El Manifiesto Ecomodernista y la fe en la tecnología para superar la crisis ambiental. Entrevista especial con Mauricio Waldman

El Manifiesto Ecomodernista lanzado recientemente por investigadores de universidades británicas y norteamericanas ”no puede ser ignorado”, pero eso ”no implica aceptar las tesis” propuestas en el documento, puntualiza Mauricio Waldman en una entrevista concedida a IHU On-Line por e-mail. Según la evaluación hecha por el investigador, el Manifiesto ”revela una adhesión apasionada al ideario de la ecoeficiencia, que es matriz de líneas de pensamiento como el capitalismo ecológico y la economía verde. Esto explica por qué son raras o inexistentes las consideraciones referidas al medio natural y a la noción de justicia ambiental”. Por Patrícia Fachin, para IHU.

”El Manifiesto Ecomodernista se incomoda con lo que me parece que es una de las mayores contribuciones del ambientalismo: la defensa de la justicia social”, critica el investigador.

Entre los puntos centrales del Manifiesto Ecomodernista se destaca la discusión sobre el papel de las tecnologías para resolver los problemas ambientales; sin casi considerar los impactos promovidos por el moderno estilo de vida. ”Nótese que el Manifiesto apenas menciona los impactos promovidos por el moderno estilo de vida y sus consecuencias, el consumismo y la sociedad de lo descartable. Esto a pesar de que son inseparables de los mecanismos que están alimentando la crisis ambiental de los tiempos modernos. (…) La apuesta básica del documento es la intensificación de las actividades humanas respaldadas por técnicas avanzadas, teniendo como meta el avance de la modernización”, resalta.

Waldman también comenta rápidamente la Encíclica Laudato Si, llamando la atención sobre el hecho de que el documento haya sido publicado en un momento marcado por una ”encrucijada ambiental, imponiendo la necesidad de instaurar un nuevo equilibrio que cuide el medio ambiente”. Pero esa armonía, resalta, ”solamente será posible con avances sociales; posición consignada por la Encíclica al mismo tiempo que una crítica al consumismo y a la sociedad de lo descartable”.

Mauricio Waldman es doctor en Geografía, magister en Antropología y graduado de Sociología por la Universidad de Sao Paulo – USP. Cursó posdoctorado en Geociencias en la Universidad de Campinas - Unicamp y en Relaciones Internacionales en la USP. En enero de 2014 inició su tercer posdoctorado, con una investigación en el aérea del medio ambiente, enfocada particularmente en la cuestión de los recolectores, la incineración y el reciclaje de los residuos sólidos. La investigación cuenta con un respaldo institucional de la Universidade do Oeste Paulista - Unoeste, de Presidente Prudente, y financiamiento del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico de Brasil –CNPq. Mauricio Waldman fue el jefe de recolección selectiva de basuras de la capital paulista y coordinador de Medio Ambiente en São Bernardo do Campo. Realizó dos traducciones de interés: ”El Ecologismo de los Pobres – Conflictos Ambientales y Lenguajes de Valoración (de Joan Martinez Alier) y ”Fifty Major Philosophers//” (de Diané Collinson). Más información en el Portal Académico del Profesor Mauricio Waldman: www.mw.pro.br

Lea la Entrevista

IHU On-Line – ¿Qué es el Manifiesto Ecomodernista?

Mauricio Waldman - El Manifiesto es un documento lanzado en abril de 2015, firmado por 18 personalidades de punta del campo ambiental. Este texto contesta muchas tesis clásicas del ambientalismo. Particularmente, pone en discusión las percepciones sobre la naturaleza presentes en el imaginario social. En esta línea de comprensión –e independientemente de la opinión que se pueda formar sobre el material – el Manifiesto crea un hecho mediático, conceptual y político. Esto es inherente al hecho de que el documento hace uso de la nomenclatura Manifiesto.

Un Manifiesto es siempre una declaración pública y solemne traída a público con el objetivo de externalizar cierta posición o programa, adoptada por personas interesadas en cuestionar determinado estado de las cosas. Si como nos recuerdan los manuales de ciencia política, todos los actos humanos poseen un reflejo político, esto es todavía más cierto cuando un texto es investido del carácter de Manifiesto.

IHU- On-Line – ¿Cuáles son los cuestionamientos propuestos por el Manifiesto?

Maurício Waldman – Nótese que el Manifiesto viene a la luz en un momento extremadamente crítico para la humanidad. Especialmente por la exacerbación de una crisis ambiental sin precedentes históricos. Para empeorar, lo programas que intentan dar cuenta de la destrucción del medio ambiente, han fracasado. Demuestran una incompetencia soberbia hasta para mitigar las secuelas ambientalmente más inmediatas de la crisis. Ya con eso, el material no puede se ignorado. Sin embargo, esto no implica que debamos aceptar las tesis del Manifiesto. Incluso por friccionar con amplios sectores de la comunidad ambientalista, el documento defiende propuestas difíciles de acordar.

IHU On-Line – ¿Hay resistencias al Manifiesto? ¿por cuáles razones?

Maurício Waldman – Coincidamos en que el ambientalismo nunca configuró un cuerpo de ideas coherente. De hecho, el ambientalismo es refractario al monolitismo. Desde esta perspectiva, Joan Martínez Alier, en su obra icónica El Ecologismo de los Pobres, alerta que el ecologismo exhibe tres vertientes básicas: el evangelio de la ecoeficiencia, el culto a lo silvestre y el ecologismo de los pobres o justicia ambiental. Al mismo tiempo, Alier recuerda que a pesar de las diferencias existentes entre estas tres corrientes, la regla es que en la materialidad social encontremos grupos, personas e instituciones que combinan de modo variable las tres líneas. Mientras tanto, como lo que está en foco es una narrativa autodenominada Manifiesto, lo que hay son proposiciones muy centradas en una toma de posición específica.

IHU On-Line – ¿Cuál es la posición sugerida por el Manifiesto?

Maurício Waldman – El Manifiesto revela una adhesión apasionada al ideario de la ecoeficiencia, que es matriz de líneas de pensamiento como el capitalismo ecológico y la economía verde. Esto explica la razón por la cual consideraciones referidas al medio natural y a la noción de justicia ambiental son raras o inexistentes. Cuando en algún momento el texto insinúa esta dirección, siempre es articulando tales concepciones como apenas actor coadyuvante, expurgadas de un papel determinante. La viga maestra del documento está firmemente encastrada en la apología a la ecoeficiencia. Adicionalmente, sería también pertinente advertir que a pesar de que las tesis del Manifiesto no configuren una unanimidad, esto no le resta validez al documento. Por el contrario, el debate propuesto por el Manifiesto es útil, necesario y fundamental.

IHU On-Line – ¿Cuáles son las propuestas básicas del Manifiesto para el medio ambiente?

Maurício Waldman – Un punto esencial trata sobre la tecnología, destacada con insistencia a lo largo de todo el Manifiesto. Sin embargo, es importante señalar que las técnicas están inmersas en totalidades sociales, que las aprueban o no. No es la técnica la que hace la historia, mas bien al contrario. La matriz social es un presupuesto básico para que nuevas creaciones o ideas se integren al universo concreto, inclusive en rebeldía contra las propias condiciones materiales. Al final, la edad de piedra no terminó por falta de piedra. La humanidad dejó de tallar rocas de cara a un cambio en las prioridades sociales, instigándola a explorar nuevos contextos ecológicos. Por lo tanto, al posicionar a las tecnologías en el papel de protagonista, el Manifiesto tiende a encaminarse en una visión tecnicista.

IHU On-Line – El Manifiesto sugiere que la tecnología es fundamental para superar la crisis ecológica. ¿Cómo ve esa propuesta?

Maurício Waldman – Sin duda alguna. Por más tecnología versátil y eficiente el cuadro de la calamidad ambiental que observamos no hay cómo revertirlo de ninguna manera. Por otro lado, simplemente porque existen las técnicas no significa que mágicamente pasarán a ser adoptadas. Esto sin contar que el tejido social de la Modernidad está atravesado por clivajes y contradicciones de todo tipo, transformando cualquier pronostico en un precario ejercicio de futurismo. De hecho, el Manifiesto expone alternativas que pueden, por ejemplo, revolucionar la matriz energética en vigor. Sin embargo, diversas otras flexiones son necesarias para que las formas de generación de energía que están carbonizando la atmosfera sean definitivamente abolidas.

El Manifiesto defiende el ciclo combustible del torio, opción contrapuesta a las plantas nucleares convencionales, basadas en la fisión de uranio. Pero los signatarios del Manifiesto parecen ignorar que el prototipo de los reactores a base de torio se remonta a los años 50, o sea: 60 años atrás. A pesar de que son menos peligrosos que los reactores abastecidos con unario, de que generan menos desechos nucleares y de que emiten niveles más bajos de radioactividad, el ciclo combustible del torio no triunfó. Básicamente por haber contrariado al naciente lobby nuclear pro uranio y por dificultar la construcción de artefactos nucleares. En el clima de la Guerra Fría, tal particularidad sentenció a muerte a los programas energéticos a base de torio.

El cuadro de hoy es diferente, sin duda alguna. Aunque continúa bajo la batuta de premisas políticas y económicas. Las naciones que hoy están implantando proyectos basados en el ciclo combustible del torio son, en general, países como Chile y Noruega, naciones secundarias en el orden mundial. O sino son naciones como Israel, China, Rusia e India, que por motivos variados están alcanzando un protagonismo propio en el escenario global. Llama la atención que países como Estados Unidos, Francia y Reino Unido continúen fieles al uranio, tanto por motivos políticos como por la influencia de los complejos industriales y tecnológicos existentes. Por lo tanto, no son las posibles virtudes del torio las que justifican nuevos programas energéticos. Por el contrario, son prescripciones políticas, sociales y económicas las que una vez más direccionan, comandan y certifican la agenda tecnológica.

IHU On-Line – ¿Además de la cuestión tecnológica, el manifiesto genera otras polémicas?

Maurício Waldman – Sin duda. Para poner un ejemplo, en el Manifiesto la Modernidad es considerada como la partera de los avances tecnológicos, del progreso económico y de la igualdad de género. Otros efectos serían la dinamización de la vida urbana y de nuevas formas de relaciones políticas y sociales. En sí mismos, no hay cómo contestar la factualidad de estos cambios. Bajo el impulso de la Modernidad, ocurrieron considerables transformaciones en el modo de vida de la humanidad, a las cuales, vastos sectores no se disponen a renunciar. De este modo, la Modernidad se tornó un elemento central para la historia humana. Entretanto, el Manifiesto omite cualquier tipo de visión crítica, un dato complicado si pensamos las formas de reproducción social que la Modernidad implantó.

Nótese que el Manifiesto ni siquiera menciona los impactos promovidos por el moderno estilo de vida y sus consecuencias: el consumismo y la sociedad de lo descartable. Esto a pesar de que son inseparables de los mecanismos que están alimentando la crisis ambiental de los tiempos modernos. En esta lógica, el Manifiesto se incomoda con lo que creo que es una de las mayores contribuciones del ambientalismo: la defensa de la justicia social. Me parece que no podría ser de otra manera. No se puede cerrar los ojos ante los impactantes contrastes difundidos en la sociedad contemporánea.

IHU On-Line – ¿Cómo se posiciona el manifiesto ante la cuestión de la pobreza?

Maurício Waldman – Se sabe de larga data que las disparidades de renta y de consumo están firmemente apoyadas en estacas socioeconómicas. Sin embargo no es de esta forma que el Manifiesto aborda la cuestión. La narrativa del documento tiene por presupuesto la comprensión de que la pobreza es un problema en sí. Adoptando este axioma como principio, en el Manifiesto los procesos de pauperización son disociados de la lógica estructural que genera desigualdades sociales y económicas, y que excluyen pueblos, grupos y personas.

Tal como en otros abordajes ausentes de sociología y de economía política, el Manifiesto subvierte los datos de la cuestión. La pobreza sería una casualidad, un desvío del recorrido, un evento aberrante que poco o nada tiene que ver con el funcionamiento del sistema económico. Por lo tanto, las desigualdades económicas serían pasibles de ser anuladas o corregidas a través de la aplicación más intensa –y se podría adjetivar- más radical de las normas económicas existentes. Dicho de otro modo, ”with more of the same”, esto es: con más de lo mismo. En el horizonte utópico del Manifiesto, un remake o reedición modernizante no solo libraría al Planeta de los problemas sociales, sino que también pavimentaría caminos para la preservación del medio natural. Esto explica la razón del Manifiesto en abogar por la aceleración de la desconexión entre desarrollo y naturaleza, como solución para la crisis ambiental.

IHU On-Line – ¿De qué forma el Manifiesto disocia desarrollo y medio natural?

Maurício Waldman – Los autores del Manifiesto arguyen – apelando a un consistente y bien fundamentado universo conceptual académico- que una naturaleza propiamente natural no existe. Por demás, una idea que no tiene nada de nueva. Desde el siglo XIX estudios realizados por biólogos, geógrafos y antropólogos demuestran la influencia decisiva de los seres humanos en el medio ambiente. De esta forma, lo que llamamos naturaleza serían espacios regidos por sanciones sociales, y la naturalidad un resultado del moldeamiento humano del espacio. De las intervenciones humanas en el medio natural, resulta justamente el Antropoceno. En el texto del Manifiesto, Antropoceno es la palabra clave por excelencia. De este concepto adviene una segunda noción básica del documento: el Buen Antropoceno.

IHU On-Line – ¿Para el Manifiesto qué sería un buen Antropoceno?

Maurício Waldman - Antes, seria importante aclarar que la noción de Antropoceno es insertada de manera muy genérica en el texto del Manifiesto. Nótese que como concepto encaminado a la comprensión del papel de los humanos en la construcción de la fisionomía de la Tierra, esta noción acumula décadas de discusiones. Ya a comienzos del siglo XX el geoquímico y mineralogista soviético Vladimir Vernadsky dio los primeros pasos en esa dirección. Vernadsky lanza en 1926 el libro La Biosfera, sugiriendo la hipótesis de que la fisionomía terrestre fue biológicamente determinada. Avanzando en esta discusión, concluyó que el paisaje terrestre no podría ser desconectado de las acciones antropogénicas. Es decir, transformaciones desarrolladas por los seres humanos. Este es el eje que justifica una famosa frase del científico: ”El hombre se volvió una poderosa fuerza geológica”. Más adelante, el empeño de Vernadsky inspiró al biólogo norteamericano Eugene Stoermer a proponer, en los años 80, el neologismo Antropoceno. Desde entonces, el concepto transita difusamente en el medio académico.

Se dijo que el Manifiesto carece de sociología. Infelizmente carece también de antropología. Del modo en que el manifiesto integra a su malla conceptual el concepto de Antropoceno, una falta de perspectiva social y cultural compromete la argumentación del documento.

IHU On-Line - ¿Por qué?

Maurício Waldman – Para empezar, una lectura superficial del Manifiesto es suficiente para notar que el texto cita repetidamente el Antropoceno en singular, como si los paisajes humanizados por las diferentes sociedades a lo largo de la historia fueran parte de un único proceso. La realidad es mucho más compleja. El geógrafo brasilero Milton Santos en su análisis del espacio geográfico resaltaba que las múltiples sociedades humanas crearon múltiples espacios. En todo caso, muchas lecturas de la relación con el medio natural. Todas las interpretaciones antiguas de la territorialidad fueron radicalmente diferentes al Antropoceno de la Modernidad. En el pasado, rupturas drásticas con los ciclos naturales ocurrieron excepcionalmente. Esto dificulta que se trace una línea de continuidad entre las sociedades tradicionales y el mundo contemporáneo. En la historia humana existieron Antropocenos y no apenas un Antropoceno.

IHU On-Line – ¿Cuáles son los puntos de vista desde los cuales el Manifiesto entiende el Antropoceno?

Maurício Waldman – Uno de estos es que, para el documento, la oposición de los humanos al medio natural es prácticamente atávica. El manifiesto recuerda, por ejemplo, que las sociedades antiguas derrumbaron tres cuartos de las selvas mundiales antes de la revolución industrial, lo cual es cierto. Pero también es importante resaltar que este proceso ocurrió a lo largo de dos millones de años. Es más: la cuarta parte restante está siendo diezmada en el transcurrir de unas pocas décadas. Nadie ignora que las culturas tradicionales realizaron importantes transformaciones en el ambiente natural.

Esto es tan cierto que en contextos puntuales, como en el seno de las civilizaciones Anasazi, Maya, Jemer, Sabá y de la Isla de Pascua, ocurrieron crisis ecológicas severas. Pero en ningún momento la acción de los humanos del pasado puso en riesgo la biosfera como un todo. Tampoco amenazando la existencia de la Humanidad. Por lo tanto, nada en las formas asumidas por el Antropoceno en la antigüedad permite filiación directa con lo que ocurre en la sociedad actual. La modernidad es única en cuanto a la ferocidad de la devastación y el hambre insaciable por recursos. Se trata de una singularidad que, dicho sea de paso, constituye su dilema civilizatorio central.

IHU On-Line – ¿Cómo el Manifiesto propone un buen Antropoceno?

Maurício Waldman – En lo que considero es un punto alto del Manifiesto, el texto arguye con mucha propiedad que el medio urbano está en el centro del debate ambiental. No podemos omitir que actualmente la población humana es mayoritariamente urbana, tendencia que evidentemente se acentúa cada día más. Basta consultar Planeta de Ciudades Miseria, obra del geógrafo norteamericano Mark Davis [sic], un trabajo que no admite peros en cuanto a la centralidad del hecho urbano en la vida moderna. En este orden de consideraciones, el Manifiesto contesta con razón a un clásico imaginario ambientalista, altamente idealizado, que desplaza la cuestión ambiental hacia los espacios románticamente etiquetados como naturales: selvas, océanos y paisajes bajo dominio de la vida salvaje.

Sin embargo, nuevamente encaminado en perspectivas cercanas a lo contradictorio, el Manifiesto refiere a una ciudad alegórica, también romantizada. Justamente por esta razón, no posee densidad conceptual suficiente para pensar el medio urbano. Porque no tiene en cuenta que la ciudad moderna constituye un tejido urbano umbilicalmente asociado a las contradicciones generales de la sociedad contemporánea. Nuevamente recurriendo a Milton Santos, la ciudad moderna no es ni un poco isonómica. Para las inmensas masas de excluidos, el llamado espacio urbano simplemente no existe. La imagen de ciudad expuesta por el Manifiesto es una caricatura de la ciudad real. Es una metrópoli de edificios altos rodeados de verde. Pero en dónde están los que viven fuera de la ”ciudad formal”? Desde esta perspectiva, el llamado Buen Antropoceno podrá ser únicamente para algunos, para pocos.

IHU On-Line – ¿En dónde queda la sostenibilidad en esa discusión?

Maurício Waldman – De la manera en que ha sido propuesta, no queda. Sin embargo, no sería justo estigmatizar el Manifiesto por cuenta de esto. La sostenibilidad es un concepto que mostró fragilidad e incapacidad para detener el avance de la crisis ambiental. Entiendo que coyunturalmente el Manifiesto surge en función de las lagunas operacionales del concepto de desarrollo sostenible. En lo relacionado a la dinámica social, la toma de posición del Manifiesto no sucede por azar. El documento expresa de uno u otro modo una corriente de opinión para la cual la sostenibilidad además de haber malogrado, está conceptualmente desmoralizada.

El desarrollo sostenible enfrenta dudas e incertidumbres en dos frentes. Primero, existen problemas concretos. Después de más de 20 años de consagración del concepto en el Encuentro de Rio 92, simplemente no existen avances palpables de la sostenibilidad a nivel global. El informe Panorama Ambiental Global 2012 hecho por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente – PNUMA, revela un escenario desalentador: en los últimos 40 años apenas cuatro de 90 metas ambientales estratégicas tuvieron un avance significativo. Otros 40 objetivos avanzaron mínimamente. Para rematar, 24 metas simplemente se estancaron. El fracaso es tan retumbante que hasta Gro Brundtland, mentora del Informe Nuestro Futuro Común – ONU, expuso sus frustraciones públicamente. Reverenciada como ”madre” del concepto de desarrollo sostenible, Brundtland advirtió en una entrevista concedida en 2012, que la sostenibilidad aguardaba materialización como práctica real. Es más: amonestó que el término es utilizado abusivamente, desconectado de prácticas reales. Se desahogó por fin sin mayor demora: ”El desarrollo sostenible todavía no sucedió”. Si la propia madre de la sostenibilidad emite una declaración de este tipo, quienes somos nosotros para objetar?

Lado a lado con vicisitudes operaciones, el desarrollo sostenible demostró fragilidad teórica. Por estar vacío de sustentación metodológica, el concepto terminó fácilmente asimilable por cualquier tipo de situación. Es lo que explica la notoria polisemia del término. En una coyuntura en la que la insostenibilidad se tornó una regla general, existe toda una suerte de objetos y servicios ”sostenibles”. Todo es sostenible: existen estufas, tazas, computadores, cementerios, carros, detergentes y ropa sostenibles. Yo hasta bromeo en el aula de clase diciendo que un día inventarán profesores y alumnos sostenibles.

IHU On-Line – ¿Qué tipo de evaluación hace el Manifiesto sobre la idea de sostenibilidad?

Maurício Waldman – Para los autores del Manifiesto la sostenibilidad no es un paradigma central. La propuesta básica del documento es la intensificación de las actividades humanas respaldadas por técnicas avanzadas, teniendo como meta el avance de la modernización. De hecho, una mayor tecnificación de las líneas productivas propiciaría el uso más eficiente de los insumos naturales. Por extensión, contribuiría a conservar y proteger el patrimonio natural. Sin embargo, esta noción puede ser cuestionada. Manteniéndose la tendencia del crecimiento ilimitado típico de la economía moderna, no es seguro que existirán límites en la explotación de los recursos naturales. En ese orden de ideas, surge nuevamente la cuestión sobre el tipo de desarrollo apropiado para garantizar un futuro viable para las generaciones que heredarán la tierra.

IHU On-Line – ¿Está abierta la posibilidad de plantear nuevamente la sostenibilidad?

Maurício Waldman – Sí y no. Hay evidencia que no se puede omitir. Si el desarrollo fuera en sí mismo sostenible, no habría necesidad de adjetivarlo. Se habla de ”desarrollo sostenido” porque el tipo de relación mantenida por la economía con la naturaleza no tiene nada de sostenible. Si la sostenibilidad fuera plenamente operacional, el mundo ya estaría libre de problemas ambientales. Conforme fue mencionado, la predicación de la sostenibilidad no obtuvo la repercusión esperada. En esta secuencia, el Manifiesto reconoce implícitamente que el desarrollo no es sostenible y punto final. Y tal vez paradójicamente – en coherencia con el discurso de la disociación entre desarrollo y naturaleza- afirma que un futuro ambientalmente seguro sería viabilizado por más y no por menos desarrollo.

IHU On-Line – ¿Que evaluación inicial hace del abordaje ecológico de la Encíclica Laudato Si?

Maurício Waldman – La discusión sobre el medio ambiente en la esfera de las religiones es extremadamente importante. En el ámbito de las religiones inspiradas en la Biblia, la creación siempre es tenida como un acto divino. Por lo tanto, los humanos tienen la responsabilidad de cuidar este acervo. La Encíclica Laudato Si’ (Alabado Seas) teniendo por subtitulo Sobre el Cuidado de la Casa Común, se inscribiría, conforme su publicación, en un momento histórico marcado por una encrucijada ambiental, imponiendo la necesidad de instaurar un nuevo equilibrio que cuide el medio ambiente. Pero esa armonía solamente será posible con avances sociales; posición consignada por la Encíclica al mismo tiempo que una crítica al consumismo y a la sociedad de lo descartable. Lanzada en medio de una coyuntura en la cual el debate ambiental está siendo reabierto, la Encíclica amplía el debate en una dirección correcta. Una importante contribución a ser considerada.

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