Reconciliación y justicia desde la perspectiva del decreto “Compañeros en una misión de Reconciliación y Justicia” de la Congregación General 36

Compartimos el articulo publicado por el jesuita Rafael Velasco en la publicación más reciente de la edición de Promotio Iustitiae, la No. 124, del Secretariado para la Justicia Social y la Ecología.

Introducción

Reconciliación y justicia aparecen como la bina que describe nuestra vida y misión hoy según el decreto 1 de la Congregación General 36. Este documento ya desde el título pone nuestra misión hoy en estos términos.

La relación entre reconciliación y justicia no es nueva. Ya en la CG 32 se dice que la reconciliación con Dios va inseparablemente unida a la justicia: “Dicho brevemente: la misión de la Compañía de Jesús hoy es el servicio de la fe, del que la promoción de la justicia constituye una exigencia absoluta, en cuanto forma parte de la reconciliación de los hombres exigida por la reconciliación de ellos mismos con Dios.” (d. 4, n. 2). También la CG 35 retoma el tema de la reconciliación en el decreto sobre nuestra misión y habla de una triple reconciliación con Dios, con los demás y con la creación (CG 35, d. 3).

Lo “novedoso” de este decreto de la CG 36 es que vuelve a incorporar el concepto de justicia en una tensión dinámica con el de reconciliación en cierta sintonía con el decreto 4 de la CG 32. Tal vez la CG 35 –y aún la CG 34– en sus resquemores históricos por lo que se pudiera haber considerado como una radicalización “peligrosa” de la bina fe – justicia, prefirieron hacer otros énfasis: la CG 34 lo hizo en el diálogo con las otras confesiones religiosas y con las culturas y la CG 35 puso un énfasis mayor en la reconciliación vinculada a las fronteras. No fueron pocos los que sintieron (sentimos) que ambas Congregaciones de ese modo quitaban un poco de radicalidad a nuestra Misión de promoción de la justicia.

Por otra parte existe un problema de contexto: en varios países de Latinoamérica el término reconciliación tiene sus dificultades ya que ha sido usado por gobiernos dictatoriales que luego de haber violado sistemáticamente los derechos humanos, de haber masacrado, torturado y secuestrado proclamaban –algunas veces con el soporte pastoral de la Iglesia jerárquica– una reconciliación que era en el fondo un auto-perdón, para que no se investiguen sus crímenes de lesa humanidad (para evitar la justicia). En ese contexto, que la Compañía hablara solo de reconciliación pudo resultar algo ambiguo y hasta en algún punto decepcionante.

En esta ocasión, la CG 36, en su documento central sobre nuestra vida y misión asegura desde el título, que la reconciliación no está sola y que –para nosotros jesuitas– va siempre unida a la justicia. El documento afirma claramente: “Esta reconciliación es siempre obra de la justicia; una justicia discernida y formulada por las comunidades y contextos locales” (21).

Pero esta “vuelta a la justicia” no parece ser una “vuelta a los setenta”, ni una mera “reparación histórica”, sino más bien una reactualización, en la que se ponen en diálogo algunos elementos más, como por ejemplo nuestro estilo de vida personal y comunitario.

Esto último merece un análisis más detallado, ya que captura algo del espíritu de nuestro tiempo: las grandes palabras por sí mismas hoy no dicen demasiado, tampoco las obras apostólicas y el trabajo sacrificado por sí mismos. Muchos afuera de la Compañía e incluso afuera de la Iglesia institucional hacen cosas semejantes. Lo que conmueve hoy es el testimonio de vida, las opciones reales: no solo en favor de quiénes trabajamos, sino cerca de quiénes vivimos, quiénes son nuestros maestros, cómo es nuestro estilo de vida en coherencia con lo que anunciamos. En un tiempo en el que la experiencia y el testimonio son tan importantes, la justicia que anunciamos debe verse reflejada en el testimonio de nuestra vida en común. La justicia hecha vida –y vida comunitaria– respalda claramente la justicia de nuestro anuncio del Reino (que es Comunidad).

Estructura y contenido del documento

Planteo Teológico de fondo

El planteamiento en la introducción del documento es que en medio de esta realidad “que hasta ahora está gimiendo con dolores de parto” (Rom 8, 22), Dios está reconciliando el mundo en Jesús, y al estilo de Jesús, que se hizo pobre entre los pobres para anunciar desde ellos el Reino de Dios, reino de Justicia y Paz.

Aquí se encuentra el primer nexo teológico entre Reconciliación y Justicia. La acción de Reconciliación de Dios en sus tres dimensiones de esa única reconciliación, está relacionada con el anuncio del Reino de Dios y su Justicia, al estilo de Jesús, desde los pobres. Dice el documento: “Mirando con ojos de fe… reconocemos las huellas del trabajo de Dios del gran ministerio de reconciliación que Dios ha comenzado en Cristo y que se realiza en el Reino de justicia, paz e integridad de la creación” (3).

La imagen de los compañeros en Venecia

Un rasgo distintivo de este documento es que da un lugar preponderante a nuestro estilo de vida como algo clave en este tiempo. Y no se refiere solo al estilo de vida personal de cada jesuita, sino al estilo de vida juntos, a la comunidad jesuita.

Tal vez allí radica la importancia de la imagen de los primeros compañeros en esa Compañía embrional en Venecia. Anunciaban el evangelio y oraban viviendo en comunidad cerca de los pobres. Su estilo de vida era parte fundamental del anuncio. En esa imagen la CG 36 encuentra una raíz ignaciana para afirmar que Reconciliación y Justicia comienzan desde un estilo de vida cercano a los pobres: “Nosotros, jesuitas de hoy –sacerdotes, hermanos y miembros en formación– que compartimos la misma misión, estamos llamados a un estilo de vida semejante” (5).

La cercanía real con los pobres como estilo de vida

En consonancia con otras Congregaciones Generales –en particular la CG 32– el documento insiste en que esa misión de reconciliación y justicia, hace necesaria nuestra cercanía real con los pobres. El documento lo señala en varios momentos, en particular en los apartados de la vida de comunidad y el que se refiere a la misión.

Esa cercanía real con los pobres es para aprender de ellos una sabiduría que el mundo desconoce y rechaza: “Esta actitud va contra corriente de lo que es normal en el mundo en el 14 Secretariado para la Justicia Social y la Ecología que, como dice el Qohelet, «la sabiduría del pobre se desprecia y nadie hace caso de sus consejos». Junto a los pobres podemos aprender lo que significan esperanza y valentía” (15).
Esa cercanía real con los pobres es para ponernos a su servicio: “…escuchamos a Cristo que nos convoca de nuevo a realizar un servicio de justicia y paz, sirviendo a los pobres y excluidos, y ayudando a construir la paz” (25).

La cercanía con los pobres es para “crear una familia humana a través de la lucha por la justicia” (31).
Aprender, servir y crear juntos una nueva comunidad humana, esa es la triple finalidad de la cercanía con los pobres, en los que Cristo refleja su rostro. El test de autenticidad de nuestra familiaridad con Dios es, en definitiva, el encuentro con Cristo “en los rostros doloridos y vulnerables de la gente” (20).

La reconciliación realizada en Cristo tiene su centro en la Cruz, por eso la urgencia cristológica de estar cerca de los crucificados, donde Cristo revela su rostro, y estar dispuestos a asumir las consecuencias: “Esta misión puede conducir al conflicto y a la muerte, como lo hemos testimoniado en la vida de muchos de nuestros hermanos” (21). Aquí se hace memoria de nuestros mártires y es una memoria que nos alerta sobre la seriedad de lo que decimos. Los mártires son una memoria subyugante y subversiva: el testimonio de Cristo reúne la obra de la reconciliación y la justicia con el testimonio personal de entrega de la propia vida.

Comunidad

Es significativo que el documento en lugar de encarar, como ha sido tradicional, primero la identidad y la misión, comienza reflexionando sobre la vida de comunidad como espacio de discernimiento con horizontes abiertos.

En un mundo roto por la injusticia, anunciar un nuevo estilo de vida en Cristo implica intentar un nuevo modo de vida. Implica buscar el Reino de Dios y su justicia en nuestras comunidades, reflejarlo de algún modo. Se dice claramente: “Más que nuestras competencias y habilidades, lo que da testimonio de la Buena Noticia es la unión entre nosotros y con Cristo” (7). Y esto es un desafío, pero es fundamentalmente gracia, por eso la Congregación lo expresa como una petición: “En este mundo que conoce tanta división, pedimos a Dios que ayude a nuestras comunidades a ser verdaderos “hogares” para el Reino de Dios” (13).

Y esa comunidad no puede ser evangélica si no está cerca de los pobres, si no se deja enseñar por ellos, que son los amigos de Dios. La búsqueda de Dios y su voluntad, la comunidad y los pobres están en relación en esta misión de reconciliación y justicia. El número 15 lo expresa con claridad y contundencia. Dada su importancia y a riesgo de ser redundante, lo citamos completo: “Resulta vital subrayar la constante importancia que los Primeros Compañeros daban a la cercanía real con los pobres. Los pobres nos obligan a volver sin cesar a lo que es esencial en el Evangelio, a lo que en realidad da vida, a reconocer que mucho de lo que tenemos no es más que una carga. El Papa Francisco nos recuerda que estamos llamados a descubrir a Cristo en los pobres, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos. Esta actitud va contra corriente de lo que es normal en el mundo, en el que, como dice Qohelet, «la sabiduría del pobre se desprecia y nadie hace caso de sus consejos». Junto a los pobres podemos aprender lo que significan esperanza y valentía”.

Como se ve, comunidad y cercanía con los pobres son dos elementos fundamentales para este modo nuevo de vida. Así como señalamos que la opción por los pobres se funda en un principio teológico, también la vida comunitaria tiene importancia teológica como realidad y como signo del Reino de Dios, que es Comunidad.

Los seres humanos hemos roto la alianza básica de filiación y por lo tanto –como afirma la teología Latinoamericana– en la base misma de toda alienación se encuentra la ruptura de la fraternidad. En esta cultura depredadora, los hombres y mujeres son descartables. Habitamos una cultura del descarte –como señala el Papa Francisco en Laudato Si’– y esa cultura establece parámetros de vida a los que nosotros, jesuitas, no somos inmunes. Por eso es necesario dar a luz una nueva cultura del Reino; y esa cultura es comunitaria. En ese sentido la comunidad está llamada a ser de algún modo signo, un hogar que haga visible el modo de vida del Reino. Por eso se afirma: “En estos tiempos de individualismo y competitividad, es necesario hacer presente que la comunidad juega un papel muy especial, al ser lugar privilegiado de discernimiento apostólico” (8) y “…dado que la unión fraterna proclama el Evangelio, es misión en sí misma” (9).

Identidad

El apartado referido a nuestra identidad es el más breve y es una llamada a volver a nuestras fuentes espirituales –los Ejercicios y las Constituciones– en clave de misericordia. Al abordar la identidad se vincula nuestra experiencia de Dios fundada en los Ejercicios con la experiencia de misericordia que nos hace más humildes y nos va configurando con los sentimientos y opciones de Cristo (cfr. 18). Por eso señala el documento que para nosotros, jesuitas, “compasión es acción discernida en común” (20). Esa compasión con el Crucificado en los crucificados lleva a la acción. De allí brota nuestra misión con Cristo Reconciliador.

Misión

Esta misión de reconciliación si bien se presenta en tres aspectos –con Dios, con los demás hombres y con la creación–, es una única obra de reconciliación (cf. 21). Y en esa reconciliación se ve el papel fundamental de la lucha por la justicia, ya que es la injusticia la que rompe la relación de fraternidad entre los pueblos, las comunidades, las personas y con la creación misma. Por eso señala la Congregación: “Al reflexionar sobre todo ello escuchamos a Cristo que nos convoca de nuevo a realizar un servicio de justicia y paz, sirviendo a los pobres y excluidos, y ayudando a construir la paz” (25).

Al hablar de nuestra misión con Cristo reconciliador aparecen llamadas claras a una lucha por un mundo más justo: los desplazamientos forzados de personas –migrantes, refugiados– (26); los pueblos marginados por las injusticias y desigualdades (27); las víctimas de la violencia fundamentalista (28). Se nos invita a crear una cultura de la hospitalidad, a luchar por la plena vigencia de los derechos humanos y una ecología integral, y a construir una cultura de la paz junto con los miembros de otras confesiones religiosas.

La inspiración de Francisco

Las reiteradas referencias al Papa Francisco en todo el documento no son accidentales. El liderazgo de Francisco nos ha empujado a los jesuitas a volver a retomar, con menos temores, la bandera de la Justicia del Reino, que es base para la reconciliación entre los hombres y con la creación. Las referencias a su alocución a la Congregación y a Laudato Si’ son bastante demostrativas.

Conclusión

La misión de Reconciliación y Justicia no es solo trabajo, implica un modo de vida nuevo, cercano a los pobres, aprendiendo de ellos, dando voz a su palabra, acompañando y dejándonos afectar, viviendo nosotros de alguna manera en nuestras comunidades esa Buena Noticia que anunciamos. Esa misión se vive siendo –como los primeros compañeros– hombres que buscan la voluntad de Dios en sus vidas, no solo individualmente, sino como comunidad apostólica. La vivimos como hombres que establecen lazos nuevos y por ello viven la misión de un modo nuevo, alentados por la espiritualidad de los Ejercicios, poniendo primero los medios que unen al instrumento con Dios; cerca de los pobres, aprendiendo de ellos qué significa “buscar primero el Reino de Dios y su justicia”.

Podría decirse que en este documento hay un retorno a intuiciones vivas en la CG 32 pero con más modestia, asimilando el transcurso de los años y lo que nos han dejado de heridas y aprendizajes. Fe y justicia hoy se lee como Reconciliación y justicia. Importa lo que hacemos, nuestras obras y opciones apostólicas, pero hay más énfasis en el cómo. Se le asigna mayor significatividad al testimonio de vida comunitario.

El documento mantiene delicadamente un aguijón profético respecto de nuestra opción por los pobres como una llamada a nuestra cercanía real con los pobres y a hacer nuestras opciones desde Cristo que reconcilia al mundo haciéndose pobre.

Este documento de la CG 36 representa de algún modo, un fruto destilado de todos estos años posteriores a la CG 32. Es un llamado a la misión de siempre, con grandes deseos, pero tal vez con pretensiones más modestas que las de décadas atrás. Compañeros en una misión de Reconciliación y Justicia es una invitación para intentar juntos la audacia de lo posible.

Fuente

Comentarios