Un año más, ¡empecemos por la hospitalidad!

Cada nuevo año empieza con una lista de buenos propósitos: dejar algunos hábitos, asumir otros, poner en práctica una intención o un deseo muchas veces postergado, dar un paso más en un proyecto que hemos empezado, pero al cual no nos hemos dedicado lo suficiente. Sin embargo, a pesar del “aire de novedad” o del “deseo de ruptura” con el cual celebramos el nuevo año, en realidad nuestra vida, personal y comunitaria, es una línea continua que construimos constantemente y donde los retos no abordados o los problemas no solucionados no desaparecen por sí solos, sino que siguen replanteándose y requiriendo nuestra atención.

En ese sentido, entre el final y el inicio del año hay un hilo conductor constituido por el doble llamado a solidarizarse con las personas migrantes y refugiadas, responsabilidad a la cual nos convocan, respectivamente, el Día International del Migrante (18 de diciembre) y la Jornada Mundial de la Persona Emigrante y Refugiada de la Iglesia católica (17 de enero).

Se estima que actualmente en el mundo hay 232 millones de personas migrantes y 60 millones de personas en movilidad forzada (refugiadas o desplazadas internamente al proprio país). Son personas que huyen de la amenaza de los conflictos, de las guerras, de los desastres naturales, de políticas de extracción de recursos naturales que hacen invivible el entorno y de situaciones igualmente amenazantes como la pobreza, la falta de oportunidad y la inseguridad, en Estados donde la corrupción y la impunidad dejan a las y los ciudadanos en condiciones de abandono, violando sus derechos fundamentales. No abordar estos problemas a nivel local, nacional y global es nuestra cuenta social pendiente, no sólo del 2015, sino desde hace varias décadas. No debería sorprendernos entonces que el número de personas forzadas a dejar su país siga aumentando: se trata de flujos estructurales originados por la injusticia sistémica de nuestro mundo globalizado.

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La hospitalidad rompe muros.

Sin embargo, “la respuesta de los Estados sigue siendo inadecuada, cuando no son éstos responsables del agravio de la vulnerabilidad de las personas migrantes o desplazadas forzosamente. Se invierte más en obstaculizar el camino de las personas migrantes, que en atender sus circunstancias, identificar los casos que merecen protección especial y favorecer la integración social”. Esto afirmaba la Campaña por la Hospitalidad el 18 de diciembre, en su declaración para el Día Internacional del Migrante www.campañaporlahospitalidad.com/recursos.

Estamos frente a un círculo vicioso. No reconocer el derecho a poder vivir en el propio país en condiciones dignas y de seguridad, invirtiendo en desarrollo sostenible, fomentando la equidad y la paz, deja a muchas personas sin otra alternativa que irse. Al mismo tiempo, no reconocer el derecho a la libre movilidad de todas las personas motiva el cierre de las fronteras y de los canales legales de ingreso a otros países, convirtiendo arbitrariamente a las personas migrantes en “irregulares” o “ilegales”. Atrapadas en este cerco de marginación, las personas migrantes ven violados sus derechos fundamentales por la tendencia restrictiva de la mayoría de las políticas migratorias en nuestra región. Negarles el acceso a la educación y a la asistencia sanitaria porque son “irregulares”, detenerles sin suficientes garantías legales son sólo algunos ejemplos de esas violaciones.

Peor aún, no hay país, en cualquier latitud, en el cual no se utilice el tema migratorio para distraer a la opinión pública local de otros temas y cuestiones políticas. Se deshumanizan a las personas migrantes, se les presenta como un colectivo amenazante, una invasión o un flujo incontrolable, y así se construye un enemigo externo muy cómodo para desviar la atención colectiva de problemas sociales, legales y económicos internos. Es el viejo y dañino mecanismos del “chivo expiatorio”.

“Es indispensable que la opinión pública sea informada de forma correcta, incluso para prevenir miedos injustificados y especulaciones a costa de los migrantes” afirma Papa Francisco en el mensaje «Emigrantes y refugiados nos interpelan. La respuesta del Evangelio de la misericordia» para la jornada del 17 de enero vínculo. “Es importante mirar a los emigrantes no solamente en función de su condición de regularidad o de irregularidad, sino sobre todo como personas que, tuteladas en su dignidad, pueden contribuir al bienestar y al progreso de todos”.

A esto se ha dedicado la Campaña por la Hospitalidad en los últimos dos años. Las nueve redes y las más de 80 instituciones que participan en ella en 14 países de Latinoamérica y el Caribe han ido compartiendo información, creatividad, recursos humanos y económicos para fomentar una cultura del encuentro y del respeto de los DDHH de toda persona, valorizando las diversidades culturales. A tal fin, hemos producido numerosos recursos (textos, audios, videos) para actividades educativas, pastorales, de sensibilización y de incidencia. Están a disposición en la sección Recursos del blog de la campaña y les invitamos a descargarlos y utilizarlos www.campañaporlahospitalidad.com/recursos

También bajo el paraguas de la campaña se han realizado acciones en las redes sociales y muchas actividades locales: marchas, cicleteadas y ferias de la hospitalidad, seminarios universitarios, encuentros con las familias de las personas migrantes y/o con personas extranjeras que ahora son nuestros nuevos vecinos. En toda ocasión se ha experimentado que la hospitalidad requiere apertura, estar “dispuesto no sólo a dar, sino también a recibir de los otros. La hospitalidad, de hecho, vive del dar y del recibir” (mensaje del Papa Francisco del 17 de enero).

Al comienzo del nuevo año celebramos la continuidad y todo lo que se ha conseguido a través de la campaña. Reconocemos también que podríamos obtener más si lográramos mayor coordinación interna e implicación constante de arriba-abajo y de abajo-arriba de todas las organizaciones participantes. Empezamos entonces con el deseo de fortalecer nuestro trabajo en red y renovar nuestra acción, pero con la convicción de que la hospitalidad va a ser, un año más, la respuesta más adecuada a los desafíos de la realidad actual.

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