Un jesuita alerta sobre la situación en el Congo: "Da la impresión de que la democracia está congelada"

"Nunca había visto algo igual", asegura tras las últimas protestas en las que hubo seis muertos

El sacerdote jesuita de República Democrática del Congo, Rigobert Minani, ha advertido de la situación de "caos" y "violencia" que se vive en el país donde la población ha salido a la calle para pedir al presidente Joseph Kabila, que lleva 17 años en el poder, que respete los Acuerdos de San Silvestre de 31 de diciembre de 2016 y que no vuelva a presentarse candidato a las próximas elecciones. Durante la última protesta, hubo al menos seis muertos y más de un centenar de heridos.

Estos acuerdos, alcanzados con la mediación de los obispos congoleses, pretendían superar la parálisis política después de que no se celebrasen las elecciones al concluir el segundo y último mandato del presidente Kabila, en diciembre de 2016. Los acuerdos preveían la creación de un gobierno de transición encargado de preparar las elecciones presidenciales antes de 2017 mientras Kabila continuaba en la presidencia de forma interina.

Si bien, el ejecutivo de transición, nacido en mayo de 2017, no incluyó a una parte importante de la oposición. Además, el 5 de noviembre, la Comisión Nacional Electoral Independiente (CENI) anunció que las elecciones tendrían lugar el 23 de diciembre de 2018, lo que supone que Kabila permanezca un año más en el poder.

"La situación es muy caótica; la Iglesia ha estado en la primera línea para tratar de abogar por la democracia", ha subrayado el jesuita, que también ha destacado el hecho de que muchos cristianos hayan salido a las calles para pedir el cumplimiento de los acuerdos. No obstante, ha alertado de que están sufriendo una "represión muy dura".

El pasado 31 de diciembre, según explica, tuvo lugar una primera protesta en Kinshasa, justo un año después de la firma de los Acuerdos de San Silvestre. "Nunca había visto algo igual", recuerda Minani. La segunda tuvo lugar el pasado domingo 21 de enero, esta vez, no solo en la capital sino en casi todas las ciudades del país.

En esta última protesta, según precisa el jesuita, en la que participaron católicos que acababan de salir de misa, se han contabilizado al menos seis muertos -aunque los organizadores aumentan la cifra a doce-, más de 150 heridos y más de 500 personas arrestadas, unos datos que demuestran, a su juicio, la represión "realmente grande" que hubo frente a una manifestación que era "pacífica".

En cualquier caso, Minani asegura que los organizadores de las anteriores protestas están planeando nuevas manifestaciones porque, según indica el jesuita congoleño, recordando una entrevista a uno de los manifestantes, parar ahora sería igual a no reconocer el valor de aquellos que han muerto por esta causa.

Además de exigir que Kabila no vuelva a presentarse candidato en las próximas elecciones de diciembre de 2018, el pueblo congoleño reclama la liberación de algunos prisioneros políticos y que se permita el regreso al país de algunos líderes "amenazados con ser arrestados si vuelven", como Moïse Katumbi, al que ven como probable sucesor de Kabila.

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Protesta en la República Democrática del Congo

A día de hoy, sin embargo, el principal problema de la población es que no está segura de si habrá elecciones. "Tenemos la impresión de que la democracia está congelada", apunta. A esto se suma un panorama de "violencia por todos lados, falta de comida y un brote de cólera en Kinsasa por primera vez en más de diez años". "La situación es muy mala", lamenta Minani.

El pasado domingo, el Papa Francisco hizo un llamamiento desde Perú para acabar con la violencia desatada en la República Democrática del Congo, un apoyo que la Iglesia del Congo considera "muy importante". También agradecen el apoyo que está llegando a los obispos congoleses desde muchas iglesias católicas de todo el mundo.

Ante esta situación, Minani ha viajado a España para reunirse con algunos colaboradores jesuitas con el fin de explicarles "lo que está pasando realmente" en el país del centro de África, para que ellos también puedan ayudar a defender los derechos de los congoleses ante sus gobiernos y a nivel de la Unión Europea y así puedan salir de la difícil situación que están viviendo.

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