Reconciliación, paz y conflictos políticos

La audacia de lo improbable, así se describe la misión de la paz, los derechos humanos, el diálogo, el perdón, la reparación y la reconciliación de la Compañía de Jesús en África a raíz de la CG 36.

Introducción

“Calzad las sandalias de la prontitud para anunciar el Evangelio de la paz” (Ef 6, 15). Fue esta viva exhortación la que llevó a la Congregación General 36 a instar a los hijos de Ignacio de Loyola a comprometerse en la misión de reconciliación y de justicia1. Para la Compañía de Jesús en África, este compromiso viene a confirmar el de toda la Iglesia africana. En efecto, la segunda asamblea especial para África del Sínodo de los obispos celebrada en Roma del 4 al 25 de octubre de 2000 tuvo como tema: “La Iglesia en África al servicio de la reconciliación, de la justicia y de la paz”2. El papa Benedicto XVI, que fue quien lo convocó, había subrayado que este sínodo estaba en continuidad con el celebrado en 19943. El hecho de que la Compañía de Jesús haya retomado universalmente el tema debería motivar a los jesuitas de África a discernir y confirmar sus opciones apostólicas al servicio de esta Iglesia particular.

De la Ecclesia in Africa a la Africa Munus

En 1994, la primera asamblea para África del sínodo de los obispos titulada “La Iglesia en África y su misión evangelizadora hacia el año 2000. Ecclesia in Africa” elaboró un diagnóstico del continente y señaló con pertinencia como reto principal para la evangelización el resurgir de los conflictos políticos, que ha conllevado como consecuencia el debilitamiento de las esperanzas nacidas con las independencias.

“¿Cómo se podría no tener en cuenta la historia, tejida de sufrimientos, de una tierra donde muchas naciones luchan aún contra el hambre, la guerra, las rivalidades raciales y tribales, la inestabilidad política y la violación de los derechos humanos? Todo ello constituye un desafío a la evangelización”4.

El sínodo de 1994 puso de relieve además “que en África, como en otras partes del mundo, el espíritu de diálogo, paz y reconciliación está lejos de habitar en el corazón de todos los hombres. Las guerras, conflictos, actitudes racistas y xenófobas aún dominan demasiado el mundo de las relaciones humanas. La Iglesia en África siente la exigencia de ser para todos… lugar de auténtica reconciliación”5.

Ante esta situación, el sínodo propone el diálogo como uno de los medios de acción para responder a los múltiples conflictos sociales y políticos: “La actitud de diálogo es el modo de ser del cristiano tanto dentro de su comunidad, como en relación con los demás creyentes y con los hombres y mujeres de buena voluntad” (EA 65). Encarga al Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SCEAM) dotar a la Iglesia de África de las estructuras necesarias para ello: “El SCEAM procurará tener estructuras y medios que garanticen el ejercicio de este diálogo” (ibid.).

Durante todo el tiempo que separa el sínodo de 1994 y el de 2009, el continente conoció atroces conflictos políticos6.

Es esta situación la que hizo que, durante el segundo sínodo para África, los padres sinodales fueran más lejos en la definición del papel que debía desempeñar la Iglesia africana en un continente lacerado por violentos conflictos armados. Esto lo recordó el secretario del sínodo: “No basta con constatar y evaluar los dramas de África; resulta necesario además proponer soluciones y remedios, orientaciones y opciones pastorales susceptibles de vivificar y reanimar toda la vida de la Iglesia y los pueblos de África”7.
La Africa munus, encíclica enteramente consagrada a la reconciliación, fue una de las respuestas a la crisis. Ella identificó las estructuras de la Iglesia africana capaces de promover la reconciliación, la justicia y la paz y sugirió lugares apostólicos para hacerlo:

“Un instrumento de primaria importancia al servicio de la reconciliación, la justicia y la paz puede ser la institución política, cuyo deber esencial es el establecimiento y la gestión del orden justo…”8

En un número posterior de la encíclica, el papa encomienda a las conferencias episcopales la tarea de llevar a la práctica las aplicaciones concretas y exhorta a la Iglesia a involucrarse en el terreno político: “Asimismo, quisiera animaros a tener una presencia activa y valiente en el mundo de la política, la cultura, las artes, los medios de comunicación y las diversas asociaciones. Que sea una presencia sin complejos ni miedos, sino orgullosa y consciente de la preciosa contribución que puede aportar al bien común”9.

El crédito de la Iglesia para la misión de la reconciliación

No es esta la primera vez que la Iglesia de África es convocada al terreno de la reconciliación política10. Uno de los momentos más importantes de este compromiso fue durante la transición de los regímenes dictatoriales y de partido único hacia la democracia11. En este periodo, cinco países (Benín, Gabón, Congo, Togo, Zaire) de los ocho (Benín, Gabón, Congo, Mali, Níger, Togo, Zaire, Chad) que organizaron conferencias nacionales eligieron a un obispo para presidir esos foros de transición. El corazón de esta misión lo ocupaba la reconciliación política entre un pueblo herido por los años de regímenes autocráticos y el sueño de una transición democrática.

Una de las razones de este recurso a una figura que representa por excelencia a la Iglesia era el hecho de que la opinión pública confiaba en que la Iglesia pudiera garantizar la realización de consultas integradoras entre fuerzas sociales y políticas con miras a alcanzar un consenso nacional, crear estructuras democráticas de transición y comprometer a las maltrechas comunidades en un verdadero proceso de reconciliación.

Por consiguiente, ya al término de las dictaduras, el pueblo en África encomendó a la Iglesia la misión de superar la crisis, negociar la paz y reconciliar los corazones divididos por décadas de dictadura. Y pese a la gravedad de los excesos cometidos por los partidos únicos en nombre de la reconciliación nacional, el pueblo no optó por los procesos y condenas jurídicos, sino por el diálogo en la verdad, el perdón y la reconciliación. El pueblo tenía la certeza de que la Iglesia cumplía las condiciones necesarias para llevar a cabo este trabajo: neutralidad (no defiende los intereses de ninguno de las partes en conflicto), apoliticismo (no aspira a un mandato político) y el servicio al bien común (procura que ahora el poder instaurado infunda esperanza a los pobres, los marginados, los débiles y los excluidos de la sociedad).

Si la gente se ha vuelto hacia la Iglesia, ello se debe principalmente a que esta, por su trabajo pasado, ya había optado en más de un lugar en favor de los más débiles y marginados. Fue tal credibilidad la que posibilitó esta misión de reconciliación. Es de lamentar que posteriormente la misión se interrumpiera. La tan anhelada democracia no se ha consolidado y los esfuerzos de los obispos-presidentes, al no contar con el respaldo de la jerarquía eclesiástica, han terminado dividiendo al episcopado.

Un cuarto de siglo después de estas experiencias, los padres sinodales continúan movilizando a la Iglesia para la misión de reconciliación en un contexto de agitado conflicto político. A fin de evitar los fracasos del pasado, a la Iglesia de África le convendría evaluar estas antiguas experiencias de reconciliación.

Paz, justicia y reconciliación ante crímenes de guerra y contra la humanidad

Cuando se aborda la cuestión de la reconciliación en el contexto de los conflictos políticos en África, sobre todo si se trata de conflictos armados, no puede obviarse la relación entre justicia, reconciliación y paz.

En efecto, a causa de la gravedad de las atrocidades y del elevado número de víctimas en el continente, no es posible imaginar una reconciliación rápida y fácil. La reconciliación debe construirse necesariamente a través de un equilibrio franco y honesto entre la justicia, la reparación y el perdón. Una reconciliación que ignore la suerte de las víctimas fomentaría la impunidad y tendería las bases de futuros conflictos12.

Durante estos últimos años, la cuestión de la impunidad en África ha movilizado muchas energías, no solo porque a menudo se trata de crímenes imprescriptibles, sino porque gran parte de las violaciones masivas de los derechos humanos son perpetradas por instituciones estatales que, por el mismo poder de que disfrutan, no temen justicia ni venganza ni represalias. Ellas crean los instrumentos estructurales de terror que perpetúan la violencia.

En este contexto, la lucha contra la impunidad es la base del esfuerzo por la reconciliación: “La justicia y la reconciliación son los antídotos contra la impunidad, que se produce cuando las instituciones y los individuos poderosos actúan conforme a sus deseos sin temor a represalias, reproches ni recriminaciones”13.

En África, este combate contra la impunidad tropieza, sin embargo, con límites, en especial cuando los Estados son incapaces de construir un sistema de justicia eficaz a la vez que justo y equitativo. Como hemos visto ocurrir con frecuencia, entonces se impone la justicia del vencedor, que obliga a quienes pertenecen al bando de los que han perdido la guerra a elegir entre “rendirse” en condiciones a menudo humillantes o “buscar refugio en otro sitio”. Esta situación hace que actualmente los conflictos sean cíclicos en determinadas regiones de África. Todo el mundo espera que le llegue la oportunidad de infligir al otro lo que él mismo está sufriendo. Generaciones enteras aguardan pacientemente el momento de la venganza.

La experiencia actual en África enseña que la guerra contra la impunidad no se ganará sino mediante el establecimiento del Estado de derecho democrático14.

El diálogo y el perdón

En este contexto, el genio local tiene que recurrir a la tradición africana para hacer intervenir otros dos mecanismos: el diálogo, que es un “árbol de palabras”, y la verdad-perdónreconciliación comunitaria (“sesión expiatoria”). Estas prácticas, que se consideran acciones al margen del derecho positivo, vienen al rescate cuando se queda sin aliento y no está en condiciones de consolidar la paz ni la reconciliación, particularmente en un contexto de violenta tragedia, en el que es imposible atribuir el mal a un solo bando.

El derecho internacional

Allí dondequiera que los mecanismos jurídicos locales son débiles o partidistas y, por tanto, incapaces de luchar contra la impunidad, allí las nuevas normas de justicia internacional invitan al debate. Este derecho se basa en la responsabilidad de proteger y en las competencias del Estatuto de Roma aplicadas por la Corte Penal Internacional (CPI).

En la actualidad, la mayoría de los Estados signatarios del Estatuto de Roma, en virtud del que se constituye la CPI, son africanos15. Tres de cada cuatro asuntos que se dirimen en el Tribunal de La Haya tienen que ver con África. Pero la percepción del papel de la CPI en lo que atañe a la promoción de la paz, la justicia y la reconciliación es muy crítica en el continente.

“Estos principios e instrumentos son a veces causa de divisiones en África, porque son percibidos como amenazas a la soberanía o como una intrusión del derecho internacional en los Estados débiles y suscitan el temor de una aplicación y ejecución selectivas”16.

“Compañeros en una misión de reconciliación y de justicia”. Su significado para la Compañía de Jesús en África

La urgencia y la necesidad de la reconciliación de los corazones y del Espíritu en África tras este cuarto de siglo de conflicto se mide por el número de refugiados17 en el continente que todavía son reacios a regresar a sus hogares años después de acabada la guerra.

La CG 35 identificó la reconciliación con Dios, la reconciliación con los otros y la reconciliación con la creación como las tres dimensiones del ministerio jesuita de reconciliación18. Inspirándose en la enseñanza del papa Francisco, la CG 36 va más lejos unificando el enfoque:

“….No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental”19. Y el decreto precisa: “La carta sobre la reconciliación del P. General Adolfo Nicolás y el magisterio del papa Francisco han dado a esta visión una mayor profundidad, otorgando a la fe, a la justicia y a la solidaridad con los pobres y los excluidos, la categoría de elementos centrales en nuestra misión de reconciliación”20.

Nuestro compromiso a favor de la reconciliación en el continente pasa hoy, en mayor medida que ayer, por un esfuerzo común para afrontar los desafíos de la ostensible carencia de liderazgo político en el continente, de la mejora de la gobernanza al servicio de los pobres, los marginados y los vulnerables, de la defensa y promoción de los derechos y de nuestra capacidad de conducir las negociaciones entre grupos enfrentados. Como bien dice el decreto 1 de la CG 36, se trata de favorecer un dinamismo nuevo en un continente maltrecho. Pues la crisis, precisa la CG 36, es única: “No se trata de crisis independientes sino de una única crisis que es síntoma de algo mucho más profundo: el modo equivocado como están organizadas nuestras sociedades y nuestras economías. El sistema económico actual, con su enfoque depredador descarta tanto los recursos naturales como las personas… La orientación del desarrollo debe ser cambiada para que este sea sostenible”21.

Por consiguiente, el terreno está abierto para los jesuitas de África. Así como el decreto 3 de la CG 32 fue un lugar de encuentro de todo el apostolado jesuita, así también el compromiso en favor de la reconciliación debería serlo de todo apostolado jesuita en África. Y ello aunque la cruz no pueda evitarse, tal como lo vivimos hoy con el compromiso de la Conferencia Episcopal del Congo (CENCO)22 en esta tierra.

Conclusión

Tener la audacia de lo improbable23: estas palabras son apropiadas para describir la misión de la paz, los derechos humanos, el diálogo, el perdón, la reparación y la reconciliación que aguarda el trabajo de los jesuitas en África a raíz de la CG 36. Esa misión no puede ser opcional ni circunscribirse a un cierto sector apostólico, pues ella nos lleva de vuelta a nuestras raíces jesuitas24, al corazón de nuestra vocación jesuita. Nos exige regresar a nuestro “modo de proceder”25: una experiencia de discernimiento, sobre la base del estudio, en diálogo entre nosotros y con nuestras Iglesias particulares, en oración a la vez personal, comunitaria y eucarística.

Notas:

  1. Cf. GC 36, decreto 1, Compañeros en una misión de reconciliación y de justicia, Roma 2017.
  2. Cf. Benedicto XVI, La Iglesia en África al servicio de la reconciliación, de la justicia y de la paz: Africa Munus (AM), nov. 2011.
  3. Cf. Juan Pablo II, Exhortación apostólica Ecclesia in Africa (EA), 1994.
  4. Juan Pablo II, EA 51.
  5. Juan Pablo II, EA 79
  6. Entre ellos podríamos recordar el genocidio de Ruanda, que segó la vida de más de 800.000 personas y al que siguió la guerra del Congo, que de 1996 a 2003 se cobró la vida de más de seis millones de ciudadanos.
  7. Cardinal Monsegwo, Compte-rendu sur Ecclesia in Africa lors de la deuxième congrégation générale (lunes 5 de octobre de 2009).
  8. Benedicto XVI, AM 81.
  9. Benedicto XVI, AM 131.
  10. Cf. Metena Nteba, “Les conférences nationales et la figure politique de l’évêque-président”, en Zaïre Afrique, julio-agosto 1993; Paul Gifford, The Christian Churches and the Democratization of Africa, J. Brill, 1995.
  11. A este respecto, cf. Eboussi Boulaga, Les conférences nationales Africaines. Une Affaire à suivre, Paris, 1993; Metena Nteba, “Les conférences nationales et la figure politique de l’évêque-président”, en Zaïre Afrique, julio-agosto 1993
  12. Al respecto, cf. Asamblea General y Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, El Estado de Derecho y la justicia de transición en las sociedades que sufren o han sufrido conflictos, 2004; Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Instrumentos del Estado de Derecho para sociedades que han salido de un conflicto, Naciones Unidass, Nueva York y Ginebra, 2006. 34 Secretariado para la Justicia Social y la Ecología
  13. International Peace Institute, Paix, Justice, et réconciliation en Afrique. Opportunités et défis liés à la lutte contre l’impunité, 2013.
  14. Cf. International Peace Institute, Paix, justice et reconciliation… op. cit.
  15. Cf. www.icc-cpi.int.
  16. International Peace Institute, Paix, justice et reconciliation… op. cit., p.2.
  17. 18 millones, o sea, el 26% de los refugiados de todo el mundo (Cf. www.unhcr.org/fr/afrique).
  18. Cf. CG 35, d. 3, nn. 19-36.
  19. CG36, d. 1, n. 2.
  20. CG36, d. 1, n. 3.
  21. CG36, d. 1, n. 29.
  22. Nosotros apoyamos el trabajo de la CENCO para reconciliar a la mayoría en el poder con la oposición. Al final, el resultado no ha gustado al gobierno. Ahora se ataca a los obispos y se manipula a grupos para que ataquen y destruyan ciertas iglesias.
  23. CG36, decreto 1, n° 40

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