Creatividad ante la crisis: alternativas desde América Latina

El jesuita Emilio Travieso, con una brillante hoja de vida académica y un alto interés en el desarrollo social, nos presenta su lectura de la realidad social y económica de la América Latina.

Asumamos, como punto de partida, un diagnóstico de la crisis económica global. Los modelos dominantes de “desarrollo” se basan fundamentalmente en el crecimiento económico ilimitado. El crecimiento es dinamizado por el consumo acelerado, y éste a su vez depende de la extracción de recursos naturales a un ritmo que simplemente no es sostenible. Cada vez se hace más difícil ignorar la basura que se va acumulando. Por otro lado, desaparecen etnias y especies, atropelladas por el “progreso”. En pocas palabras, vivimos en un sistema terrorista suicida. Como ha expuesto con claridad el Papa Francisco (2015), esta conciencia nos obliga a replantearnos profundamente los objetivos, y no solo las mediaciones, de nuestra economía.

Como respuesta a este desafío, en América Latina han surgido propuestas alternativas que buscan el “buen vivir”: modos de vida que son viables para los seres humanos y para los demás seres, y que reconocen la pluralidad como un valor. Estas propuestas todavía están evolucionando; hay muchos debates sobre sus matices, y sobre su relación con el concepto de “desarrollo”. Más que entrar en esos debates (para una buena sistematización con aportes originales, ver Mella 2015), los señalamos aquí como trasfondo de lo que sigue. Luego de aclarar lo que hay en juego en cualquier propuesta económica, buscaremos esperanza en lo concreto de una iniciativa mexicana.

La economía, vista de manera amplia

Cuando nos referimos a la economía, solemos pensar en el costo de la vida comparado con nuestro salario, o tal vez en el PIB de un país. En otras palabras, comúnmente entendemos la economía como aquella esfera de la vida que se mide en dinero. Sin embargo, si vemos la economía en términos de lo que sostiene nuestra vida, la visión se vuelve mucho más amplia. El antropólogo Stephen Gudeman (2008) ha desarrollado un modelo que da cuenta de la economía en este sentido.

Para Gudeman, toda economía tiene tres esferas fundamentales: el mercado, la comunidad, y la base. El mercado corresponde a esa esfera donde solemos tener interacciones breves, entre individuos que calculan en términos de costo y beneficio para intercambiar bienes y servicios. La comunidad, en cambio, es la esfera de relaciones de largo plazo donde compartimos lo que tenemos, desde una lógica más gratuita y solidaria. La base se refiere a aquellas cosas “que no se venden”, pues garantizan la identidad y la sobrevivencia de la comunidad en el muy largo plazo, incluso más allá de la vida de un individuo.

Las tres esferas están interconectadas. Para que el mercado funcione, se requiere cierto nivel de confianza entre los individuos; esta confianza se construye en la comunidad. Al mismo tiempo, la comunidad acude al mercado para conseguir lo que necesita para mantener o renovar su base.

1

Fotografía: Flickr - Galo Naranjo. Licencia Creative Commons.

Por otro lado, cada esfera tiene su propia dinámica, y la contradicción entre la lógica del mercado y la lógica de la comunidad crea una tensión. En la actualidad, esto se manifiesta en la tendencia del mercado a “invadir” las esferas de la comunidad y su base, convirtiendo todo en mercancía. El peligro de esto es que cuando las relaciones comunitarias pierden su arraigo, y a la base se le pone un precio, todo el conjunto económico se vuelve insostenible. El mercado no es capaz de proveer las condiciones de su posibilidad (esto lo hacen la comunidad y la base); cuando corroe el fundamento sobre el que se sostiene, él mismo se desestabiliza.

Es justamente la crisis a la que nos estamos enfrentando como humanidad, ya que el capitalismo globalizado ha degradado tanto la cohesión social como las condiciones ecológicas que nos permiten vivir y convivir en nuestra casa común. El desafío, entonces, es cómo restaurar el equilibrio de nuestra economía en este sentido amplio, antes de que sea demasiado tarde. Concretamente, esto pasa por restaurar la tensión creativa entre la esfera del mercado, con su lógica de maximizar ganancias en el corto plazo, y la esfera de la comunidad, donde cada persona (así como el colectivo) es un fin en sí mismo, sin que se desplome la base sobre la cual nuestra vida se sostiene.

Estrategias alternativas

Si el mercado descontrolado se parece a un animal salvaje, un león por ejemplo, que entra a la comunidad y se come a la gente, entonces hay tres opciones para defender la vida de la gente. La más obvia sería matar el león. Esta ha sido la estrategia de los experimentos comunistas, que han intentado construir economías sin lugar para el mercado. La historia nos enseña que esta opción es poco viable.

La segunda posibilidad es construir una cerca. Es decir, delimitar una esfera protegida, donde no se permite la entrada de la lógica del mercado. Esta es la estrategia de la economía solidaria, que busca generar un espacio de vida económica que no es mediado por el dinero (a no ser por monedas de uso estrictamente local). La economía solidaria enfatiza las prácticas recíprocas, como trueques, y generosas, como el servicio voluntario. El riesgo de esta estrategia es que al poner una barrera para que no entre el león, uno también se encierra, aislándose, y por esa razón estas iniciativas suelen ser pequeñas y frágiles.

La tercera posibilidad es domar el león, e incluso domesticarlo, aprovechando sus fuerzas para los fines de la comunidad. En otras palabras, poner los mecanismos del mercado al servicio de la gente, en vez de la acumulación de dinero. Esta es la lógica de la economía social, cuya expresión típica son las “empresas sociales”. Éstas funcionan con la eficiencia de una empresa capitalista, pero su misión principal es crear un bien social. El riesgo de esta estrategia es que el león bien puede comerse al que pretenda domarlo. En otras palabras, la economía social, por sí sola, puede convertirse en un caballo de Troya que le permite al mercado “colarse” todavía más en la esfera de la comunidad, desplazando otras instancias, como las organizaciones de la sociedad civil y el estado.

2

Fotografía: Flickr - Galo Naranjo. Licencia Creative Commons.

Una iniciativa esperanzadora

Para devolverle la salud a nuestra economía, y con ella a nuestra vida compartida en este planeta, quizás haga falta articular más de una estrategia. Es el abordaje que ha adoptado la Misión de Bachajón, en la región tseltal de Chiapas, donde los jesuitas y sus colaboradores están desarrollando un modelo económico innovador. Su ejemplo ofrece pistas inspiradoras.

Por un lado, la Misión de Bachajón ha fortalecido muchos aspectos de la economía tseltal que se resisten a la invasión del mercado. Por ejemplo, las tierras recuperadas se organizaron como ejidos, con estatutos que protegen la propiedad social. Se ha robustecido la soberanía alimentaria con prácticas agroecológicas. También se ha consolidado el sistema de cargos, en el que casi todos los adultos realizan algún tipo de trabajo comunitario no remunerado. En este sentido, le han puesto una barrera a la invasión del mercado en las esferas más esenciales de la economía: la tierra y la comida (entendidas como base), y la comunidad.

A la vez, las estrategias “barrera” se articulan con estrategias de “domar” el mercado. La Misión de Bachajón acompaña un grupo de empresas sociales, Yomol A’tel, que generan ingresos para complementar la agricultura de subsistencia y hacer viable el servicio gratuito de los cargos. Estas empresas (que incluyen las cafeterías Capeltic) han logrado conquistar toda la cadena de valor del café gourmet orgánico, entre otros productos. Por supuesto, la agregación de valor significa mayores ganancias y nuevos empleos, pero también permite construir un precio estable para la materia prima, que ya no depende de la especulación en la bolsa de valores. Es decir, Yomol A’tel compite en el mercado del café gourmet, pero a la vez le cambia las reglas al juego, a favor de los productores. Ha domesticado el león.

Más allá de la soberanía alimentaria y económica, la Misión de Bachajón también impulsa iniciativas de soberanía cultural y política, entre otras dimensiones. El fin es la “soberanía sin adjetivos” para el pueblo tseltal. Ese poder social sería la base de una economía sostenible.

Es verdad que falta mucho para que este tipo de alternativa se convierta en lo normal. Pero desde ya, la Misión de Bachajón es testigo de que sí se puede. Es un “movimiento de esperanza” (Dinerstein 2014), que nos ayuda a vislumbrar otros mundos posibles.

3

Fotografía: Flickr - Galo Naranjo. Licencia Creative Commons.

Fuente

Tomado de Revista de la Universidad Iberoamericana - Agosto-septiembre de 2016

Bibliografía

  • Dinerstein, Ana Cecilia (2014) “The Hidden Side of Social and Solidarity Economy: Social Movements and the ‘Translation’ of SSE into Policy (Latin America)”. United Nations Research Institute for Social Development.
  • Gudeman, Stephen (2008) Economy’s Tension. The Dialectics of Community and Market. Oxford: Berghahn.
  • Mella, Pablo (2015) Ética del posdesarrollo. Santo Domingo: Instituto Filosófico Pedro Fco. Bonó/Paulinas/MSC.
  • Papa Francisco (2015) Laudato Si’: carta encíclica sobre el cuidado de nuestra casa común. Roma: Tipografía Vaticana.

Sobre el autor

Emilio Travieso, S.J. es jesuita de la provincia de las Antillas y estudiante de doctorado en Desarrollo Internacional en la Universidad de Oxford. Licenciado en Estudios Sociales (Harvard); Maestro en Recursos Filosóficos (Fordham) y Sociología (New School for Social Research); Bachiller en Teología Sagrada (CES da Companhia de Jesus, Brasil). Mediante la investigación-acción participativa, colabora con iniciativas que están construyendo sistemas de alimentos más sanos, sostenibles y justos.

Comentarios