Un gobierno al servicio de la misión: el papel de las conferencias

Compartimos este texto del jesuita Mark Raper, S.J., publicado en la edición más reciente de Promotio Iustitiae sobre la organización del trabajo de los jesuitas en redes y cuerpos regionales.

En la Compañía de Jesús, el gobierno se renueva constantemente, tanto en las congregaciones generales como mediante la guía del Padre General, con el fin de ofrecer “un mejor servicio y apoyo a la misión de la Compañía, la Missio Dei”. El gobierno jesuita, reafirma la CG 36, es “personal, espiritual y apostólico”; así, su función consiste en guiar, desde el discernimiento y en forma fraternal, al conjunto de la Compañía al cumplimiento de su misión. Hoy se tiene claro que las estructuras de gobierno de la Compañía deben desarrollarse de continuo para responder a los retos actuales. Algunos de los factores que influyen en cómo se estructura la Compañía en la actualidad son: el mundo cada vez más interdependiente en el que vivimos; el importante descenso en el número de miembros que la Compañía ha experimentado en algunos lugares; la perceptible vitalidad que han aportado a la vida apostólica de la Compañía los colaboradores; y el intensificado deseo y la acrecentada efectividad de trabajar en red con otros. La CG 36 respondió a muchas cuestiones surgidas después de la CG 35, revisó el gobierno en todos los niveles y ofreció nuevas orientaciones y tareas para cuantos tienen responsabilidades de gobierno: el General y su consejo, los presidentes y las conferencias, los superiores mayores y todos los cargos intermedios hasta llegar a los superiores locales.

Este artículo reflexiona sobre lo que se ha aprendido en la Conferencia Jesuita de Asia Pacífico en los diez años transcurridos desde la CG 35, clarificado luego en la CG 36. Trata de cómo se ha desarrollado el papel de la conferencia para fomentar la corresponsabilidad entre los superiores mayores en el servicio a la misión universal de la Compañía, así como de los esfuerzos por fomentar el liderazgo entre jesuitas y colaboradores y de la relevancia del trabajo en red en el gobierno habitual de la Compañía.

Gobierno y liderazgo

El gobierno se refiere por regla general a las formas en que una organización discierne sus orientaciones y prioridades en un contexto dado, asegurando su implementación eficaz, fomentando la cohesión interna, cuidando al personal y también los recursos, salvaguardando la integridad de la organización. Incluye asimismo garantizar que se establecen y respetan las estructuras, políticas y sistemas apropiados, de suerte que la Compañía desarrolle su misión de manera eficaz. Si bien el buen gobierno requiere buen liderazgo, sería erróneo confundir el liderazgo con la autoridad. Dentro de la Compañía, el liderazgo en el ministerio no se circunscribe a quienes ocupan posiciones de autoridad, ni siquiera excluivamente a jesuitas.

Tanto la CG 35 como la CG 36 han alentado el liderazgo y la iniciativa florecientes a lo largo y ancho de la Compañía y entre compañeros en la misión.

Las conferencias facilitan la misión universal

Las seis conferencias de superiores mayores, cuyo papel fue puesto de relieve en la CG 35 y desarrollado en la CG 36, han representado un notable desarrollo en las estructuras de gobierno de la Compañía. Reflejan un creciente deseo de responder a la naturaleza global de muchos de nuestros retos apostólicos. Ya el Padre General Hans Peter Kolvenbach, cuando promulgó en 2003 nuevas directrices para los provinciales, había introducido un nuevo énfasis en el carácter nacional y supranacional de la misión y el gobierno de la Compañía. “Resulta evidente –explicó– que en un mundo... crecientemente interdependiente los provinciales no pueden gobernar sus provincias como entidades aisladas, sino que deben hacerlo en unión y solidaridad tanto con el ‘cuerpo entero’ de la Compañía como con el General”.

LA CG 36 pidió a las conferencias que “analicen su modo de proceder” sirviéndose de las directrices expuestas en CG 35, D 5, nn. 17-23 como “base para la autoevaluación”. Los resultados deseados de la autoevaluación incluyen: (i) mayor coherencia entre los estatutos de las seis conferencias, en especial respecto a la toma de decisiones y a la corresponsabilidad; (ii) procesos de discernimiento que incluyen la involucración del presidente de la conferencia en la planificación apostólica y la asignación de personal de las provincias con objeto de facilitar la misión universal; (iii) clarificación de la capacidad de las conferencias de obtener recursos para finalidades apostólicas y formativas; y (iv) formas de interacción entre los presidentes de las conferencias y el Padre General con vistas a favorecer la misión universal.

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La experiencia de la Conferencia Jesuita de Asia Pacífico (JCAP)

En los diez años que han pasado desde la CG 35 se ha producido un importante crecimiento en la comprensión de cómo trabajan y pueden trabajar las conferemcias. En la Conferencia Jesuita de Asia Pacífico (JCAP), compartir experiencias en el plano de la conferencia ha contribuido a que las distintas unidades (provincia, región y misión) haya mejorado su propio gobierno. Las reuniones periódicas de superiores mayores, socios, tesoreros, formadores, delegados de desarrollo y otros responsables locales han propiciado el intercambio de pericia, experiencias e información; el debate y la mejor comprensión de las diversas directrices emanadas de las congregaciones generales y la Curia general; el acompañamiento por pares; el aprendizaje comunitario; el apoyo mutuo y el compañerismo. Las personas que acaban de asumir alguna responsabilidad aprecian especialmente la existencia de estas plataformas. En ellas pueden debatirse además una serie de cuestiones comunes, tales como la protección, la conciencia ecológica o la pedagogía ignaciana, por nombrar solo unas cuantas, lo que ayuda en gran medida a los representantes a abordar mejor los retos que se les plantean en casa y a ponerse unos a otros al día en planificación.

A la inversa, la conferencia ha servido como vehículo para ayudar al gobierno de la Compañía en el plano universal. La conferencia es un locus para el discernimiento fraternal de prioridades apostólicas. Esto significa que hay que reservar tiempo para que los miembros de la conferencia desarrollen una verdadera conciencia de solidaridad compartiendo los frutos de la oración, así como sus alegrías y preocupaciones, en formas personales y confidenciales. Entre los factores principales que han permitido a la conferencia dar fruto se cuentan: dedicar tiempo y recursos a reuniones periódicas; la forma en que estas reuniones se han desarrollado como ocasiones para compartir sabiduría y reflexionar, discernir y decidir; la disponibilidad y la atención de los responsables pertinentes en el plano de la conferencia para preparar bien las reuniones y hacer un buen seguimiento de ellas, ofreciendo apoyo competente a las unidades individuales; tener un grupo central con el que planificar ha sido de ayuda en preparaciones y seguimientos; una cultura de apertura, de compartir y de confianza entre todos.

La conferencia ha servido también como plataforma para tener en cuenta las necesidades de las regiones y territorios de misión más pequeños, para coordinar el apoyo a sus respectivos gobiernos y apoyarlos con recursos económicos, pericia, personal y liderazgo.

El trabajo en red dentro de la conferencia

El trabajo en red en el plano de la conferencia ha catalizado un compartir más intenso de recursos entre unas unidades y otras, así como un mayor compromiso en proyectos de colaboración tanto en el plano bilateral como en el multilateral. Por ejemplo, los nuevos proyectos educativos en Timor Oriental, Tailandia, Camboya y Mianmar se han beneficiado del apoyo de otras unidades de la conferencia. Las redes en el plano de la conferencia ofrecen plataformas en las que pueden compartirse experiencia, recursos, pericia e información. Los beneficios que se desprenden del trabajo habitual en red incluyen la solidaridad y el aliento obtenido del acompañamiento por pares, que contribuyen a reducir al aislamiento o el síndrome de desgaste (burn-out) que algunos miembros experimentan en sus exigentes ministerios. Las redes internacionales posibilitan una visión más universal de la Compañía.

El papel de los coordinadores es esencial: fomentar las redes y diseñar programas bien estructurados y coherentes para las reuniones, así como asegurar la disponibilidad de recursos económicos para los encuentros habituales y otras actividades. La participación de los miembros hace que una red sea fecunda. El apoyo de los superiores mayores resulta decisivo para la participación tanto de jesuitas como de colaboradores laicos. La mejora de la función comunicativa en la conferencia también es, sin duda, un factor que promueve la conciencia internacional y la solidaridad.

Yendo un paso más allá, el Padre Nicolás insistía en que cada conferencia discerniera y adoptara prioridades apostólicas comunes a las provincias y regiones que la componen. A pesar de las dificultades, tener prioridades comunes en la conferencia ha permitido a la JCAP llevar a cabo proyectos que las unidades individuales no habrían podido acometer por sí solas. Por ejemplo, en el campo de la reconciliación con la creación se diseñó y puso en marcha un programa de formación en línea para responsables de sostenibilidad en las escuelas, del que se beneficiaron participantes de diversos países. La red de ministerios relacionados con el apoyo a migrantes está realizando una investigación conjunta y tratando de colaborar con la red de escuelas superiores y universidades jesuitas de Asia Pacífico.

La formación: una prioridad en el plano universal

Hay una conciencia cada vez más clara de que en la Compañía la formación posee una dimensión internacional. En general, el estudio de la teología se ve como responsabilidad de las conferencias, si bien los estudios previos siguen siendo responsabilidad de las provincias. Las decisiones relativas a la formación de los jesuitas individuales competen, por supuesto, a sus respectivos superiores mayores. Entremedias, la conferencia desempeña diversos papeles. Los terciorados internacionales son, a todas luces, importantes obras en común que amplían la formación internacional. La JCAP tiene una casa común de formación, la Residencia Internacional Arrupe, estrechamente vinculada a la facultad de teología de la provincia de las Filipinas, que acoge a estudiantes de diversos países e intenta contar con un profesorado asimismo internacional. El Programa Teológico Asiático, cuyo objetivo es la cooperación entre las facultades de teología de todo el ámbito Asia Pacífico, ha sido un movimiento bien recibido por la conferencia, aun cuando solo lentamente se han involucrado las distintas facultades en esta iniciativa en colaboración.

La conferencia está habilitando un fondo común de recursos para financiar la formación en beneficio de las regiones más jóvenes y con menos recursos. Algunos proyectos coordinados por la conferencia, como el desarrollo del “Perfil de un jesuita formado en Asia Pacífico” o las reuniones periódicas de formadores, han contribuido a abordar preocupaciones comunes. La conferencia ha ayudado en la generación de capacidades y en el desarrollo de un lenguaje y una comprensión comunes, a través, por ejemplo, de talleres y seminarios para formadores, superiores, educadores, delegados de desarrollo, nuevos líderes y escolásticos y hermanos en formación.

Retos para la misión internacional

En la actualidad se reconoce de manera generalizada en la Compañía que los desafíos de determinar la misión internacional y responder a ella desbordan cada vez más la capacidad de las provincias y regiones individuales. Mientras la atención de cada unidad siga focalizada en las obras e instituciones locales, estos retos más amplios, en especial los nuevos y emergentes, tenderán, por supuesto, a ser pasados por alto. En Asia Pacífico, tales retos incluyen el fundamentalismo religioso, el conflicto interreligioso, las preocupaciones medioambientales, los desastres naturales, las migraciones, los desplazamientos forzosos, el creciente militarismo, la desigualdad de ingresos y las injusticias económicas, por nombrar tan solo unas cuantas. Si el gobierno tiene que ver con guiar una organización hacia el cumplimiento de su misión, de ahí se sigue que una misión de naturaleza transnacional requiere vehículos de gobierno asimismo transnacionales.

Clásicamente, la provincia es el repositorio de los recursos de la Compañía para la misión. Así, las decisiones relativas a ministerios, personal, recursos e instituciones se han tomado hasta ahora ante todo en el plano local. La conferencia constituye la plataforma adecuada para detectar –y responder a– inquietudes apostólicas de naturaleza primordialmente regional o internacional. Si la conferencia se muestra poco capaz de ello, estos asuntos escapan al radar de los superiores mayores locales. Además, cuando la conferencia sí que identifica prioridades apostólicas comunes, tales como las migraciones, la reconciliación con la creación o la atención a las necesidades de los adultos jóvenes, es importante asegurarse de que las unidades individuales observarán estas prioridades en sus respectivos ámbitos.

Tanto la CC 35 como la CG 36 intentaron singularizar los cambios necesarios para que la Compañía responda eficazmente a los retos regionales e internacionales. Ambas piden que la planificación y la implementación apostólicas –incluidas las decisiones sobre la distribución de recursos, la asignación y preparación del personal y la creación y mantenimiento de los ministerios e instituciones apostólicos relevantes– sean eficaces en el plano regional. A las conferencias corresponde un papel capital a la hora de garantizar esta eficacia en el plano regional.

La asignación de recursos

El fecundo compartir de recursos dentro de una conferencia requiere en la actualidad que cada provincia o región considere las necesidades de otras unidades antes de destinar recursos a sus propias instituciones y obras. Una provincia no debe invertir independientemente fondos y personal en una escuela más cuando otra unidad necesita con urgencia recursos para la educación básica. Sin embargo, comparar las necesidades existentes en países distintos es un ejercicio de gobierno sumamente difícil. Un elemento principal consiste en realizar la planificación de personal en el plano de la conferencia, determinando las posiciones clave para los roles y obras comunes de la conferencia, incluso para obras locales principales de importancia internacional, y planificar de modo tal que quede asegurada su continuidad.

La CG 36 ha reforzado el papel de las conferencias y, por ende, de sus presidentes en la planificación provincial y regional. La autoridad del presidente puede parecer de orden solo moral, circunscrita a la persuasión moral, pero tiene peso cuando es portadora también de la autoridad compartida de los superiores mayores, quienes asumen conjuntamente su responsabilidad colectiva. La autoridad del presidente no es otro nivel que interfiere con el acceso de un superior mayor al Padre General. Antes bien, su papel consiste en facilitar el compromiso de los superiores mayores en la misión universal, al tiempo que ayudan al Padre General a contactar con toda la Compañía e involucrarla en el discernimiento y la animación de la misión común. Los pasos que está dando el Consejero General para el Discernimiento y la Planificación Apostólica, con el ofrecimiento de procesos o plantillas recomendados para el discernimiento apostólico en común, representan una gran ayuda con vistas a hacer de la planificación una actividad compartida en el plano de las conferencias y de la Compañía como cuerpo universal.

Este artículo ha sintetizado los puntos que recurrentemente se plantean en debates sobre el papel de las conferencias en el gobierno de la Compañía. Así y todo, conviene tener presente que, más allá de las estructuras y sistemas, a menudo son la cultura y el espíritu subyacentes a una organización los que capacitan a los miembros de esta a trabajar juntos y a descubrir planes fecundos y creativos. A esta luz, la amistad y la comunión experimentadas cuando jesuitas y colaboradores nos reunimos para discernir e implementar la misión común proporcionará mucho combustible para la creatividad, la paciencia y la apertura.

Fuente

  • Promotio Iustitiae No. 125 - Enero de 2018.
  • Misión Superior de Myanmar, Yangoon.
  • Original en inglés. Traducción al español de José Lozano.
  • Fotografías: Flickr - Cpal Social. Licencia Creative Commons

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