Clinton, Atkinson, Stiglitz y la reducción de la desigualdad

"Tony Atkinson es el padre de la investigación moderna sobre desigualdad, y proporcionó datos y pruebas sobre la desigualdad de ingresos en las principales economías antes que Emmanuel Saez o el economista estrella mediático Thomas Piketty...Atkinson cree que la creciente desigualdad es directamente el resultado de las políticas neoliberales introducidas desde finales de la década de 1970. Su último libro, "Qué hacer con la desigualdad", tiene como objetivo estudiar que se debe hacer para reducir la desigualdad". Por Michael Roberts, artículo publicado en la Revista Sin Permiso.

Al parecer, Hilary Clinton, la principal candidata demócrata a la presidencia de Estados Unidos en 2016 está preocupada por la creciente desigualdad de ingresos y riqueza en EE UU. Recientemente ha consultado a Joseph Stiglitz, ganador del Premio Nobel de economía y autor de dos libros sobre el tema de la desigualdad.

Sin embargo, no se hagan demasiadas ilusiones de que un presidente de Estados Unidos haga algo sobre la extrema desigualdad entre ricos y pobres en América. Entre los diez principales contribuyentes a su campaña están JPMorgan Chase, Goldman Sachs, Citigroup y Morgan Stanley. Como Secretaria de Estado con Obama, Hilary Clinton presionó a gobiernos para que cambiasen sus políticas y firmasen acuerdos que benefician a las corporaciones estadounidenses como General Electric, Exxon Mobil, Microsoft y Boeing. Clinton fue consejera del comité de dirección de WaltMarts? entre 1986 y 1992 y la firma de abogados en la que trabajaba, Rose Law Firm, representó a la corporación. Durante sus tres viajes a la India como secretaria de Estado intentó convencer al gobierno indio para que cambiase su legislación proteccionista frente a grandes minoristas como Wal-Mart.

Así que cualquier cosa que Stiglitz haya aconsejado caerá en oídos sordos si Clinton se convierte en presidenta en 2017. Pero demuestra que la desigualdad sigue siendo EL TEMA en la mente de la ”izquierda liberal” y entre los principales economistas ”progresistas”. Tanto Stiglitz como Tony Atkinson han publicado nuevos libros sobre el tema, mientras que la OCDE ha hecho público un nuevo informe en el que defiende que el aumento de la desigualdad es perjudicial para la recuperación económica.

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La OCDE analiza 30 años de datos de sus países miembros predominantemente ricos y encuentra que cuando el coeficiente de Gini, un popular indice para medir la desigualdad (un Gini de 0 significa que todo el mundo tiene exactamente los mismos ingresos; un Gini de 1 significa que una persona recibe todo los ingresos) aumenta, disminuye el crecimiento. Pero ¿es por que la desigualdad perjudica al crecimiento, o viceversa?

La OCDE utiliza una prueba estadística para concluir que lo primero. La OCDE considera que una mayor desigualdad tiene un impacto significativo en el nivel de educación relativo de los diferentes estratos de ingresos. Cuando la desigualdad aumenta, el 40% más pobre de la población recibe menos capacitación y una educación de menor calidad. La OCDE estima a partir de esos datos que nivel educativo tendrían los pobres de no haber aumentado la desigualdad y aplica ese indice a un modelo de crecimiento que incluye componentes tales como el capital humano. El estudio concluye que crecimiento económico acumulado fue 4,7 puntos porcentuales menos para el país promedio de la OCDE entre 1990 y 2010 (que es alrededor de 2,500 dólares en el caso del estadounidense medio).

Así que la OCDE sugiere que la creciente desigualdad provoca un crecimiento más débil porque los pobres reciben una peor educación para trabajos que requieren una mayor capacitación. Esta es la causa que la economía convencional siempre señala (ver mi nota). Se ignora así que esa desigualdad creciente podría ser el resultado de la concentración y centralización de la propiedad del capital y de la aplicación de las políticas neoliberales para aumentar la tasa de plusvalía.

Y sin embargo, la desigualdad económica ha alcanzado niveles extremos. Desde Ghana a Alemania, de Italia a Indonesia, la brecha entre ricos y pobres se está ensanchando. En 2013, siete de cada 10 personas viven en países donde la desigualdad económica es peor que hace 30 años, y en 2014 Oxfam calculó que sólo 85 personas poseían tanta riqueza como la mitad más pobre de la humanidad. En el informe Igualar por arriba: ha llegado la hora de acabar con la desigualdad extrema, Oxfam calcula que la brecha entre ricos y pobres es cada vez más amplia y está socavando la erradicación de la pobreza. Si la India frenase el aumento de la desigualdad, 90 millones más de hombres y mujeres podrían salir de la pobreza extrema en 2019.

Tony Atkinson es el padre de la investigación moderna sobre desigualdad (ver mi nota al respecto), y proporcionó datos y pruebas sobre la desigualdad de ingresos en las principales economías antes que Emmanuel Saez o el economista estrella mediático Thomas Piketty (ver mi artículo). El último libro de Atkinson, Qué hacer con la desigualdad, tiene como objetivo estudiar que se debe hacer para reducir la desigualdad.

Al mismo tiempo que hace el diagnóstico del problema de la desigualdad económica (especialmente la desigualdad de ingresos), demostrando por qué es tan importante en las sociedades avanzadas (”Sí importa porque algunas personas pueden permitirse comprar billetes para hacer viajes espaciales cuando los demás tienen que hacer cola en los bancos de alimentos”), y explicando como ha evolucionado en el tiempo, Atkinson presenta una serie de propuestas de política económica y social para hacer algo al respecto.

El aumento de la desigualdad no es un proceso inexorable a largo plazo en el capitalismo (es decir, una tasa mayor de retorno de la riqueza que la del crecimiento de la renta nacional) como Thomas Piketty ha defendido. Atkinson cree que la creciente desigualdad es directamente el resultado de las políticas neoliberales introducidas desde finales de la década de 1970. Los recortes del estado del bienestar probablemente suponen una parte sustancial de ese [aumento en indice Gini de desigualdad]. Y esto puede cambiarse.

Atkinson defiende de forma muy señalada que lo que importa en el caso de la desigualdad es quien controla las palancas del capital. ”En los viejos tiempos, el dueño del molino poseía el molino y decidía lo que pasaba [en el molino]. Hoy, usted y yo somos los propietario del molino. Pero, ¿quién decide lo que pasa? No somos nosotros. Esa es una diferencia esencial. Y no aparece en el libro de Piketty, que en realidad trata más de la riqueza que del capital”.

Sí, es el capital, no la riqueza (como piensa Piketty), lo que importa - pero ¿acierta Atkinson al pensar que los dueños del capital han renunciado de alguna manera a su control para pasárselo a los fondos de pensiones? Los dueños del capital - los multimillonarios - aún controlan los medios de producción y toman las decisiones sobre salarios, bonos, participaciones, la política fiscal que afecta a las empresas y las prestaciones sociales (ver mi nota).

Atkinson parece aceptar la economía del bienestar neoclásica, a saber, la idea de que la economía funciona de manera eficiente y que cualquier intervención, como la redistribución, hará que sea menos eficiente, por lo que hay un toma y daca. Pero afirma que esto sólo se aplica a la competencia perfecta, mientras que las economías están en realidad controladas por monopolios. ”En ese mundo menos perfecto, no es evidente que haya ese toma y daca”. Pero tampoco existe el equilibrio en el mundo de la competencia perfecta, porque es una construcción imaginaria de la teoría económica dominante.

Atkinson pide un salario digno, empleo público garantizado de 35 horas, comités empresariales que le permitan a la gente opinar en sus puestos de trabajo; inversión en tecnología para empleos, mayores tasas marginales del impuesto sobre la renta (hasta un 65%, dice); un impuesto sobre el patrimonio y la herencia con los ingresos que se consigan para invertir en pensiones. Todo esto suena muy bien, a pesar de que no aborda el problema que Atkinson plantea en su libro, a saber, el control de las palancas del capital. Así que sus excelentes reformas para reducir la desigualdad rebotarán en los oídos sordos de las Hilary Clinton de turno.

Como he dicho antes, Joseph Stiglitz, aparentemente aconseja a Hilary Clinton - por el momento. Stiglitz acaba de publicar su segundo libro sobre la desigualdad, llamado The Great Divide.

En él, subraya una serie de cambios económicos e institucionales que debilitan a los trabajadores y que benefician a los más ricos de la sociedad. Por ejemplo, los bonos que los ejecutivos de Wall Street recibieron en 2014 representaban aproximadamente el doble de los ingresos anuales totales de todos los estadounidenses que trabajan a tiempo completo con el salario mínimo federal. Stiglitz se indigna de la ignorancia cruel de los ricos: ”Yo oí a un multimillonario - que había empezado en la vida heredando una fortuna - discutir con otro sobre el problema de lo perezosos que son los estadounidenses que intentan aprovecharse de los demás”, escribe Stiglitz. ”Poco después, habían cambiado sin problemas de tema y estaban discutiendo las ventajas de los paraísos fiscales”.

Para Stiglitz, sin embargo, la reducción de la desigualdad no depende de controlar las palancas del capital, sino en que haya ”más democracia”. Como señala Stiglitz: ”La desigualdad es una cuestión no tanto del capitalismo del siglo XX como de la democracia del siglo XX”.

Mientras Piketty cree que la desigualdad extrema es inherente al capitalismo, Stiglitz sostiene que es el resultado de reglas y regulaciones defectuosas. A pesar de que admira las críticas de Marx a la explotación y el imperialismo, tiene poco tiempo para su análisis de la economía. Las posiciones de Stiglitz son esencialmente keynesianas y se considerarían bastante convencionales antes de Thatcher y Reagan.

”Mi argumento es que estos tipos - los banqueros y las corporaciones monopolistas- han destruido el capitalismo en algún sentido”, dice. ”Hay ciertas reglas imprescindibles para hacer funcionar la economía de mercado. Y estos tipos realmente están socavando esas reglas. Mi libro trata en realidad de como conseguir que los mercados actúen como mercados. Eso no es muy radical, en cierto sentido. Pero si en otro, porque las empresas no quieren que los mercados funcionen como mercados”.

La solución de Atkinson es una redistribución radical del ingreso y la riqueza a través de políticas fiscales, de empleo y bienestar social. La solución de Stiglitz es una mayor regulación de los bancos y los monopolios por los gobiernos democráticos. No contenga la respiración esperando que una Clinton demócrata haga nada de ello.
(Para más análisis sobre desigualdad, ver mis Ensayos sobre Desigualdad)

Nota:
  • Michael Roberts es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.
  • Traducción para www.sinpermiso.info. Gustavo Buster
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