Resistir desde la Memoria: reflexiones a partir del Primer Encuentro Regional de Jóvenes Indígenas de México y Centroamérica

Compartimos las reflexiones de Luis Rodrigo Galindo Madroño, S.J., sobre el Primer Encuentro Regional de Jóvenes Indígenas de México y Centroamérica que se desarrolló el pasado mes de agosto, y que tuvo como objetivo generar una agenda regional con el tema “jóvenes líderes desde sus raíces en relación con el mundo”.

Son tiempos críticos, de violencia estructurada, de ruptura social, de pobreza globalizada y feroz explotación medioambiental. El ser humano pareciera reducido al índice de precios de una casa de bolsa y nuestra Casa Común se vuelve un producto desechable a los intereses de las megaempresas, que enarbolan el consumismo extremo como doctrina para la plenitud. Es en estos tiempos que los poderes fácticos de nuestro adolorido México van creando una agenda para el 2018, una agenda que se adecue a los intereses partidistas que ven estos tiempos electorales como una estrategia para el saqueo, una agenda que le apuesta al olvido. En las planeaciones macropolíticas se busca que los pueblos se olviden del despojo perpetuado históricamente y se dejen llevar por nuevos nombres, colores y slogans; que la sociedad civil se olvide de traiciones, robos, crímenes y deudas para dejarse llevar por las mismas promesas, simuladas por los mismos actores, pero montadas en una nueva campaña mercadológica; que cada individuo se olvide de su capacidad organizativa -ya demostrada en más de una ocasión- para dejarse llevar por el proselitismo férreo alimentado de la precariedad y la manipulación.

Sin embargo, en este contexto también se escuchan otras voces. Desde las montañas de Guatemala una mujer rarámuri, un joven mam, una joven garífona, un muchacho tseltal unen sus voces a los pueblos ch’oles, zoques, náhuatl, k’iche’, akateko, q’anjob’al, aguakateko, chalchiteco y miskito. Voces jóvenes con acordes ancestrales que entretejen un grito: “¡Vamos a defender nuestra raíz, vamos a defender nuestro territorio!”, voces que en colectivo construyen otra agenda, una agenda que se sustenta en la memoria.

Primer Encuentro Regional de Jóvenes Indígenas

Del 18 al 23 de agosto del 2017, en la Casa San Bonifacio, La Esperanza, Quetzaltenango, Guatemala se llevó a cabo el Primer Encuentro Regional de Jóvenes Indígenas de México y Centroamérica, convocado un año antes por La Red de Solidaridad con los Pueblos Indígenas del Sector de Apostolado Social de la Conferencia de Provinciales de América Latina de la Compañía de Jesús. Los primeros días del encuentro se desarrolló el tema de “La juventud ante la Espiritualidad y Resistencia de los Pueblos Originarios”, mediante el cual más de cien jóvenes pertenecientes a 14 pueblos indígenas diferentes de México (de las Misiones de Tarahumara- perteneciente al estado de Chihuahua-, Bachajón y Arena- pertenecientes al estado de Chiapas-), Guatemala, Honduras, Salvador y Nicaragua, reflexionaron tanto las amenazas que sufren sus pueblos como los frutos más importantes que estos tienen.

Se denunció así el sistema político y educativo hegemónico, el crimen organizado, la destrucción de las empresas mineras, el mal uso de la tecnología, el saqueo de los bienes naturales, la implementación de las semillas transgénicas y la estigmatización que sufren por ser jóvenes con una cultura distinta a la dominante. Por otro lado, trajeron a la memoria las semillas que les dan vida y fortaleza a sus pueblos: su lengua, el uso del maíz, los juegos tradicionales, la vida y organización comunitaria, la religiosidad y las fiestas, su espiritualidad, su relación con la Tierra, la transmisión de saberes, la conciencia crítica y la emancipación de las mujeres.

Más adelante, con una diversidad de colores, historias y sueños, rescataron distintos relatos fundantes que tienen sus pueblos, así como las enseñanzas y estrategias de resistencia que éstos les han dejado. Del fruto de esta memoria histórica-colectiva se rescató la importancia del trabajo comunitario, el sentido de servicio y la armonía con la naturaleza.

Durante el encuentro se visitó “La Mina Marlín” (operada por Montana Exploradora de Guatemala y subsidiada por la canadiense Goldcorp) que se encuentra entre San Miguel Ixtahuacán y Sipacapa, San Marcos, Guatemala. En esta visita los y las jóvenes pudieron ser testigos de la terrible devastación medioambiental y escuchar por propia voz de algunas mujeres de la parroquia de San Marcos, cómo se fue rompiendo el tejido social de sus comunidades con la llegada de la mina. Todo en nombre del supuesto progreso.

Durante la segunda parte del encuentro los y las jóvenes presentaron y compartieron su trabajo en las obras, misiones, parroquias, centros de formación política, centros culturales, radios y organizaciones en las que sirven, colaboran y coordinan en su región. Finalmente, se determinó realizar una agenda regional entre las distintas obras que se encontraban, teniendo como consigna: “jóvenes líderes desde sus raíces en relación con el mundo”. Para ello se realizaron grupos de trabajo y reflexión con el fin de conjuntar una resistencia unificada y organizada. Al final se acordó trabajar sobre dos ejes temáticos: La formación y crecimiento personal en la propia cultura, y el cuidado de la Madre Tierra y recuperación de los territorios. Estas “semillas” (como fueron nombradas) tienen como objetivo intercambiar experiencias de jóvenes indígenas sobre dichas temáticas, para así fortalecerlas y solidarizarse en una misma lucha.

Durante la última parte del encuentro las distintas obras se reunieron por regiones para poder concretizar acciones que les permitan caminar en conjunto durante dos años, hasta el segundo encuentro. Para ello se nombraron 8 representantes, uno de cada región, y así facilitar el diálogo.

El encuentro en sí se vio enriquecido por una multiplicidad de actividades que presentaron los y las jóvenes; como un tejido multicolor se fueron conjuntando oraciones, trajes, danzas, música, cantos, bailes, comidas, juegos, cuentos y diversas expresiones artísticas que formaron un gran tapiz a lo largo de esos cinco días.

Quedo claro para todos que “somos mensajeros”, que la lucha contra el olvido se concreta en la denuncia de la explotación y discriminación, en saber contagiar a otros el amor y respeto a la Tierra, y en compartir la propia sabiduría ancestral para para alcanzar un “Buen Vivir” común. Así, la agenda construida por estos jóvenes es una manifestación de resistencia, ya que le ha apostado a la memoria, a mantener viva la raíz que les nutre y que a su vez ellos alimentan con su esperanza cotidiana que trabaja en colectivo por una vida mejor.

Los jóvenes de la selva de Chiapas

Desde la Misión de la Santísima Trinidad-La Arena, ubicada en la selva del estado de Chiapas, México, los que tenemos el privilegio de caminar junto con los pueblos tseltal, ch’ol y zoque, podemos ser testigos de cómo nuestros jóvenes van construyendo su propia agenda junto con sus comunidades. A través de las actividades de la Misión los y las jóvenes sirven como lectores de la Palabra en las celebraciones, musiqueros desde los grupos de Mariachis, antorchistas desde los grupos de Antorcha Guadalupana, promotores de salud, colaboradores en los comités en apoyo para los migrantes de paso, catequistas de niños y coordinadores juveniles que apoyan en los cursos y encuentros que tenemos en la Misión.

Sin embargo, estos jóvenes no sólo resisten y luchan desde su servicio directo en la Iglesia Autóctona, sino que también le apuestan al rescate de la memoria, pero no como quienes repiten estáticamente el modo de sus abuelos, sino como quienes lo nutren desde sus dudas, cuestionamientos, creatividades e innovaciones. Este es el reto, ya que son indígenas no desde un concepto ideológico cerrado, sino desde un sentido de pertenencia dinámico que se reconfigura una y otra vez. Su resistencia no ha consistido en mantenerse idénticos que hace 500 años, sino en la reconstrucción creativa y sinérgica que durante más de 500 años han forjado. No son los mayas prehispánicos, son los pueblos tseltales, ch’oles y zoques del siglo XXI, que a través de los siglos han ido discerniendo (con errores y aciertos) qué incorporar en su cultura, qué no deben perder, qué deben de rescatar y de qué deben protegerse. Son actores de su propia historia, pero eso si, una historia que se ha visto embestida por una cultura consumista e individualista, por la pobreza extrema, explotación y abandono en el sector salud, educativo y agropecuario, por la depredación de sus territorios, la necesidad de la migración, el nefasto sistema político partidista, la constante pugna entre los grupos religiosos y el acoso militar.

Quienes caminamos con estos jóvenes también somos mensajeros de esta resistencia y tenemos que tener la mirada atenta a su paso, con ellos (y junto con todas las comunidades) hemos reflexionado sobre la violencia y la paz, sobre la dignidad de la mujer y la misericordia, sobre lo que significa ser joven indígena hoy. Queremos releer con ellos esa memoria, saber pedir perdón y perdonar, rescatar y emancipar, sanar una historia herida, sometida e ideologizada, pero a su vez una historia de lucha, sabiduría y riqueza ancestral. Queremos mantener viva esa memoria para, desde ésta, hacerle frente a un mundo que necesita la palabra de estos jóvenes. Juntos vamos aprendiendo a recuperar la memoria con nuevos ojos que miran al mañana. Juntos llevamos otra agenda que se inscribe a la Agenda Regional, pero que lo hace desde la cotidianidad de la vida, desde un corazón que sabe, desde la raíz, asomarse al universo.

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I° Encuentro Regional de Jóvenes Indígenas

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