En memoria agradecida y con inmensa gratitud a Adolfo Nicolás Pachón, S.J.

La partida de Adolfo Nicolás, Superior General de la Compañía de Jesús (2008 - 2016), ha propiciado muchos mensajes de condolencia, homenaje y, en especial, gratitud. Compartimos la semblanza del padre Nicolás, escrita ayer por el jesuita peruano Benjamín Crespo.

Esta mañana me desperté temprano y al ver mensajes encontré la noticia de su partida a la casa del Padre. Como no hacer memoria agradecida y con inmensa gratitud de su vida, su vocación misionera, su amor a Jesucristo, su servicio total y generoso a la Iglesia y a la Compañía. Siempre nos decía en la comunidad de la Curia General, “darlo todo”, “necesitamos vivir con calidad y profundidad humana y espiritual”. Siempre Adolfo con una sensibilidad y apertura y una gran libertad espiritual, entregado totalmente y contagiando su espíritu con alegría.

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Un rasgo muy humano y muy entrañable a su persona era su buen humor y alegría, le encantaba escuchar y contar bromas y chistes, se reía con ganas y a carcajadas desde el fondo de su ser, trataba con todos ya sea en entrevistas personales, al compartir la mesa en el comedor y en la sala de comunidad y en los corredores de la curia al cruzarte con él.. Se daba sus vueltas por las oficinas del cuarto piso, donde estaba su habitación y despacho, como también la de los Asjstentes Generales, Regionales y de los Secretarios Regionales de las diez Asistencias de la Compañía. Cuando entraba a mi oficina veía siempre con detenimiento y como contemplándolo de cerca al Cristo Cusqueño de Mérida que tenía yo colocado en la pared detrás de mi escritorio. Veia al Cristo pobre, a los pobres y descartados, a los últimos y olvidados, y como que se preguntaba y nos preguntaba qué más podemos hacer, como responder a los cristos crucificados de todos los pueblos.

Nos contaba una anécdota personal al visitar las Provincias de la Asistencia de Africa: “Lo de papa negro no se lo tomen muy en serio. La primera vez que fui a África un laico africano me dijo que estaba muy desilusionado porque le habían dicho que venía el papa negro y “usted no es negro”.

Nos decía y hablaba con hondura que estamos invitados a entregarnos a la “Missio Dei” a la misión de Dios y que esta es la misión de la Compañía. Siempre abierto a lo universal encarnado en lo concreto, como Ignacio de Lopola, como Pedro Arrupe, a quienes les tenia un afecto entrañable, filial y fraterno.

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También nos repetía con regularidad: “Más recientemente, hemos comenzado a hablar de Missio Dei, también Benedicto XVI lo hace. No es la misión del Papa o los obispos, ni de los jesuitas, franciscanos, neocatecúmenos, o heraldos. Es la Misión de Dios; misión a la que todos somos llamados de la misma manera y de la que todos somos colaboradores; la línea horizontal es cada vez más clara y reforzada teológicamente. Esta Misión no la determina ningún grupo. No hay una misión jesuita en la que nosotros seamos jefes. Dios elige la Misión y Él suscita sus colaboradores. La llamada a la colaboración libera energías.

Deseo seguir más adelante haciendo esta memoria agradecida pero termino esta reseña recordando la primera entrevista que dio al ser elegido General a tres jesuitas jóvenes y que refleja mucho de su vida personal al comenzar su misión como General:

“Eso nos lleva a la pregunta sobre su nueva vida como Superior General de la Compañía de Jesús. Tras la elección ha aparecido con fuerza la inquietud sobre su edad. ¿Cuáles cree que son las ventajas y desventajas de tomar la responsabilidad de liderar a la Compañía en este momento de su vida?

P. Nicolás: Durante el período de discernimiento (murmuratio), cuando los electores estaban conversando entre sí sobre la persona más apta para ser nuestro próximo General, comencé a preocuparme seriamente cuando, hacia el tercer día, eran muchos los que me preguntaban sobre mi salud. Nunca antes había tenido tantos jesuitas preocupados por mi salud. Por supuesto, la pregunta tenía que ver con la edad. Estaban preocupados.

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Ahora, ¿cuáles son las ventajas y desventajas? Las desventajas son claras: con la edad viene también menos energía. Por ejemplo, aunque ahora todavía me siento bastante cómodo para viajar, no sé cuanto viaje seré capaz de hacer en los próximos años. Ésta es una desventaja. También, naturalmente- y no quiero engañarme a mí mismo – mi capacidad de ser imaginativo y creativo probablemente no será tan fresca como la de los jóvenes. Éstas son desventajas obvias.

Pero hay ventajas. Primero uno tiene más experiencia, es más realista, menos utópico, y sabe un poco más lo que puede esperar y lo que no. Yo seguiré esperando muchas cosas de los jesuitas, pero a mi edad uno ya es más consciente de la debilidad humana. Puedes saber cuándo no exigir demasiado, o no esperar demasiado de modo que no te desilusiones tan a menudo. Puedes ver esto como ventajas.

Luego también, uno sabe un poco más cómo manejar las cosas; no es un asunto de exigir o no, se trata de facilitar la comunicación y permitir que las personas sean más concientes de los problemas, de las necesidades, del por qué de las exigencias. Por ejemplo, todo lo que está ocurriendo sobre la ecología, no se resuelve exigiendo, sin conciencia nada es posible. Hacer las cosas sólo por deber, porque somos cristianos, o porque somos religiosos, no nos lleva muy lejos. Pero si tomamos conciencia de las nuevas dimensiones de nuestro mundo, entonces nos involucraremos. En este sentido, una edad avanzada puede ayudar a reconocer que éste es el camino. Pero veremos: depende también de cómo mi salud y mi nivel de energía avancen. ¡La Congregación está arriesgándose conmigo!

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¿Cuál es su imagen del primer General de la Compañía de Jesús? ¿qué aprecia especialmente en San Ignacio?

P. Nicolás: Lo que siempre he admirado y encontrado muy atractivo en Ignacio es su profundidad, y esto es algo que yo también espero para la Compañía. En cualquier asunto en el que estemos, teológico o pastoral, personal o administrativo, los jesuitas tenemos una vocación a la profundidad. Ignacio fue hasta el fondo en su discernimiento, muy hondo dentro de su personalidad, muy hondo en la espiritualidad, muy hondo en ayudar a las personas y reconocer lo que ahí ayuda o no. Al mismo tiempo me entusiasma su visión, muy amplia. ¡Profundidad y amplitud! Ambas dimensiones están conectadas de modo que cuanto más hondo, más libre se hace uno de sus límites inmediatos y más capaz es de mirar más amplio. Otra cualidad de Ignacio que destacaría es la valentía para comenzar nuevos proyectos. Todo esto es muy desafiante y atractivo, admiro y aprecio mucho a Ignacio.


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Fuente

  • Fotografías: Archivo Comunicaciones Curia Jesuita en Roma.

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