Wetripantu, tiempo de renovación y esperanza

Los pueblos indígenas chilenos celebran el nuevo año, y los jesuitas de la comunidad de Tirua, Chile, nos relatan como los días finales del invierno y los cambios que se avecinan representan la esperanza en un futuro mejor.

Durante junio hemos estado viviendo la renovación de esta solidaridad universal. Wetripantu que es el año nuevo de nuestros pueblos indígenas es la celebración que podría resumir esta invitación a confiar. El sol ya no puede irse más lejos. La noche ya no puede ser más larga. Desde ahora en adelante el día irá venciendo a la noche. Toda la tierra vuelve a cargarse de su fuerza vital para dar luego los frutos con que el ser humano vivirá. Los brotes comenzarán a parecer cargados de vida. Uno confía en que si la tierra se renueva nosotros que somos parte de ella también.

El frío justo antes del amanecer se siente más fuerte. Estamos personas de varias comunidades del territorio de Arauco. Juntos nos arrodillamos en la tierra húmeda frente al rewe1 como queriendo unirnos unos con otros a través de nuestra Madre Tierra. Ella nos acoge en la oración que hacemos al rallar el alba. Suena el kultrun (tambor ceremonial) y comienza a salir de nuestros labios una plegaria hacia WenuChaw? (Padre del Cielo). Nos guían nuestros kimche, hombre y mujeres con la sabiduría mapuche corriendo por las venas. El ruego comienza a salir de nuestros labios. Es un murmullo que brota del corazón, latiendo al ritmo del kultrun. Rogamos dando gracias porque aún tenemos vida en nosotros y en la tierra, pero con la misma fuerza pedimos newen (fuerza). Fortaleza de lo Alto para nuestra madre tierra tan violentada por el modelo winka (extranjero). Fortaleza para las comunidades tan resquebrajadas por la pobreza, por la discriminación, por la enfermedad neoliberal. Lo hacemos este ruego cada uno con una hoja de canelo en la mano que a cada oración se llena de muday (bebida tradicional) o de murke (harina tostada). Esa hoja ha sido en otros tiempos signo de la paz. Queremos paz en el territorio, rogamos cada uno. Una paz cargada de justicia. El sol ya comienza a salir y sentimos su calor tímido. Es la esperanza que comienza a brotar. Nos alegramos. Terminamos la oración y comenzamos a hacer el purrun o baile tradicional en torno al rewe. Nos alegramos de estar juntos. Estamos convencidos de que juntos somos más fuertes. Nos sumamos al ritmo del kultrun que nos hace bailar al ritmo de la vida que se abre paso en medio nuestro y que nos invita a confiar en que Wenu Chaw está al centro uniendo nuestros pasos.

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Fotografía: Flickr - Shorizo izo (Hugo Solar). Licencia Creative Commons.

Y en silencio los árboles, las plantas y cada ser que habita la tierra van cargando su fuerza en esos diminutos brotes. Brotes que en sí mismo contienen todo lo que será en primavera. En sí mismo está toda la vida por emerger. Y nos alegramos que cada brote vaya creciendo, hinchándose de vida como una promesa que año tras año el Buen Padre del Cielo nos hace para renovar la esperanza.

En medio del frío y los días cortos de este tiempo y simbólicamente de la vida y la realidad, aquí en Tirúa hemos visto esos pequeños brotes llenos de esperanza:

En los jóvenes que con alegría siguen estudiando y esforzándose por alimentar su entendimiento tanto en los liceos como sobre todo en las comunidades al participar de sus tradiciones y lengua. Muchos de ellos son apoyados por Fundación Lican con las Becas Lican. Un aporte sencillo para que puedan viajar a sus liceos. Hoy ya son 57 becados.

En los encuentros intergeneracionales entre adultos mayores y niños que se han tenido en coordinación entre el Hogar de Cristo y la Fundación Lican. En ellos hemos sido testigos de la transmisión de una sabiduría que solo la experiencia puede dar. Han sido cinco encuentros en diferentes territorios.

En las mujeres de la Relmu Witral, que con una nueva directiva vuelve a soñar con sus socias un buen vivir, una vida que se gana por el esfuerzo de sus manos, una cultura que se transmite a las generaciones que vienen, un amor al telar que a pesar de todas las razones en contra, las sigue uniendo.

En los huertos familiares de muchas familias que han apostado por rescatar saberes tradicionales para poder producir sus alimentos de modo sustentable y orgánico. Familias que apuestan de diferentes modos por fortalecer el Buen Vivir tan debilitado por un modelo de vida consumista y dependiente. La Fundación Lican apoya a 10 familias en esta línea a través de un proyecto agrícola que se llama Kume Veleal financiado por el Ministerio de Desarrollo Social.

En la solidaridad y sentido comunitario ante el dolor y la perdida en estos días de dos personas del sector: Eusebio Yevilao Llempi hijo de nuestros amigos Humberto y Florita; y nuestra vecina la Kushe Papay Carmela Llaupi Lincopi.

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Fotografía: Flickr - Shorizo izo (Hugo Solar). Licencia Creative Commons.

Notas

1 Altar principal en la rogativa mapuche que consiste en dos grandes ramas de canelo recién cortados y unidos entre sí que se elevan al cielo.

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