Cuando se arriesga la dimensión social de la Iglesia

Compartimos la nota editorial de nuestros amigos de Radio Progreso en Honduras sobre la relación entre Iglesia y Estado y como esta condiciona la labor de la Iglesia.

Cuando las diversas iglesias bendicen el Estado, o bendicen sin criticar a sus funcionarios, o se quedan calladas cuando el Estado, en el caso hondureño, es conducido por personas cuyas relaciones con el narcotráfico han sido comprobadas por el sistema de justicia estadunidense, están dando una señal a la sociedad de que la religión y el Estado se protegen mutuamente.

Cuando esto ocurre, el Estado pierde su dimensión laical y se corre el peligro de que los líderes religiosos utilicen las relaciones con el Estado para beneficiar su confesión religiosa. Entonces las iglesias pierden la identidad de su misión evangelizadora, esto es, ser conciencia crítica de la sociedad e iluminar desde la fe el compromiso social que se ha de tener con los sectores empobrecidos e indefensos de la sociedad.

Cuando las iglesias y religiones se pegan al Estado, el peligro de la manipulación de la fe es mayor. No es extraño que en nombre de un compromiso religioso, dirigentes o animadores de la fe rompan con la mística y la ética del Evangelio, y acaben siendo legitimadores de corrupción e impunidad. O acaben recibiendo “bendiciones” del Estado a través de nutridos donativos metálicos. En el caso se Honduras, existen no pocos ejemplos sobre este tipo de corrupción de pastores e iglesias. Por eso muchos se callan o protegen corruptos.

La fe cristiana ha sido y sigue siendo una fuerza esencial, animadora para muchas personas y grupos comprometidos con las luchas transformadoras de la sociedad. La Iglesia tiene una alta responsabilidad para que la fe siga siendo fuente de inspiración y esperanza para comunidades y organizaciones populares. Y como contrapartida, cuando pastores o jerarquías se hacen de lado, ven solo con recelos o desconocen las iniciativas movilizadoras de la sociedad en contra de atropellos y medidas anti populares de los gobiernos, más se corre el peligro, ya no solo de que más gente abandone la Iglesia, sino que menos presente esté la fe como fuerza iluminadora en las encrucijadas de las luchas sociales. Muchas veces el daño que a las iglesias hacen los pastores con críticas u ofensas infundadas o mal intencionadas y carentes de generosidad hacia las iniciativas ciudadanas, puede ser irreparable.

¿Qué ha de significar en estos tiempos la opción preferencial por los pobres?: que, en cualquier circunstancia de la vida, la Iglesia haga sentir su presencia a favor de las poblaciones indefensas y discriminadas, promoviendo el diálogo entre los conflictos sociales, pero desde el lugar de las víctimas. Como parte de su dimensión social, la Iglesia ha de acompañar aquellos esfuerzos de los pobres por organizarse para hacer valer sus derechos. La Iglesia ha de ver con esperanzas las movilizaciones sociales, y no detenerse solo en la pelusa o excesos que se comenten cuando se realizan las protestas sociales.

Como nos recuerda el papa Francisco, la Iglesia ha de inspirar y alentar a las organizaciones sociales y populares desde su amor preferencial por los pobres. En cualquier circunstancia lo que ha de importar es que la organización sea expresión de los ideales y sueños de los pobres. En circunstancias en que haya conflicto entre la organización y la vida de los pobres, la Iglesia no ha de dudar en situarse en el lugar de las víctimas, puesto que la opción de la Iglesia es por los pobres, y apoyará o cuestionará aquellas mediaciones según fortalezcan la vida y la esperanza de los pobres.

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