Día de las Madres en Nicaragua

Al conmemorarse un año de "la Madre de todos las Marchas" con trágico saldo, un nicaragüense anónimo recoge en este texto la voz de impotencia de una Nicaragua que sufre cada día.

Nicaragua, como tantos otros países de América Latina, es un país “de madres”, por la gran cantidad de familias donde el padre está ausente. Es por eso que el 30 de mayo, Día de las Madres, es un día sagrado, una conmemoración que compite con otras como la principal de todo el año.

En 2018, cuando ya habían sido asesinadas más de un centenar de personas por la represión estatal contra las protestas cívicas iniciadas el 18 de abril, se realizó en Managua “la Madre de todas las Marchas” para acompañar a todas las madres que habían perdido a sus hijos desde ese día.

La movilización en la capital, en honor de las llamadas Madres de Abril, convocó a un millón de personas: más de siete kilómetros de una multitud compacta y pacífica con banderas azul y blanco, los colores de la bandera nacional, de todas las edades y de todas las clases sociales.

Nadie pensó, nadie pudo imaginar, que el régimen dispararía a una multitud en la que iban familias enteras, personas en silla de ruedas, ancianos, hasta bebés, familias enteras. Pero lo hizo. Los francotiradores del régimen de Daniel Ortega dispararon ese día contra aquella marcha. Fueron asesinados en las calles del centro de la capital 14 jóvenes y resultaron heridos 88. Esa tarde la Universidad Centroamericana acogió en sus predios a más de 5 mil personas que huían de los balazos.

Nadie ha olvidado ese día. Ni quienes participaron en una marcha tan emotiva y potente. Ni las madres que perdieron a sus hijos en esa jornada. Ni el resto de las madres de los más de 300 jóvenes asesinados antes y después de ese día.

Un año después, el 30 de mayo de 2019, en la Catedral de Managua se concentró una multitud de personas para participar en una misa para acompañar a las Madres de Abril, y a las de mayo, a las de junio, a las de julio, a las de agosto, a las de septiembre… (En la foto, llora la madre de Matt Romero, un joven de 16 años, el último de los jóvenes asesinados en una movilización en Managua, en el mes de septiembre por una certera bala disparada por paramilitares).

La represión masiva del régimen contra la población, el estado de terror que ha impuesto desde que terminaron las matanzas y las torturas que padecen los presos políticos en las cárceles, tienen dimensiones que deben llamar la atención del continente.

Antonia Urrejola, comisionada de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y relatora para Nicaragua en la CIDH, ha resaltado esto: “La de Nicaragua es una de las más graves crisis de derechos humanos en América en las últimas décadas. Uno de los elementos preocupantes y especiales en el caso de Nicaragua es el corto período en que se ha producido y el grave saldo de víctimas que hemos registrado”.

Más de 300 personas asesinadas, más de 2 mil heridas, unas 800 capturadas, apresadas y torturadas en las cárceles, 68 mil nicaragüenses huyendo a Costa Rica, un número aún no determinado de desaparecidos… Es un resultado demasiado abrumador para un país tan pequeño, el más empobrecido de todo el continente.

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