Una experiencia de seguridad comunitaria: Rondas Campesinas Ocongate-CCarhuayo

En la provincia de Quispicanchi, suroccidente del Perú, las Rondas Campesinas nacieron en el mes de agosto de 1992 como respuesta a la insostenible situación de abigeato (robo de ganado) que se vivía en las comunidades campesinas de Ccarhuayo y Ocongate. Muy pronto llegaron a ser la Organización más representativa de los campesinos de la zona. Aquí algunos puntos positivos y otros negativos de esta experiencia, relatados por personas que han participado de ellas. Contribución para cpalsocial.

Si la práctica del abigeato venía dándose tiempo atrás amparándose en la oscuridad de la noche, a partir de los dos últimos años de la década de los ochenta se intensificó de manera alarmante. Y, lo que es peor, se introdujo la modalidad de asaltos a plena luz del día por grupos de hasta doce o trece personas, a pie y a caballo, con frecuencia armados. Esta modalidad fue propiciada por la situación de violencia que se vivía en el Perú durante aquellos años. No era extraño que los mismos asaltantes se hicieran pasar por “terrucos” (terroristas), palabra desgraciadamente familiar para nosotros. En ocasiones no se conformaban con robar ganado y cuanto encontraban en las casas sino que, además, maltrataban a las familias abusando, incluso, de las mujeres.

Todo ello generó en los pobladores, particularmente de las comunidades campesinas en las que las familias viven dispersas y aisladas, una fuerte sensación de inseguridad y miedo. Poco a poco la situación se fue haciendo insostenible. Sin embargo, las autoridades policiales y judiciales de los distritos nada o casi nada hacían; la verdad es que poco podían hacer. Por parte de las autoridades políticas y civiles tampoco había ninguna respuesta. Era una demostración palpable de la incapacidad del sistema para poner control y orden en una sociedad rural como la nuestra. De hecho se hacía sentir un grande vacío institucional por parte del Estado.

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En una situación así, ¿qué se podía hacer? No quedaba otra cosa que fuese la misma población campesina la que se organizase. La forma que eligieron fue la de las “Rondas Campesinas”. Estas, que comenzaron en el año 1976 en Chota, pronto tomaron fuerza en Cajamarca y se extendieron a lo largo y ancho del Perú en muchos departamentos. No sin haber pasado antes por muchas dificultades, por fin fueron reconocidas como organizaciones pacíficas, democráticas y autónomas por el Congreso de la República, quien aprobó la ley n° 24571 conocida como “Ley de Rondas Campesinas”. Fue firmada y promulgada por el Presidente Constitucional de la República, en aquel entonces Alan García Pérez, el día 6 de Noviembre de 1986.

En Ocongate, ya en el año 1985, se había creado el CODEH-OCONGATE (Comité de Derechos Humanos de Ocongate) a propuesta de la Parroquia. A partir del mismo y con el apoyo inestimable de bastantes catequistas de comunidades, durante los casi tres años que tuvo vigencia y los años subsiguientes, se fueron organizando numerosos cursos de capacitación en Derechos Humanos y legislación, con el apoyo de instituciones que trabajan estos temas. Pero no sólo se realizaron dichos cursos en Ocongate. Un buen número de campesinos de la zona, catequistas sobre todo, asistían a cursos de capacitación legal y sobre Derechos Humanos en el Cusco, en Puno, en Sicuani y también en Lima. Creemos importante señalar esto para darnos cuenta de que, previamente al nacimiento de la Rondas, se dio un proceso largo que facilitó una toma de conciencia de la situación que desembocó en su creación y fortalecimiento. No fueron las Rondas un producto de la casualidad o de generación espontánea.

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También en Ocongate, al igual que en otros muchos lugares del Perú, las Rondas tuvieron que pasar por dificultades. Al inicio hubo una fuerte reacción en su contra por parte de las autoridades y algunos sectores de la población de la capital del distrito. Durante bastante tiempo era frecuente escuchar la queja, que se hizo denuncia contra las Rondas, de usurpación de funciones. También se intentó identificar a las Rondas con el terrorismo. Durante casi un año y medio nueve dirigentes de las Rondas, junto con el Párroco de Ocongate, estuvieron enjuiciados. Hubo presiones por parte de algunas autoridades civiles, policiales y del Ejército. Hubo amenazas a dirigentes concretos de parte de autoridades y, también, de parte de los mismos abigeos y hasta de personas particulares, generando de nuevo inseguridad y miedo. Muy pronto, también se organizaron en Rondas los campesinos de las comunidades de los distritos vecinos, Ccatcca, Marcapata y Urcos.

A pesar de todos estos obstáculos y de las equivocaciones que pudieron haber cometido y cometerían en el camino, las Rondas Campesinas de Ocongate-Ccarhuayo siguieron adelante en su propósito.

El balance que podemos hacer de ellas en la distancia es positivo. Gracias a ellas hasta hoy prácticamente desapareció el abigeato. También, aunque muy poco a poco, fue en aumento el respeto de los Derechos Humanos. Dentro de la práctica de las mismas Rondas, las fuertes sanciones que se imponían al comienzo fueron haciéndose más respetuosas de la integridad física y moral de las personas. Con las sanciones se buscaba -y se sigue buscando aún- reintegrar en la Comunidad a los que delinquían para que puedan vivir honestamente en ella. Las Rondas Campesinas han sido y son todavía, además, la organización más representativa de los campesinos de la zona. A los pocos años de su nacimiento eran ya aceptadas, en el ambiente social de Ocongate y Ccarhuayo, como una organización que tenía su peso propio y su palabra que decir y un referente obligado del que no se puede prescindir.

A lo largo de los años y por iniciativa de la Rondas Campesinas, ha habido acontecimientos de relieve en estos pequeños distritos como, por ejemplo, la destitución de un Gobernador; la petición de sanción y remoción de algunos efectivos policiales, para lo que hicieron un escrito que firmaron la totalidad de las autoridades del distrito; una propuesta novedosa para la elección y nombramiento de los Jueces de Paz; etc.

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El artículo 149 de la Constitución Política del Perú reconoce a las autoridades de las Comunidades Campesinas y Nativas, con el apoyo de las Rondas Campesinas, el ejercicio de “las funciones jurisdiccionales dentro de su ámbito territorial de conformidad con el derecho consuetudinario, es decir, de acuerdo a sus costumbres, siempre que no violen los derechos fundamentales de la persona”. Es importante notar esto, porque hay ahí un reconocimiento y respeto implícitos de la pluralidad jurídica de acuerdo a la identidad cultural y costumbres de los distintos grupos, ya sean de la selva o sierra. Hay un reconocimiento ineludible a la pluralidad y diferencia cultural. También un reconocimiento del derecho irrenunciable a la participación en las decisiones del Estado en lo que les concierne directamente.

En el mismo artículo de la Constitución se alude a “las formas de coordinación de dicha jurisdicción especial con los Juzgados de Paz y con las demás instancias del Poder Judicial”. Creemos no equivocarnos al afirmar que las Rondas Campesinas de Ocongate-Ccarhuayo han estado y están abiertas a colaborar con las autoridades judiciales y policiales, supuesto que éstas actúen con verdad y justicia, cosa que no siempre ocurre.

Por lo dicho hasta aquí, pareciera que todo lo relativo a las Rondas de Ocongate-Ccarhuayo ha sido positivo y bueno. Faltaríamos a la verdad si así lo afirmáramos. Como en todas las instituciones, ha habido y sigue habiendo deficiencias. Enumeramos algunas:

  • Por miedo, aunque infundado, en el año 1995 las Rondas se acogieron al régimen de Comités de Autodefensa bajo la férula del Ejército, hipotecando, así, su libertad. En 1998 recuperaron su independencia volviendo al régimen de Rondas.
  • Por razones prácticas -las distancias son grandes-, pero también por intereses subalternos de algunas autoridades políticas y civiles, a partir del año 2001 la Organización Única de las Rondas se fue fraccionando perdiendo su fuerza original. En la actualidad son cinco organizaciones. Si en los dos primeros años era normal que, en las asambleas, se reunieran entre tres y cuatro mil campesinos, cosa que atemorizaba a algunos, en la actualidad lo normal es que se reúnan entre trescientos y ochocientos. Ocasionalmente más.
  • Como consecuencia de lo anterior, en parte por temor o por dejarse manejar, la organización de las Rondas tiene en su contra un grave pecado de omisión: Prácticamente no se ha pronunciado ni se pronuncia y calla ante situaciones delicadas y de suma importancia para el bien común de la población. Por ejemplo, no abordan el tema de la Educación que, por desgracia, es de muy baja calidad. Tampoco el tema de la atención de salud, igualmente deficiente. Ante asesinatos e injusticias flagrantes muy rara vez se han solidarizado con los que sufren el atropello y la injusticia, dejándoles solos y desamparados. De esta manera casi nunca se llega a la verdad de las cosas.

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Frente a estas graves deficiencias reiteramos, con todo, que las Rondas Campesinas de Ocongate-Ccarhuayo siguen siendo un referente importante para estos distritos. Queremos reiterar, también, que, lo mismo que para la formación del CODEH-OCONGATE tuvieron un papel muy importante los catequistas de la Parroquia, igualmente para la organización de las Rondas su participación ha sido imprescindible. Seis han sido los catequistas que han ejercido la presidencia de las mismas por períodos de dos años cada uno.

Queremos acabar diciendo con César Vallejo: “Hermanos, queda mucho por hacer”. Merecería la pena que todos nos pusiéramos la mano en el pecho y abriéramos nuestros corazones a la Verdad. No estamos libres de equivocarnos. Siempre es tiempo, sin embargo, para cambiar nuestro modo de actuar. Estamos convencidos de que, con el esfuerzo y voluntad de todos, podemos construir en nuestros distritos una convivencia más justa y más humana. Podemos llegar a respetarnos en nuestra dignidad de personas sin creernos unos superiores a otros. Podemos vivir como hijos de Dios y decir con verdad que lo somos.

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