Una iglesia en camino: “La cruz de los jóvenes”

El 21, 22 y 23 de marzo del 2016, jóvenes de quince comunidades Zoques, Tseltales y Ch’oles que pertenecen a la Misión Santísima Trinidad, en La Arena, Chiapas, se reunieron en la comunidad de San José Patwuitz, Municipio de Chilón, Chiapas. Allí se celebró la Pascua juvenil a la que asistieron 168 jóvenes, más 7 invitados de otros estados de la república y 6 del equipo pastoral. Por varios motivos la promovimos: primero, para suscitar un espacio donde los jóvenes pudieran compartir sus vivencias personales del amor de Dios a través de los dolores, tristezas o alegrías vividos. También para favorecer un espacio libre para los jóvenes y pudieran vivir la pascua en éste Año de la Misericordia del Señor; y, por último, aprovechar que los jóvenes pudieran aprender a preparar y así apoyar a los servidores de su comunidad en organizar el vía crucis del viernes santo.

Desde la Selva Chiapaneca del Sureste mexicano, frontera con la hermana república de Guatemala:

La comunidad San José, como la mayoría de las comunidades de la región, fue fundada en los años sesentas del siglo XX. Tiene una población juvenil numerosa. Cuenta con servicios básicos necesarios como: agua entubada, la carretera pavimentada que pasa en medio del pueblo y comunica las comunidades de la cañada de Santo Domingo, hay variedad de tiendas e iglesias de varias denominaciones. También cuenta con varios servicios para la juventud: un auditorio de usos múltiples, escuela primaria, secundaria y escuela media superior “Cobach”, internet vía “WiFi?” en diferentes espacios públicos y “ciber” (sala de computo), Todas esas accesibilidades de la comunidad hicieron posible que se realizara la pascua juvenil en ella.

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Por lo menos, en los últimos diez años, las comunidades que se fundaron en esta parte de la selva de Chiapas, han estado sufriendo corrimientos y cambios en su cultura; lengua, vestimenta, fiestas, modos de organizarse, credos religiosos, su “TSUMBAL” (en Tseltal significa el modo de su raíz)

En las comunidades católicas hemos estado sufriendo por las consecuencias de tal corrimiento. Se ha vuelto difícil la participación activa de la población juvenil. Los servidores adultos de las comunidades se ven superados, no encuentran formas de cómo aproximarse a la juventud. Fueron formados por los jesuitas para catequizar a la población que recién entraba a la selva que enfrentaba una realidad diferente al de los jóvenes actuales. Respondieron a la necesidad de gestionaron la legalización de la tierras de y otros asuntos agrarios; necesidad de abasto de mercancías; de la salud; de educación. Además de la palabra de Dios, llevaban la información de lo que sucedía en el país. Eran fuentes y medios de comunicación para otros de la comunidad.

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En los últimos diez años el equipo pastoral integrada por Jesuitas y laicos, hemos venido haciendo diagnóstico a las comunidades que atendemos en la misión y, una de las ramas del diagnóstico, está orientada a la población joven. Pretendemos escuchar de ellos mismos el porqué de su distancia a las celebraciones dominicales y su negativa a aceptar cargos de servicio en la comunidad. Queremos acercarnos más y explorar espacios en que ellos se expresen y, también, puedan recibir orientación. En ellos, los jóvenes, esperamos encontrar a los servidores que suplan a los actuales (ministros extra ordinarios, catequistas, animadores…), ya cansados y de edad avanzada.

Hemos decidido crear espacios donde los jóvenes puedan compartir sus experiencias de vida; sus dolencias y su fe. El retiro de pascua fue un puente para crear ese espacio que decimos. Pudimos apreciar en esta pascua que los jóvenes, hombres y mujeres, pudieron reflexionar su dolor, cargar con su cruz así como lo hizo Jesús y pensar cuanto han sido juzgados por otros.

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El desarrollo del retiro tuvo cuatro momentos fuertes:

  • Somos hijos e hijas amados por Dios. Los jóvenes, al compartir sus vivencias en plenaria, compartieron que han sentido a Dios Padre cuando son escuchados por sus padres, cuando los adultos los respetan, cuando tienen espacios propios, cuando comen con la familia, cuando pasan las materias en la escuela, cuando comparten con sus amigos momentos felices, cuando gana su equipo de futbol. Hubo quienes, con lágrimas, comentaron en este primer momento que siente la ausencia de Dios en sus vidas, porque no se sienten queridos por sus padres. Esta experiencia de sentir a Jesús vivo y cercano a los jóvenes nos invita a solidarizarnos con la fe de la juventud, compartir con ellos en su espacio cantando, bailando, gritando con libertad, jugando y sabiendo escucharlos; caminar hasta cuanto podamos con ellos así como los caminantes de Emaús que, Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se les acercó y se puso a caminar con ellos. Lucas: 24,15.
  • El pecado de los jóvenes; “la cruz que cargamos”. Los jóvenes manifestaron que en sus familias se sienten poco escuchados, cuando los papás se pelean ellos sufren; cargan abusos sexuales y verbales que quedaron grabados en el corazón, pleitos entre hermanos, adicciones a las drogas y el alcohol. Todos los problemas que mencionaron aseguran la pena de muerte en una Cruz. Y me pregunto ¿Cómo consolamos a esta generación de jóvenes en el camino de la cruz? ¿Quién será el Jesús que los salve?
  • La resurrección de Jesús: alegra la tristeza de sus amigos y amigas. Después de la muerte, la desgracia, la ira y la frustración, experimentamos el profundo amor que sienten los jóvenes a través de sus caras sonrientes llenas de paz, en la “resurrección”. Aquéllos que buscábamos entre los muertos han resucitado. “estaban tan asustadas que no se atrevían a levantar los ojos del suelo. Pero ellos les dijeron ¿Por qué buscan entre los muertos al que vive?. Lucas: 24, 5. Aun con temor compartieron algunos jóvenes que sienten la resurrección en el amor, la amistad, en la iglesia que los recibe y acoge, en la comunidad unida, en la pascua juvenil al representar a Jesús, en el perdón; la armonía, la solidaridad, en la esperanza, la fe, en la confianza y servicio; en la paz, en la obediencia y la libertad.
  • Los compromisos. Como parte de las acciones que tienen que hacer los jóvenes para sentir a Dios Jesús vivo todos los días se comprometieron, principalmente, en lo siguiente: no consumir alcohol, participar en su comunidad animando a los jóvenes, sentir la necesidad de confiar en los demás, a tener una mejor relación con sus padres para estar feliz en casa, no criticar, asistir en las celebraciones dominicales de la palabra y organizar el Vía Crucis del Viernes Santo.

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Trabajar con jóvenes de mi propia cultura Tseltal ha sido muy bonito, no niego que a veces es frustrante. Con ellos he vivido momentos difíciles que después me han servido para asegurar los lasos de amistad y cariño en mí corazón. Frecuentemente hay que estar buscando estrategias nuevas para estar cerca de ellos. La Pascua la he disfrutado, precisamente, porque ha sido a través de los testimonios de los jóvenes donde he podido ver su dolor, sus alegrías, y donde encontré a Dios con un rostro joven. Abrir espacios como estos sirven para fortalecer la fe y la espiritualidad de los jóvenes indígenas. Sabiendo que el mundo está cambiando. Me pregunto, también, ¿Cómo consolar a esta generación de jóvenes en el camino de la cruz de quien tiene que migrar y abandonar su comunidad? ¿Qué tengo que hacer para darles un mundo mejor? ¿Qué iglesia es la que deseo dejarles? ¿Cuánto más resistirá la cultura Tseltal, Ch’ol y Zoque los cambios que trae la modernidad?

Las respuestas no las encuentro. Solo le pido a Dios que me siga dando un corazón frágil para entender a los jóvenes.

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