Coyuntura geopolítica de las relaciones de Brasil con Venezuela

Análisis del sociólogo brasileño Pedro A. Ribeiro de Oliveira.

Este breve análisis tiene por objeto responder a la siguiente cuestión: ¿cuáles son los intereses que motivan el accionar de Brasil y hasta dónde estaría dispuesto a llegar con relación a los tres puntos nodales propuestos por la Asamblea Nacional de Venezuela frente al régimen de Nicolás Maduro? (el cese de la usurpación, la conformación del gobierno de transición con suficiente credibilidad de todas las partes y la realización de elecciones democráticas).

Para ello es indispensable insertar la realidad actual en un período más amplio, para no quedar atrapados en los acontecimientos de febrero de 2019. Me remito al contexto de las elecciones del actual gobierno del Brasil, mostrando cómo ellas fueron la continuación del proceso de ruptura con los gobiernos neodesarrollistas encabezados por el Partido de los Trabajadores (PT), teniendo a Lula como figura destacada.

1. La crisis de 2008, la guerra de 4a generación y el Brasil en la geopolítica

La crisis financiera de 2008 aún no ha terminado. La importancia de Estados Unidos disminuye, mientras que crece la influencia de China en el mundo, configurando una crisis de hegemonía. Estados Unidos tiene todavía la supremacía militar y política, pero su poder económico sólo se mantiene por ser el dólar la moneda de las transacciones internacionales. Este conflicto económico entre las grandes potencias (económicas y militares) ya ha adquirido la forma más reciente de guerra: de las guerras localizadas (en las cuales las grandes potencias evitan el enfrentamiento directo) y las guerras de “cuarta generación o híbridas”.

La coyuntura económica mundial y la política de los gobiernos del PT (Lula y Dilma) cambiaron el lugar de Brasil en el escenario geopolítico global. Dos causas principales: en la economía, con el descubrimiento de grandes reservas de petróleo (pre-sal) y el incremento de las relaciones económicas con China (principal consumidor de las exportaciones brasileñas); y en la política exterior Sur-Sur (con el ingreso en el grupo BRICS y la creación de un banco de inversiones mayor que el Banco Mundial). Este desplazamiento de la economía y de la política exterior, fuera del campo de influencia de Estados Unidos, tuvo sus inicios en el gobierno militar (Geisel, años 70) pero fue en el gobierno de Lula que se afirmó con claridad. Ante este cuadro geopolítico, se entiende el gran interés de grupos petroleros, financieros y políticos de Estados Unidos en traer a Brasil de vuelta a su área de influencia. Aquí coinciden intereses externos e internos.

2. Ruptura del pacto subyacente a la Constitución de 1988

Para lograr gobernar, Lula y Dilma (2003 - 2016) hicieron un pacto con la elite dominante (40.000 familias muy ricas). Sus gobiernos abandonaron el proyecto de reformas sociales (agraria, tributaria y política) y de auditoría de la deuda pública, mientras que la élite apoyó el proyecto neodesarrollista que atendía también a los trabajadores y sectores más pobres. A partir de 2012, sin embargo, los efectos de la crisis económica de 2008 se volvieron más fuertes, obligando al gobierno de Dilma a frenar los gastos públicos, perdiendo apoyo popular. Al mismo tiempo (y también debido a la crisis) los grupos empresariales de Estados Unidos, vinculados a la explotación del petróleo, vieron en las reservas del pre-sal una nueva fuente de beneficios. En fin, el gobierno de Estados Unidos percibió el riesgo de perder su hegemonía en América del Sur con la alineación de Brasil a China, Rusia, India y África del Sur (BRICS). Estos tres intereses se unieron para derribar al gobierno de Dilma, colocar a sus aliados en el gobierno (el PSDB y Temer) e impedir el retorno del PT.

La elección de Bolsonaro, amparado por un grupo de generales que comandaron tropas de la ONU en Haití, reveló la subordinación de Brasil a los intereses de las empresas y el gobierno de Estados Unidos. Brasil es el país clave en América del Sur, donde sólo Bolivia y Venezuela (y en menor grado Uruguay y México) no se inclinaron a los intereses estadounidenses.

Bolsonaro, egresado del ejército, se eligió diputado federal y sólo se destacó entre sus pares cuando, en el impeachment de Dilma, asumió lugar de frente en el combate al PT. Por medio del uso de las redes sociales (según enseñó Steve Bannon), haciéndose bautizar en el río Jordán por un pastor evangélico, prometiendo armar a las personas para la autodefensa, asumiendo posición contraria a los derechos de género y apuntando a un economista ultraliberal (Paulo Guedes) como su superministro, Bolsonaro agregó en su campaña a muchos sectores de la sociedad: la elite económica, clases medias que veían su estatus amenazado por el ascenso de los pobres, policías constreñidos por defensores de derechos humanos, la mayoría de los pastores evangélicos, importantes sectores del clero católico y casi todos los medios de comunicación que le prestaron al menos un obsequioso silencio. La combinación de esas fuerzas, más la movilización a través de redes sociales y sus fake-news, conquistó la adhesión de la gran mayoría del electorado, que ansiaba cambios después de cuatro años de recesión económica.

3. La posición del gobierno brasileño frente a la crisis venezolana

Bolsonaro y su grupo, que incluye al ministro de Relaciones Exteriores, siguen la ideología propagada por Olavo de Carvalho, que apunta como mayor enemigo de la libertad el “marxismo cultural”, que quiere destruir la familia y las tradiciones para imponerse como el nuevo imperio mundial. Aunque parezca insana, esa ideología tiene el respaldo de sectores religiosos y de algunos intelectuales resentidos por no tener prestigio en las universidades. Preservada en la burbuja de las redes sociales, ella resiste a la ridiculización que sufre hoy.

Este grupo se alía incondicionalmente a la política de Donald Trump: ofreció bases militares, propuso la transferencia de la embajada a Jerusalén y fue el primer gobierno en reconocer a Juan Guaidó después de Estados Unidos. Por eso, creo que no dudaría en favorecer la intervención militar contra el régimen venezolano, si ésta es la voluntad de Donald Trump.

Sin embargo, el poder decisorio está en un pequeño grupo de generales del Ejército, que tiene como referencia al jefe del Gabinete de Seguridad Institucional, Gen. Augusto Heleno, respaldado por el Gen. Mourão, Vicepresidente de la República. Ellos conocen bien la falta de preparación intelectual y política del Presidente y su grupo, e imponen límites claros y firmes a sus decisiones. Esto se hizo evidente en la crisis de la frontera entre Brasil y Venezuela, el 23 de febrero, y en la reunión que siguió a Colombia. Aunque no tienen simpatía ni afinidad con el régimen de Nicolás Maduro, descartan cualquier provocación y, menos aún, una intervención armada desde el territorio brasileño. Todo indica que el poder moderador de los generales impedirá alguna incursión militar de Brasil en Venezuela o en otros países del Continente.

Conclusión

Brasil volvió a presentar el crecimiento en la concentración de la riqueza y la renta (principalmente del sector financiero, que sigue siendo rentable incluso con recesión económica), y el retorno de la miseria y el desempleo. Su PIB aún hoy es menor de lo que fue hace 5 años (1,3 billones de dólares). Una pequeña elite (40.000 familias muy ricas) detiene el poder de hecho, mientras que los sectores populares tuvieron sus partidos, organizaciones y movimientos seriamente sacudidos. Por eso, en el momento, no está en el horizonte una reversión del cuadro arriba descrito. Es muy posible que Bolsonaro sufra un impeachment o que sea colocado al margen del poder, limitándose a sancionar decisiones tomadas por la cúpula militar. Esto significa el mantenimiento de la política económica ultraliberal (privatización de bancos y empresas públicas, la reducción de Petrobras a la extracción del petróleo para exportación) y la alineación geopolítica al gobierno de Estados Unidos. Se preservan así los privilegios de la élite y de sus fuerzas de apoyo (militares, poder judicial, parlamento, policía, medios de comunicación) mientras la gran masa trabajadora, amenazada por el desempleo y sin tierra, va a experimentar tiempos mucho más amargos que los actuales, en una forma de apartheid social que tiene en los condominios privados su mejor imagen.

Cualquier semejanza con Venezuela no es mera coincidencia.


Post scriptum.

El encuentro entre los Presidentes de Brasil y Estados Unidos, el 19 de marzo, en nada altera el análisis anterior. Bolsonaro muestra total afinidad ideológica a Donald Trump, pero es contenido por los generales que lo rodean. Sólo un hecho completamente nuevo abriría la posibilidad de una intervención militar en Venezuela con apoyo de Brasil.

Fuente

  • Maritza Barrios y Marcelinio Visbal (Ed.). (2019). Búsqueda de Alternativas Políticas a la Crisis de Venezuela. Seminario Internacional. Caracas, Venezuela: Publicaciones UCAB (2019)
  • Fotografía: Flickr - Palácio do Planalto. Licencia Creative Commons.

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