•   Apostolados
  •   Julio 07 de 2016

Red del Apostolado Indígena

Nuestra red no es una red de jesuitas; es mucho más amplia y siempre participan, por derecho propio, nuestros hermanos indígenas. Pero sí podemos afirmar que es una red apostólica de la Compañía, porque nos convoca la participación común en una misión liderada y coordinada desde la Compañía de Jesús. “Seamos todos compañeros y compañeras de Jesús”, nos dijo una hermana Quichua allá en Guamote.

La CPAL (Conferencia de Provinciales de América Latina), es un nuevo modelo de gobierno, coordinación y colaboración que ha implementado la Compañía desde su más profunda vocación de universalidad. La Red de Apostolado Indígena es anterior a la CPAL, nacida desde las bases de inserción y compromiso y las historias de vida de jesuitas consagrados a los pueblos indígenas. Poco a poco la Red y la CPAL han ido dialogando, superando ciertas desconfianzas, comprendiéndose mutuamente y generando lo más importante: colaboración por un mejor servicio y un mayor compromiso hacia nuestros hermanos y hermanas indígenas. La institucionalidad está precisamente para ayudar y canalizar, no para ahogar ni imponer. Esto es fundamental en esta Red. A veces el lenguaje no nos ha ayudado a entendernos pues mientras unos utilizan fundamentalmente el idioma y los sistemas organizacionales del occidente europeo, los otros hemos intentado formularnos desde la comprensión indígena.

La CPAL nos pidió que como Red abordáramos un tema en particular: la sistematización de uno de los objetivos acordados por los Provinciales para toda América Latina que dice relación con la “cercanía y compromiso” de la Compañía de Jesús con poblaciones vulnerables, especialmente con los pueblos originarios. Lógicamente, nadie está mejor situado para darle contenido a esta prioridad que la Red de Apostolado y Solidaridad Indígena. Pero la Red no la llevamos solos. Primero porque es del Dios de lo Alto. Segundo porque ni es sólo de los jesuitas ni solamente de los pueblos indígenas. Y tercero, porque entre los jesuitas, mucho más que los que estamos en inserción, todos estamos llamados al compromiso con nuestros hermanos excluidos según las prioridades apostólicas. Por último, encarnar y canalizar esta prioridad no es sólo tarea de quienes vivimos en inserción, sino también de los centros sociales, universidades y las redes del apostolado social.