“El crecimiento no puede ser una religión. La sociedad del futuro debe ser frugal.” Entrevista con Serge Latouche.

Serge Larouche es conocido en Italia como autor del Breve tratado sobre el decrescimento sereno, que luego de su traducción al italiano en 2007 ha despertado un amplio interés. La entrevista es de Francesca Santonini, publicada en el diario L’Unità.

El término “decrecimiento” fue lanzado como un eslogan provocativo a partir del año 2000, “para denunciar la impostura del desarrollo sustentable”: ¿cómo definiria al decrecimiento hoy?

Hoy, el decrecimiento es un movimiento que tuvo un cierto éxito, especialmente en Italia, que propone un proyecto alternativo a la sociedade de mercado, a la economia productivista y a la sociedad consumista. Por decrecimiento, se entiende implícita o explicitamente la necesidad de volver a un nivel de producción sostentible, compatible con la reproducción de los ecosistemas.

En su último libro, “El decrecimiento antes del decrecimiento”, ud. escribe que seria necesario hablar de “acrecimiento”, así como se habla de “ateísmo”, en vez de decrecimiento. ¿Cuál seria la diferencia?

Naturalmente, la palabra decrecimiento no debe ser tomada al pié de la letra. No se trata de hacer que todo decrezca, seria estúpido. Decrecer por decrecer seria tan absurdo como crecer por crecer. Se trata de entender que el crecimiento es una forma de religión y que debemos salir de esta religión del “crecimiento por el crecimiento” y tornarnos agnósticos o ateos del consumismo, del productivismo y del desarrollismo. El decrecimiento, por lo tanto, no es el opuesto simétrico del crecimiento.

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Serge Latouche.

Ud. defiende que las consecuencias del crecimiento son desastrosas para el ambiente, pero es necesario el dinero para combatir la contaminación y, por lo tanto, para tener un ambiente más limpio. Y muchos estudios indican que la calidad del ambiente tiene un valor más alto para los países ricos que para los países pobres.

Naturalmente, eso ocorre siguiendo la lógica de la sociedad del crecimiento. Como vivimos en esta sociedad, es mejor una sociedad de crecimiento con crecimiento de lo que una sociedad de crecimiento sin crecimiento. Porque, en verdad, en una sociedad de crecimiento con crecimiento, hay puestos de trabajo, hay recursos para el cuidado del ambiente, de la salud, pero, en la sociedad en que vivimos hoy, o sea, de crecimiento, pero sin crecimiento, hay desempleo, pobreza, y no hay más recursos públicos para financiar a la cultura, a la salud y também al ambiente. Es una paradoja, porque, esta sociedad de crecimiento con decrecimiento destruye al ambiente y al futuro de la humanidad, es un sistema no sustentable.

Ud. escribe que “el decrecimiento como ruptura con la sociedad del crecimiento y, por lo tanto, con la economia capitalista también indica una ruptura con la ocidentalización del mundo”. ¿No le parece que, hoy más que nunca, deberíamos defender a la cultura occidental de los ataques del terrorismo jihadista contra nuestro estilo de vida?

El terrorismo, como ya lo escribi en mi primer libro, “La occidentalización del mundo” es justamente la consecuencia de la occidentalización del mundo, es la uniformización planetaria de la diversidad cultural y de la identidad. Estos terroristas son occidentales y ocidentalizados. Aquellos que atacaron a Francia son nuestros hijos, son franceses de verdad.

En el libro, ud. traza el árbol genealógico de los precursores del decrecimiento. De los epicuristas a los zen-budistas, de los místicos a los anarquistas naturistas, de los opositores al industrialismo a los antiglobalistas actuales. De Diógenes a Orwell, de Fourier a Gandhi y Berlinguer, de Pound a Baudrillard y Terzani. ¿Qué une a estos personajes?

Cuando empecé a interesarme por los precursores, también para mi fue un descubrimiento entender que debemos invertir nuestro modo de pensar y entender que el crecimiento es un pequeño parêntesis en la historia del pensamiento humano. Todos los pensadores de la humanidad, tanto occidentales como de otras civilizaciones, siempre pensaron que la supervivencia humana debia estar conectada a vivir en armonia con la naturaleza, a tener un sentido de la medida, a limitar las necesidades, a respetar al ambiente. Además, encontramos la necesidad de ponerle límites un poco en todas las sabidurias: en todas las épocas, no se hablaba de racionalidad económica, sino de sabiduria. Con el decrecimiento, encontramos a esta tradición antiquísima de la sabiduria.

El rechazar al crecimiento también es rechazar a la modernidad. ¿Cómo deberíamos vivir, entonces? ¿Es realista que la idea del decrecimiento gane espacio en la sociedad actual?

No somos contra la modernidad, pero debemos salir de las paradojas de la modernidad, para reencontrar el sentido de la medida y una armonia con la naturaleza. El Papa Francisco, en la encíclica Laudato si’, afirmó a estas cosas también. Claro que, para hacerlo, es necesaria una ruptura con el sistema actual, pero no hay una receta, debemos hacerlo, si no es por el amor, por la fuerza, en caso contrario, la alternativa será el caos o la barbarie. Infelizmente, ahora estamos en el camino del caos, pero todavía hay tiempo para cambiar.

Los detractores del decrecimiento lo definen como una idea autoritaria y ven a los teóricos del decrecimiento como catastrofistas o como “profetas de la desgracia”. ¿Cómo responde a estas críticas?

Muchas veces, no las respondo, porque no son críticas de buena fé. Para aquellas que son de buena fé, puede eso explicar que el proyecto del crecimiento no puede ser realizado sin volver a la verdadera democracia, porque lo más importante es reencontrar el sentido de la medida. Pero ¿quién puede decidir cuál es el sentido de la medida? La única instancia legítima que puede decidir esto es el propio pueblo, el demos. Debemos reencontrar las raices verdaderas de la democracia.

Sobre las críticas de catastrofismo: ¿quién es catastrófico? El sistema es catastrófico. Basta leer los inúmerables informes de las Naciones Unidas o de los organismos científicos y económicos. Ciertamente, no es una filtración periodística el hecho de que la temperatura del planeta va a aumentar en cuatro o cinco grados hasta el fin de siglo y de que estamos viviendo el sexto desaparecimiento de la especie. Ciertamente, no fui el que inventó esto. Es el sistema que va rumbo al colapso. Recusarse a lidiar con eso es una forma de catastrofismo, la peor forma de catastrofismo. Exortamos a hacer un esfuerzo para cambiar de rumbo e imaginar una sociedad de abundancia frugal.

¿Y cuáll es el significado de ese oxímoron “abundancia frugal”?

La propaganda del sistema nos hace creer que vivimos en una sociedad de la abundancia y, en vez de eso, vivimos en una sociedad del desperdício, de la escasez, de la frustración. Las cosas más importantes se hacen cada vez más escasas, como el aire respirable, el agua natural. Y desperdiciamos 50% de los alimentos que se encuentran en los supermercados, que van directamente a la basura. Y, entonces, debemos entender que, sin límites, no hay ninguna posibilidad de satisfacer a las necesidades. Esta es la sabiduria tradicional. Gandhi tambíen decía: “El mundo es grande lo suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero siempre será demasiado pequeño para satisfacer la ganancia de algunos”. La frugalidad es la condición para reencontrar al sentido de los límites, porque tenemos la abundâacia verdadera cuando podemos limitar a nuestras necesidades.

Mirando para aquello que está pasando en Europa, El Brexit, la derecha lepenista en Francia, e inclusive las dificultades en España, Cinque Stelle en Italia, ¿qué piensa sobre esta onda populista que está atravesando a Europa? ¿Es el fin de los partidos tradicionales?

El término populismo es muy ambíguo, porque hay un populismo bueno y un populismo malo, un populismo de derecha y un populismo de izquierda. Ciertamente, el sistema político que conocemos no está bien, porque es totalmente dependiente de la oligarquia económica y financiera global. Es por eso que existe una aspiración popular justa a salir de este sistema, para resolver los problemas como el desempleo, la austeridad, pero, como siempre, están los profesionales de la política que intentan instrumentalizar las aspiraciones justas. Las aspiraciones populares deben ser oídas para ser satisfechas, no para ser instrumentalizadas como hacen los nacionalistas. La crisis de los partidos tradicionales no depende sólo del contexto local, sino del contexto global: las crisis económicas, las migraciones. Todo eso colocó al sistema en crisis. Y en relación a los migrantes: en el futuro, ellos no serán miles, sino millones. Y, entonces, ¿qué haremos?

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Fotografía: Flickr - Galo Naranjo. Licencia Creative Commons.

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