Dowbor: Cómo las corporaciones cercan la democracia

Radiografía de un secuestro: banqueros y megaempresarios colonizan los partidos, compran acuerdos en el poder judicial, comandan los medios de comunicación y extraen dinero de los tesoros. ¿Habrá salida?

“La política cambió de lugar: la globalización desafía radicalmente los marcos de referencia de la política, como práctica y teoría”
Octávio Ianni [2]

“Capture is more subtle and no longer requires a transfer of funds, since the politician, academic or regulator has started to believe that the world works in the way that bankers say it does”
Joris Luyendijk [3]

Mirar el siglo 21 a través de los lentes del siglo pasado no ayuda. Cuando pensamos el mundo de la economía, todavía pensamos en intereses económicos y mecanismos de mercado. La política, el poder formal, los impuestos y el sector público en general, representarían otra dimensión. La ruptura de estas fronteras no es nueva, como tampoco lo es la penetración de los intereses de grupos económicos privados en la esfera pública. Lo que sí es nuevo es la escala, la profundidad y el grado de organización de este proceso. Lo que habían sido deformaciones fragmentadas, penetraciones puntuales a través de lobbies, de corrupción y de “puertas giratorias” entre el sector privado y el sector público, se amplió, y por ósmosis se está transformando en un poder político articulado, en el cual el interés público aflora solo en algunos momentos, según prodigiosos esfuerzos de manifestaciones populares, de frágiles artículos en los medios de comunicación alternativos, de uno que otro político independiente. El poder corporativo se volvió sistémico, capturando una a una, las diversas dimensiones de expresión y ejercicio del poder, y generando así una nueva dinámica o una nueva arquitectura de poder que realmente existe.

Una forma, es la propia expansión de los tradicionales lobbies. Google, por ejemplo, contrata hoy ocho empresas de lobby sólo en Europa, además del financiamiento directo que hace a parlamentarios y a miembros de la Comisión Europea. Es probable que tenga que pagar 6 billones de euros por ilegalidades cometidas en el viejo continente. Los gastos de Google en esta área ya se acercan a los de Microsoft. Google movilizó congresistas norteamericanos para que presionaran la Comisión: “El esfuerzo coordinado llevado a cabo por senadores y miembros del Congreso, así como por un comité de congresistas, hace parte de un esfuerzo sofisticado, con muchos millones de libras en Bruselas, con el cual, Google montó la ofensiva para frenar las resistencias a su dominación en Europa”. [4]

Mientras que los lobbies todavía pueden ser presentados como formas externas de presión, es mucho más importante el financiamiento directo de campañas políticas a través de los partidos o invirtiendo directamente en los candidatos. En Brasil, una ley promulgada en 1997 autorizó a las empresas financiar candidatos, con impactos desastrosos, particularmente en el comportamiento de los parlamentarios, que pasaron a formar bancadas corporativas. En 2010, los Estados Unidos siguieron el mismo camino, llevando a que hoy los estadounidenses comenten “tenemos el mejor Congreso que el dinero puede comprar”. En Brasil, el STF finalmente decretó la ilegalidad de esta práctica a partir de las próximas elecciones. Sin embargo, en 2016 todavía tenemos una bancada ruralista, también representantes de los grandes medios de comunicación, de las contratistas, de los bancos, de las ensambladoras; en cambio, se cuentan con los dedos los representantes de los ciudadanos. La obstaculización al Código Forestal y consecuentemente, la reanudación de la destrucción de la Amazonia, el bloqueo al gravamen de transacciones financieras y tantas otras medidas, o la ausencia de medidas, como el caso de la tributación sobre fortunas o capital improductivo; son resultado de esta nueva relación de fuerzas que un Congreso, que fue literalmente comprado, permite.

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La aprehensión del área jurídica adquirió una inmensa importancia, y se da por varias vías. Fue notorio el intento de los grandes bancos brasileros, a través de diversos tipos de financiamientos, de colocar las actividades financieras fuera del alcance del Procon y de otras instancias de defensa del consumidor. En Estados Unidos, un juez de distrito decide colocar a Argentina en la ilegalidad, en el marco de los llamados “fondos buitres”, poniéndose claramente al servicio de la legalización de la especulación financiera internacional, y por encima de la legislación de otro país.

Una forma particularmente perniciosa de captura del poder judicial es a través de los acuerdos llamados “settlements”, por medio de los cuales las corporaciones pagan una multa pero no necesitan reconocer ninguna culpa, evitando así que los administradores sean criminalmente responsabilizados. Así, los administradores corporativos y financieros quedan tranquilos en caso de eventuales condenas. Joseph Stiglitz comenta: “Hemos notado repetidas veces que ninguno de los responsables encargados de los grandes bancos que llevaron el mundo al borde de la ruina, fuera considerado responsable (accountable) por sus actos indebidos. ¿Cómo puede ser que nadie sea responsable, especialmente cuando hubo hechos de la magnitud de los que ocurrieron en los años recientes?” [5] Elizabeth Warren, senadora estadounidense, trae en su corto estudio una excelente descripción de estos mecanismos, con nombres de las empresas. [6]

La GSK, por ejemplo, un gigante del área farmacéutica, hizo un acuerdo con la justicia norteamericana para compensar un fraude generalizado con tres tipos de medicamentos, pagando 3 billones de dólares. La noticia de la condena por fraude que afectó a millones de pacientes no causó ningún perjuicio significativo a la empresa, cuyas acciones subieron al constatarse el lucro, era mayor que el valor de la multa. Los inversores financieros consideraron que su dinero fue bien defendido. Hoy, esta desresponsabilización es generalizada, abriendo una puerta paralela de financiamiento a gobiernos gracias a las ilegalidades.

Para dar algunos ejemplos, el Deutsche Bank, está pagando una multa de 2,6 billones de dólares en 2015; el Crédit Suisse está pagando 2,5 billones por una condena en 2014 y así sucesivamente, con todos los gigantes corporativos involucrados. Un ejercicio de sistematización de la criminalidad financiera puede ser encontrado en la página Corporate Research Project, que presenta las condenas y acuerdos agrupados por empresa. George Monbiot llama esto un “sistema privatizado de justicia para las corporaciones globales” y considera que “la democracia es imposible en estas circunstancias”.[7] (252)

Actualmente, las corporaciones disponen de su propio aparato jurídico, como el International Centre for the Settlement of Investment Disputes (ICSID) e instituciones semejantes en Londres, París, Hong Kong y otros. Es de esperar que ataquen un país si éste impone reglas ambientales o sociales que el mundo corporativo juzga como desfavorables y lo procesen por los lucros que podrían haber obtenido. La disputa jurídica constituye una dimensión esencial de los tratados TTIP (Transatlantic Trade and Investment Partnership), en la esfera del Atlántico, y TTP (Trans-Pacific Partnership) en la esfera del pacífico. Estos acuerdos amarran a un conjunto de países con reglas internacionales, de tal forma que los Estados nacionales perderán la capacidad de regular cuestiones ambientales, sociales y económicas, y de manera muy particular, a las propias corporaciones. Por el contrario, serán las mismas corporaciones quienes les impondrán – y a todos nosotros- sus leyes. En palabras de Luís Parada, un abogado de gobiernos en litigio con grupos mundiales privados: “la cuestión finalmente es de saber si un inversor extranjero puede forzar a un gobierno a cambiar sus leyes para agradar al inversor, en vez de el inversor adecuarse a las leyes que existen en el país”. [8]

Otro poderoso eje en la captura del espacio político se da a través del control organizado de la información, construyendo una fábrica de consensos de la cual Noam Chomsky nos dio análisis muy valiosos. [9] El alcance planetario de los medios de comunicación de masas y la expansión de los gigantes corporativos de producción de consensos, permitieron que la comprensión popular del vínculo entre el humo y el cáncer se atrasara por décadas; que en los Estados Unidos se bloqueara la expansión del sistema público de salud, que se vendiera al mundo la guerra por el control del petróleo como una lucha para liberar la población iraquí de la dictadura y para proteger al mundo de armas de destrucción masiva. La escala de las mistificaciones es impresionante.

Una ofensiva semejante a nivel mundial, particularmente en Estados Unidos, fue organizada para vender al mundo no la inexistencia de cambio climático –los datos son demasiado fuertes- sino la suposición de que “hay controversias”, aplazando u obstaculizando el inevitable cambio de matriz energética. James Hoggan realizó una interesante investigación sobre cómo funciona esta industria. La articulación es poderosa, involucrando los think tanks, instituciones conservadores como el George C. Marshall Institute, el American Enterprise Institute (AEI) el Information Council for Enviroment (ICE) el Fraser Institute, el Competitive Enterprise Institute (CEI) el Heartland Institute, evidentemente el American Petroleum Institute (API) y el American Coalition for Clean Coal Electricity (ACCCE), además del Hawthorne Group y tantos otros. La ExxonMobil? y la Koch Industries son poderosas financiadoras, esta última además una gran articuladora del Tea Party y de la candidatura de Trump. Siempre petróleo, carbón, productores de carros y de armas, muchos republicanos y la derecha religiosa. [10]

Campañas de este tipo son impulsadas por gigantes de la comunicación. En Brasil, el 97% de los hogares tiene televisión, la cual ocupa de tres a cuatro horas de nuestro día y además está presente en las salas de espera, en los medios de transporte, etc. un incesante bombardeo que tiene origen en unos pocos grupos. A nivel mundial, Rupert Murdoch asume tranquilamente ser el responsable por la ascensión y el soporte a Margareth Tatcher, financió un sistema de escuchas telefónicas a gran escala en Gran Bretaña y sostiene un clima de odio de derecha a través de Fox, recibiendo apenas una palmadita en la mano cuando se revelan las ilegalidades que practica. En Brasil, con el control de nuestra visión de mundo llevado a cabo por cuatro grupos privados –Los Marinho, Civita, Frias y Mesquita- el propio concepto de libre prensa se vuelve surrealista, y los impactos en Argentina, Chile, Venezuela y otros países, son impresionantes en términos de promoción de las visiones más retrogradas y de generación de un clima de odio social.

La vinculación de la dimensión mediática del poder con el sistema corporativo mundial es en gran parte indirecta, pero muy importante. Las campañas de publicidad difundidas promueven incesantemente comportamientos y actitudes centrados en el consumismo obsesivo de los productos de las grandes corporaciones. Esto amarra a los medios de comunicación de dos formas: primero, porque pueda dar malas noticias sobre el gobierno, pero nunca sobre las empresas, aún cuando llenen los alimentos de agrotóxicos, corrompan la función de los medicamentos o nos vendan productos asociados con la destrucción de biomas como la selva amazónica. Segundo, como la publicidad es remunerada en función de los puntos de audiencia, presentan un mundo color de rosa por un lado, y crímenes y persecuciones policiales por otro, todo para atraer la atención puntual y fragmentada; lo cual se vuelve esencial a la hora de crear una población desinformada o asustada, pero sobretodo, enceguecida con el consumo, el cual remunera con nuestro dinero a las corporaciones que financian estos programas. El círculo se completa y el resultado es una sociedad desinformada y consumista. La publicidad, el tipo de programas y de información, el consumismo y el interés de las corporaciones pasan a formar un universo articulado y coherente, aunque desastroso en términos del funcionamiento democrático de la sociedad. [11] (217)

Además de los think tanks y del control de los medios de comunicación, el control de las propias visiones académicas avanzó radicalmente en las últimas décadas a través de los financiamientos corporativos directos, y en particular a través del control de las publicaciones científicas. En muchos países y particularmente en Brasil, las universidades privadas pasaron a ser propiedad de grupos transnacionales que traen la visión corporativa en su interior. La dinámica es particularmente sensible en los estudios de economía. Helena Ribeiro trae un ejemplo de esta deformación profunda de la enseñanza en la universidad Notre Dame de Nueva York. “Dado que corría el año 2009 y delante de todos el mundo financiero entraba en un colapso, los alumnos pensaron que sería un excelente tema para debatir en la clase de macroeconomía. La respuesta del profesor: “los estudiantes fueron lacónicamente informados que el tema no constaba de contenido programático de la disciplina ni era mencionado en la bibliografía establecida y que, por ello, el profesor no pretendía desviar la lección que estaba planeada. Y fue eso lo que hizo”. El artículo de Ribero muestra las dimensiones de esta deformación, pero también las protestas de los alumnos y la multiplicación de centros alternativos de investigación económica, como el New Economics Fundation, la Young Economics Network, el Institute of New Economics Thinking y otras numerosas instituciones. [12]

Menos percibido, pero igualmente importante, es la oligopolización del control de las publicaciones científicas en el mundo. Según un estudio canadiense “en las disciplinas de las ciencias sociales, que incluyen especialidades como sociología, economía, antropología, ciencias políticas y estudios urbanos, el proceso es impresionante: mientras los cinco editores más grandes eran responsables por un 15% de los artículos en 1995, este número llegó a 66% en 2013”. Este es el impresionante dominio de Reed-Elsevier (hoy boicoteado por más de 15.000 científicos americanos), Springer, Wiley-Blackwell y pocos más. (Larivière, 2015) [13]

A este conjunto de mecanismos de captura del poder tenemos que sumar la erosión radical de la privacidad en las últimas décadas. Hoy en día la sangre de nuestra vida transita por medios magnéticos, dejando rastros de todo lo que compramos o leemos, la red de nuestros amigos, los medicamentos que tomamos, nuestro nivel de endeudamiento. Las empresas tienen acceso al embarazo de una funcionaria a través de la compra de informaciones a los laboratorios. La defensa que utilizan los grandes grupos sobre la información que recolectan de las personas, es que se trata de informaciones “anónimas”, pero la realidad es que los cruzamientos de los rastros electrónicos permiten individualizar perfectamente a las personas, influyendo en potencial persecución política o en dificultades en su empleo. Sin embargo, el acceso a las informaciones confidenciales de las empresas también fragiliza radicalmente a grupos económicos más pequeños ante los gigantes que pueden tener acceso a sus comunicaciones internas. No se trata solo de un alto nivel de espionaje, como en el caso de las grabaciones de las conversaciones de Dilma Rouseff y Angela Merkel. Se trata de todos nosotros, y con el apoyo de un sistema mundial de captura y administración de informaciones del porte de la NSA. Big Brother is Watching You, dejó de ser sólo literatura.[14]

La expansión de los lobbies, la compra de políticos, la invasión de la justicia, el control de los sistemas de información de la sociedad, la manipulación de la enseñanza académica y la invasión a la privacidad, representan algunos de los instrumentos más importantes de la captura del poder político general que hacen las grandes corporaciones. Pero el conjunto de estos instrumentos lleva, en última instancia, a un mecanismo más poderoso que los articula y les confiere carácter sistémico: la apropiación de los resultados de la actividad económica, por medio del control financiero en poquísimas manos.

Veamos ahora un poco de lo que son estas grandes corporaciones. Es sorprendente, paro hasta el 2012 no teníamos ningún estudio global sobre cómo funciona la red mundial de control corporativo. El Instituto Federal Suizo de Investigación Tecnológica, algo así como un MIT de Europa, seleccionó los 43.000 grupos mundiales más importantes y estudió en profundidad cómo funciona, a través de participaciones cruzadas y de fusiones interempresariales, el control del conjunto. El resultado fue una cifra impresionante que cambió la visión que tenemos del sistema económico mundial: solo 737 grupos controlan el 80% del mundo corporativo, siendo que hay un núcleo de 147 que controla el 40%. Estos últimos gigantes son esencialmente grupos financieros (75%). Es decir, no necesitan controlar directamente el proceso decisorio, agarran el sistema, digámoslo así, por las partes más delicadas, que son el acceso a los recursos. Un grupo tan limitado no necesita hacer conspiraciones misteriosas, son personas que se conocen en el campo de golf o en el Open de Tenis de Australia, se ponen de acuerdo cómodamente entre sí. Los autores de la investigación concluyen claramente que hablar de mecanismos de mercado en este restringido club, no tiene mucho sentido. [15]

François Morin, asesor del banco central de Francia, concentra su análisis en cómo se articulan los 28 gigantes financieros más importantes. En el análisis están todos: JPMorgan Chase, Bank of America, Citigroup, HSBC, Deutsche Bank, Santander, Goldman Sachs y otros, con un balance de más de 50 trillones de dólares en 2012, cuando el PIB mundial fue de 73 trillones. La relación con los Estados es particularmente interesante, pues la deuda pública mundial, es de 49 trillones; está en el mismo nivel que la facturación de los 28 grupos financieros que Morin analiza, la cual también está cerca de 50 trillones. Los Estados, gracias al endeudamiento público con gigantes privados, ahora son rehenes y se volvieron incapaces de regular este sistema financiero en favor de los intereses de la sociedad. “De cara a los Estados debilitados por el endeudamiento, el poder de los grandes actores bancarios privados parece escandaloso, particularmente si pensamos que estos últimos están, esencialmente, en el origen de la crisis financiera, con una buena parte del excesivo endeudamiento actual de los Estados”. (Morin, 36).[16]

El poder político, aprehendido por el mecanismo de la deuda, constituye una parte muy importante del mecanismo general. Los grandes grupos financieros tienen suficiente poder para imponer el nombramiento de los responsables en puestos claves como bancos centrales, en los ministerios de hacienda, o incluso en las comisiones parlamentarias correspondientes, con personas de su propia esfera; transformando presión externa en poder estructural internalizado. La política sugerida a los gobiernos reza que es menos impopular endeudar el gobierno que cobrar impuestos. “Estas instituciones financieras son las dueñas de las deudas del gobierno, lo que les confiere un poder todavía más grande de influencia sobre las políticas y prioridades de los gobiernos. Ejerciendo este poder, suelen demandar siempre la misma cosa: medidas de austeridad y ‘reformas estructurales’ destinadas a favorecer una economía de mercado neoliberal que en última instancia beneficia estos mismos bancos y corporaciones”. Es la trampa de la deuda. (Marshall) [17]

Los 28 grupos controlan igualmente los llamados derivados financieros, esencialmente especulación con variaciones de mercados futuros: el volumen logrado en 2015 es de más de 600 trillones de dólares, 8 veces el PIB mundial. Si pensamos que tantos países aceptaron reducir las inversiones públicas y las políticas sociales –incluso Brasil-, para satisfacer a este pequeño mundo financiero, no se puede ignorar la dimensión política que el sistema asumió. Los grandes traders de commodities controlan nada menos que el comercio de los granos (maíz, trigo, arroz, soya), los minerales metálicos, los minerales no metálicos y los recursos energéticos; es decir, la sangre de la economía mundial. Las gigantescas variaciones de los precios del petróleo, por ejemplo, no son el resultado de variaciones en la producción o en el consumo, los cuales son muy estables a escala global, sino de los procesos especulativos de los grandes financieros. [18]

Actualmente el sistema está articulado. Un aporte particularmente fuerte de François Morin es el análisis de cómo este grupo de bancos se fueron dotando, desde 1995, de instrumentos de articulación, la GMFA (Global Financial Markets Association), el IIF (Institute of International Finance), la ISDA (International Swaps and Derivatives Association), la AFME (Association for Financial Markets in Europe) y el CLS Bank (Continuous Linked Settlement System Bank). Morin presenta en gráficas cómo los bancos más grandes se distribuyen en estas instituciones. El IFF por ejemplo, “verdadera cabeza pensante de la finanza globalizada y de los bancos internacionales más grandes”, constituye hoy un poder político asumido: “el presidente del IIF tiene un estatus oficial, reconocido, que lo habilita para hablar en nombre de los grandes bancos. Podríamos decir que el IIF es el parlamento de los bancos, su presidente tiene casi el papel de jefe de estado. Hace parte de quienes toman las grandes decisiones mundiales”. (Morin, 61)

Un instrumento particularmente importante de este poder reside en el uso de los paraísos fiscales, que a partir de la crisis de 2008, fueron lo suficientemente estudiados como para que hoy tengamos los contornos de su funcionamiento. Básicamente, para un PIB mundial del orden de los 73 trillones de dólares en 2012, el stock de recursos financieros en paraísos fiscales se situó entre 21 y 32 trillones de dólares según la Tax Justice Network, cifra que la revista Economist redondea en 20 trillones. [19] Para tener una idea de los valores, la gran decisión de la cúpula mundial sobre el clima realizada en 2015 en París, fue la de designar hasta 2020, 100 billones de dólares anuales para salvar el planeta del calentamiento global: doscientas veces menos de lo que está consignado en paraísos fiscales, capital improductivo y en gran parte, ilegal. Los Panama Papers abren solo una ventana del proceso, pero muestran cómo decenas de miles de corporaciones ficticias generaron el caos financiero actual. [20] El caos en el sistema financiero de Brasil es sólo un fragmento de este proceso mundial. [21]

Actualmente estos recursos son vitalmente necesarios para financiar la reconversión tecnológica que nos permita dejar de destruir el planeta y asegurar la inclusión productiva de billones de marginados, reduciendo la desigualdad que alcanzó niveles explosivos. Con el grado de aprehensión existente en proceso decisorio sobre el destino de los recursos, se privó a los Estados de ejercer cualquier control: prácticamente todas las grandes corporaciones tienen filiales o empresas “testaferro” en paraísos fiscales, dónde el dinero simplemente desaparece en términos formales, para reaparecer a nombre de otras empresas, generando un espacio en “blanco” donde el seguimiento del flujo financiero se interrumpe, permitiendo toda clase de ilegalidades y en particular la evasión fiscal e innumerables actividades ilegales como el comercio de armas y drogas. [22]

Actualmente, con el poder más en las manos de gigantes financieros que en las empresas productoras de bienes y servicios, éstas últimas pasaron a someterse a las exigencias de rentabilidad financiera que imposibilitan iniciativas, en el nivel de los técnicos que conocen los procesos productivos de la economía real, para preservar un mínimo de decencia profesional y de ética corporativa. Estamos entonces ante un caos en términos de discrepancia con los intereses de desarrollo económico y social, pero un caos muy direccionado y lógico cuando se trata de asegurar un mayor flujo de recursos financieros para la cima de la jerarquía. Su competencia caótica puede llevar a crisis sistémicas, pero cuando se trata de poner obstáculos a las iniciativas de control o de regulación de estas corporaciones, reaccionan de forma unida y organizada.

¿De qué dimensiones estamos hablando? Las corporaciones financieras clasificadas en el SIFI (Systemically Important Financial Institutions) trabajan cada una con un capital consolidado promedio (consolidated assets) del orden de $1.82 trillones para los bancos y $0,61 trillones para las aseguradoras analizadas. Para efectos de comparación, recordemos que el PIB de Brasil, la 7ª potencia mundial, es del orden de $1,4 trillones. Todavía más explícito es recordar que, de acuerdo con los datos de Jens Martens, el sistema de las Naciones Unidas dispone de 40 billones de dólares anuales para el conjunto de sus actividades, lo que a su vez, representa sólo 2,3% del gasto militar mundial. [23]

Ante el poder global de las corporaciones, no tenemos instrumentos públicos correspondientes. Por el contrario, se está documentando la captura del proceso decisorio de la ONU por los mismos grupos corporativos. Un estudio del Global Policy Forum se enfoca directamente en el hecho de que los intereses corporativos han adquirido una influencia desproporcional sobre las instituciones que redactan las reglas globales. El documento presenta “la creciente influencia del sector empresarial sobre el discurso político y la agenda”, cuestionando “si las iniciativas de alianza permiten que el sector corporativo y sus grupos de interés ejerzan una influencia creciente sobre la definición de la agenda y el proceso decisorio político de los gobiernos”. Según Leonardo Bissio, “este libro muestra como Big Tobacco, Big Soda, Big Pharma y Big Alcohol terminan prevaleciendo, y cómo la filantropía y las compañías publico-privadas deforman la agenda internacional sin supervisión de los gobiernos, pero también describe claramente las formas prácticas para prevenirlo y para recuperar un multilateralismo basado en los ciudadanos”. (Martens, 1 y 9)

En términos de mecanismos económicos, es central la fase actual de apropiación de plusvalía, ya no tanto en las unidades empresariales que pagan mal a sus trabajadores, sino crecientemente a través de sistemas financieros que se apropian del derecho sobre el producto social a través del endeudamiento público y privado. Esta forma de plusvalía financiera se volvió extremadamente poderosa. Ante los nuevos mecanismos globales de explotación, que actúan en escala planetaria, y que inclusive recurren en gran escala a los refugios en los paraísos fiscales, los gobiernos nacionales se volvieron en gran parte, impotentes. Tenemos una finanza global descontrolada ante un poder político fragmentado en 195 naciones, esto porque el poder dentro de las propias naciones, en sus diversas dimensiones, está en gran parte siendo capturado. Nos volvimos sistemáticamente disfuncionales.

Wolfgang Streeck trae una interesante sistematización de esta captura del poder público a nivel de los propios gobiernos. Por medio del endeudamiento del estado y de los otros mecanismos abordados anteriormente, se genera un proceso en el cual, cada vez más, el gobierno tiene que dar cuentas al “mercado”, dando la espalda a la ciudadanía. Así, para la sobrevivencia de un gobierno, pasa a prevalecer no cuánto está respondiendo a los intereses de la población que lo eligió, sino si el mercado, es decir, esencialmente los intereses financieros, se sienten suficientemente satisfechos como para declararlo “confiable”. De cierta forma, en vez de república, es decir, res publica, pasamos a tener una res mercatori, una cosa del mercado. Un cuadro resumen ayuda a entender el desplazamiento radical de la política: [24] (81)

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Naturalmente, uno se financia a través de los impuestos, el otro se financia a través del crédito. De esta manera, un gobierno pasa a depender “de dos ambientes que colocan demandas contradictorias sobre su comportamiento” (80). Entre la opinión pública sobre la calidad del gobierno y la “evaluación del riesgo” de este mismo gobierno para dejar de pagar elevados intereses sobre su deuda, la opción de sobrevivencia política cae cada vez más hacia el lado de lo que calificaremos misteriosamente como “los mercados”. Donde había estado de bienestar y políticas sociales, tendremos austeridad y lucros financieros. No es secundaria, evidentemente, la transformación de este poder corporativo en sistemas tributarios que gravan proporcionalmente más a los que menos ganan. La fuerza se vuelve ley y el estado un instrumento de privatización de los propios impuestos. Según Streeck, no es el fin del capitalismo, sino del capitalismo democrático.

La investigación y comprensión de las nuevas articulaciones de poder son indispensables para entender los mecanismos y la escala radicalmente nueva de acumulación de riqueza en las manos del 0,01% de la población mundial, y la espantosa cifra de 62 billonarios que son dueños de más riqueza que la mitad más pobre de la población mundial. Igualmente significativo es el hecho de que la economía brasilera esté en una recesión cuando los bancos Bradesco e Itaú, por ejemplo, vieron sus ganancias declaradas aumentar entre el 25% y el 30% en doce meses [25]. De cierta forma, al analizar los mecanismos de captura del poder estamos develando los canales que permiten el dramático refuerzo de la desigualdad entre y dentro de las naciones, además de los obstáculos al crecimiento económico gracias al desvío de los recursos públicos hacia las inversiones financieras (26)

Restablecer la regulación y el control sobre estos gigantes financieros que pasaron a regir la economía mundial y las decisiones internas de las naciones, es hoy simplemente, poco viable, tanto por la dimensión, como por la estructura organizacional sofisticada de la que actualmente disponen; además, evidentemente, por los sistemas de control sobre la política, la justicia, los medios de comunicación y la academia -y por lo tanto la opinión pública- conforme vimos anteriormente. La dimensión internacional aquí es crucial, pues casi la totalidad de estos grupos está constituida por corporaciones de base norteamericana o de Unión Europea. Es la poderosa materialización de un poder que es global, pero esencialmente perteneciente a lo que nos hemos acostumbrado a llamar “occidente”. Los intentos de construir un contrapeso por medio de la articulación de los BRICS muestran aquí toda su fragilidad. El poder financiero global tiene nacionalidades, con los gobiernos debidamente apropiados por los mismos grupos.

Si hay una cosa que en el mundo no falta son los recursos. El inmenso avance de la productividad global es resultado, esencialmente, de la revolución tecnológica que vivimos. Sin embargo, quienes se llevan las utilidades no son los productores de estas transformaciones, desde la investigación fundamental en las universidades públicas y las políticas públicas de salud, educación e infraestructuras, hasta los avances técnicos en las empresas que efectivamente producen bienes y servicios: por el contrario, ambas esferas, la pública y la empresarial, se encuentran endeudadas en las manos de gigantes del sistema financiero, que rinden fortunas a quien nunca produjo nada, y que logran, al tener en sus manos los hilos que controlan tanto el sector público como el sector productivo privado, desviarnos radicalmente del desarrollo sostenible que es hoy vital para el mundo.

En lo que respecta a la población de un país como Brasil, que busca rescatar un poco de soberanía en su posición periférica, lo que parece restar es un sentimiento de impotencia. Perplejas y endeudadas, las familias ven aparecer su “nombre sucio” en la Serasa-Experan –que además es una multinacional- en caso de que no respeten las reglas del juego. En el caos de las reglas financieras, las familias contribuyen a la concentración de riqueza y de poder a través de los altos intereses que pagan en los créditos y bancos, a través de los intereses surrealistas de la deuda pública y a través de las políticas llamadas de “austeridad”, que las privan de sus derechos. Estas reglas del juego profundamente deformadas serán naturalmente presentadas como fruto de un proceso democrático y legítimo, pues está escrito en la constitución que todo el poder emana del pueblo. La construcción de procesos democráticos de control y destino de recursos constituye hoy un desafío central. Justamente, Boaventura de Souza Santos habla insistentemente de la necesidad de profundizar la democracia. Pero en realidad, necesitamos es rescatarla de la caricatura en la que se ha convertido.

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Fotografía: Flickr - longislandwins (Robert Silz). Licencia Creative Commons.

Notas

  1. Una visión más detallada del análisis presentado en el presente artículo se puede encontrar en: Governança Corporativa, http://dowbor.org/2015/11/ladislau-dowbor-o-caotico-poder-dos-gigantes-financeiros-novembro-2015-16p.html/; La dimensión propiamente brasilera de la deformación financiera se encuentra en: Juros Extorsivos no Brasil, Ética Editora, Imperatriz, 2016,http://dowbor.org/blog/wp-content/uploads/2012/06/Dowbor-Juros-_pdf-com-capa.pdf
  2. Octávio Ianni – A política mudou de lugar – Capitulo del libro Desafios da Globalização, L. Dowbor, O. Ianni e P. Resende (Orgs.), ed. Vozes, Petrópolis, 2003.
  3. Joris Luyendijk – Swimming with sharks – Guardian Books, London, 2015http://www.theguardian.com/business/2015/sep/30/how-the-banks-ignored-lessons-of-crash
  4. The Guardian, Revealed: How Google enlisted members of the US Congress http://www.theguardian.com/world/2015/dec/17/google-lobbyists-congress-antitrust-brussels-eu
  5. Joseph Stiglitz – On Defending Human Rights – Geneva, 3 December 2013 http://www.ohchr.org/Documents/Issues/Business/ForumSession2/Statements/JosephStiglitz.doc
  6. Warren, Elizabeth – Rigged Justice – Jan. 2016, p.16 http://www.warren.senate.gov/files/documents/Rigged_Justice_2016.pdf  y New York Times 29/01/2016 http://www.nytimes.com/2016/01/29/opinion/elizabeth-warren-one-way-to-rebuild-our-institutions.html?_r=0
  7. Monbiot, George – A global ban on leftwing politics”, in How Did we Get into this Mess, Verso, London, New York, 2016 –http://www.monbiot.com/2013/11/04/a-global-ban-on-left-wing-politics/
  8. Provost, Claire  and Matt Kennard – The obscure legal system that lets corporations sue countries – The Guardian, June 2015  –https://www.google.com/url?q=http://www.theguardian.com/business/2015/jun/10/obscure-legal-system-lets-corportations-sue-states-ttip-icsid&sa=U&ved=0ahUKEwid0aacve3JAhWJXR4KHXkHAv4QFggFMAA&client=internal-uds-cse&usg=AFQjCNE_bryAhhqokmP_TQPeoYdWUmYckQ
  9. Ver especialmente el documental Chomsky&Cia, subtitulado en portugués en https://www.youtube.com/watch?v=IHSe9FRGpJU
  10. James Hoggan – The Climate Cover-up: the cruzade to deny global warming – ver http://dowbor.org/2009/12/climate-cover-up-the-cruzade-to-deny-global-warming-2.html/; Sobre los financiadores, ver http://dowbor.org/2010/04/petroleira-dos-eua-deu-us-50-mi-a-ceticos-do-clima-6.html/ ; ver también el artículo de Jane Mayer The dark money of the Koch Brothers, 2016, http://www.truth-out.org/news/item/35450-the-dark-money-of-the-koch-brothers-is-the-tip-of-a-fully-integrated-network
  11. Ver el corto y excelente comentario de George Monbiot, How did we get into this mess, en el libro del mismo nombre – Verso, London/New York,http://www.monbiot.com/2007/08/28/how-did-we-get-into-this-mess/   
  12. Helena Ribeiro – Os protestos nas universidades por um novo ensino da economia – Jornal dos Negócios, Lisboa, diciembre de 2013 –http://dowbor.org/2013/12/helena-oliveira-o-protesto-nas-universidades-por-um-no-ensino-da-economia-dezembro-2013-3p.html/
  13. V. Larivière, S. Haustein y P. Mongeon – The Oligopoly of Academic Publishers in the Digital Era – PlosOne?, 2015, http://dowbor.org/2016/02/the-oligopoly-of-academic-publishers-in-the-digital-era-vincent-lariviere-stefanie-haustein-philippe-mongeon-published-june-10-2015-15p.html/
  14. Lane, S. Frederick – The Naked Employee- AMACOM, New York, 2003  http://dowbor.org/2005/06/the-naked-employee-o-empregado-nu-privacidade-no-emprego.html/
  15. Vitali, Glattfelder y Battistoni, Zurich, 2011; Ver  A rede do poder corporativo mundial – 2012 – http://dowbor.org/2012/02/a-rede-do-poder-corporativo-mundial-7.html/
  16. François Morin – L’hydre mondiale: l’oligopole bancairehttp://dowbor.org/2015/09/francoismorin-lhydre-mondiale-loligopole-bancaire-lux-editeur-quebec-2015-165p-isbn-978-2-89596-199-4.html/
  17. Andrew C. Marshall – Bank crimes pay under the thumb of the global financial mafiocracy – Truthout, 8 Dec. 2015 –http://www.truth-out.org/news/item/33942-bank-crimes-pay-under-the-thumb-of-the-global-financial-mafiocracy
  18. Sobre los derivativos financieros y el poder de los traders de commodities, ver nuestro Produtores, intermediários e consimidores, 2013, http://dowbor.org/?s=produtores%2C+intermedi%C3%A1rios+e+consumidores
  19. Henry, James – The Price of off-shore revisited – Tax Justice Network,  http://www.taxjustice.net/2014/01/17/price-offshore-revisited/
  20. ICIJ – The Panama Papers – https://panamapapers.icij.org/
  21. Barbara Adams and Jens Martens – Fit for whose purpose? –Global Policy Forum,  New York, Sept. 2015 –https://www.globalpolicy.org/images/pdfs/images/pdfs/Fit_for_whose_purpose_online.pdf
  22. Un excelente estudio de estos mecanismos puede encontrarse en Shaxson, Nicholas – Treasure Islands: uncovering the damage of offshore banking and tax havens –  St. Martin’s Press, New York, 2011 –http://dowbor.org/2015/10/nicholas-shaxson-treasure-islands-uncovering-the-damage-of-offshore-banking-and-tax-havens-st-martins-press-new-york-2011.html/ - Joseph Stiglitz – On Defending Human Rights – Geneva, 3 December 2013 http://www.ohchr.org/Documents/Issues/Business/ForumSession2/Statements/JosephStiglitz.doc
  23. Barbara Adams and Jens Martens – Fit for whose purpose? –Global Policy Forum,  New York, Sept. 2015 –https://www.globalpolicy.org/images/pdfs/images/pdfs/Fit_for_whose_purpose_online.pdf
  24. Wolfgang Streeck,  Buying time – Verso, London 2014 –  http://dowbor.org/category/dicas-de-leitura/
  25. Respectivamente en 2013, los bancos Itaú y Bradesco tuvieron un aumento en las ganancias declaradas de un 30,2% y 25,9%. Ver el informe Dieese –http://www.dieese.org.br/desempenhodosbancos/2015/desempenhoBancos2014.pdf
  26. La dimensión de la concentración de renta y de patrimonio ha sido sistematizada por la OXFAM, ver el informe de enero 2016 https://www.oxfam.org/sites/www.oxfam.org/files/file_attachments/bp210-economy-one-percent-tax-havens-180116-summ-pt.pdf

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