Carta fraterna de los Obispos de Venezuela

Compartimos el saludo fraterno al inicio del año de la Conferencia Episcopal Venezolana al pueblo venezolano, a los migrantes venezolanos y a las iglesias y pueblos del mundo, invitándonos a la solidaridad y la acción responsable.

A nuestros hermanos venezolanos en la nación y en la diáspora, a todos los pueblos e Iglesias hermanas de América y del mundo:

I. SALUDOS FRATERNOS

1.- Al inicio de este año 2020, como fruto de la oración y reflexión que acompañan y fortalecen nuestro compromiso con el pueblo al que pertenecemos y del cual somos pastores, impulsados por la conciencia del deber como profetas que hacen sentir el clamor de nuestra gente, dirigimos esta carta fraterna a todas las Iglesias hermanas de América y del mundo, a los hombres y mujeres de buena voluntad y a todos los hermanos de Venezuela que viven y luchan dentro del país o han ido a otras naciones como emigrantes.

2.- En comunión con el Santo Padre Francisco, quien en diversas oportunidades ha repetido que: “en la voz de los obispos venezolanos está la voz del Papa”, denunciamos la situación de crisis que golpea a nuestra nación y que, lejos de superarse, se agrava. Se trata de una crisis social, económica y política que se ha convertido en una “emergencia humanitaria” moralmente inaceptable, caracterizada por el menosprecio a la dignidad humana, pues viola el derecho fundamental a la vida, a la educación, a la salud, a la integridad y al desarrollo.

II. A NUESTROS HERMANOS VENEZOLANOS

3.- Como pastores, somos pueblo con ustedes y por eso compartimos sus alegrías, esperanzas, angustias y dificultades. Queremos consolar a los afligidos, proteger a los débiles y apoyar la edificación de una sociedad justa, libre y fraterna. Pueden contar con la Iglesia que continuará apoyando a todos, particularmente a quienes están pasando hambre, desolación, desatención médica, cárcel por motivos políticos, persecución y maltrato de su dignidad.

4.- Inspirados en los principios del Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia, reafirmamos que el pueblo, con sus diversas expresiones de vida social y cultural, es el auténtico sujeto y protagonista del cambio requerido en Venezuela, así como del desarrollo para enrumbar el país hacia mejores condiciones de vida. Esto implica actuar con la mirada puesta en el horizonte de los principios y valores fundamentales, sin dejarse manipular por quienes quieren comprar su conciencia con dádivas o con falsas promesas y expectativas. También conlleva la unión de esfuerzos, capaz de romper los intereses particulares de personas y grupos, y el surgimiento de un nuevo liderazgo político y social para guiar y acompañar a todos hacia un futuro de dignificación, en la justicia y en la libertad.

5.- Los últimos acontecimientos de atropello a la Asamblea Nacional nos llevan a reafirmar lo que expresamos el 12 de julio del año 2019 en la Exhortación dirigida al pueblo: “Ante la realidad de un gobierno ilegítimo y fallido, Venezuela clama a gritos un cambio de rumbo, una vuelta a la Constitución. Ese cambio exige la salida de quien ejerce el poder de forma ilegítima y la elección en el menor tiempo posible de un nuevo Presidente de la República. Para que sea realmente libre y responda a la voluntad del pueblo soberano, dicha elección postula algunas condiciones indispensables tales como: un nuevo Consejo Electoral imparcial, la actualización del Registro Electoral, el voto de los venezolanos en el exterior y una supervisión de organismos internacionales... igualmente el cese de la Asamblea Nacional Constituyente”. El referido cambio presidencial lo posibilitan los Art. 70 y 71 de la Constitución venezolana.

6.- Exigimos a los miembros de la Fuerza Armada guiarse por la sana conciencia de su deber, sin servir a parcialidades políticas, respetando la dignidad y los derechos de toda la población, como juraron ante Dios y la Patria. “¡En el nombre de Dios, pónganse del lado verdadero de la Constitución y del Pueblo al que pertenecen y juraron defender!” (Comunicado de la Presidencia de la CEV el 08 de enero 2020).

7.- Quienes se dedican a la política, tanto en el gobierno como en la oposición, han de prestar atención a los clamores de la gente, fijarse en sus necesidades y no en los acomodos que aseguran sus privilegios e intereses particulares. Valoramos la generosidad y la valentía de quienes han aceptado los riesgos del rescate de una verdadera democracia.

III. A LOS HERMANOS VENEZOLANOS QUE SE HAN IDO DEL PAÍS

8.- Millones de venezolanos se han visto forzados a salir de nuestra patria para mejorar su calidad de vida en otros países. Sabemos de las vicisitudes que han tenido que sufrir y los riesgos que ha supuesto su partida. Recuerden que Venezuela siempre se ha distinguido por ser un país de acogida a migrantes venidos de diversas partes del mundo. Los recibimos con sentido fraterno y los incorporamos a nuestro quehacer social y cultural. Muchos de ellos se integraron de tal forma, que formaron hermosas familias entre nosotros. Su aporte contribuyó tanto al desarrollo material y humano de nuestra nación, como al fortalecimiento de la fe en cada una de nuestras Iglesias particulares. Los animamos a ustedes que están viviendo en tierra extranjera como ellos, a que se incorporen y se integren a estas nuevas culturas. No dejen de expresar su testimonio de fe y caridad brindando su participación en las obras de la sociedad y de la Iglesia. Sean siempre embajadores de la herencia recibida de nuestros antepasados, en especial, el espíritu de solidaridad, la alegría y la fraternidad. Dios los proteja. No olviden a los suyos y sientan nuestra proximidad en la oración y las bendiciones.

IV. A LOS PUEBLOS DE AMÉRICA Y DEL MUNDO

9.- Agradecemos de corazón la acogida que los países e Iglesias del continente y del mundo han brindado a quienes han emigrado para poder sentir la solidaridad y la real posibilidad de un trabajo y una condición que les permita vivir y contribuir con su familia que quedó en Venezuela. Lamentamos las actuaciones negativas de algunos venezolanos, así como su rechazo en diversos pueblos hermanos. Rogamos a las naciones que los reciben, prestarles los cuidados y atenciones que les permitan vivir con dignidad, aportando lo que pueden y son capaces de hacer.

10.- Les pedimos que escuchen el clamor del pueblo venezolano. Ante la declaración de normalidad que las autoridades y medios de comunicación del gobierno proclaman y difunden, denunciamos su falsedad y cinismo. Es inaceptable que un país con inmensas riquezas haya sido empobrecido por la imposición de un sistema ideológico que, lejos de promover el auténtico bienestar, ha vuelto la espalda a sus ciudadanos, por lo que hoy sufrimos el aumento de la desnutrición infantil, la destrucción del aparato productivo y el crecimiento de una especulación agobiante y la corrupción intolerable.

11.- Para quienes hoy están al frente del gobierno, lo que cuenta no es el bien común sino el interés desmedido de riqueza y poder hegemónico, capaz de resquebrajar todo intento de vivir en auténtica democracia. Vivimos en un régimen totalitario e inhumano en el que se persigue la disidencia política con tortura, represión violenta y asesinatos, a esto se añade la presencia de grupos irregulares bajo la mirada complaciente de las autoridades civiles y militares, la explotación irracional de recursos mineros que destruye amplias extensiones del territorio venezolano, el narcotráfico y la trata de personas.

12.- Reconocemos los esfuerzos realizados desde diversas instancias internacionales para atender la situación de Venezuela. Seguimos apostando al diálogo sincero y las negociaciones que reúnan las condiciones de respeto a los derechos fundamentales del pueblo venezolano: libertad, dignidad, justicia y democracia. Creemos que el apoyo internacional debe orientarse a exigir al actual gobierno venezolano la realización de elecciones libres y confiables, además de una ayuda solidaria y humanitaria para solventar la situación de emergencia de la mayoría de los venezolanos.

V. A LAS IGLESIAS HERMANAS DE AMÉRICA Y DEL MUNDO

13.- Les hacemos llegar nuestra gratitud por la acogida, atención y acompañamiento a tantos venezolanos llegados a sus naciones. Sabemos de la solidaridad con la que los han recibido, dando así muestra de la caridad fraterna sin límites que distingue a los discípulos del Señor Jesús. Ellos les hablarán de la triste situación que embarga a nuestra nación donde estamos dando una respuesta eclesial esperanzadora. Somos conscientes de la complejidad de recibir a tan gran número de personas y estamos seguros de que la herencia de una fe vivida y enriquecida por el trabajo en las parroquias, instituciones eclesiales y movimientos de apostolado de muchos de ellos, contribuirá al bienestar de sus comunidades cristianas. No pocos de ellos se han incorporado a participar como agentes evangelizadores. Les exhortamos a que los sigan acompañando en su compromiso y maduración en la fe.

VI. SALUDO FINAL

14. Hermanos venezolanos, Iglesias hermanas y pueblos del mundo: reiteramos nuestra vocación de pastores y servidores de todos. Nos hacemos eco de los clamores de libertad, justicia y sana convivencia que brotan de los corazones de quienes sufrimos en esta hermosa tierra de gracia. Imploramos la maternal protección de María de Coromoto, celestial patrona de nuestra nación que nos pide hacer lo que su hijo Jesucristo nos dice.

Fraternalmente,

Los Arzobispos y Obispos de Venezuela. Caracas, 10 de Enero 2020

Fuente

  • Fotografía: Basilica Nuestra Señora del Valle / Flickr - Stig Nygaard. Licencia Creative Commons.

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