Boaventura de Sousa Santos: Quince cuestiones para una nueva izquierda

El doctor en sociología, Boaventura de Sousa Santos, responde cómo la izquierda podría contraponerse a la ofensiva de la derecha en el caso de America Latina.

Boaventura es profesor de la Universidad de Coimbra, en Portugal y de la Universidad de Wisconsin-Madison, en Estados Unidos. Dirige el proyecto de investigación ALICE espejos extraños, lecciones imprevistas. Es un entusiasta y activo participante del Foro Social Mundial a lo largo de estos años, habiendo trabajado y dialogado con movimientos políticos sociales de todo el mundo, especialmente de América Latina y de otros países del sur global.

En una entrevista con el profesor portugués Boaventura de Sousa Santos, para la producción del reportaje sobre el avance de la derecha en América Latina, publicada en la edición 231 de Caros Amigos, pregunté cómo la izquierda podría contraponerse a la ofensiva de la derecha, especialmente en América Latina. “Respondo en forma de tesis para discusión”, indicó. A continuación, las 15 cuestiones planteadas por el profesor para reflexionar.

Pluralidad en la unión

Ciertamente, la izquierda seguirá siendo una pluralidad de izquierdas, pero la pluralidad tiene que saber trascender la fragmentación y articularse en el respeto a la diferencia, maximizando convergencias y minimizando divergencias. El fortalecimiento del fascismo social con fachada política democrática va a exigir un esfuerzo adicional en la búsqueda de consensos que permitan un nuevo tipo de frente democrático, pero esta vez con el mismo alcance de los frentes populares de Europa de los años 1930 ante la amenaza del fascismo como régimen político (y no “solo” como régimen social como sucede actualmente). Es trágico que en tiempos recientes, haya sido más fácil para las fuerzas importantes de la izquierda (generalmente de orientación socialdemócrata o de centro-izquierda) realizar alianzas con fuerzas de derecha que con otras fuerzas de izquierda. Pero las dificultades en la concreción de articulaciones de izquierda no son, generalmente, responsabilidad de sólo un sector de la izquierda. Infelizmente el sectarismo se ha diseminado generosamente. Las siguientes tesis hablan de izquierda en singular para designar el campo de consensos prácticos que deben subyacer a las alianzas entre izquierdas.

Poder para la democracia

La refundación de la izquierda exige una refundación de la política concebida como teoría y práctica del ejercicio y de la transformación del poder en su sentido más amplio. El poder siempre es la expresión de relaciones desiguales que permiten, a quien lo tiene, representar el mundo como suyo y transformarlo de acuerdo con sus necesidades, intereses y aspiraciones; sea ese mundo la familia, la empresa, la comunidad, la escuela, el mercado, la ciudadanía o el globo terrestre. El poder sólo es democrático cuando es ejercido para ampliar y profundizar la democracia. En su sentido más amplio, la democracia es todo el proceso de transformación de relaciones desiguales de poder en relaciones de autoridad compartida. Por eso no hay sociedades democráticas; hay sociedades que cuando están gobernadas por la izquierda, están en proceso de democratización, y cuando están gobernadas por la derecha, en proceso de desdemocratización. Gobernar desde la izquierda es ampliar la democracia tanto en las relaciones políticas, como en las relaciones sociales. Gobernar desde la derecha es restringir la democracia en esas mismas relaciones.

Zona de confort

Tanto en la oposición como en el poder, la izquierda debe mantener la coherencia entre los medios y los fines. No hay fines honrosos cuando los medios para obtenerlos son vergonzosos. Se exige la misma coherencia entre estar en la oposición y estar en el gobierno. En las sociedades dominadas por el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado, la zona de confort de la izquierda es la oposición. Cuando está el gobierno, la incomodidad del poder ejercido en la sociedad tiene que ser el espejo del poder de la incomodidad en el interior de la izquierda. Cuando está cómoda en el poder, la izquierda engaña a quien en ella confió y se engaña al confiar en quien nunca debería haber confiado.

Relación con los movimientos

En las actuales condiciones, gobernar desde la izquierda significa gobernar contra la corriente, es decir, gobernar sin dominar los parámetros generales del poder que domina las relaciones económicas sociales, políticas, culturales e internacionales. Es un gobierno que para no ser frágil tiene que ser doblemente fuerte: seguro en las raíces y musculoso en las alas. Es un gobierno que para ser sostenible no se puede apoyar apenas en las instituciones políticas y jurídicas. Debe saber relacionarse orgánicamente con los movimientos y organizaciones sociales y también con la acción directa y pacífica de los ciudadanos y ciudadanas. Debe, sobre todo, saber que las nuevas fuerzas de derecha buscarán esa misma relación, pues la movilización social y la acción directa no son monopolio de la izquierda. Por el contrario, pueden ser las armas más eficaces contra la izquierda. Por eso, la izquierda se suicida cada vez que desperdicia o menosprecia la confianza que han depositado en ella los movimientos y organizaciones sociales. La confianza se fortalece con la cercanía solidaria asentada en el respeto de la autonomía y se debilita con la distancia arrogante y la voracidad por el control.

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Fotografía: Flickr - Montecruz Foto. Licencia Creative Commons.

Reforma política

En Brasil, el actual régimen político no permite que se gobierne de forma coherente desde la izquierda. La prioridad de la izquierda debe ser la reforma política, no regresar al gobierno a todo costo o lo más rápido posible. No vale la pena tener logros a corto plazo si estos se transforman rápidamente en pérdidas a largo plazo. La reforma política puede exigir la convocación de una asamblea constituyente originaria. Tal exigencia tendrá que enfrentar la poderosa contrarreforma liderada por el sistema judicial y por los medios de comunicación. La reforma política debe ser orientada para permitir una revolución cultural y social que, a largo plazo, la sostenga y la defienda de la persistente contrarreforma política.

Representaciones

La reforma política debe ser orientada por tres ideas: la democracia representativa perdió la capacidad de defenderse de las fuerzas antidemocráticas; para que la democracia prevalezca es necesario inventar nuevas institucionalidades que permitan articular a diferentes escalas de gobierno, la democracia representativa y la democracia participativa; en sociedades dominadas por relaciones capitalistas, coloniales y patriarcales, la democracia, tal como la izquierda, están siempre en riesgo; solo una vigilante economía de cuidado les permitiría sobrevivir y florecer.

Influencias

Contrario a lo que pasó en el tiempo en que había una separación clara entre dictadura y democracia, hoy las fuerzas antidemocráticas tienen medios para ganar influencia dentro de los partidos democráticos, incluso de los que se designan como izquierda. En el actual contexto, son antidemocráticas las fuerzas que solo respetan la democracia en la medida en que ésta respeta sus intereses económicos u otros, no admitiendo que tales intereses puedan ser reconfigurados o afectados negativamente como resultado de la competición democrática, particularmente cuando ésta procura atender intereses de otros grupos o clases sociales. La debilidad de la democracia representativa reside en la facilidad con la que hoy las minorías sociales se convierten en mayorías políticas y paralelamente, la facilidad con que las mayorías sociales se convierten en minorías políticas.

Más allá de los partidos

Articular la democracia representativa (los ciudadanos eligen a los decisores políticos) con la democracia participativa (los ciudadanos y las comunidades se organizan para tomar decisiones políticas) exigirá una refundación del sistema político en su conjunto (nuevas instituciones) y no solo del régimen político (sistema de partidos, sistema electoral, etc.) Esto presupone que los ciudadanos se puedan organizar en otras formas que no sean los partidos para intervenir activamente en la política, vía elecciones o referendos. Presupone que los partidos políticos de izquierda existentes sean refundados de forma que estos mismos sean internamente organizados a través de articulaciones entre democracia representativa y democracia participativa (asambleas y/o círculos de ciudadanos y ciudadanas simpatizantes). Esta última debe tener un papel central en tres áreas: definición de la agenda política; selección de candidatos para los órganos de la democracia representativa; vigilancia en el cumplimiento de los términos de los mandatos. Los nuevos partidos tendrán la forma de partido-movimiento y sabrán vivir con el hecho de no tener el monopolio de la representación política. No hay ciudadanos despolitizados; hay ciudadanos que no se dejan politizar por las formas dominantes de politización, sean estas partidos o movimientos de la sociedad civil organizada. La abrumadora mayoría de los ciudadanos no tiene condiciones o interés en adherirse a partidos o participar en movimientos. Pero cuando salen a la calle sólo sorprenden a las élites políticas que perdieron el contacto con “las bases”.

Democracias

Dado que la democracia representativa está mucho más consolidada que la participativa, la articulación entre las dos siempre tendrá que tener en cuenta ese desequilibrio. Lo peor que puede pasarle a la democracia participativa es tener todos los defectos de la democracia representativa y ninguna de sus virtudes.

Capitalismo moderno

La reforma política no vale por sí sola. Su objetivo es facilitar la revolución democrática en las relaciones económicas, sociales, culturales e internacionales. Por su parte, esta revolución tiene el objetivo de disminuir gradual y sosteniblemente las relaciones de poder desigual y las consecuentes injusticias provocadas por las tres formas de dominación moderna: capitalismo, colonialismo y patriarcado. Estas tres formas de dominación operan articuladamente. Tanto el colonialismo como el patriarcado existieron mucho antes que el capitalismo moderno, pero fueron profundamente reconfigurados por éste para servir a los objetivos de expansión del capitalismo. El patriarcado fue reconfigurado para desvalorizar el trabajo de las mujeres en la familia y en la reconstitución de la fuerza de trabajo. A pesar de ser un trabajo inminentemente productivo porque produce la propia vida, fue falsamente concebido como trabajo reproductivo.

Esa desvalorización abrió el camino hacia la desvalorización del trabajo asalariado de las mujeres. El patriarcado sigue vigente a pesar de todas las luchas y conquistas de los movimientos feministas y de mujeres. Por su parte, el colonialismo, asentado en la inferioridad natural de ciertos grupos humanos, fue crucial para justificar el pillaje y la desposesión, el genocidio y la esclavitud en la que se asentó la llamada acumulación primitiva. Sucede que esa forma de acumulación capitalista particularmente violenta, lejos de corresponder a una fase del desarrollo capitalista, es un componente constitutivo del mismo. Por eso, el fin del colonialismo histórico no significó el fin del colonialismo como forma de sociabilidad y hoy continúa vigente en las formas de colonialismo interno, discriminación racial, violencia policial, trabajo esclavo, etc. El patriarcado y el colonialismo son los factores que alimentan y reproducen el fascismo social en las sociedades que el capitalismo ve utilitariamente como políticamente democráticas. En las condiciones actuales, en que domina la forma más antisocial del capitalismo (el capitalismo financiero), la dominación capitalista hoy más que nunca exige la dominación colonialista y sexista. Es por eso que las conquistas contra la discriminación racial o sexual son tan tempranamente revertidas cuando es necesario.

La pequeña alma de la izquierda

El drama de las luchas contra la dominación en la época moderna fue el haberse centrado solamente en una de las formas de dominación, desatendiendo o incluso negando la existencia de las otras formas. De esta manera, la izquierda política ha sido, en el mejor de los casos, anticapitalista, pero casi siempre racista y sexista. No podemos olvidar que la socialdemocracia europea, que permitió regular el capitalismo y crear sociedades más justas a través de una universalización de los derechos sociales y económicos, fue posible gracias a la explotación violenta de las colonias europeas y más tarde, por la subordinación neocolonialista del mundo no europeo.

La fragilidad y reversibilidad de las conquistas sociales reside en que las formas de dominación negadas minan por dentro las conquistas de la dominación reconocida. Así, una lucha de izquierda orientada a dar un rostro más humano al capitalismo, pero que desprecia la existencia del racismo, del colonialismo y del sexismo, puede causar no solo un inmenso sufrimiento humano sino terminar fortaleciendo al capitalismo que quiso controlar y dejarse derrotar humillantemente por él. Esto explica en parte que los gobiernos progresistas de la última década en América Latina hayan fácilmente minimizado los “daños colaterales” de la explotación desenfrenada de los recursos naturales causada por el consenso de las commodities y aparentemente ni se habían dado cuenta de que el neoextractivismo representaba la continuidad más directa con el colonialismo histórico contra el cual siempre se manifestaron. Tales daños implicaron la expulsión de campesinos e indígenas de sus tierras y territorios ancestrales, el asesinato de líderes sociales por sicarios contratados por empresarios sin escrúpulos y en un contexto de total impunidad, la expansión de la frontera agrícola más allá de toda responsabilidad ambiental, el envenenamiento de poblaciones del campo expuestas a la pulverización aérea de herbicidas y pesticidas, algunos de ellos prohibidos internacionalmente. Aparentemente, todo esto sucedió sólo porque el alma de la izquierda era bien pequeña.

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Fotografía: Flickr - Nae. Licencia Creative Commons.

Antis

La política de izquierda tiene que ser al mismo tiempo anticapitalista, anticolonialista y antisexista so pena de no merecer ninguno de estos atributos

Luchas

Es claro que las diferentes luchas sociales no pueden luchar todas contra las diferentes formas de dominación de la misma manera y al mismo tiempo. El hecho de que las tres formas de dominación no pueden, en general, reproducirse aisladamente unas de las otras, no significa que en ciertos contextos la lucha contra una de ellas no este más cercana o sea más urgente. Lo importante es que, por ejemplo, al conducir una lucha contra el colonialismo se tenga presente en las banderas y en las articulaciones de lucha, que la dominación colonialista no existe sin la dominación capitalista y sexista.

Intercultural

La izquierda del futuro tiene que ser intercultural y organizarse basada en la prioridad de articulación de las luchas contra las diferentes dominaciones como condición necesaria de la eficacia de las luchas. Como las diferentes tradiciones de lucha crearon las culturas oposicionales específicas (historias fundadoras, narrativas y lenguajes propios, banderas de lucha amplias) la articulación entre luchas/movimientos/organizaciones implicará, en mayor o menor medida, algún trabajo de traducción intercultural.

Dominación de la naturaleza y del conocimiento

La interculturalidad introducirá en la agenda política dos formas de dominación-satélite que proveen al capitalismo, al colonialismo y al patriarcado, el aceite que les permite funcionar con mayor legitimidad social: la dominación de la naturaleza y la dominación causada por el conocimiento académico dominante en nuestras universidades y centros de investigación. Con esto otras dos dimensiones de injusticia se volverán visibles: la injusticia ecológica y la injusticia cognitiva. Sumadas a las restantes, estas dos formas de injusticia obligarán a una revolución cultural y cognitiva con impacto específico en las políticas de salud y de educación. Será entonces posible valorar los conocimientos populares nacidos de la lucha contra la dominación y dejar de festejar como héroes de nuestra historia, a hombres blancos responsables por genocidios, tráfico de esclavos y robo de tierras. A nivel teórico, el marxismo que sigue siendo tan importante para analizar las sociedades de nuestro tiempo, tendrá que ser descolonizado y despatriarcalizado para podernos ayudar a imaginar y desear una sociedad más justa y más digna que nos está dada a vivir en el tiempo presente.

Traducción de Constanza Solórzano, para CpalSocial?.

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