia tan rápidamente. Los programas sociales, pastorales e intelectuales tienen que desarrollar capacidades y fomentar la colaboración para ser eficaces a la vista de la escala e interconectividad del reto. Se precisa de un enorme aprendizaje en los márgenes, en los que las comunidades indígenas y los pequeños agricultores sufren los 8 Papa Francisco, Exhortación apostólica Evangelii Gaudium a los obispos, a los presbíteros y diáconos, a las personas consagradas y a los fieles laicos sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual, efectos del cambio y necesitan mayor acompañamiento e defensa. La esperanza compartida por una comunidad que participe en programas de desarrollo humano es fundamental para lograr el resultado. Las instituciones internacionales están empezando a ver que el éxito de numerosos programas se debe al compromiso creyente de la comunidad a la que van dirigidos.

La Red Global de Incidencia Ignacia (GIAN) sobre Ecología del Secretariado para la Justicia Social y la Ecología trata de garantizar que el programa de la ecología integral se incluye en la planificación estratégica de las conferencias para ser implementada por las provincias. Para desarrollar este trabajo, se han identificado inicialmente 15 áreas de actividad en tres niveles: el global, en se promueve la cooperación; el regional, donde se acompañan las acciones; y el local, donde se apoyan las iniciativas.

Durante el Diálogo de Estocolmo sobre Ciencia de la Sostenibilidad y Valores, organizado por la GIAN de Ecología, se reconoció que “la ciencia y la tecnología no tienen impacto sin un compromiso personal, político y económico. Centrar la atención en los valores ayuda a posibilitar una participación social más amplia, algo que se halla gravemente ausente a la hora de guiar las acciones sociales y las decisiones políticas necesarias para respetar los límites planetarios. La ciencia puede apoyar más activamente trasformaciones sociales escuchando las preocupaciones de elementos de la sociedad. Los investigadores pueden documentar enfoques que funcionan bien y lecciones aplicables a otros problemas y ubicaciones. Esto brinda un terreno práctico común para entender mejor la necesidad de integrar la ciencia de la sostenibilidad y los valores. Hay que esforzarse por promover la colaboración y el entendimiento entre quienes cultivan la ciencia medioambiental y quienes trabajan con comunidades locales en pro de iniciativas sostenidas sobre la gestión de recursos, la educación trasformadora y un estilo de vida más sencillo”11.

¿Cómo vivimos juntos desde el cuidado sabiendo que la tierra y el mar nos proporcionan lo necesario para subsistir y que Dios actúa todavía a través de todo? ¿Cómo podemos trabajar con los jóvenes en su diversidad de modo tal que contribuyamos a su esperanza y sostenibilidad?

Como jesuitas, buscamos un camino para estar con la gente en la Iglesia y más allá de sus límites: aquellos con quienes tú y yo nos encontramos en la vida diaria, en una calle de la ciudad o en una senda de montaña. Buscamos la reconciliación con las personas y la creación intentando siempre profundizar más.

Muchos jesuitas y asociados preguntan sobre los márgenes y sobre cuál es la mejor manera de comprometerse. ¿Qué horizonte realista imaginamos para una ecología integral y cómo capacitamos a la Iglesia para que se mueva? ¿Qué se necesitaría para tornar posible este horizonte?

2

Notas:

  1. Cf. Congregación General 36, Decreto 1: “Compañeros en una misión de reconciliación y de justicis”.
  2. Cf. https://www.pri.org/stories/2016-04-03/humanity-must-use-innovation-and-ingenuity-livewithin-planetary-boundaries-new
  3. Cf. Mat 22, 31-32: “¿No habéis leído lo que les dice Dios: Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob? No es Dios de muertos, sino de vivos”.
  4. Cf. The Youth Group that Launched a Movement at Standing Rock, en https://www.nytimes.com/2017/01/31/magazine/the-youth-group-that-launched-a-movement-atstanding-rock.html?_r=0, visitada en junio 2017. 52 Secretariado para la Justicia Social y la Ecología
  5. Sal 124, 8.
  6. CG 36, d. 1, n. 11.
  7. Cf. CG 36, d. 1, n. 23. 54 Secretariado para la Justicia Social y la Ecología
  8. Papa Francisco, Exhortación apostólica Evangelii Gaudium a los obispos, a los presbíteros y diáconos, a las personas consagradas y a los fieles laicos sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual, n. 14.
  9. CG 36, d. 1, n. 35.
  10. CG 36, d.1, n. 37.
  11. Walpole, Pedro sj, “Features of a Sustainability Science”, en La Civiltà Cattolica (ed. inglesa), marzo 2017, vol. 1, nº 2.

Fuente:

Comentarios