Septiembre en Centroamérica

Compartimos el comunicado de Radio Progreso y el ERIC para el mes de septiembre de 2017.

En este mes de septiembre nuestros diminutos países centroamericanos, tan partidos y torpemente divididos, nos unimos en una fecha común de memoria de una independencia y soberanía no solo inciertas e inconclusas, sino que nunca se han hecho realidad.

Somos una pequeña zona en el continente con una historia común, de mucho dolor por nuestras cruentas guerras, y por igual compartimos una de las zonas de mayor riqueza en biodiversidad del continente y del mundo. Pero de igual manera, somos una de las zonas con ingresos más desiguales del planeta. Aquí no es extraño encontrarse con una persona que tiene de ingreso diario diez mil dólares y a la par decenas de miles de personas con un ingreso de un dólar. Y todo bajo el “hermoso” amparo del Estado de Derecho y la democracia.

En su llamado triángulo norte, las multinacionales siguen pujando por garantizar una legislación que privatice todos los bienes naturales y públicos, justamente en la misma zona en donde se criminaliza a la juventud por un pinche tatuaje o por vestirse como le ronca la gana. Su gente –unos 40 millones de personas de acentos varios--, tiene sus propias lenguas, tradiciones y verdades. Pero también es una zona cargada de riesgos, por la vulnerabilidad ambiental, pero también por su vulnerabilidad social e institucional. El Estado de Derecho en lugar de ser garantía de derechos humanos, es factor de disputa entre las redes criminales. En esta zona impera el Estado de los fuertes.

El golpe de Estado ocurrido en Honduras el 2009 recordó de un tajo lo poquísimo que se ha avanzado en Centroamérica en asuntos de democracia e institucionalidad después de un cuarto de siglo de haber finalizado los conflictos armados internos. Los centroamericanos y centroamericanas, con sus limitaciones y fortalezas, soñamos con una región sin fronteras políticas, pero con justicia social. Soñamos con trabajar, estudiar, divertirnos, vivir y morir dignamente en nuestro territorio. Somos gentes que amamos nuestra tierra, pero la queremos en plenitud de soberanía.

Soñamos con una Centroamérica en donde construyamos democracias no solo políticas sino económicas, sociales y culturales, en donde la gente no se vea obligada a emigrar hacia otros países. Nadie en Centroamérica quisiera huir por razones económicas o de seguridad. Toda su gente quiere vivir con dignidad aquí, y con esa misma dignidad salir libremente a recorrer el mundo por el gusto de pasear o conocer otras realidades y culturas.

Soñamos con una Centroamérica sin oligarquías y sin esas feroces alianzas entre élites oligárquicas y transnacionales. Soñamos con una economía que acorte las distancias entre los seres humanos porque la diferencia de ingresos deja de ser abismal.

Soñamos con una Centroamérica Independiente de miseria y esclavitud, de militarismo y de la ley de los fuertes, del patriarcado y de todo tipo de dominación y opresión. Soñamos con una Centroamérica Libre de violencia, corrupción, impunidad y desigualdades. Soñamos con una Centroamérica que construye Soberanía frente a los países ricos del norte y de sus multinacionales, y ejerce soberanía sobre sus bienes naturales y en donde toda su gente es soberana porque decide desde lo que piensa, quiere, añora y construye en armonía con los derechos de los demás y de la madre naturaleza.

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