Elige tu propio género: Judith Butler, la filósofa que borró el límite entre los sexos

Estrella en su campo, Butler postuló que el género es algo que se construye a través de pautas culturales.

Judith Butler convoca como una estrella de rock. Las entradas para asistir a su conferencia “Cuerpos que aún importan”, organizada por la Red Interdisciplinaria de Estudios de Género de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, se agotaron hace un mes, y el día de la convocatoria-la semana pasada- la cola dio la vuelta a la manzana para desembocar en el auditorio universitario de Caseros II, donde 400 personas la vieron en vivo, otras 600 frente a una pantalla en la cafetería, una buena cantidad de alumnos desde la Universidad de la Rioja, y cualquier interesado vía streaming.

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Judith Butler. Fotografía: Flickr - Andrew Rusk. Licencia Creative Commons.

Butler es profesora de literatura comparada en la Universidad de California en Berkeley y una filósofa de renombre mundial que se ha desarrrollado en el campo de la teoría feminista. En 1990 publicó El género en disputa, un libro que revolucionó para siempre la forma de concebir la identidad de género tanto dentro de la academia como en el movimiento y activismo LGBTQ. Propone desnaturalizar los conceptos de sexo, género y deseo, y entenderlos como construcciones que establecen normas culturales que violan la voluntad de todos los sujetos que no se ajusten a ellos. Su tesis de que el género consiste en una actuación repetida y obligatoria en función de determinadas normas –a lo que llama “género performativo”–, y por lo tanto en una construcción social continuamente reforzada hoy es, en efecto, la forma predominante de pensar sobre el tema.

Butler saludó en castellano y se disculpó por no poder dar toda su conferencia en ese idioma. Tras preguntarse por la dimensión ética y política de las teorías sobre el cuerpo, puso el foco en la necesidad de intervenir críticamente en las categorías que, en silencio, rigen nuestras vidas: “Las definiciones que se dan por sentadas en el campo político hacen que la vida sea menos vivible”, dijo. “Mi opinión es que la vida sería más vivible si no estuviésemos limitados por categorías que no nos funcionan. La tarea del feminismo, la tarea de la teoría queer y del activismo es, sin duda, hacer que sea más fácil respirar, más fácil moverse por la calle, más fácil obtener reconocimiento cuando lo necesitamos, más fácil tener una vida que podamos afirmar con placer y alegría, incluso en medio de las dificultades”.

Butler saludó en castellano y se disculpó por no poder dar toda su conferencia en ese idioma. Tras preguntarse por la dimensión ética y política de las teorías sobre el cuerpo, puso el foco en la necesidad de intervenir críticamente en las categorías que, en silencio, rigen nuestras vidas: “Las definiciones que se dan por sentadas en el campo político hacen que la vida sea menos vivible”, dijo. “Mi opinión es que la vida sería más vivible si no estuviésemos limitados por categorías que no nos funcionan. La tarea del feminismo, la tarea de la teoría queer y del activismo es, sin duda, hacer que sea más fácil respirar, más fácil moverse por la calle, más fácil obtener reconocimiento cuando lo necesitamos, más fácil tener una vida que podamos afirmar con placer y alegría, incluso en medio de las dificultades”.

Butler, quien ha abierto verdaderas vías de pensamiento para ejercer el disenso, la libertad y la protesta de un modo significativo, trasladó su reflexión hacia una preocupación por la precariedad en sentido amplio: “Aunque mi pensamiento se ha relacionado con el feminismo, la política de género y los derechos sexuales, me parece importante ver cómo la cuestión de quién es reconocido se extiende a otras poblaciones que hoy viven una vida precaria”. Ejemplificó con quienes ponen el cuerpo para movilizarse y protestar medidas de austeridad, leyes inmigratorias injustas o racistas, condiciones de explotación o la violencia policial. “Las personas se reúnen no solo para expresar su oposición a las políticas que hacen que su vida sea invivible, sino también, simple y enfáticamente, para estar juntos en público y llamar la atención sobre esas vidas corporales que sufren”.

A fines de marzo Butler visitó México por primera vez y dio una conferencia en la UNAM en la que dijo que los 43 normalistas desaparecidos hace ya casi un año en Ayotzinapa merecen un duelo global. En su conferencia en la UNTREF trajo esa experiencia: “Cuando pensamos en esos estudiantes para llorar su pérdida y demandar justicia, somos conscientes de que desaparecieron porque ejercieron su derecho a reunirse, es decir, el derecho más básico de la democracia, y se los trató como criminales y como enemigos del Estado. Esas pérdidas y su desaparición merecen ser reconocidas, y es significativo que un equipo argentino (en referencia al Equipo Argentino de Antropología Forense) haya ido al lugar de los hechos. Argentina sabe sobre desapariciones”.

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Fotografía: Flickr - Galo Naranjo. Licencia Creative Commons.

La conferencia culminó con una reflexión en torno al femicidio, al que Butler concibe como producto de una estructura social que hace que las muertes violentas de las mujeres no sean lamentadas. Citó a dos autoras latinoamericanas que han reflexionado largamente sobre el tema: Rita Laura Segato, de Brasil, que incluye en la acepción de femicidio a las mujeres trans, y Monserrat Sagot, de Costa Rica, que lo describe como una forma extrema de terrorismo sexista. Y como cualquier tipo de terrorismo, envía un mensaje a quienes permanecen vivos: subordínate o muere. “Hay mucho trabajo teórico por hacer”, señaló Butler. “¿Cómo entendemos la especificidad de terror sexual? ¿Cómo se relaciona con la dominación y el exterminio? ¿Qué modalidades psíquicas implica estar aterrorizada? Estas preguntas nos ayudarán a entender cómo intervenir globalmente para exigir una reconceptualización de esta forma de asesinato. Sólo entonces sabremos cómo contrarrestar las historias que culpan a las mujeres por sus propias muertes, que convierten a los hombres en caracteres patológicos, o que dan una versión empática sobre su furia descontrolada”.

Conferencia de Judith Butler "Cuerpos que todavía importan"

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