“Cultura de la Debilidad y la Convivencia Humana” Código que desafía la realidad eclesial que vivimos.

Compartimos esta reflexión del jesuita dominicano Regino Martínez Bretón sobre el servicio como medio para nuestro encuentro con los otros y con nosotros mismos.

Lo primero que debemos tener bien claro es el significado de la palabra Cultura: La cultura la llevamos escrita dentro de nosotros, la leemos en nuestra mente yen nuestro corazón. La cultura de una persona no se ve pero se percibe en ella, sólo vemos sus manifestaciones. En ese sentido, la cultura se manifiesta en el orden emocional y racional. ¿Quién ha visto un dolor de muela? ¿Podemos decir que el dolor de muela no existe? ¿Quién ha visto, tocado, olido, oído, gustado un pensamiento? Nadie; ¿podríamos decir entonces que las ideas no existen, el pensamiento no existe?

Así, la cultura es algo que llevamos dentro y que a pesar de no ser visible; como yo me doy cuenta de que existo, estoy vivo, viva y me puedo comunicar con otros como yo, puedo entender la situación que otro como yo puede estar padeciendo, sintiendo o pensando; hasta con los animales me comunico: si digo “ti,ti, tiiii”, se acerca una gallina.

Y hay sentimientos y pensamientos que no son exclusivamente míos, por ejemplo el lenguaje, la religión, la música, el baile, las creencias, los refranes, los sazones de comidas y la misma variedad de comidas. Los partidos políticos, las modas, nuestras organizaciones sociales. Esos sentimientos y pensamientos que pertenecen a todas las personas definen un grupo humano. ¿Todas las personas de la humanidad hablan el mismo idioma? ¿Tienen la misma religión? ¿Tienen el mismo sazón? ¿Tienen las mismas costumbres? ¿Se visten igual?. En este sentido podemos decir que cada persona hace parte de una cultura y que los grupos humanos tienen una cultura particular.

La persona humana, digo persona humana, porque hay personas divinas (Padre, Hijo, Espíritu Santo; un Ser trascendente, que me hace partícipe de la vida y es la vida); hay personas espirituales (los Ángeles y los Santos). No todo se acaba con la tierra que nos echan al dejar esta vida). Las personas tenemos un motor interior que nos mueve, que tampoco vemos y quees parte de nuestra cultura, los valores: la racionalidad, la solidaridad, el servicio, el respeto, la generosidad, la justicia, la verdad; el poder compartir, acoger, nuestra disposición a los otros, nuestra libertad.

Esos valores están apoyados en un quicio, en una base que llamo debilidad solidaria asumida. Ésta me hace uno con el débil. Quien es débil necesita de los otros, no puede sostenerse por sí misma y necesita de los otros y otras para poderse relacionar, siguiendo el dicho “saco vacío no se para”; y lo que me hace humano es mi relación con las otras personas. Sin el otro, sin la otra no soy, no puedo existir. La debilidad solidaria tiene que ser asumida libremente. Es decir, el débil solidario consciente renuncia a una vida cómoda, segura para ir a hacerse solidario con los débiles y así lograr que el débil pueda salir de su debilidad fortalecido por mi solidaridad, por mi presencia en su vida. El ejemplo más claro de la debilidad solidaria es Jesús. El sentido que a ella le da Jesús hace que la pobreza tenga una dimensión buena, lo malo es la miseria económica, la miseria moral y la miseria espiritual… (Cfr. El Papa Francisco, Mensaje de Cuaresma 2014).

La cultura de la debilidad solidaria asumida libremente me da un comportamiento que me fortalece para toda la vida, me lleva a querer al otro como a mí mismo, me hace consciente de que al aportar al bienestar del otro, me beneficio yo mismo. Así hago presente el Reino de Dios, que es donde vivimos todos y todas en paz, armonía, respeto, justicia, igualdad, equidad, donde nuestros recursos son suficientes para todos y todas.

La cultura de la debilidad solidaria me da un estilo de vida y define en mí una personalidad, soy el servidor, la servidora, de todos y todas. Esto hace que aparezca también un poder al servicio de los pobres. Es por eso que a Jesús lo querían hacer Rey; sin embargo, no aceptó porque su reino no es como el de los que se hacen dueños de los bienes que administran (Mc.10, 42-45). Jesús nació pobre, vivió pobre y murió solamente con lo que tenía puesto: su túnica. Jesús es prototipo de la cultura de la “debilidad solidaria”. ¿Y tú? ?Y nosotros? El mundo está salpicado de locos, somos el germen de una tierra nueva y de un cielo nuevo.

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Fuente

  • Fotografías: Flickr - Galo Naranjo. Licencia Creative Commons.

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