“El momento de Brasil es crítico, aterrador”, Marcos Bagno

El presidente Bolsonaro ordenó el bloqueo de fondos para la educación. Marcos Bagno, lingüista brasileño, pinta un presente (y futuro) preocupante.

Me piden hablar, en este momento, en defensa de la ciencia brasileña. Y, de hecho, nosotros, que trabajamos con investigación, producción de conocimiento y educación, nos vemos frente a una situación que solo logro clasificarla como apocalíptica.

En 2016, fuerzas políticas y económicas derrocaron al gobierno democráticamente elegido de la presidenta Dilma Rousseff por medio de un gran engaño, un verdadero golpe de Estado, que abrió camino para que se instalara en el poder esa bestialidad desenfrenada, movida por una irracionalidad absoluta, guiada por un único objetivo: destruir.

Destruir el aire que respiramos, el agua que bebemos, el suelo que pisamos, destruirlo todo y absolutamente todo, empezando por miles de vidas humanas. Es un proyecto de tierra arrasada. Brasil es uno de los países más desiguales e injustos del planeta, nuestros indicadores sociales son aterradores, pero la banda criminal, que por asalto se tomó el poder, no está satisfecha: es necesario asesinar a más jóvenes negros, es necesario exterminar lo poco que nos queda de las poblaciones indígenas.

No basta una mujer asesinada cada hora y media, no es suficiente ser el campeón de asesinatos de lesbianas, gais y transexuales, ni tampoco ser el país más peligroso para los defensores del medioambiente.

Se trata de un impulso de muerte que rige cada acción de ese desgobierno, es una perversidad sádica, es el elogio de la insanidad, del oscurantismo, es la glorificación de la ignorancia y la consecuente criminalización de todas y de todos los que promovemos mínimamente la libertad de pensamiento, el debate sano de ideas, el avance social y cultural por medio del conocimiento, del arte, de la cultura y de la ciencia.

Aquellos grupos sociales que son tradicionalmente llamados “grupos de riesgo” o “sectores vulnerables de la población” ahora abarcan nada menos que la inmensa mayoría de nuestro pueblo. Si usted no es un hombre blanco, de clase media o alta y heterosexual, usted está en la mira de aquellos que odian todo lo que nos es igual a ellos. Si usted es del noreste de Brasil, también es objeto de ese odio, porque el jefe supremo del descalabro ha declarado: “Yo no soy el presidente de ellos”. Esta es una declaración que estimula, autoriza e incentiva nada menos que una guerra civil. Pero es bajo el signo de guerra que se mueve ese desgobierno. Desde el primer día de enero de este año, todo y cualquier crimen de odio cometido en ese país trae la autorización implícita de alguien que disputó las elecciones usando como símbolo de campaña “Una mano que imita un arma”. Y es en las manos de esa milicia de mercenarios que estamos nosotros ahora.

Es por esto que pido que dejemos a un lado diferencias de toda clase, por lo menos en este momento, y coloquemos por delante de ellas una necesidad que es la misma esencia de nuestra humanidad: nuestra supervivencia.

No estamos siendo amenazados solamente por una violencia simbólica, que sí existe y es aterradora, sino también por una violencia física, por una amenaza a nuestros cuerpos, a nuestras vidas. Y nosotros, investigadoras e investigadores, estamos ahora en la línea de fuego de los ataques, cada uno de nosotros tenemos un blanco pintado en la espalda.

Vamos entonces, formalistas y funcionalistas, fonetistas y fonólogos, expertos en pragmática, semántica, sintaxis y morfología, sociolingüistas y analistas del discurso, historiadoras e historiadores de la lingüística, expertos en lenguaje de señas, en lenguas indígenas, en enseñanza de segundas lenguas, en traducción, lexicólogos, filólogas y filólogos, psicolingüistas, filósofas y filósofos del lenguaje, vamos todas y todos a reconocer que el momento es grave, es crítico, es amenazador, y que nuestra vida profesional y personal está en juego, y el juego es desigual y deshonesto. La demolición está en curso, y si no hacemos nada las paredes y los techos van a derrumbarse sobre nuestras cabezas.

Recibimos todo el tiempo la información de que la universidad X solo va a poder funcionar hasta septiembre, de que la universidad Y no tiene cómo mantenerse funcionando después de agosto, de que la universidad Z va a tener que suspender actividades antes de julio. Es la asfixia de la educación, es el bombardeo de las ciencias, es el rechazo puro y simple de la civilización, nada menos que eso. No tengo noticia de haber existido jamás a lo largo de la historia un gobierno que haya transformado la educación en su enemiga primordial. Aun los gobernantes que no se han comprometido en favor de la educación eran hipócritas y demagógicos y, por lo menos, en el discurso la alababan. Pero el desgobierno actual es tan inmaduro, tacaño, tosco y bruto, que no es capaz ni siquiera de cinismo. Es la brutalidad en su estado más insano.

Nosotros tenemos que aprovechar cada acción pública, cada protesta para dejar muy claro que no vamos a permitir, que vamos a resistir de todas las formas que podemos y conocemos, que vamos principalmente a unirnos por la preservación de la vida, lo que está por encima de todas nuestras diferencias.

Me solicitaron que hablara en defensa de la ciencia, pero quiero repetir: sin vida no existe ciencia. Y lo que tenemos no es nada que se compare a un gobierno de derecha ni de extrema derecha. Lo que se ha instalado en Brasil este año fue una proto-dictadura de lunáticos, una república de asesinos. Y es en contra de ella que tenemos que luchar hoy, mañana y siempre hasta que se caiga, no por sí misma, sino por nuestra lucha.

Fuente

  • Discurso pronunciado por el profesor PhD?. Marcos Bagno en el cierre del Congreso Internacional de la Asociación Brasileña de Lingüística, 8 de mayo de 2019.Traducción: Bianca Sacchitelli

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