El papel de Estados Unidos en la actual crisis venezolana

Análisis del profesor de Ángelo Rivero Santos, director académico del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown.

Los organizadores del seminario me han pedido participar en el panel sobre geopolítica y compartir mis reflexiones basadas en la siguiente pregunta: ¿cuáles son los intereses que motivan el accionar de Estados Unidos y hasta donde estaría dispuesto a llegar con relación a los tres puntos nodales propuestos por la Asamblea Nacional de Venezuela frente al régimen de Nicolás Maduro? (el cese de la usurpación, la conformación del gobierno de transición con suficiente credibilidad de todas las partes y la realización de elecciones democráticas).

Mi respuesta a esta pregunta estará organizada de la siguiente manera. Primero, ofreceré dos comentarios generales que considero necesarios antes de intentar responder la pregunta sugerida. Segundo, resumiré lo que en mi experiencia ha sido la motivación del accionar hacia Venezuela de las administraciones estadounidenses en los últimos dieciocho años, divididos en dos etapas: 2003 a 2014 y 2015 al presente. Esto nos da claros indicios de los factores que motivan el accionar de Estados Unidos hacia Venezuela en la actualidad. Finalmente, en relación a la segunda parte de la pregunta sobre “hasta donde estaría dispuesto a llegar,” compartiré cinco escenarios que a mi parecer son posibles, con distintos niveles de probabilidad, dada la situación de Venezuela y el impacto que ha tenido en la región y en la política interna del gigante del Norte.

1. Dos comentarios generales

Para quienes hemos dedicado parte de nuestra vida profesional a la investigación y a la enseñanza de relaciones internacionales, así como en el ejercicio de la diplomacia venezolana en Estados Unidos, en mi caso del año 2006 al 2013 durante el gobierno del presidente Hugo Chávez, la realidad actual no es más que la continuación de una serie de conflictos que han caracterizado la relación entre Caracas y Washington por dos décadas. Estos conflictos tienen un gran “olor a petróleo”[1]. Pero esa explicación por si sola es simplista y determinista. Dichos conflictos también surgieron como resultado de una lucha de ideas, de distintas visiones entre Caracas y Washington sobre cómo organizarnos en sociedad, y sobre cuáles deben ser las reglas que rigen el ajedrez de relaciones entre las naciones del hemisferio. Por un lado, después de la caída del muro de Berlín, Washington creyó tener un monopolio ideológico basado en el “neoliberalismo” y el “regionalismo abierto” en base al llamado “consenso de Washington.” La llegada de Hugo Chávez a la palestra política regional, en 1998, por una abrumadora victoria electoral, represento un reto frontal a esa propuesta de Estados Unidos y de sus aliados en Venezuela y en la región. A través de lo que llego a llamar años después el “socialismo del siglo XXI,” el gobierno de Hugo Chávez privilegió la denominada democracia participativa y protagónica, un papel activo del estado en la distribución de la renta petrolera, la soberanía petrolera de Venezuela y el fortalecimiento de la OPEP, así como la solidaridad, la multipolaridad y la integración política entre los países de América Latina y el Caribe, catalogados por Estados Unidos, desde 1823, como su “patio trasero.”

Quienes hasta el 2013 participamos activamente en el diseño y ejecución de la diplomacia preventiva y pública venezolana en Estados Unidos, y también al día de hoy continuamos analizando las relaciones hemisféricas y la bilateral entre Caracas y Washington, entendemos que la relación de Venezuela con Estados Unidos es, junto a la relación con Colombia, la relación bilateral más compleja que ha tenido Venezuela en las últimas décadas. Dicha relación refleja crudamente las realidades que describió Tucídides en su afamado relato de la guerra del Peloponeso, en particular el histórico “dialogo de Melos”, base fundamental del pensamiento realista en nuestra rama de estudios.

El primer comentario general que quiero compartir con ustedes es que la administración Trump afirma que sus acciones están impulsadas por valores que considera universales como la “protección de los derechos humanos y la defensa de la democracia” en el país sudamericano. Estas afirmaciones son exageradas; hay otros intereses estratégicos que están en juego, incluyendo lo que abiertamente han admitido es el regreso de la “doctrina Monroe” como el principio de su relación con América Latina y el Caribe. La administración Trump dejo claro, desde su llegada al poder, que revitalizaría la doctrina Monroe, reservándose el derecho a intervenir y de acceso exclusivo al continente, tal y como lo expreso el ex Secretario de Estado Roy Tillerson, en la Universidad de Texas en Austin, el 1 de febrero de 2018, durante su primera visita a la región[2].

A medida que la administración Trump intenta retirarse de otros hotspots, como lo son Afganistán y Siria, ha decidido prestar más atención a su propio vecindario. Por lo tanto, tal y como lo han expresado deliberada y agresivamente sus voceros, en lenguaje que nos remonta a la guerra fría, después de Venezuela, van por Nicaragua y por Cuba, cuyos gobiernos consideran ideológicamente adversos y contrarios a su interés nacional. Asimismo, y como lo expresa abiertamente la administración Trump en su estrategia de seguridad nacional de diciembre de 2017[3] y en su estrategia de defensa de 2018[4], su prioridad ya no es la “lucha contra el terrorismo,” la cual dominó el accionar estadounidense desde los ataques terroristas del 11 de setiembre de 2001. La nueva estrategia busca contener la expansión de China y Rusia en el hemisferio, por ser considerados “adversarios estratégicos” y, por ende, amenazas para su seguridad nacional.

Es por esto que, aunque hay sectores del Washington establishment que están ciertamente preocupados por el indiscutible deterioro institucional, la democracia y los derechos humanos en la Venezuela de hoy, otros intereses estratégicos, como los antes mencionados, parecieran ser los “impulsadores” de la política exterior de la administración Trump hacia Venezuela. Si la democracia y los derechos humanos fuesen en realidad las bases de su política exterior hacia el hemisferio occidental, demostrarían igual preocupación hacia países como Honduras, cuyas credenciales democráticas después del resultado electoral de noviembre de 2017 han sido cuestionadas por la misma Organización de Estados Americanos; o por Colombia, donde líderes sociales, en particular afro-descendientes e indígenas, continúan siendo asesinados por elementos de dudoso origen. Pero esto no ocurre, ni ocurrirá; Honduras y Colombia son considerados aliados estratégicos e ideológicos de Washington en la región.

El segundo comentario que quiero compartir antes de responder la pregunta asignada es el siguiente. La expresión “acciones de Estados Unidos” es demasiado amplia. Vale la pena destacar que Estados Unidos es una sociedad compleja y que Washington es una ciudad en donde están en juego numerosos intereses políticos, económicos y sociales, representados por una cantidad de actores que tienen gran influencia en el diseño e implementación de la política exterior estadounidense. El mismo gobierno de Estados Unidos es una burocracia compleja de intereses múltiples que a veces entran en conflicto entre sí, tal y como ha quedado demostrado en la lucha de la Casa Blanca de Trump con las agencias de inteligencia.

Esto es importante recalcarlo, aunque parezca obvio, porque las acciones del gobierno de Estados Unidos hacia Venezuela, hoy en día, están motivadas en gran parte por los intereses de actores que están fuertemente influenciados por dos importantes factores: primero, la “política interna” del país, en particular la política del estado de la Florida, sede histórica del anti-castrismo y de la creciente diáspora venezolana opuesta al actual gobierno en Caracas. Segundo, lo que yo catalogo como un caso crónico de “ratón de guerra fría”, o de una “resaca,” término más común en el resto de nuestros países. Para muchos de estos actores, la Guerra Fría no ha terminado en la región. Cuba, junto a Venezuela y Nicaragua, representan rezagos de ese momento histórico.

Un análisis de los actores que están dirigiendo el accionar estadounidense hacia Venezuela lo comprueba: al timón está el Senador Marco Rubio, del estado de Florida, conocido conservador anti-castrista e histórico adversario de la “revolución bolivariana,” conocido hoy en día detrás de vestidores en la ciudad como el ‘vicecanciller de facto’ para el hemisferio occidental de la administración Trump. Mauricio Claver-Carone y John Bolton, del Consejo Nacional de Seguridad de la Casa Blanca, conocidos halcones en política exterior, sobre todo hacia los países progresistas del hemisferio[5]; Elliot Abrams, convicto y confeso de haberle mentido al congreso sobre su conocimiento y participación en el famoso caso Irán-Contra, durante la administración de Ronald Reagan, cuando fue vicecanciller[6]; el Secretario de Estado Mike Pompeo, político conservador del estado de Kansas, miembro del afamado grupo conservador tea party, cuando fue congresista, y ex Director de la Agencia Central de Información (CIA); y el Vicepresidente Mike Pence. Se comenta tras vestidores en Washington que ausentes de ese accionar hacia Venezuela están los burócratas especialistas de distintas agencias como, por ejemplo, la División de Asuntos para el Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, cuyo papel parece estar reducido a ejecutar la política hacia Venezuela tal y como se decide en el Consejo Nacional de Seguridad de la Casa Blanca.

Sin embargo, también es importante destacar que existe un sentir generalizado en casi todas partes del establishment en Washington (en centros de pensamiento, instituciones multilaterales, en diversas organizaciones no gubernamentales, así como entre demócratas y republicanos en el Congreso y el Senado) sobre las deficientes credenciales democráticas del Presidente Nicolás Maduro, la incapacidad que ha demostrado el gobierno en Caracas en superar la crisis económica y social que enfrenta, así como la necesidad de convocar a elecciones en Venezuela que lleven a una transformación pacífica de la situación actual del país. En estos temas, hay un consenso generalizado entre demócratas y republicanos en esta ciudad.

A pesar de dicho consenso, no existe acuerdo sobre los “medios” mediante los cuales se pueda llevar a cabo dicha transformación. Senadores como el demócrata y excandidato presidencial Bernie Sanders han criticado severamente al gobierno en Caracas, pero se oponen a un cambio que involucre una intervención directa por parte de Estados Unidos. Incluso la Cámara de Representantes rechazó esa posibilidad, a través de la resolución no vinculante HR 1004 del 16 de febrero de 2019, la cual prohíbe expresamente una acción militar contra Venezuela que no sea autorizada por el Congreso[7]. Esto expresa una preocupación latente sobre los “procesos” en el quehacer de la política exterior estadounidense. Dada las experiencias en Irak y Afganistán, el Congreso pareciera entender que los “medios” para alcanzar un “fin” determinado deben ser legítimos, ya que de lo contrario el propio fin resultaría ser ilegítimo, tal y como sucedió en el proceso de toma de decisiones que culminaron en la invasión de Irak.

Esta posición del Congreso estadounidense podría cambiar de la noche a la mañana si el gobierno en Caracas llevara a cabo una acción que consideren ser una violación flagrante de los derechos humanos. Pareciera, después de los hechos, que uno de los objetivos del 23 de febrero de 2019, cuando la oposición al gobierno en Caracas intento forzar la entrada de la ayuda humanitaria a Venezuela, a través de la ciudad fronteriza de Cúcuta en Colombia, fue precisamente forzar tal acción, al intentar provocar el uso de la fuerza por parte de las autoridades en Venezuela. Esto no ocurrió.

2. Antecedentes del accionar de Estados Unidos hacia Venezuela

El accionar contemporáneo de Estados Unidos hacia Venezuela puede resumirse en dos etapas: de 2004 a 2013 y de 2014 al presente.

2.1. 2004-2013

Sin duda que el gobierno del presidente Hugo Chávez representó un reto para la hegemonía ideológica, política y diplomática estadounidense en la región. Documentos que se filtraron luego del escándalo WikiLeaks? demuestran lo que tenía muy claro el cuerpo diplomático venezolano acreditado ante la Casa Blanca en este período. El gobierno de Estados Unidos tenía la clara intención de socavar al gobierno venezolano y su política exterior hacia la región[8]. Para esto encontró, en un sector de la oposición venezolana, a un aliado estratégico.

Durante este período, el grupo de demócratas y republicanos pragmáticos, que estaban dispuestos a coexistir con el gobierno en Caracas, lograron contener la influencia de grupos dentro y fuera del gobierno del presidente George W. Bush que buscaban la confrontación, y que apoyaron el fallido golpe de estado contra el presidente Chávez en abril de 2002, así como el subsiguiente paro petrolero a finales de 2002 y principios de 2003. Durante este período, este grupo de actores pragmáticos intentó corregir el error táctico de los halcones estadounidenses que habían expresado su apoyo al golpe de estado el 12 de abril de 2002, violando el principio que ha regido la política exterior de Estados Unidos desde la caída del muro de Berlín: “la promoción de la democracia”[9].

Por ende, los actos de agresión y provocación que presenciamos hoy en día hacia Venezuela no son nada nuevo. Se remontan al menos diecisiete años. Un sector minoritario (pero bien financiado) de la oposición venezolana radicado en Estados Unidos, principalmente en las ciudades de Miami, Washington y Boston, así como algunos sectores conservadores de la clase política y de la burocracia gubernamental estadounidense, han presionado durante años para que Estados Unidos endurezca su posición frente a Venezuela. Particularmente, la oposición organizada y radicada en el sur del estado de Florida encontró consejeros y aliados en la comunidad cubano-americana anticastrista, con quienes comparten una causa común. Creen que la caída del actual gobierno en Caracas aumentaría la probabilidad de poder alcanzar su meta, de seis décadas, de derrocar al gobierno en La Habana.

La diplomacia venezolana siempre estuvo muy consciente de esta realidad. En el período en cuestión diseño una estrategia de diplomacia pública y preventiva para contrarrestar esos esfuerzos y tratar de evitar la “cubanización” de Venezuela en Estados Unidos. Es decir, evitar que Venezuela se convirtiera en un tema de política interna, tal y como lo ha sido Cuba desde los años sesenta. La estrategia también estaba diseñada para contener las posibles agresiones contra el país, promovidas por los halcones dentro de las administraciones de George W. Bush y Barack Obama. Esta estrategia incluía un arduo trabajo en Washington con el congreso de Estados Unidos y con un sector minoritario del gobierno, en particular el de Obama, interesados en tener una relación de respeto mutuo. La estrategia también incluía un acercamiento dentro y fuera de Washington con el mundo académico, los centros de pensamiento, los medios de comunicación, empresas multinacionales, sectores de la diáspora venezolana, así como con comunidades desposeídas a lo largo y ancho del país. Además, se diseñó todo un trabajo de información y contacto con estados y gobiernos locales donde Venezuela tenía intereses estratégicos. Esta estrategia permitió establecer canales de diálogos que resultaron ser claves en contener las agresiones de actores conservadores, tantos venezolanos como estadounidenses.

A pesar de todos esos esfuerzos, las sanciones comenzaron a ser utilizadas por el gobierno de George W. Bush como su política favorita hacia Venezuela, para intentar modificar el comportamiento del gobierno venezolano, tal y como lo han hecho por décadas distintas administraciones estadounidenses con Cuba, Corea del Norte e Irán. Las primeras sanciones comenzaron en 2005, después que Venezuela exigiera la salida de la DEA del territorio nacional, lo que llevó al primer conjunto de sanciones contra la compra y mantenimiento de cualquier equipo militar con tecnología estadounidense. Desde entonces, y al no alcanzar sus objetivos de un cambio en el comportamiento de Caracas, las sanciones se han multiplicado exponencialmente y se agrupan es seis distintos rubros: terrorismo; tráfico de drogas; trata de personas; corrupción, prácticas anti-democráticas y violación a los derechos humanos; sanciones al petróleo venezolano y a PDVSA; y sanciones a individuos, las cuales sobrepasan a más de 100 personas con afiliaciones al gobierno venezolano a la fecha de este escrito.[10]

A la audiencia le puede surgir la siguiente pregunta: si esto era así, ¿por qué Estados Unidos no actuó entre el 2004 y el 2013 con la misma intensidad y confrontación abierta como lo está haciendo en el 2019? Intentemos responderla.

Hasta la muerte del presidente Hugo Chávez, el 5 de marzo de 2013, hubo un juego de ajedrez táctico entre Caracas y Washington. Venezuela entendía perfectamente bien que tenía un contendiente formidable en el mundo anti-castrista estadounidense, en los neoconservadores dentro de la burocracia de los presidentes Bush y Obama, así como en los opositores venezolanos en Estados Unidos que buscaban el endurecimiento de la política hacia Venezuela. Con el liderazgo único del diplomático venezolano responsable de diseñar la estrategia, el embajador Bernardo Álvarez Herrera, la diplomacia venezolana desarrollo un profundo conocimiento sobre los procesos de toma de decisiones en el legislativo estadounidense, supo entender las diferencias de opinión sobre Venezuela dentro su aparato institucional, y supo influenciar las actitudes de actores que pudieron contrarrestar acciones más severas en contra del país. Esto ayudó a Miraflores y a la Cancillería venezolana a entender aún más al formidable adversario, y poder así enfrentar de una manera efectiva el reto que siempre representó Washington para el gobierno bolivariano.

Durante este período, se observó un acalorado debate sobre Venezuela en Washington, y sobre cómo el liderazgo venezolano afectaba los intereses de Estados Unidos en la región. Venezuela supo adaptar su estrategia y táctica diplomática a esa realidad para minimizar el daño que se pudiese infligir a una relación bilateral que de por si era muy tensa, pero indispensable, debido a la importante relación energética entre ambos países. Basados en el diálogo permanente, incluso con audiencias hostiles, el lema en ese momento siempre fue encontrar y trabajar en torno a intereses comunes, como la energía, el conflicto colombiano y el narcotráfico, y tratar de controlar y contener posibles fuentes de conflicto. Es decir, las profundas diferencias existentes sobre los conceptos y valores en torno a la democracia (representativa vs. participativa) y la economía de mercado; la multipolaridad en el orden mundial; la integración política en el orden regional; y el derecho a la soberanía de Venezuela en política exterior en sus relaciones, sobre todo con Cuba e Irán, así como la compleja relación con Colombia. Los objetivos de la época eran complejamente simples: dialogar; defender el interés nacional conteniendo la agresión y encontrando puntos comunes con la administración estadounidense, en particular durante los ocho años de Obama; y evitar la cubanización de Venezuela en la política interna.

Sin duda, la realidad sudamericana del momento sirvió como fuente de apoyo para Venezuela y como punto de contención para la política de Estados Unidos hacia Caracas. La presencia de varios gobiernos progresistas en Sudamérica y el apoyo de estos en crear instituciones como la UNASUR, obligó a Estados Unidos a cambiar su estrategia hacia Venezuela, particularmente durante la administración Obama. Mientras que los halcones que dominaron la política exterior hacia Venezuela durante la administración de George W. Bush utilizaban la confrontación como su estrategia preferida, incluyendo su rechazo a iniciativas como UNASUR, ALBA y PETROCARIBE, la administración Obama llevó dicha política de la confrontación a una estrategia más sofisticada, inteligente y estratégica: ignorar al presidente Chávez para aislarlo de sus vecinos, y al mismo tiempo buscar la coexistencia con Caracas.

En este sentido, es importante resaltar que durante este período la relación entre Caracas y Washington se definió, en parte, por la relación de Venezuela con Cuba e Irán, así como la difícil relación de Venezuela con la Colombia del presidente Álvaro Uribe.

La relación con Cuba represento para Venezuela el reto de enfrentar en Washington al cabildeo anticastrista del sur de Florida y del norte de Nueva Jersey, que criticó el surgimiento de organizaciones como el ALBA y PETROCARIBE, las cuales vieron como un “salvavidas” para el gobierno en La Habana. La relación con Irán representó para Venezuela el reto de enfrentar en Washington los constantes ataques del cabildeo pro-israelí, el cual acusó por años a Venezuela de antisemitismo y de apoyar a grupos como Hezbolá, ignorando el histórico lazo entre Teherán y Caracas al ser ambos países miembros fundadores de la OPEP.

La complicada relación de Caracas con Bogotá merece especial atención. No es exagerado decir que la relación entre Caracas y Washington, durante la administración de Álvaro Uribe, pasaba por Bogotá. Un clásico ejemplo, entre decenas que puedo citar, más allá de las acusaciones constantes de las supuestas relaciones entre el gobierno venezolano y las FARC, y el peligro que representó para Caracas la expansión, en el 2008, de las bases militares estadounidenses en territorio colombiano, fue la utilización del tema venezolano, por parte de la diplomacia colombiana, como estrategia para lograr la aprobación del tratado de libre comercio.

(TLC) con Washington. Aunque dicho TLC fue aprobado en base a sus propios mérito, después de varios años de negociaciones, para eventualmente entrar en efecto en el año 2012, el secreto peor guardado en el congreso estadounidense, durante la época, fue que parte del argumento colombiano para lograr su aprobación era la necesidad de frenar la expansión del “bolivarianismo,” argumento de mucha efectividad política con el ala republicana de dicho partido y con los llamados blue dogs, o demócratas conservadores del sur de Estados Unidos. El gobierno de Álvaro Uribe dedicó millones de dólares a promover el TLC, y en repetir el mensaje de la necesidad de frenar al bolivarianismo, en particular el liderazgo del presidente Chávez en la región.[11]

2.2. 2014 al presente

Como mencioné anteriormente, para quienes seguimos de cerca la relación entre Caracas y Washington, así como a los actores que influyen sobre ella, lo que ocurre en la actualidad no sorprende. Aunque debo admitir que, lamentablemente, se están dando los escenarios que al menos hasta el 2012 fueron parte del cálculo político y diplomático en la sede diplomática de Venezuela en Washington, pero francamente eran considerados, en su momento, como eventos de baja probabilidad. Me refiero en particular a las sanciones contra el petróleo venezolano y las amenazas reales de una acción militar contra el país.

¿Qué fue lo que cambio? O, mejor dicho, ¿qué no cambio?

Varios factores han coincidido, en los últimos seis años, para crear lo que se puede catalogar como una tormenta política perfecta, que ha afectado los intereses del gobierno en Caracas, los cuales también han motivado el accionar de Estados Unidos.

Primero, la muerte del presidente Chávez y la inestabilidad política, que surge en Venezuela luego de las elecciones de 2013, han sido un factor determinante en el debilitamiento de la política exterior venezolana y su capacidad de lidiar con el reto que siempre ha representado Washington para el país. De igual manera, la crisis social y económica que se desato después del 2014, la cual fue discutida ampliamente por los panelistas ayer, han provocado un debilitamiento del “poder blando” de la política exterior venezolana, ejecutada con efectividad en la década 2003-2013, en particular en su relación con Estados Unidos. Esto nos enseña una lección acerca de lo que considero es una regla cardinal de la política exterior de cualquier país: la política exterior es tan fuerte y efectiva como la fortaleza, legitimidad y estabilidad de la política interna. En ese sentido, observamos que Venezuela ha perdido su eficiencia y efectividad, ya sea por diseño u omisión, en su estrategia hacia Estados Unidos.

Segundo, en Washington se ha perdido el interés de debatir sobre la complejidad de la experiencia venezolana, tal y como se hacía en la primera década del siglo XXI. Al contrario, se ha solidificado una matriz de opinión que simplifica y hasta ridiculiza la grave situación del país y los resultados del “socialismo del siglo XXI,” lo cual lleva a conclusiones simplistas de cuál debe ser la posición de Estados Unidos ante la crisis. Esto ha sido utilizado por el presidente Trump para atacar a sus adversarios políticos, advirtiendo sobre el desastre que significaría la elección de un “demócrata socialista” a la presidencia del país[12].

La crisis social, económica y migratoria de Venezuela, la óptica que producen las acciones autoritarias del gobierno venezolano y algunos de sus líderes, y la falta de atención diplomática prestada a Estados Unidos, particularmente a la ciudad de Washington, aumentaron el costo de hablar por el proyecto de la Venezuela bolivariana en esa ciudad. Más allá de algunos grupos de solidaridad y una que otra ONG, los ex aliados de Venezuela prefieren guardar silencio y no asumir el costo político que representa hablar, si no en defensa del gobierno en Caracas, al menos en defensa de los principios que dieron vida a la visión progresista del proceso venezolano, que inició con la elección de Hugo Chávez. Esto ha debilitado enormemente la posición de Venezuela, incluso entre antiguos aliados demócratas, republicanos centristas, intelectuales y movimientos sociales.

Tercero, los cambios en la política exterior de Estados Unidos bajo la administración Trump que mencioné en mis comentarios generales, así como los cambios políticos en Sudamérica, han sido factores fundamentales de esa tormenta política perfecta que enfrenta Caracas. Comenzando con la elección de Mauricio Macri en 2015, así como las últimas elecciones de Iván Duque en Colombia y Jair Bolsonaro en Brasil en 2018, han sido factores que contribuyen a la estrategia de aislamiento de Venezuela y a una alianza entre estos gobiernos y la administración Trump para intentar extirpar del ámbito regional al “chavismo” como proyecto ideológico y político. La oposición venezolana más radical, en especial en Washington y Bogotá, ha sabido maximizar este momento político y han encontrado en el senador Marco Rubio, en la administración Trump, y en los miembros del Grupo de Lima, aliados estratégicos y tácticos que buscan desalojar de Miraflores al gobierno de Nicolás Maduro. En el proceso, la administración Trump busca acabar con lo que John Bolton llamo “la troika de tiranías,” es decir, los gobiernos de Venezuela, Cuba y Nicaragua[13].

Cuarto, me temo que ya se “cubanizó” el asunto venezolano en la política interna de Estados Unidos, en vísperas a las elecciones presidenciales de 2020. El senador Marco Rubio, así como la mayoría de representantes políticos de Florida ante el Congreso estadounidense, y el mismo gobernador de ese estado, Ron DeSantis?, han sido duros críticos del proceso venezolano de las últimas dos décadas, en particular de los resultados económicos y sociales del gobierno de Nicolás Maduro. Estos actores políticos han encontrado, en la creciente diáspora venezolana en ese estado, muchos organizados por sectores radicales de la oposición venezolana, un campo fértil de organización política que les ha permitido retomar, junto a líderes cubano-americanos, las luchas anti-castristas que ahora se tornan también como luchas antichavistas y antimaduristas. Bajo el argumento que el gobierno en Caracas es un títere del gobierno de La Habana, el senador Rubio ha sabido maximizar el capital político que le da su confrontación abierta con Caracas, aumentando así la posibilidad de darle al partido republicano una victoria electoral en las presidenciales de noviembre de 2020. La debacle venezolana ya es tema de campaña en ese estado y en todo el país.

Quinto, no cabe duda que la llegada del presidente Iván Duque a la Casa de Nariño ha significado el regreso del “uribismo” a la relación triangular entre Caracas, Washington y Bogotá. El presidente Duque retomó el tono hostil hacia el gobierno de Venezuela que asumió su mentor político durante su presidencia. Eso lo dejó muy claro su embajador ante la Casa Blanca, Francisco Santos, quien en su primer evento público en Washington, el 17 de septiembre de 2018, aseveró que para lograr una salida a la situación en Venezuela deberían considerarse todas las opciones, incluyendo una intervención militar. El embajador Santos dejo muy claro desde su primer día en funciones que el gobierno de Duque ya comenzaba a alinear su estrategia a la de la administración Trump.[14] El tiempo ha demostrado que esa es, efectivamente, la posición de Bogotá.

Finalmente, hay que mencionar al petróleo. Mucho se ha especulado sobre el interés estadounidense, en especial de la administración Trump, en las grandes reservas petroleras y gasíferas en el país que posee las mayores reservas petroleras del mundo. Solo tendríamos que preguntarnos si Estados Unidos tendría el mismo interés en la democracia y los derechos humanos en Venezuela si el país, en vez de petróleo y gas, tuviese las mayores reservas de café y cacao en el mundo. Les dejo esa inquietud como punto de reflexión.

Todos los factores antes mencionados han coincidido en la tormenta política perfecta que desde el 2015 enfrenta el gobierno en Caracas. Y en esto, hay que admitir que el pobre desempeño del gobierno venezolano y su incapacidad de sobreponerse a los retos económicos que enfrenta desde al menos el 2011, exacerbados por las sanciones económicas y financieras, condiciones que han desatado una crisis migratoria sin precedentes, ha contribuido enormemente a la narrativa de sus adversarios. De esta manera, los actores estadounidenses y venezolanos en Estados Unidos que siempre han buscado deshacerse del “chavismo” como proyecto político han encontrado condiciones favorables, sino casi perfectas, para argumentar que se necesita un cambio de gobierno en Venezuela.

3. Los cinco escenarios: ¿Hasta dónde estaría dispuesto a llegar Estados Unidos?

Una vez discutidos los intereses que impulsan el accionar de Estados Unidos, paso a responder la segunda parte de la pregunta hecha por los organizadores. Con relación a la situación en Venezuela, ¿hasta dónde estaría dispuesto a llegar Estados Unidos?

Me permito sugerir que las acciones del gobierno de Estados Unidos (GEU) deben entenderse en el contexto del fracaso estratégico del 23 de febrero de 2019, de ingresar “ayuda humanitaria” por la frontera en Cúcuta: el ejército venezolano no se dividió, la “ayuda humanitaria” no entró (de hecho, fue declarada “política”, no humanitaria, por la Cruz Roja, entre otros) y no hubo ninguna acción del gobierno venezolano para justificar una “intervención” o “acción” en su contra, uno de los objetivos del GEU.

Las acciones del GEU, en los próximos tres meses, dependerán de intereses y políticas “nacionales”. Hoy, 3 de marzo de 2019, propongo cinco escenarios (3 referentes, 2 disruptivos) que pueden motivar las acciones del GEU. Los describo a continuación para la discusión, entendiendo que los escenarios representan un futuro posible no necesariamente probable, basados en información disponible hoy. Quizás en 48 horas sean irrelevantes, dada la dinámica de la situación en Venezuela y lo impredecible que resulta ser la política exterior estadounidense en la administración Trump.

3.1. Insistencia en el cambio de régimen, a pesar de la posibilidad de diálogo. Escenario de referencia: consistente con alta probabilidad

Luego del fracaso de la estrategia Guaidó / Trump / Duque (GTD) de intentar que el ejército actuara en contra de Nicolás Maduro (NM), así como el fracaso de la entrega de “ayuda humanitaria” a través de Cúcuta por parte del Grupo de Lima (GL), varios países de América Latina y Europa se unen al Grupo de Contacto y comienzan a impulsar el diálogo y la negociación, aceptan la oferta de dialogo de NM, y presionan a la oposición para que acepte ese proceso. Como lo hizo durante varios esfuerzos de la UNASUR (ej. casos Bolivia y Venezuela), el GEU intenta sabotear las conversaciones (provocando a NM y utilizando su influencia sobre la oposición). El GEU termina siendo un actor aislado, que sigue presionando por un cambio de régimen.

Impulsores: El efecto de las sanciones empeora y la migración de Venezuela continúa teniendo un impacto negativo en los países vecinos. El rechazo a la acción militar por parte de la mayoría de los miembros del GL comienza a quebrar la coalición, aislando al Gobierno de Colombia (GC) y la posición de cambio de régimen del GEU.

Suposiciones: Después de llegar tan lejos en su política de cambio de régimen, GEU, GC y los elementos más radicales de la oposición venezolana están dispuestos a vivir con el resultado “negociado”, que “legitima” a NM y a su gobierno.

Wildcard: El GEU está dispuesto a desempeñar un papel positivo, utilizando su influencia sobre la oposición para sentarse a la mesa de negociaciones, y apelar a los militares para garantizar el proceso. Esto significaría, por supuesto, rescindir todas las amenazas de retribución contra los militares que defendían a Hugo Chávez y que todavía están con NM.

3.2. Estancamiento, caos prolongado. Escenario de referencia: consistente con probabilidad media

Luego del fracaso de la estrategia GTD de intentar que el ejército actuara en contra de NM, así como el fracaso de la entrega de “ayuda humanitaria” a través de Cúcuta por parte del GL, el GEU toma una página del libreto “Cuba, Irán, Siria y Corea del Norte” y coloca a Venezuela en la “lista de países patrocinadores del terrorismo”, aislando a Venezuela de la región y los mercados financieros aún más y sofocando todo lo que queda de la capacidad productiva del país hasta el próximo ciclo electoral en Estados Unidos, o hasta que la oposición venezolana pueda organizar un referendo revocatorio presidencial en dos años. NM no puede revertir el aislamiento en la región ya que ha hecho suficiente daño para aislarse a sí mismo. Al no tener acceso a los recursos necesarios para gobernar, el gobierno de NM se desploma, lo que obliga a los militares a encontrar una solución.

Impulsores: Los esfuerzos para lograr un cambio de régimen y entregar “ayuda humanitaria” continúan fallando; el GL pierde impulso y el presidente Duque, sintiendo la presión política en su país, enfría su retórica de cambio de régimen en Venezuela. Sin embargo, el presidente Trump, después de no haber logrado un acuerdo con Corea del Norte y de sentir presiones políticas internas debido a las investigaciones en su contra, necesita una victoria en política exterior que probablemente asegure el estado de Florida para los republicanos en las elecciones de 2020. La estrategia de “zanahoria y garrote” de los Estados Unidos en acción: el gobierno venezolano radicaliza la “revolución”, pero no puede soportar la presión económica y decide sentarse y negociar una salida.

Suposiciones: El gobierno de NM no podrá sobrevivir al impacto económico de ser incluido en la lista de estados patrocinadores del terrorismo. No se logran concretar las condiciones de negociación patrocinadas por la ONU, y lideradas por México, Uruguay y el Grupo de Contacto. Los gobiernos de la región están dispuestos a aceptar y enfrentar las consecuencias del éxodo masivo de venezolanos que probablemente ocurra, la cual será peor que la de los últimos dos años. Los gobiernos de la región también estarían dispuestos a aceptar el impacto económico, ya que la mayoría de los gobiernos y empresas de la región que hacen negocios con los Estados Unidos y Venezuela tendrán prohibido negociar comercialmente con Venezuela, a menos que el GEU garantice licencias especiales.

Wildcard: Sintiendo la presión financiera de las sanciones más severas al ser considerado “un estado patrocinador del terrorismo”, y tratando de rescatar lo que pueda quedar de su proyecto político y el legado de Hugo Chávez, NM toma medidas unilaterales para reducir el ambiente de crisis: implementa una reforma económica y comienza un proceso para acabar con la impunidad sobre la devastadora corrupción. Dadas las terribles condiciones económicas y sociales que se derivan, el ejército fuerza la mano de NM y negocia las elecciones presidenciales anticipadas.

3.3. Intervención encubierta, promoción de inestabilidad, mayor polarización y violencia interna. Escenario de referencia: consistente con probabilidad media

Luego del fracaso de la estrategia GTD de intentar que el ejército actuara en contra de NM, así como el fracaso de la entrega de “ayuda humanitaria” a través de Cúcuta por parte del GL, el GEU y el GC se reagrupan. La solicitud de “asistencia humanitaria” se intensifica, mientras que el GEU, el GL, y la Unión Europea (UE) aumentan la presión sobre Venezuela imponiendo más sanciones económicas, confiscando las propiedades y operaciones de PDVSA en la región y solicitando elecciones. El GEU y el GC inician una campaña para continuar desestabilizando el gobierno de NM, promoviendo de forma encubierta ataques paramilitares en sectores de la economía esenciales para la seguridad nacional: refinerías, oleoductos, redes eléctricas. El gobierno de NM sería acusado de las interrupciones y de ser incapaz de mantener las instalaciones. El objetivo: la violencia interna que obliga a un cambio de condiciones dentro de Venezuela.

Impulsores: Una intensificación de la polarización política en Venezuela, que lleva a la violencia y al arresto de miembros de la oposición, incluyendo a Guaidó. Un continuo y masivo éxodo de venezolanos presiona más a sus vecinos, particularmente a Colombia y a Brasil. El pretexto de las acciones estadounidenses es profundizar la crisis y continuar desafiando a NM y a los militares. NM comete errores estratégicos (arrestos masivos, violencia contra la oposición, etc.) creando una sensación de crisis y un pretexto para la acción.

Suposiciones: El gobierno de NM, declarándose victorioso luego del 23 de febrero, no toma medidas correctivas, especialmente en términos de política económica y el diálogo político. No se realizan avances en la creación de condiciones para el diálogo político patrocinado por actores externos (ej. México, Uruguay, la ONU, el Vaticano y el Grupo de Contacto)

Wildcard: El total colapso de la economía venezolana. La fortaleza y/o debilidad política del presidente Trump en Estados Unidos, en espera de los resultados de las investigaciones en curso.

3.4. Intervención directa, ataques militares “quirúrgicos”. Escenario de interrupción: altamente disruptivo con baja probabilidad

Luego del fracaso de la estrategia GTD de intentar que el ejército actuara en contra de NM así como el fracaso de la entrega de “ayuda humanitaria” a través de Cúcuta por parte del GL, y el aumento de la presión sobre el presidente Trump después de que se haga público el informe de Mueller, el GEU decide intervenir directa y unilateralmente para forzar el cambio de régimen. Los ataques quirúrgicos tienen lugar sobre objetivos estratégicos (ej. instalaciones militares); NM es derrocado. Se instala un gobierno de transición, liderado por líderes de la oposición y miembros de las FANB.

Impulsores: El presidente Trump se enfrenta a un juicio político o ve su reelección en peligro; necesita una victoria en política exterior para distraer a la población de sus problemas internos. Los diplomáticos estadounidenses que quedan en Venezuela actúan de una manera provocadora y fuerzan acciones contra ellos por parte del gobierno venezolano, brindando una excusa perfecta para la intervención directa. El éxodo de venezolanos continúa y el gobierno de NM actúa contra la oposición (encarcelamiento de líderes de la oposición, especialmente Guaidó; represión masiva en posibles protestas) lo cual es considerado por el GEU como una violación masiva de los derechos humanos. El GEU presiona al Congreso de Estados Unidos para que acepten la acción y, junto al apoyo del Secretario General de la OEA, la justifican como un medio para poner fin al “régimen dictatorial”. Todos culpan al gobierno de NM por forzar la mano del GEU.

Suposiciones: Parte de la FANB apoya los ataques quirúrgicos y participa en el gobierno de transición. Los gobiernos del GL en la región se hacen la vista gorda ante la agresión y argumentan que era necesario devolver “la democracia y la prosperidad” a Venezuela y la “estabilidad” a la región. El número de víctimas se ve como un “daño colateral” necesario.

Wildcard: Rusia cumple su promesa de “hacer todo lo posible” para evitar una intervención militar del GEU en Venezuela.

3.5. Intervención directa, invasión parcial y guerra civil. Escenario de interrupción: altamente disruptivo con baja probabilidad

Luego del fracaso de la estrategia GTD de intentar que el ejército actuara en contra de NM, así como el fracaso de la entrega de “ayuda humanitaria” a través de Cúcuta por parte del GL, el GEU y el GC encuentran excusas para iniciar acciones militares en el occidente de Venezuela, con el objetivo de romper la unidad dentro de un país altamente polarizado.

Impulsores: GC y GEU inician una campaña secreta de provocación en la frontera (incursiones, ataques militares que se justificarían como ataques “defensivos” contra los campamentos de guerrillas del ELN), lo que provoca una respuesta militar de Venezuela que el GC considera una violación de su soberanía. Conociendo las diferencias regionales en Venezuela, el GC intenta ganar los “corazones y las mentes” del occidente venezolano y aislar a Caracas, sede del poder central. Las FANB, incluyendo las milicias, responden en defensa del occidente venezolano. Se desata una guerra civil que divide al país.

Suposiciones: NM se consolida en el poder y argumenta que se cumplió lo que siempre denunció: el ataque del GEU para acabar con su gobierno y con el chavismo. GEU y GC ignoran el llamado del GL contra el uso de la fuerza, rompiendo la cohesión del grupo en torno a los “medios”, mas no al “objetivo” final. GC ignora el llamado del Congreso colombiano, que vota por no permitir que tropas extranjeras entren en su territorio con el propósito de guerra. Al igual que con otras intervenciones militares, el Congreso de Estados Unidos condena, pero no puede hacer nada más. Duque y Trump están dispuestos a pagar el alto costo político a corto plazo de emprender una acción militar, apostando por una victoria a mediano plazo para “liberar” a Venezuela y a la región del régimen “socialista, dictatorial y represivo”, así como del chavismo como proyecto político. Las divisiones que esta acción desata entre los países de la región las consideran inevitables y necesarias, entendiendo que la unidad volverá en el mediano plazo. La OEA, bajo el liderazgo de Estados Unidos, intentaría desempeñar ese papel.

Wildcard: Rusia cumple su promesa de “hacer todo lo posible” para evitar una intervención militar de GEU en Venezuela. Los gobiernos del GL, conscientes de que sus habitantes pueden sacarlos del poder en las próximas elecciones debido al apoyo a la acción del GEU contra Venezuela, se oponen a la incursión en el occidente venezolano.

A manera de conclusión

En su relato sobre la guerra del Peloponeso entre Atenas y Esparta (431-404 a.C.), el general Tucídides describió como los representantes de Atenas llegaron a la isla de Melos para intentar persuadir a sus líderes a que se entregaran y pasaran a formar parte de la Atenas en expansión. Melos era la última isla del mar egeo que no había sucumbido al poder de Atenas. Los atenienses sospechaban que Melos era leal a Esparta. En el afamado diálogo entre los atenienses y los líderes de Melos, estos últimos, fieles a sus principios de igualdad e independencia, así como de neutralidad en el conflicto, insistieron en no verse forzados a elegir entre los poderosos adversarios. Pero para los representantes de la poderosa Atenas, esa no era una opción. Según ellos, la opción para Melos era simple: entréguense y sobrevivan; opónganse y corran con las consecuencias de su decisión. Para dar claridad a su mensaje, el representante ateniense dijo, en un lenguaje directo y agresivo sustentado en su poderío territorial y militar, que la opción no tenía nada que ver con independencia, justicia o moralidad, ya que cuando esos asuntos se discuten entre gente pragmática, “los poderosos imponen su poder, y a los débiles les toca padecer lo que deben padecer.” Al no lograr persuadir a Melos, los atenienses se retiraron del diálogo; solo para regresar a invadir, matar a todos los hombres y hacer del resto de los ciudadanos de Melos, esclavos de Atenas[15].

Hago este recuento de este importante evento que ha marcado profundamente el pensamiento realista en relaciones internacionales porque las agresiones verbales entre el gobierno y la oposición en Venezuela, así como el lenguaje agresivo que se ha desatado en la diplomacia de micrófono entre Caracas y Washington, y entre Bogotá y Caracas, en los últimos meses es extremadamente peligroso y contraproducente. Espero que después de más de dos mil años, en el mundo interdependiente de altas tecnologías y medios sociales de hoy, muy distinto al de Atenas y Melos, hayamos aprendido algo sobre el peligro que significa tratar de cambiar el comportamiento de otros a través de amenazas y presiones, tanto en la política interna como en política exterior. Las amenazas y presiones conllevan a la intolerancia, la cual a su vez resulta en una polarización incontrolable, y en posibles cálculos políticos erróneos que puedan llevar a conflictos armados interminables. Solo el reconocimiento del otro como parte de uno, y del diálogo como mecanismo para resolver los conflictos y para encontrar la manera de coexistir en democracia, pueden garantizarnos un futuro de relativa paz, tanto en Venezuela como en el hemisferio.

Muchas gracias por la invitación a compartir estas reflexiones con ustedes y por su atención. Esperemos que ninguno de los escenarios expuestos en la segunda parte de mi respuesta a la pregunta planteada se concrete, y que el escenario que prevalezca en Venezuela y en la región sea el camino del diálogo, la paz, la cohesión social y la prosperidad que se merece todo el noble pueblo venezolano, así como toda la América Latina y el Caribe.

Notas

  1. Frase utilizada por el presidente Hugo Chávez en una entrevista que quedó plasmada en el libro de Aleida Guevara (2005) titulado Chávez, Venezuela and the New Latin America: An Interview with Hugo Chávez. Melbourne: Ocean Press.
  2.  Para leer el discurso completo ver https://www.state.gov/secretary/20172018tillerson/ remarks/2018/02/277840.htm
  3.  El documento completo se puede leer en https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2017/12/ NSS-Final-12-18-2017-0905.pdf
  4.  El resumen del documento se puede leer en https://admin.govexec.com/media/20180118173223431.pdf
  5.  Durante el proceso de confirmación en el Senado para ser el embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas en abril del 2005, John Bolton fue acusado de hostigar a analistas de inteligencia que se rehusaban a confirmar su sospecha de las capacidades en armas biológicas del gobierno cubano, cuando era funcionario del Departamento de Estado. Ver Mark Pythian, “The Perfect Intelligence Failure? U.S. Pre-War Intelligence on Iraqi Weapons of Mass Destruction,” Politics and Policy 16, May 2016. En https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/j.1747-1346.2006.00019.x
  6. Ver “Elliot Abrams Admits His Guilt in On 2 Counts in Contra Cover-Up,” por David Johnston en The New York Times, Oct. 8, 1991 https://www.nytimes.com/1991/10/08/us/elliott-abrams-admits- his-guilt-on-2-counts-in-contra-cover-up.html Abrams recibió un perdón presidencial del presidente George H.W. Bush el 24/12/1992. Ver “Bush pardons Iran-Contra felons, Dec. 24 1992”, por Andrew Glass, en Politico. https://www.politico.com/story/2018/12/24/bush-pardons-iran-contra-felons- dec-24-1992-1072042
  7. Para más información ver https://www.congress.gov/bill/116th-congress/house-bill/1004
  8. Ver por ejemplo este cable del Embajador de Estados Unidos en Santiago de Chile, del 18/06/2007: https://wikileaks.org/plusd/cables/07SANTIAGO983_a.html
  9. La Casa Blanca del presidente George W. Bush expresó abiertamente su apoyo al golpe de estado en una rueda de prensa del secretario de prensa Ari Fleischer, el 12/03/2012. Ver las declaraciones, comenzando en el minuto 1.24, en este video de la AP: https://www.youtube.com/watch?v=Sqt9jJJJf3g . Ver también este articulo del 12/03/2002 de la CNN: http://www.cnn.com/2002/WORLD/americas/04/12/ venezuela/index.html
  10. Para un resumen comprensivo de las sanciones de Estados Unidos a Venezuela ver Venezuela: Overview of US Sanctions, publicado por el Congressional Research Service en enero de 2019: https://fas.org/sgp/crs/ row/IF10715.pdf
  11. Ver por ejemplo estos dos artículos del 08/07/2008 y del 15/05/2011: https://thehill.com/homenews/ news/15492-in-lobbying-the-language-is-as-important-as-issues y https://thehill.com/business-a-lobbying/161291- colombia-boosts-lobbying-for-trade-deal
  12. El presidente Trump expresó este punto claramente en un discurso a la comunidad venezolana en Florida el 18/02/2019. Para leer el texto completo ver: https://www.whitehouse.gov/briefings-statements/ remarks-president-trump-venezuelan-american-community/
  13. Discurso de John Bolton en Miami Dade College, el 02/11/2018: https://www.whitehouse.gov/ briefings-statements/remarks-national-security-advisor-ambassador-john-r-bolton-administrations- policies-latin-america/
  14. Ver https://www.csis.org/events/crisis-response-tracking-venezuelas-unprecedented-migrant-and-refugee- flows y https://www.elespectador.com/noticias/el-mundo/las-polemicas-declaraciones-de-pacho-santos- en-washington-sobre-venezuela-articulo-812888
  15. Thucydides (1972 edition. Book V): History of the Peloponnesian War. London: Penguin Books, pp. 400- 409.

Fuente

  • Maritza Barrios y Marcelinio Visbal (Ed.). (2019). Búsqueda de Alternativas Políticas a la Crisis de Venezuela. Seminario Internacional. Caracas, Venezuela: Publicaciones UCAB (2019)
  • Fotografía: Flickr - prodbdf. Licencia Creative Commons.

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