Crisis previsional a escala mundial

Compartimos el análisis, de Arismendi Díaz del blog Seguridad Social para Todos, sobre la creciente crisis financiera de los sistemas de pensiones.

Los déficits financieros de los sistemas de pensiones crecen a tal velocidad, que el Fondo Económico Mundial considera que se trata de una bomba de tiempo que estallará en el 2050

La gran mayoría de los sistemas previsionales enfrentan crisis financieras, que continuarán agravándose durante las próximas décadas, debido a su falta de adaptación a los grandes avances tecnológicos, a la transición demográfica y a los cambios en el mercado laboral. Paradójicamente, son víctimas de uno de los mayores logros de la humanidad: la extensión sostenida de la esperanza de vida.

Las mayores consecuencias recaen sobre el sistema de reparto, debido a la brecha creciente entre el fondo acumulado y el costo de la nómina de pensionados cada vez más longevos, proceso agravado por la reducción inevitable de la cantidad de trabajadores activos y cotizantes, mientras aumenta los jubilados que disfrutan de un merecido retiro.

Pero, los sistemas de capitalización individual igual están en crisis ya que, si bien no provocan déficits financieros, tampoco garantizan una pensión digna a sus afiliados. Su diseño también carece de flexibilidad para adaptarse a las transformaciones producidas por la revolución tecnológica.

Según el Foro Económico Mundial (FEM), “una verdadera bomba de tiempo estallará el año 2050 cuando el dinero disponible para las jubilaciones tenga un déficit de US$400 billones (en Latinoamérica, trillones), de acuerdo al estudio “Viviremos hasta los 100, ¿cómo podemos solventarlo?, publicado recientemente.

“La cifra es tan gigantesca que, para dimensionarla, habría que decir que es equivalente a 5 veces el tamaño de la economía mundial”, la cual podría poner en jaque a 8 de las mayores economías del planeta: Estados Unidos, Reino Unido, Japón, Canadá, Australia, China, India y Holanda. (https://www.bbc.com/mundo/noticias-45250089). Subrayado nuestro.

Han Yik, jefe de la división de Inversionistas Institucionales del FEM, señala que “el peor escenario sería un triángulo inverso, donde un gran número de personas mayores vive en la bancarrota o la pobreza, y son mantenidas por una población joven cada vez más pequeña”.

Rediseñar los sistemas para adaptarse a las continuas transformaciones

Ante este panorama sombrío, los investigadores destacan que los gobiernos tienen que reformar los sistemas de pensiones, para que los países se adapten a sociedades donde cada vez es más común que las personas vivan hasta los 100 años. Ya no es posible asegurar un retiro digno, dedicando sólo ingresos sobrantes y marginales. Varias naciones se han tomado en serio estas recomendaciones.

Alemania, por ejemplo, aumentó gradualmente el porcentaje de cotización al 20% a partir del 2020 y al 22% diez años después. Además, dispuso la reducción del monto de las pensiones cuando descienda el número de contribuyentes, o aumente la cantidad de pensionados y jubilados.

Francia, por su parte, enfrentó el déficit creciente del reparto público, elevando de 35 a 41 años el período de aporte para tener derecho a una pensión plena, a pesar de las resistencias y las movilizaciones de los trabajadores y de los grupos progresistas que los apoyan.

En Rusia, el presidente Vladimir Putin reconoce que “el sistema de pensiones puede estallar, si no se introducen cambios, ya que ahora en Rusia por cada dos trabajadores hay un pensionista, mientras la esperanza de vida no deja de aumentar”.

Especialistas estiman que “incluso Estados Unidos, a pesar de contar con un fondo fiduciario para la Seguridad Social de 2,800 millones de dólares, se enfrenta a críticas por prometer más de lo que puede pagar”. A causa del baby boom prevén que, en unos 12 años, dicho fondo se agote.

Luego de meses de investigación y consultas, acabo de publicar un estudio titulado Hacia Pensiones Dignas y Sostenibles, Las crisis y los retos de una reforma integral de los sistemas previsionales. En el mismo se identifican los factores que determinan los crecientes déficits, se cuantifica su impacto y se plantean los lineamientos para un rediseño integral de ambos sistemas, para garantizar pensiones dignas y sostenibles.

El logro de una pensión digna y sostenible es tan importante para los dominicanos, que el análisis del tema debe mantenerse al margen del fanatismo, evaluando objetivamente el impacto financiero de los cambios demográficos y de los grandes avances tecnológicos 

El equilibrio es la condición esencial para la sostenibilidad, especialmente cuando se trata de proyectos de largo plazo. En los resultados y la sostenibilidad de los sistemas de pensión influyen diversos factores endógenos y exógenos (salario, desempleo, informalidad, tasa de interés, inflación, entre otros).

Pero, su característica y funcionamiento dependen de los factores internos, porque son los únicos que el sistema de seguridad social puede definir y controlar. Si los internos no garantizan el equilibrio financiero, mucho menos los externos, cuyo accionar no responde a las necesidades previsionales.

El equilibrio interno de cualquier plan de retiro depende de cuatro variables: 1) el porcentaje de cotización de los trabajadores activos; 2) los años mínimos de aportes para calificar para una pensión plena; 3) el porcentaje para calcular el monto de la pensión; y 4) los años promedio de disfrute de la pensión del titular y de su sobreviviente.

Porcentaje de Aporte X Años de Cotización = Porcentaje de Pensión X Años Pensionados

Esta fórmula indica que, para garantizar una pensión digna y sostenible, es imprescindible asegurar una correspondencia: 1) entre los años de cotización y los años de pensión; y 2) entre el porcentaje de aporte y el porcentaje de la pensión (tasa de reemplazo).

El desequilibrio se origina porque, mientras los tres primeros factores son fijos y están determinados por ley, el cuarto (los años de vida y de disfrute de la pensión), se incrementa incesantemente, fruto de las transformaciones tecnológicas, sociales y demográficas.

Esta rigidez y falta de correspondencia genera una brecha creciente entre los aportes y las prestaciones otorgadas, lo cual conduce al rápido agotamiento del fondo para el retiro, obligando a utilizar los aportes de los trabajadores activos, y más adelante, a depender de subsidios fiscales.

La falta de correspondencia afecta al reparto y a la capitalización

¿Por qué el fondo de pensión se agota, quedándose sin recursos para continuar pagando las pensiones prometidas? El caso dominicano indica que, dado que el aporte para el retiro es el 8% del salario anual, para recibir un año completo de una pensión del 80%, es preciso cotizar durante 10 años. Un desequilibrio evidente.

Cierto que, en la primera etapa del modelo el fondo acumulado se invierte y genera intereses, agregando dos o tres años de pensión. Pero cuando el sistema se torna adulto, se consumen las reservas, y los intereses disminuyen hasta desaparecer. Esa fue la experiencia del IDSS y es lo que ocurre ahora con las pensiones que administra Hacienda, entre otras.

Esta tendencia al desequilibrio es independiente de la naturaleza del sistema previsional, por lo que afecta, por igual, a los planes de reparto público y a los modelos de capitalización individual, aunque con matices distintos según su propia naturaleza.

El pecado original de ambos sistemas es que su diseño no garantiza la necesaria correspondencia entre el porcentaje de aporte y de pensión; y tampoco, entre los años de aporte y los de retiro. Ciertamente, restablecer el equilibrio tiene un costo político.

El aumento sostenido de la esperanza de vida demuestra que ya no es posible garantizar pensiones dignas, prematuras y sostenibles, aportando sólo los ingresos sobrantes y marginales. Que es necesario rediseñar los sistemas ya que el envejecimiento continuará su agitado curso, elevando su costo y erosionando los actuales sistemas previsionales.

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La deuda previsional asciende a 2.2 billones de dólares sólo en seis países latinoamericanos (Brasil, Argentina, México, Colombia, Perú y Chile)

En medio de un taller, María Gutiérrez me preguntó si era verdad que las pensiones serán tan bajas, y qué podrían hacer las autoridades para mejorar esa situación y evitar el empobrecimiento de los pensionados, luego de tantos años de trabajo.

¿Cuánto ganas y cuántos años tienes trabajando?, le pregunté. “Tengo 15 años trabajando y gano 20,000 pesos al mes. ¿En mi caso, qué puedo esperar cuando cumpla los 30 años cotizando y me retire?”

María asumamos un salario fijo real de 20,000 pesos, y un aporte del 8% para tu retiro, con un fondo invertido al 4% real de interés anual, al llegar a los 30 años de aporte habrás acumulado 1,171,365 pesos: 547,200 como aporte, más 507,755 de intereses por la inversión del fondo, más otros 116,410 por intereses durante el período de retiro.

En el sistema de capitalización, si ese fondo se divide en 20 años (260 meses), arrojaría una pensión mensual de sólo 4,505.25 pesos, equivalente al 22.5%. Si sólo vivieras 15 años (195 meses), la pensión mensual sería de 6,007.00, el 30% de tu salario. Y que conste, que estamos considerando las condiciones más favorables, difíciles de mantener a largo plazo.

Si se trata del reparto público y asumimos una pensión del 70% de 20,000, tu pensión anual ascendería a 182,000 pesos (14,000×13), incluyendo un pago adicional de diciembre. En este caso, los 1,171,365 acumulados apenas garantizan 6.5 años de pensión (1,171,365/182,000).

María, en ese caso, el sistema tiene que tomar aportes de los trabajadores activos para pagar tu pensión, y más adelante, requerirá de subsidios gubernamentales para cubrir un déficit creciente. Para pagar tu pensión anual es necesario contar con el aporte de 9.5 trabajadores activos con un salario promedio de 20,000.00. Al terminar el año 15 como pensionada, el déficit será de 1,558,635, y si llegaras a los 20 años, el mismo ascendería a 2,468,635 pesos.

Cuando el sistema entra en crisis por déficit, los trabajadores activos ya no acumulan, ni obtienen intereses, matando la gallina de los huevos de oro. Lo único que existe es un registro contable de sus aportes, sin ningún respaldo tangible, solo con la promesa gubernamental de otorgarle su pensión, repitiendo indefinidamente este círculo deficitario.

Dos estudios confirman el déficit creciente

El ejemplo de María es sólo una expresión individual de un gran problema social a escala mundial, el cual, en la realidad, se multiplica con millones de casos, generando una deuda financiera y social, creciente, insostenible e impagable. Dos estudios, aportan pruebas incuestionables.

Un estudio de Swisse Re Institute, de enero 2018, reveló que sólo seis países de América Latina (Brasil, Argentina, México, Colombia, Perú y Chile) tienen una deuda previsional acumulada de 2.2 billones de dólares. Y otro estudio del Foro Económico Mundial estimó en 4 trillones de dólares la deuda para el 2050, de las 8 economías más poderosas del mundo.

Lo más preocupante es que, a pesar de estos resultados y de sus proyecciones catastróficas, aquí unos se mantienen indiferentes al problema, mientras otros lo subestiman y, no sólo se resisten a considerar un aumento gradual del aporte y de los años de retiro, sino que reclaman mayores pensiones.

Pepe Abreu, Presidente de CNUS, afirmó que “el Estado, es la única empresa que no puede quebrar, aunque esté quebrada”. Estamos de acuerdo, el Estado nunca quiebra, porque quienes siempre quiebran somos los contribuyentes, especialmente en un país donde impera un sistema fiscal regresivo, que reduce el poder adquisitivo de la gran mayoría de la población.

Un estudio del FMI demostró que en Brasil el 35% de los subsidios para pensiones se paga al 20% más rico, mientras el 20% más pobre solo recibe el 4% del subsidio, pagado por todos los contribuyentes

En el mensaje anterior señalé que, al agotarse el fondo de retiro de María, para pagar su pensión anual de 182,000 pesos, es necesario el aporte de 9.5 trabajadores activos, con un salario promedio de 20,000 pesos, o su equivalente. Y que estos trabajadores pierden su derecho a acumular sus aportes y a invertirlos para obtener intereses, matando la gallina de los huevos de oro.

Se trata de un uso inconsulto y compulsivo de las cotizaciones de todos los afiliados, incluyendo a los más pobres. Los expertos del sistema lo denominan “solidaridad intergeneracional”, una licencia legal para endeudar progresivamente a las actuales y futuras generaciones, como señalan los estudios de la OCDE y del Foro Económico Mundial.

En realidad, es el pecado original del reparto; es una distorsión de la verdadera solidaridad social. La solidaridad social no es un préstamo, ya que implica una redistribución real; un sacrificio de quienes tienen más, a favor de los “desheredados de la fortuna”, como decía Peña Gómez.

Con este argumento se diseña, defiende y sostiene un sistema que penaliza, y endeuda de antemano, a las futuras generaciones de trabajadores, antes de que comiencen a trabajar, e incluso, antes de que nazcan. Y todo sin que los involucrados tengan la menor información, ni consciencia de sus implicaciones y resultados.

Contrario a la propaganda, la solidaridad social resulta muy limitada. El sistema no redistribuye el ingreso, sólo reproduce la estructura desigual del mercado laboral, ya que los aportes y las pensiones representan porcentajes fijos del salario de cada trabajador. Desde luego, aquí obviamos los privilegios que se otorgan las minorías influyentes.

La excepción a esta regla la constituye la garantía de la pensión mínima, ya que en este caso suele haber una transferencia real a favor de los más pobres y vulnerables. Pero, en los países con impuestos regresivos, el costo de estos subsidios recae con mayor severidad sobre la población de escasos recursos. Un estudio del FMI demostró que en Brasil el 35% de los subsidios para pensiones se paga al 20% más rico, mientras el 20% más pobre solo recibe el 4% del subsidio.

Una carga más pesada que la deuda pública

¿Cómo puede presentarse la “solidaridad” intergeneracional como una solución social, si hasta los trabajadores más pobres, que apenas reciben el salario mínimo, tienen que aportar para pagar las pensiones de las minorías que se auto asignan libremente su propio salario para obtener una jugosa pensión, sin haber cotizado nunca sobre ese monto?

¿Cómo justificar que los aportes de una joven y humilde trabajadora, que hace la limpieza y prepara el café en una oficina pública, o en una empresa privada, sean utilizados para pagar la pensión de su antiguo jefe, con un monto 30 ó 40 veces superior al salario mínimo que ella recibe?

En la mayoría de los casos, esos subsidios se constituyen en un agujero negro que supera el gasto público en educación y salud, reduciendo los programas sociales orientados a las familias más pobres y vulnerables.

El impacto del creciente déficit financiero del reparto resulta mucho más trastornador y traumático que la deuda pública. Mientras ésta es limitada y definida en el tiempo, el déficit actuarial es creciente e ilimitado superando, incluso, la deuda pública de varias naciones.

Finalmente, este endeudamiento recurrente violenta el deseo y la tradición familiar. Todos los padres responsables aspiran a que sus hijos, además de una buena educación, reciban la mayor herencia posible, para elevar sus niveles de vida, generación tras generación.

Ningún padre responsable quiere dejarles a sus hijos deudas y compromisos financieros recurrentes. Como dijo Jorge Washington: “Ninguna generación tiene el derecho de contratar deudas mayores que las que pueden pagar durante su propia existencia”.

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