«El de Putin es en esencia un proyecto conservador». Entrevista a Ilyá Budraitskis

Compartimos la entrevista de Marín Bańa, para Nueva Sociedad, al historiador ruso Ilyá Budraitskis sobre la figura, proyecto, y legado de Vladimir Putin.

Ilyá Budraitskis es uno de los jóvenes pensadores rusos más originales y sofisticados de la actualidad. Vive en Moscú y combina su profesión de historiador con el activismo cultural y la militancia política. Es profesor en la Escuela de Ciencias Económicas y Sociales de Moscú y en el Instituto de Arte Contemporáneo, y editor de publicaciones como Moscow Art Magazine y LeftEast?. Es además un prolífico autor, aunque gran parte de su obra permanece aún desconocida en español. Escribe habitualmente para sitios como Jacobin, OpenLeft? y openDemocracy, donde reflexiona sobre la sociedad, la política y las derivas del arte contemporáneo de su país. Durante el Centenario de la Revolución Rusa publicó Dissidenty sredi dissidentov [Disidentes entre disidentes][1], una breve pero contundente colección de ensayos en los que investigó los efectos del legado soviético sobre la política, la sociedad y la cultura rusas de la última década. En 2013 editó, junto con Ekaterina Degot y Marta Dziewanska, Post-Post Soviet?: Art, Politics, and Society in Russia at the Turn of the Decade [Post-post soviético: Arte, política y sociedad en Rusia en el cambio de década][2] y en 2014, junto con Arseny Zhilyaev, Pedagogical Poem [Poema pedagógico][3], texto donde volcó los resultados de un proyecto interdisciplinario que reunió reflexiones de pedagogos, historiadores y artistas respecto del futuro de los museos. En febrero pasado salió su último libro, Mir, kotory postroil Huntington i v kotorom zhiviom vse my. Paradoksy konservativnovo povorota v Rossii [El mundo que construyó Huntington y en el cual vivimos. Paradojas del giro conservador en Rusia][4], donde analiza con gran clarividencia los rasgos que definen el régimen de Vladímir Putin desde la doble perspectiva de las coyunturas locales y las tendencias globales.

Una de las cuestiones centrales que aborda en su último libro, El mundo que construyó Huntington y en el cual vivimos, son los valores y la ideología que están detrás del sistema Putin. ¿Cómo podría definirlos?

Efectivamente, uno de los argumentos centrales del libro es que lo que define el núcleo del régimen de Putin es el conservadurismo, esos son sus valores y esa es su ideología. Pero también es importante decir, y es lo que intento demostrar, que, si bien este conservadurismo puede estar enraizado en la tradición conservadora rusa, está bastante más relacionado con el conservadurismo global, con las tendencias conservadoras de nuevo tipo que vemos actualmente surgir en todo el mundo. De esta manera, para analizar la composición ideológica del régimen debemos estar atentos, simultáneamente, a dos perspectivas: por un lado, a la del conservadurismo ruso, y por el otro, a la del conservadurismo global.

¿Y cómo se inserta este conservadurismo en el contexto ideológico ruso actual?

Un elemento importante de cualquier estructura ideológica conservadora es la brecha que existe entre el conservadurismo como una filosofía política, digamos, y el conservadurismo como una praxis política. Básicamente, si se mira la historia global del conservadurismo, lo que se observa es que siempre se presenta como algo que no es consistente, como algo que cambia, que está vinculado a las coyunturas políticas. De este modo, siempre hay contradicciones entre los pensadores conservadores y la práctica conservadora real de los regímenes políticos. Esto se observa muy claramente para la situación rusa. Por un lado, tenemos un régimen que promueve una visión conservadora del Estado, de la ciudadanía, que promueve valores conservadores, etc. y, al mismo tiempo, observamos que el pensamiento conservador en Rusia es marginal, que no es tan importante para el régimen reproducirlo en un sentido ideológico. Dentro de este marco, el caso de Alexander Duguin es muy sintomático porque él es, desde mi punto de vista, la figura más interesante del pensamiento conservador actual en Rusia, pero sus ideas no son demasiado necesarias para el régimen. Si se mira la trayectoria de sus últimos años, se puede ver que Duguin tuvo alguna esperanza en el régimen. El punto más alto fue 2014, cuando Rusia anexionó Crimea y él comenzó a creer que Putin es una persona que puede desafiar el orden neoliberal global desde un punto de vista «conservador-radical». Sin embargo, su posición actual es un poco más escéptica. Si se miran sus últimas conferencias o comentarios, Duguin básicamente explica su visión del régimen y lo llama «cesarismo», es decir, un mecanismo puramente estatal que es neutral respecto de cualquier tipo de valores, y que no tiene un desarrollo importante en el sentido ideológico. Para él, la mayor contradicción todavía ocurre entre dos campos ideológicos: el patriótico/conservador y el liberal. Él cree que siendo el Estado de Putin una forma puramente vacía, el conflicto real se da de esta manera, entre esos dos grupos dentro de la sociedad y de la elite, y Duguin pretende ser el líder intelectual del campo patriótico/conservador. Esto significa que para él la composición ideológica de la elite dominante en Rusia todavía es una composición dual: considera que hay liberales que creen en la comunidad global, en el libre mercado, etc. y que hay un campo conservador que quiere desafiar el orden liberal global. Lo mismo ocurre con la mayoría de los pensadores conservadores, pero por supuesto no son tan importantes ni tan visibles como Duguin.

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Ilyá Budraitskis

Como por ejemplo sucede con Eduard Limónov…

Exacto. Su posición ha sido siempre políticamente bastante impresionista, de modo que no podemos decir que haya sido una persona conservadora o de izquierda, pero desde hace un tiempo su trayectoria ha tomado la misma vía que la de Duguin, de modo que apoyó con fuerza al gobierno de Putin en el momento de la anexión de Crimea y el comienzo del conflicto con Ucrania, pero ahora está un poco más escéptico[5].

¿Y qué sucede con el campo liberal?

Creo que los liberales son la más importante y la más influyente corriente ideológica, no tanto en la sociedad sino en la prensa, en las clases educadas, en la oposición política, etc. En ese sentido, son una especie de pivote, ya que tanto los conservadores como la izquierda tienen que lidiar con esta situación y tienen que discutir y exponer sus argumentos dentro de un debate que se estructura a partir de las ideas diseminadas por el liberalismo. Es decir, la esfera pública rusa es todavía mayormente liberal.

¿Y cómo se estructura la dinámica de esos debates en la actualidad?

Creo que por momentos hay una combinación de medidas neoliberales y de cultura política conservadora dentro del régimen ruso. La prensa a favor del Kremlin y los propagandistas por lo general defienden el régimen desde un punto de vista conservador, pero también usan una racionalidad neoliberal para defender sus políticas sociales y económicas, las cuales son extremadamente neoliberales. Por ejemplo, la reforma jubilatoria de hace dos años fue defendida por la prensa conservadora favorable a Putin con argumentos neoliberales. Entonces creo que podemos hablar de una mixtura. Es decir, la creencia en la competencia de los individuos, la creencia en desigualdades orgánicas, etc., pero también la existencia de argumentos en favor de una sociedad tradicional. Claro que este tipo de contradicción es típica de los proyectos neoconservadores desde el principio. Por ejemplo, del thatcherismo en Gran Bretaña en los años 80. Creo que aquí tenemos algo parecido pero, por supuesto, dentro del contexto particular ruso. Para el caso ruso debemos tener en cuenta también otra cuestión: los debates entre los políticos liberales y los conservadores. Esto es otra cosa, porque los políticos liberales aquí no solo creen en la libertad de mercado sino también en la democracia liberal, y desde esa posición critican el régimen. Por un lado, para los conservadores lo más importante son los valores y ven a los liberales como sus oponentes, ya que son personas que creen en el individuo, que creen en valores universales y que creen que el atraso ruso debe ser resuelto por medio de alguna forma de integración a Occidente. De esta manera, por supuesto, el campo conservador se define como antagonista del liberalismo. Pero por el otro lado, para los críticos conservadores, algunos puntos que son sostenidos por la izquierda democrática aparecen también como valores liberales. Por ejemplo, las posturas a favor del feminismo, la defensa de los derechos de los refugiados o una posición fuerte respecto del cambio climático, inmediatamente son catalogadas como liberales. Y ese es un problema para la izquierda democrática, ya que ella trata de distanciarse de cualquier posición en favor del mercado, y en ese sentido se opone al campo liberal. Pero en cuestiones culturales pueden mezclarse los papeles.

En este marco que usted describe, ¿cómo entendemos el caso del periodista Iván Golunov, detenido en junio de 2019 por la policía con pruebas falsas, cuando iba a publicar un informe que comprometía a los servicios de seguridad? ¿Qué es lo que lo diferencia de otros casos de presión política?

Creo que esto está relacionado con la pregunta anterior. El caso Golunov no estuvo únicamente vinculado a lo que podríamos considerar un caso de presión política sobre una persona, sino más bien a una presión sobre la prensa en general y sobre la prensa liberal en particular. Golunov es un periodista que trabaja en Meduza, que es uno de los sitios de noticias de internet liberales más importantes, y por ello la solidaridad con Golunov fue una cuestión que no tuvo que ver tanto con una reacción política sino más bien con una reacción corporativa. Es por ello que la prensa, más o menos dominada por los liberales, se vio absolutamente tocada por este caso, y su levantamiento en defensa de Golunov fue también por ellos, porque al mismo tiempo tenemos otros casos de persecución política, como sucedió por ejemplo cuando fueron condenados los miembros de una agrupación llamada Set [Red]; y es un caso terrible porque ellos fueron torturados, se fabricaron evidencias, etc., y el resultado del juicio es realmente tremendo ya que algunos fueron condenados a 18 años de prisión, pero allí no se vio el mismo tipo de solidaridad o la misma reacción inmediata de la prensa liberal como en el caso de Golunov[6]. No quiero decir que no dijeron nada al respecto, pero para ellos se trató de un asunto diferente: personas de una ciudad de provincia, anarquistas, con ideas «extrañas», tal vez con algún grado de militancia, con lo cual al menos «había algo»; con Golunov la situación era un poco más «clara» para ellos.

Sabemos que las posibilidades de protesta y de manifestación en Rusia son bastante difíciles. ¿Cómo podemos entender dentro de este marco el surgimiento de los «piquetes solitarios»?

Se trata de una elección política muy pragmática. La libertad de encuentro aquí está muy regulada, hay que pedir permiso, hay pocos lugares en la ciudad donde es posible manifestarse legalmente, etc. El piquete solitario es una de las maneras que encontraron los activistas para escapar de esta situación, ya que es legal y no hay necesidad de pedir permiso. Sin embargo, puede haber problemas: si alguien se coloca detrás de quien manifiesta, entonces sí pueden considerarla una manifestación «masiva», ya que hay dos personas protestando a menos de 50 metros entre sí, con lo cual hay que ser muy cuidadoso respecto del piquete solitario para no ser arrestado. No obstante, es una práctica que está bastante difundida en las grandes ciudades de Rusia porque se puede hacer en cualquier lugar, de inmediato, etc. El mayor problema es que si a uno lo detienen repetidamente por no cumplir con las normas que restringen las protestas, el arresto puede derivar en un caso criminal. Por ejemplo, ahora hay dos casos que están siendo investigados. De modo que se puede hacer, pero no muy seguido y no de manera totalmente solitaria. Debería haber siempre otras personas cerca que estén atentas e impidan que se sumen otras personas y que la policía lo confunda con una movilización.

¿Cómo podemos entender los cambios en el gabinete que realizó Putin en enero pasado, que incluyeron la renuncia de su primer ministro, Dmitry Medvédev, y el anuncio de cambios en la Constitución?

Creo que todavía no tenemos el cuadro general ni está claro el modo en el cual se quiere cambiar la Constitución. Por ejemplo, una de sus mayores propuestas fue la creación de un nuevo cuerpo, el Consejo de Estado, pero sus funciones no estarán escritas en la Constitución, sino en una ley especial que probablemente será redactada y adoptada mucho más tarde. Lo que está claro es que todos estos cambios están relacionados con la reproducción de este régimen para después de 2024, cuando Putin debiera terminar su mandato, pero creo que esto no está del todo claro y no podemos predecir lo que sucederá. En principio, estaría de acuerdo con el punto de vista que dice que estos cambios son, por el momento, una señal para la elite de que Putin va a seguir estando presente. Pero que todavía no hay listo un plan de cómo va a estar. Creo que Putin comenzó un proceso que probablemente muestre que luego de él van a seguir las mismas ideas y el mismo curso de gobierno. Lo hemos visto aquí: tenemos ministros se convierten en asesores y asesores que se convierten en ministros.

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¿Podemos decir que la elite quiere la continuidad de Putin en el poder?

La elite que está vinculada personalmente a Putin y la que es dueña de las grandes corporaciones que manejan una estructura semiestatal están muy interesadas en algún tipo de estabilidad del régimen y es por eso que están de acuerdo con estas señales.

En su anterior libro Disidentes entre disidentes propone un análisis del legado soviético en la sociedad rusa que se aleja de las visiones liberales, pero también de los nostálgicos de la Unión Soviética. En ese sentido, es interesante la crítica que allí realiza al concepto de homo sovieticus…

La idea de homo sovieticus es un poco antigua, se puede remontar incluso a algunos disidentes de la época soviética. La idea principal que está detrás de ese concepto es que durante el régimen soviético se construyó un nuevo tipo de ser humano, que incluso sobrevivió a la caída de la urss y es el que impide que seamos modernos, que formemos parte de la realidad global, etc. Este concepto se convirtió en algo muy útil para explicar cualquier tipo de problema social o económico actual. ¿Por qué todavía tenemos corrupción? Porque tenemos el pasado soviético, este homo sovieticus, que aún no fue superado del todo. Esa idea estuvo detrás de la transición al capitalismo en la mayoría de los países postsoviéticos. El último ejemplo fue Ucrania, donde el proceso de «decomunización» estuvo basado en esta idea. Dejar de lado estatuas, cambiar nombres de calles, destruir cualquier tipo de fenómeno relacionado con ese homo sovieticus. Hay algo de momento exorcista en eso, cuando se destruyen los monumentos o se cambian los nombres de las calles para dejar de lado el pasado y hacer consistente el presente. Esta idea está bastante difundida en la oposición liberal en Rusia, que cree que la verdadera naturaleza del régimen actual responde a algún tipo de legado soviético que no se superó y, básicamente, que bajo el régimen de Putin hay un revival de lo soviético. A su vez, se convirtió en algo bastante útil para el régimen mismo, porque desde el principio trató de estimular la nostalgia soviética ya presente en parte de la población. Pero esta integración de elementos del pasado soviético fue desde el principio solamente simbólica, ya que no hay nada en común con esa sociedad, en el plano económico o incluso en la forma en que se organiza la elite política. Sin embargo, esta falsa continuidad fue un elemento importante para la hegemonía ideológica del régimen desde 2000 e incluso ahora los putinistas tratan de mostrarse como continuadores orgánicos del régimen soviético. Pero es interesante que esta continuidad se presenta de una manera muy conservadora: para que funcione esta reivindicación, no se piensa la geometría variable de la época soviética como ruptura sino que, por el contrario, se la debe integrar en la larga historia del Estado ruso. Es decir, la consigna es respetar todas las épocas de nuestro pasado y todos los elementos de nuestra tradición estatal. Bajo la urss, incluso bajo el imperio de los Romanov, se trataba de la misma Rusia. Tratan de presentar la urss como una serie de símbolos y como una forma estatal que debe ser respetada, y si bien ahora debemos entender que vivimos en otra situación y que algunos elementos de la realidad cambiaron, se trata del mismo país. Para el gobierno, la transición de una forma a la otra es orgánica porque estaría enraizada en nuestras tradiciones.

Es interesante porque la elite rusa actual es la misma que desmanteló la URSS y ahora llama a la nostalgia…

Exacto. Por ejemplo, eso se ve bien en el modo en que se conmemoraron los 100 años de la Revolución Rusa, con un mensaje y un sentido extremadamente antirrevolucionarios y anticomunistas. Pero al mismo tiempo hay un respeto por esta parte de la historia como una «forma vacía»; por ejemplo, se respetan los monumentos de Lenin solo porque «es parte de nuestra historia», como un legado. Pero no se tiene un respeto por Lenin como personaje, ya que se lo ve como un revolucionario sanguinario y un fanático que destruyó la continuidad estatal de Rusia.

En ese sentido, ¿cómo podemos entender la activa política cultural de Vladímir Medinsky, ministro de Cultura de Putin desde 2012 hasta 2020?

Es interesante porque apenas renunció[7], Medinsky se convirtió en asesor cultural y sobre temas históricos de Putin. Su figura y sus políticas fueron muy interesantes desde mi punto de vista porque él mismo es un ejemplo notable de esta combinación entre racionalidad neoliberal y pensamiento conservador. Por un lado, se trata de una persona que defiende la historia rusa como un todo orgánico, que defiende los valores tradicionales, etc., pero al mismo tiempo considera que la cultura debe ser algo rentable, algo que no debe dar déficit. Esta es una idea que está muy enraizada en su concepción de lo que debe ser la cultura popular: aquella adoptada por las masas, que además es rentable, por un lado, y por el otro la cultura que confronta los valores tradicionales, experimental, «sexualmente pervertida» y que además es deficitaria. Esta es la razón por la cual el Estado no debería apoyar las experimentaciones culturales, ya que no solo confrontan los «valores rusos» sino que también son financieramente riesgosas. Esto incluye museos, cine, etc. Medinsky no está totalmente en contra del arte contemporáneo, más bien de lo que está en contra es del apoyo estatal al arte contemporáneo. Si hay alguien que quiere apoyarlo, no hay problema, es su dinero y su cultura. De alguna manera es un pragmático, como Putin. Es interesante, porque Medinsky viene del campo de la publicidad. Escribió un libro que va desde Vladímir el Santo[8] a Vladímir Putin, y la idea principal de este libro es que los 1.000 años de historia rusa son una historia de éxitos, de modo que todas las creencias tradicionales son buenas en gran parte porque son efectivas, resultan, de modo que hay un enfoque pragmático allí también. Esto es significativo porque una vez el patriarca Kirill, máxima autoridad de la Iglesia ortodoxa rusa, también dijo que la decisión de tomar la cristiandad ortodoxa fue la más acertada porque fue efectiva, y su efectividad se prueba en la continuidad de los cientos de años de historia rusa. De modo que la historia y cierto entendimiento de esta continuidad se integran dentro del pragmatismo de la lógica neoliberal.

¿Y cómo entendemos en este marco el auge de ciertas filosofías «alternativas»? Actualmente el Museo de Arte Moderno Garage está llevando a cabo con gran éxito una muestra sobre el esoterismo ruso, y en los últimos años ha habido una revalorización del cosmismo[9]…

Personalmente no soy un gran fan del cosmismo, especialmente en la manera en que se lo presenta actualmente, como por ejemplo lo hizo Boris Groys en la antología de 2016[10]. Creo que Groys es un pensador interesante pero la manera en que presenta el cosmismo dentro del arte contemporáneo ruso desafortunadamente lleva a cierto tipo de orientalización de Rusia, a cierta filosofía «nacional» o a cierta manera «rusa» de entender la realidad. Creo que ese es el resultado de mirar el cosmismo más allá del contexto en el cual surge, es decir la tradición intelectual rusa del siglo xix. Ciertos elementos de esta tradición son tomados y presentados como materiales frescos y novedosos e insertados en una filosofía cool y creo que eso, de hecho, debilita el real legado del cosmismo. Por supuesto que todavía hoy hay grandes discusiones respecto de quiénes fueron verdaderos cosmistas y quiénes no en la tradición rusa, si hablamos de Nikolay Fiódorov o de una tradición mayor, pero creo que el cosmismo fue importante como parte de un pensamiento utópico del movimiento emancipatorio ruso, a pesar del hecho de que el propio Fiódorov no era en sí mismo izquierdista, al contrario, era monárquico. Pero por supuesto su visión de alguna manera fue muy importante para la generación posterior de revolucionarios, como Alexander Bogdánov[11]. Creo que el interés en la tradición intelectual utópica y radical rusa es muy importante en general. En ese sentido, creo también que es bastante positivo que Bogdánov haya sido recientemente traducido al inglés, aunque debe ser entendido dentro de su contexto, no solo el ruso sino el internacional, ya que el pensamiento ruso del siglo XIX no estaba aislado del mundo y absorbió el impacto de la filosofía alemana, del idealismo, etc. y, por supuesto, no se puede simplificar y confrontar el cosmismo con la tradición intelectual europea, al contrario.

Esta visión se confronta con aquellos discursos que destacan la presencia de un «alma rusa» y que ven Rusia como una isla, discurso del cual se desprenden otras ideas, como la predisposición del pueblo ruso hacia los poderes autoritarios, pero que también es reapropiado actualmente por el régimen como parte de una línea «antioccidental», ¿no es así?

Por supuesto. Rusia no es una isla, pero es muy importante destacar que este sentimiento antioccidental no fue inventado por Putin, sino que está bien enraizado en la tradición conservadora rusa y está muy enraizado en la tradición imperial del siglo XIX. Básicamente, gran parte del pensamiento ruso del siglo XIX y del XX estuvo estimulado por esta idea, por este desafío entre la occidentalización y mercantilización de Rusia o la necesidad de tomar un estilo de vida orgánico como oposición a esto. Esto fue descripto así no solo por los conservadores sino incluso por los socialistas, ya que la Revolución Rusa y la posición bolchevique estuvieron basadas en la mixtura de cierto internacionalismo con la oposición al desarrollo del capitalismo global. Creo que esta discusión está enraizada en la tradición intelectual rusa y es importante. Por eso estoy en total desacuerdo con los liberales prooccidentales que se evaden de estas discusiones y dicen que Rusia es un «país normal», ya que como usted sabe tenemos nuestros problemas, nuestros asuntos que distan de lo que ellos llaman un «país normal». Pero al mismo tiempo creo que las narrativas conservadoras respecto del camino ruso no occidental deben ser criticadas fuertemente en el sentido de los derechos humanos o las libertades civiles, porque una cosa importante que dicen es que tal vez estas libertades civiles son parte de la tradición europea y nosotros vivimos en otra realidad, en otra tradición donde el pueblo tiene un entendimiento totalmente diferente de la realidad. Eso no es verdad. Si uno dirige la mirada hacia la tradición del movimiento emancipatorio ruso durante los siglos pasados, observará la fuerte influencia que tuvo esta idea de libertad en él, de modo que la idea occidental de libertad no fue totalmente irrelevante para el contexto ruso.

Notas

  1. Svobodnoe marksistskoe izdatelstvo, Moscú, 2017.
  2. University of Chicago Press, Chicago, 2013.
  3. Marsilio Editori, Venecia, 2014.
  4. Izdatelstvo khizhnovo magazina «Tsiolkovsky», Moscú, 2020.
  5. Limónov murió el 17 de marzo de 2020. Para una versión parcialmente novelada de su vida, v. Emmanuel Carrère: Limónov, Anagrama, Barcelona, 2012.
  6. María R. Sahuquillo: «La justicia rusa condena a duras penas a un grupo antifascista por terrorismo» en El País, 10/2/2020.
  7. Renunció en enero de 2020, junto con otros integrantes destacados del gabinete.
  8. Vladimiro I de Kiev (956 o 958-1015). Se convirtió al cristianismo en 988 e inició la cristianización de la Rus de Kiev [N. del E.].
  9. Se trata de una corriente filosófica que se desarrolló entre nes del siglo XIX y comienzos del siglo XX a partir de las ideas de Nikolay Fiódorov, muchas de ellas compiladas en Filosofía de la causa común, publicada en 1906 luego de la muerte del autor. El cosmismo aspiraba, entre otras cosas, a una superación no solo espiritual sino también material de la muerte y a resaltar los efectos de los fenómenos cósmicos en la vida social. La aspiración última debía ser la construcción del reino de Dios en la tierra.
  10. Russian Cosmism, e-flux, Nueva York, 2018.
  11. Médico y lósofo, Bogdánov (1873-1928) fue un destacado militante bolchevique cuyas ideas sobre la cultura proletaria inspiraron a la organización cultural Proletkult durante los primeros años de la Revolución Rusa.

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