Entrevista a Thomas Piketty

En ”El Capital del siglo XXI”, Thomas Piketty sostiene y demuestra como de una manera casi mecánica, los ricos se enriquecen más rápidamente que el resto de la sociedad. El argumenta pidiendo la aplicación de un impuesto progresivo sobre las propiedades, el patrimonio. ¿Es posible hacer esto a la escala de país? ¿Sería realista realizarlo en paraísos fiscales? ¿Será esto aceptado por la sociedad? ¿Acaso será suficiente esto para combatir las desigualdades? Las respuestas van en exclusiva para la entrevista de la Revista Proyecto – Revue Projet. Jean Merckaert / Jean Vettraino. Traducción a cargo de Economía Crítica.

(I): La desigualdad y los peligros del capitalismo patrimonial

Usted describe cómo, excepto durante la época de auge – los gloriosos años treinta– de la post guerra, los ricos se hicieron ricos más rápido que el resto de la sociedad. ¿Es esa una tendencia inevitable? Ese rendimiento del capital (en un promedio de 4 a 5% por año) que hemos visto en los dos últimos siglos ¿Es acaso inmutable a estas alturas?

Thomas Piketty – Mi trabajo consiste principalmente en colocar estas tendencias y fuerzas –que son múltiples y contradictorias– en una perspectiva histórica y comparativa. Luego de observar cómo entre los años 1913 y 1948 en los Estados Unidos, el economista Simon Kuznets hizo visible una compresión significativa de las desigualdades en los ingresos. Muchos llegaron a la conclusión que el crecimiento terminaría por ir a la par con la reducción de las desigualdades y así los economistas dejaron de trabajar en este campo de investigación. Con Emmanuel Saez se prolongó la curva (en U) y a Kuznets se le mostró cómo en los años 1990 la desigualdad en los EE.UU. había recuperado el nivel que tenía a principios del Siglo XX. Marx predijo una tendencia a la baja en el rendimiento de la rentabilidad del capital.

Esta medición del ritmo indica la tasa y frecuencia en relación al capital por un año: (un departamento de 100 000 euros, que reporta unos € 4000 por año, equivale a = 4%). Ahora que, visto como lo describo en mi libro, entonces la predicción de Marx resulta errónea. El retorno puro sobre el capital, sin considerar periodos de guerra, sigue siendo 3 o 4% por año en la actualidad, al igual que en los siglos XVIII y XIX. Y no hay ninguna razón por la cual se derrumbaría con la acumulación. Inclusive si pudiésemos volver a meter al genio de la desregulación financiera en su lamparita, ello no afectaría significativamente, esa superioridad de rendimiento del capital (R) sobre la tasa de crecimiento (G).

En las sociedades preindustriales, el crecimiento anual fue del 0%, y en algunos casos inferior al 0,1% por año. Incluso en el siglo XIX, a pesar de todas las innovaciones técnicas, crecia entre 1% y 1.5%. La renta de los terrenos, llegaba a ser entre 4 y 5% anual. Esto fue lo que permitió a un grupo de propietarios vivir de sus rentas o propiedades y a dedicarse a otras actividades que no eran para la propia subsistencia: las artes, la ciencia, la guerra, el gobierno, la religión… De alguna manera, esta realidad del (R> L) traumatizaría a las sociedades -con el problema de la usura especulativa: ¿puede el dinero hacer dinero?– pues, es que resulta que en sí, constituye una de sus bases.

En la filosofía cristiana de ese entonces fue eliminada la usura, sin embargo se mantuvo la renta de propiedad de la tierra. Si bien se desconfiaba de algunos tipos de capital, principalmente de los capitales financieros (por el miedo a no poderlos controlar), pero no se tomaba precauciones del rendimiento de la tierra (ella, la tierra, ”no miente!”). Parecía ser natural que la tierra ofreciera una renta vitalicia, y que ella permitiera a los poseedores de tierras, vivir sin trabajar.

Con la Revolución Industrial, se creyó que esta vieja lógica ya había sido abolida. Aun cuando las cosas cambiaron, con un incremento del 1 y hasta 2% por año. Pero la brecha entre ambos no habría cambiado tanto como algunos se lo habían imaginado.

En todas las novelas de Jane Austen y en las de Balzac, el rendimiento del capital resulta ser de alrededor de entre 3 o 4% por ciento anual y llegaba hasta a un 6 o 7% para los más arriesgados.

En el siglo XX, si el orden entre R y G se invirtió fue a razón de circunstancias bastante excepcionales y trágicas [las dos guerras mundiales]. Esto también se atribuye como el resultado del crecimiento poblacional. Gran parte del crecimiento ocurrido durante el siglo XX y el que presenciamos hasta el día de hoy proviene de esos hechos. El aumento de la población o el de la productividad tienden a reducir el peso de la herencia del patrimonio de ese pasado.

En una sociedad en la que ya no tenemos niños, o en la que la tasa de población disminuye, la riqueza acumulada toma una considerable gran importancia. Ciertamente, no se trata de destino. Tal vez tengamos tantos niños y la innovación técnica sea tan avanzada –limpia y no contaminante– que en el año 2050 nos reencontramos con un crecimiento del 4 al 5% por año. Pero haríamos bien en preparar otras soluciones.

El nivel de crecimiento de los Gloriosos Años Treinta, de haber influido mucho en las mentes humanas parece bueno y verdaderamente está ya muy atrás de nuestro tiempo. Cabe destacar que cuando la curva de diferencia entre R y G se acentúa o ensancha, las desigualdades iniciales de los bienes patrimoniales se amplifican. Los jóvenes sin capital tienen interés en lograr grandes sueldos para así convertirse en propietarios en el París de hoy. A fin de contrarrestar las dinámicas de la desigualdad habría que mejorar aún más la convergencia de las tasas de crecimiento y los niveles de rendimiento del capital, tendríamos entonces que apostar nuevamente por una extraordinaria coincidencia.

La financiarización de esas grandes fortunas, ¿acaso no debilita el fundamento mismo de ese enriquecimiento?

Thomas Piketty – Una financiarización excesiva de capitales empeoraría las cosas. Todo un segmento de la explosión de esas remuneraciones, el de las más altas, está ligado al sector financiero y la desregulación financiera también ha contribuido a aumentar esa desigualdad en el acceso a la rentabilidad del capital. La fórmula R > G es sumamente abstracta, actualmente ese retorno sobre el capital recubre formas de carteras de activos y de portafolios que son bastante diversos.

Los datos disponibles con los que realmente se cuenta, están incompletos, pero para esos grandes portafolios o carteras, para las más grandes fortunas individuales, para las grandes dotaciones de universidades o para los fondos soberanos, uno puede ver que se dan muy altos rendimientos que oscilan entre de 6 y 8% por año, y que por otro lado, para el inversionista base, que llega con sus 10.000 o 100.000 euros al banco, los rendimientos apenas compensan la tasa de inflación.

En el modelo del mercado del capital perfecto, es en el que favorecen los economistas, pues el mercado de la intermediación financiera está ahí para que todos alcancen un solo rendimiento máximo. Pero es que algunos si tienen acceso a los productos financieros sofisticados, con acceso a rendimientos muy altos, cuando por otro lado los demás productos que se ofrecen son aquellos en los que no ganan nada.

¿El hecho constatado es acaso un caso muy diferente en los países del ”Sur”?

Thomas Piketty – La desconexión entre el rendimiento patrimonial de alto nivel y la tasa de crecimiento es lo que ya se puede constatar ahora a nivel global. Incluso si colocamos allí entre ellos a China, el producto interno bruto (PIB) global, no aumenta su promedio anual de 3,3% según vemos en los últimos treinta años (la mitad, debido al hecho de haber un crecimiento de la población). El ingreso promedio crece a nivel global, en un 1,5 o un 2% por año.

China ya se debe enfrentar a concentraciones muy altas de patrimonio. Por ahora, al igual que Rusia, está abordando esta situación al ir regulando caso por caso, descartando a uno que otro oligarca. Pero, ¿es esto acaso sostenible en el largo plazo? ¿es posible que China llegue a desarrollarse más rápidamente que Europa o que los Estados Unidos, instaurando algún tipo de regulación adaptada al capitalismo patrimonial del siglo XXI?. Pues se está debatiendo seriamente la introducción de impuestos para ser aplicados a la propiedad y al patrimonio. Inclusive con un sistema de partido único, se puede preferir el impuesto a la cárcel, eligiéndose ello como una forma de regular la desigualdad de la riqueza.

Esto nos lo indica, cuando observamos los activos a nivel global, que los países ricos jamás habían sido tan ricos. Los franceses, por ejemplo, tienen mucho más en el extranjero, que los extranjeros no tienen riquezas en Francia. Son los estados los que son pobres. Que el capital que está en poder de todos los nacionales juntos en un país, representa en realidad (y esto no es más que un promedio) la sumatoria de seis años de ingresos: es decir, ¡mucho más que todas las deudas juntas!

La carencia de límites a la acumulación dio lugar, a fines del siglo XIX, a soluciones radicales. El desafío de hoy es responder con medios más pacíficos que las guerras, usando vías más eficientes que el comunismo. Podríamos invertir en la menor proliferación de familias, pero ¡es muy difícil hacerlo como política pública! ¿o fomentar la generosidad individual o privada? A menudo, las personas que donan a fundaciones siguen manteniendo un control. No es suficiente denominar a su interés privado bajo el nombre de ”interés general” para que así lo llegue a ser.

1

(II): La fiscalidad justa, centro del conflicto político

Los impuestos, lo fiscal resulta ser tan diferente de país en país y en distintos períodos, ¿se ha logrado acaso tener un impacto significativo en la redistribución de los ingresos y de la riqueza?

Thomas Piketty – Los instrumentos fiscales son un mecanismo para financiar y desarrollar proyectos para los conjuntos, para la necesidad común, para los bienes públicos, para la protección social, no para la educación, etc. A lo largo de la historia, el tema del impuesto justo –es decir lograr éxito en ponerse de acuerdo en quién paga qué, y basándose en qué criterios– siempre ha sido el tema central, colocado en el corazón del conflicto político.

Mi libro se inscribe dentro de esa amplia pregunta sobre la propia cuestión de la naturaleza del impuesto justo, de la contribución equitativa y de sus efectos sobre la estructura de la sociedad. Con el libro trato de renovar la reflexión sobre cómo articular y reavivar el debate sobre el vínculo entre el impuesto a la renta (flujos) y el impuesto sobre el patrimonio (acciones). La tercera categoría importante que hay, es la del impuesto al gasto (el consumo) y esta categoría a su vez está vinculada a las otras dos pues, es así como el consumo es abordado, en principio, sobre el ingreso y restándole el ahorro.

En todas las épocas, se puede observar que en estas tres categorías los hechos se presentan en diversa proporción. El impuesto sobre el consumo es a menudo el que pesa más fuertemente sobre los segmentos más populares, y la resultante es que terminan ahorrando menos y que llegan a consumir casi la totalidad de sus ingresos. Bajo el modelo de Antiguo Régimen, estaba la gabela, el impuesto a la sal, que era el impuesto más impopular.

En lo absoluto uno se podría imaginar un impuesto al consumo que fuese progresivo. En cierto modo, esto es lo que se está tratando de hacer con las tasas diferenciadas del impuesto al valor agregado IVA, pero sin embargo en la práctica, es difícil diferenciar los productos básicos de los bienes de lujo. En parte, la tendencia de aplicar el IVA en Europa es más bien un síntoma de una débil manera de ser cooperativos dentro de la Unión Europea (UE). Se ha visto en el IVA, un medio fiscal que aplica tributos a las importaciones que provienen del país vecino.

Pero ¿acaso cuando todos en el mundo hayan aumentado su IVA al 25% nos habremos convertido en más avanzados o prósperos? Así no se logrará restaurar nuestra competitividad comparativamente si lo vemos frente al caso de China, y el efecto de la competitividad dentro de la propia Europa estará completamente aniquilado en el momento en que todo el mundo utilice IVAs.

LA EVIDENCIA: El impuesto sobre el patrimonio debería, por lógica, convertirse cada vez más en el más importante de todos, para las sociedades en las cuales el peso total de los activos y del patrimonio, aumente de manera proporcional en lo que se refiere a los ingresos.

Pero en el fondo estoy basando mi reflexión en el eje del impuesto a la renta –a la riqueza–, la novedad del libro es probablemente la de demostrar que hay un lugar para cada uno. El impuesto sobre el patrimonio debería pues convertirse por lógica el que cada vez gane más importancia en una sociedad en la cual el peso total de las propiedades –los activos– aumenta en directa relación con el aumento de las rentas. Esto no quiere decir que este sustituya por completo al impuesto a la renta. Los ingresos y la riqueza son dos dimensiones diferentes en el escenario de la desigualdad que hay entre los individuos. Algunos tienen ingresos muy altos y poco patrimonio y activos, otros tienen muchas propiedades pero ingresos muy bajos.

Obviamente hay una correlación –el promedio de las personas que tienen un gran patrimonio tienen ingresos más altos–, pero esta realidad está muy lejos de ser perfecta. Necesitamos que ambos impuestos estén allí para satisfacer los requerimiento de las diferentes dimensiones según sea la capacidad de contribución que tenga la gente –el propósito principal de un sistema de impuestos es en realidad tratar de aplicar cada modelo de contribución, de manera proporcional a cada capacidad y a cada medio.

Maurice Allais (1911-2010), quien fue de todo menos un economista de izquierda, defendió durante mucho tiempo la idea de aplicar el impuesto sobre el patrimonio como un impuesto único: siendo la ventaja que él sostenía que una vez pagado el impuesto, usted tendría incentivos mucho más altos para colocar sus inversiones de la mejor manera posible y de hacer crecer su patrimonio, y que así ya no tuviese que tributar por esos rendimientos que obtendría.

La limitación de este argumento es que, el rendimiento obtenido no sólo viene a ser el resultado de su propia gestión y sus propios esfuerzos. Así que para una empresa que hubiese tenido un año muy malo, y hubiese enfrentado grandes pérdidas ese impuesto se basaría únicamente en su aplicación al capital utilizado, pero continuaría pagando el mismo impuesto que otra empresa que sí hubiera tenido un buen año con enormes beneficios; esto acentuaría el riesgo de quiebra para empresas cuyas dificultades en realidad solo son temporales.

Hace falta encontrar el equilibrio entre, aplicar impuestos sobre la riqueza y el stock utilizado o de aplicar los impuestos sobre los ingresos corrientes y beneficios obtenidos cada año. Existe un aspecto de seguridad en la base impositiva, es a partir de ello que la participación resultaría estar en función de aquellos momentos en que las personas están en su momento de prosperidad.

Sin embargo, no se trata de irnos al extremo opuesto, ni de considerar que un patrimonio que no produce ingresos llegará a no pagar nada. Como si alguien que posee edificios o castillos, que se niega a alquilarlos, o se contentara de solo ir a dormir allí para pasar una noche al mes en estos, estuviese exento del impuesto a la propiedad y no pagaría nada solamente porque partiría de la base de que no tiene ingresos… Exactamente, así que en la práctica se deben pagar los impuestos sobre la propiedad.

Si alguien se negara a obtener ingresos en base a sus propiedades, habrá que verse cómo es que debe venderla en un lapso de tiempo largo para que sí deba pagar el impuesto. Ese es el propósito del impuesto sobre el patrimonio: asegurar que si alguien no obtiene rentabilidad de sus activos, pues tendría que deshacerse de la propiedad y vendérselo a alguien que lo vaya a utilizar de una manera más productiva.

La combinación de estos dos tipos de impuesto ¿nos conduciría acaso a una realidad de menor desigualdad?

Thomas Piketty – Ambas formas de impuestos ya han jugado un papel en la reducción de las desigualdades en el siglo XIX. Para el futuro, lo que propongo, es combinar el impuesto sobre la renta con el impuesto progresivo sobre la riqueza heredada, la herencia, es decir el patrimonial predominante del siglo XX, pero además con una tercera forma, la cual es: el impuesto progresivo sobre el patrimonio, que diseñado sobre una base anual, algo parecida al impuesto sobre la propiedad o al impuesto sobre el patrimonio que se aplica en Francia, y que se comportaría de una manera más armonizada.

Las tasas e impuestos aplicados a la propiedad de la tierra datan de principios del siglo XIX, un mundo donde el capital era principalmente inmobiliario, de bienes raíces: que se basaba únicamente en los bienes raíces, y no tomaba en cuenta ni las deudas o pasivos ni los activos financieros. Esta situación ya no se adapta para nada a la realidad patrimonial del siglo XXI, que está tan estrechamente vinculada a las finanzas.

El impuesto sobre el patrimonio, creado en 1980-1990, es más moderno, ya que toma en cuenta los diferentes tipos de activos financieros. Pero está plagado de lagunas y nichos fiscales, y además es muy difícil de operar en vista de la ausencia de una visión global del patrimonio y de los formularios de declaración patrimonial que están pre-llenados.

Tenemos hoy en día la necesidad que los impuestos patrimoniales sean anuales, pues el hecho de sólo esperar la transferencia intergeneracional de patrimonios, para aplicar el impuesto, no es suficiente. Si uno hace fortuna a los 40 años, en 90 años sus activos habrán seguido creciendo significativamente: sería muy difícil de aplicarlo en el momento en que su capacidad de contribuir con el pago no está en su mejor etapa.

¿Es acaso normal que, como sucede actualmente, esperemos que Bill Gates o que Warren Buffett transfieran su herencia para que el sistema de impuestos recaude una contribución? Es a la inversa, cuando se recibe una sucesión o herencia, no es necesariamente adecuado que en ese momento se concentren toda clase de impuestos, hasta viendo esa justificación a partir de razones psicológicas, y luego también por razones económicas: es que no sabemos cómo evolucionará el desempeño de cada patrimonio. ¿Quién hubiese imaginado que un departamento parisino que fue heredado en 1972, y que se evaluó en 100,000 euros, llegaría a ser de un valor de millones de dólares en la actualidad y que produciría alquileres mensuales equivalentes a cinco veces el salario mínimo?

En lugar de gravar fuertemente este legado en 1972 y luego no imponerle ningún impuesto durante cuarenta años, en realidad tendría mucho más sentido tratar de gravar en el momento de la transferencia de los activos una parte y luego gravar al dueño a lo largo de su vida.

LA EVIDENCIA: Frente a la quiebra de bancos, y si usted no sabe quién es dueño de qué, se hace difícil establecer una tasa sobre unos y sobre otros de manera aceptable.

Entonces pues, y quizá este sea el argumento más importante de todos, y es que se trata realmente de conseguir más transparencia, una claridad democrática y financiera sobre las propiedades y los patrimonios. Al aumentar los impuestos, también vamos a tener que diseñar categorías, me refiero a categorías jurídicas, a categorías estadísticas; esta sería una forma de lograr que la sociedad, que las empresas, generen información sobre sí mismas.

En la Revolución Francesa, el impuesto sobre la propiedad del suelo y el sistema de impuestos sobre las herencias, así como la creación del catastro, fueron una manera de registrar las propiedades, un modo de establecer la propiedad y hacer valer el derecho de propiedad, una manera de lograr su respeto a nivel público. Si usted paga un impuesto sobre la propiedad ya sabe que el derecho a su propiedad está garantizado públicamente.

Es así como se establece cierto nivel de información pública: así es como sabemos más sobre quién es dueño de qué. En el capitalismo financiero global de hoy en día, no existe un catastro financiero del mundo, incluso ni la Unión Europea lo tiene. El Presidente de la República Francesa no sabe que su ministro de economía tiene una cuenta en Suiza… Esta situación de opacidad extrema no es saludable ni para la democracia ni para la regulación financiera.

De cara a quiebras bancarias o a las de los sistemas financieros a ser reestructurados, si no se sabe quién es dueño de qué, ni en qué banco, resulta pues sumamente difícil incorporar a uno u a otro para que cada uno de ellos contribuya de una forma que sea además mutuamente aceptada.

Las desigualdades llevan al modelo patrimonial actual (por lo tanto a la herencia), incluso más aún que a los ingresos. Pero ¿es acaso el impuesto sobre el patrimonio, incluido el de las herencias lo que quiere la sociedad?

Thomas Piketty – Es perfectamente legítimo que la gente tenga miedo a tener que pagar impuestos por haber logrado acumular. Debemos tomar en serio estos temores y responder con un debate adecuado, para ello tenemos que hacerlo del modo más democrático y transparente posible.

En el 2007, Nicolás Sarkozy, llegó a utilizar este sentimiento positivo de muchos franceses para lograr una reducción del impuesto a las sucesiones a fin de exonerar rentas de 1,5 o 2 millones de dólares… Todo padre podría utilizar esta estimación por cada niño en seis años, por hasta cinco veces durante el transcurso de su vida. Esta medida fue enmendada en el 2012, pues realmente le costaba demasiado caro al Estado. Con demasiada frecuencia se niega el acceso a las cifras en detalle. Y bueno, esta es la conclusión de mi libro, ”la negativa a contar rara vez juega a favor de los más pobres.

LA EVIDENCIA: Si usted tiene un departamento valorado en € 300.000 y cuenta con un préstamo por 290.000 euros, pagará por esos conceptos el mismo impuesto a la propiedad que alguien que no tiene ninguna deuda.

Por mi parte, sugiero, no aumentar el impuesto sobre el patrimonio en general, pero sí convertirlo en un impuesto de aplicación más progresiva. Se trataría, pues, de reducir el impuesto a la propiedad de la mayoría de la población y de aplicar el aumento a los propietarios de mayores riquezas.

Facilitaríamos el acceso al patrimonio para aquellos que no lo tienen. Actualmente, si usted tiene un departamento que vale € 300.000 y un préstamo de 290.000 euros, usted pagará el mismo impuesto a la propiedad que otra persona que no tiene ninguna deuda. Sin embargo, en esta situación, su patrimonio neto es de sólo 10.000 euros.

Mi propuesta es que debemos sustituir los impuestos al patrimonio de la actualidad, incluyendo el impuesto a la propiedad de tierras, por un impuesto progresivo: se reduciría así el impuesto a la renta, el cual hoy es pagado por un 90% de la población, y cuyo valor de deuda neta resulta muy baja a razón de la deuda y en contraste se diseñaría uno con aumentos para los que están en mejor situación patrimonial.

El enfoque por escalas podría ser el siguiente: 0% hasta 1 millón de € de patrimonio, de 1% para patrimonios entre 1 y 5.000.000, 2% para los que van más allá de los 5 millones.Dicho impuesto aplicado a nivel europeo, permitiría un ingreso mayor al 2% del PIB. Y aumentaría la movilidad del capital. Ciertamente, no existe una fórmula matemática capaz de permitirnos establecer como deberá ser fijado ese impuesto de un modo ideal. El problema es que estos asuntos se dejan muy a menudo sólo en las manos de los técnicos.

En cuanto a las élites, ya conocemos su capacidad de negacionismo de la realidad: a fines del siglo XIX el economista Paul Leroy-Beaulieu explicaba que Francia no tenía necesidad de aplicar ningún impuesto progresivo, pues gracias a la Revolución, nuestro país ya había logrado ser lo bastante igualitario.

2

(III): Redistribuir en la era de la globalización

Desde hace treinta y cinco años, las fortunas se han vuelto muy móviles. El sistema tributario, que se basa principalmente en los flujos, ¿es acaso capaz de corregir estas desigualdades si consideramos que más bien ha sido pensado a una escala de nivel nacional?

Thomas Piketty – Las cosas sí son posibles a nivel nacional, por ejemplo lo de cómo hacer una fiscalidad más progresiva sobre el patrimonio neto de préstamos sin que de pronto las propiedades secundarias tomen mañana mismo el siguiente tren matutino del Eurostar. Pero para ir más allá en lo que se refiere a la posibilidad de aplicarlos con progresividad a escala de las más altas riquezas financieras, se necesitaría una verdadera cooperación, a nivel de los europeos.

De lo contrario, la capacidad de elevar los impuestos en países de Europa sería más difícil y la posibilidad más limitada. Esto es aún más real cuando hablamos del impuesto a las sociedades y empresas pues están rodeadas de manera muy contundente por las multinacionales. Hoy en día existen dieciocho impuestos diferentes para las empresas dentro de la zona del euro, es así pues como está completamente integrada desde el punto de vista económico, sabiendo que es así pues como todas las grandes compañías si pueden transferir fácilmente sus beneficios de un país al otro, decidiendo entre sí y en función del interés fiscal que se aplique.

Es como si la escala de los impuestos a la renta, fuese diferente en cada uno de los veinte distritos de circunvalación de París. Bastaría con tomar el metro para pagar una tarifa inferior. Inevitablemente, cada distrito disminuiría su propia escala de tarifas para ser atractivo… Si se quiere realmente mantener una integración económica, la libre circulación de los capitales, de los bienes, de los servicios y de las personas dentro del marco de la UE, se necesitaría mucha más coordinación fiscal. De lo contrario, algunos con la opinión pública y con el tiempo se querrían retirarse de este sistema, por ejemplo imaginarían que un retorno a las fronteras nacionales quizá los protegería mejor.

Si no llegamos a demostrar que sí existen maneras de conciliar la globalización y que de alguna forma también los impuestos, la justicia fiscal y la justicia social, estaríamos expuestos a que primen esas tentaciones a declinar. La cooperación fiscal es esencial si queremos mantener la adhesión tanto al proyecto europeo como al de la globalización.

¿Cuál es el rol de las empresas en su tríptico de los principales tipos de aplicación de impuestos?

Thomas Piketty – Ellas son una de las ramificaciones. Por ejemplo, en el caso del impuesto sobre las ganancias de las empresas, este es de una forma un tipo de tributación a los ingresos corrientes. Este método de retención, es un impuesto a las fuentes del beneficio que perciben las sociedades en el momento en que tiene ganancias, este sigue siendo un elemento importante del sistema ideal que acá les describo. Pero en detalle, un sistema tributario justo debería desde el principio depender del nivel de los ingresos y del patrimonio y riqueza, y partir de una reflexión sobre el impuesto progresivo a nivel individual.

Las empresas son aquellas instituciones colectivas a través de las cuales transitan los salarios, las acciones y los dividendos. Nos debemos apoyar en ellas para recibir impuestos y las declaraciones, debemos arrojar luz sobre la estructura de su accionariado… La empresa es también el lugar donde los empleados debieran participar en la toma de decisiones, pero esto resulta imposible si no existen datos conocidos y conocimiento exacto sus cuentas de aquellos que las llevan, poseen, etc. Cualquier intento de real transparencia fiscal y financiera primero debe realizarse a nivel de empresa.

En el mejor de los casos, el impuesto llegará a los sumo a corregir desigualdades pero ¿Acaso no conviene empezar a interrogarse primero sobre las fuentes de distribución primaria de las rentas, incluyendo en sí un control a la creación de dinero?

Thomas Piketty – El impuesto es sólo una herramienta más entre otras que existen, pero sería un error el solo pensarlo como una participación para hacer redistribución secundaria. A través del modo cómo modifica el ingreso, el impuesto tiene un efecto en la capacidad de cada uno para acumular activos, para financiar las inversiones, para la formación, y por lo tanto, en última instancia como un efecto sobre la desigualdad primaria.

Es un obvio elemento para hacer tributar al patrimonio. Esto también es cierto en lo que se refiere al impuesto a la renta: el efecto más importante de la elevadísima tasa de impuestos a las rentas más altas en los Estados Unidos entre 1930 y 1980 fue sin duda el hecho de ponerle fin al pago de remuneraciones más allá de un cierto umbral, y el hecho de permitir un monto salarial mayor en la nómina de los trabajadores. Por el contrario, la eliminación de estos tipos de tasa [bajo Reagan] contribuyó al aumento de los salarios a nivel tan alto, lo que limitó por tanto la nómina para disposición del resto de los empleados.

Hay otras herramientas más que solo las fiscales. La primera entre ellas es la educación. La difusión del conocimiento y del saber es la fuerza principal que permite la reducción de las desigualdades en el largo plazo. Pero la educación, tampoco puede hacerlo todo. Inclusive contando con un excelente sistema educativo, la lógica de la desigualdad permanece tanto dentro como fuera del propio sistema educativo. El impuesto progresivo es pues, un complemento.

La regulación financiera también juega un papel central. Lo que caracteriza a la evolución de la riqueza financiera en el curso de las últimas décadas es una hipertrofia en su posición financiera bruta. En otras palabras, lo que Francia tiene en el resto del mundo está en realidad muy cerca de lo que el mundo posee en Francia: su posición neta de activos de cara ”vis-à-vis” de otros países, es relativamente débil y bajo.

Sin embargo, los activos financieros franceses son del orden de la mitad de la propiedad del resto del mundo: las existencias en bruto son enormes. A partir de esto, hay una fuerte fragilidad potencial, como en España. Ese tipo de locura financiera que vemos como resultante, añade en gran medida a la inestabilidad en la asignación de activos entre los países y su repartición dentro de los países, y la desigualdad extrema de la rentabilidad del capital en función del tamaño de las carteras.

Pero no se puede apostar todo en la regulación misma del sistema bancario. Tampoco, por otro lado, de los bancos centrales. En los últimos años, hemos invertido mucho en política monetaria y demasiado poco en política fiscal. La gran ventaja de los bancos centrales, es que pueden crear miles de millones de euros o de dólares en el día, establecer sus reglas a los bancos, etc. Hay en ellos una especie de infinito poder como entes reguladores financieros.

Pero los bancos centrales no siempre saben qué hacer con ese dinero. Se prestan aquí o allá, pero cual es finalmente el impacto que esperan lograr? A veces se redistribuye a la inversa, haciendo algunos que se logren grandes beneficios, al pedir prestado a tasas ridículas y alimentando burbujas de activos en otros lugares.

¿Qué resistencia tuvo la ”revolución fiscal” que usted recomendó en Francia, y que en gran parte el Partido Socialista había tomado en cuenta en el año 2012, y como fueron estas resistencias que enfrentó?

Thomas Piketty – El tema de la fusión de la contribución social generalizada (CSG) / con el impuesto a la renta en relación al capital del siglo XXI tiene una importancia muy relativa – y a pesar del título del libro – en comparación con la historia global general de los impuestos.

Propusimos que se utilizara el sistema de CSG y la retención sobre la fuente con una base relativamente amplia y de extender el impuesto sobre la renta. Pero la propuesta no había sido realmente debatida antes de las elecciones, y una reforma de este tipo, por pequeña que fuese, debería haber sido preparada con antelación. Quizá fue porque el candidato Hollande hubiese descubierto que podía ganar sin tomar demasiados riesgos. Hubo falta de compromisos específicos y falta de visión de conjunto, y en realidad se debe sentir la obligación de inventar reformas relevantes en lo que finalmente representa la mayor parte de ese rompecabezas en su formato completo.

Así fue como empezó quitando la reducción de las contribuciones patronales que se habían establecido bajo Sarkozy antes de ser inventadas, y seis meses más tarde, un crédito sobre la competencia, montos a ser usado y que recién sería reembolsada con un año de retraso, y una parte de las contribuciones hecha con tasas previas no actualizadas y luego el hecho de considerar la sustitución de primas por unas de cotización más baja…

LA EVIDENCIA: Frente a una enorme deuda pública, que sería acorde a una ideología de no colocar los patrimonios grandes en el marco de las contribuciones.

¿Bajo qué condiciones puede prosperar la idea de un impuesto global sobre el patrimonio?

Thomas Piketty – Este impuesto no tiene que ser global. Se requieren adicionalmente reformas simultáneas tanto a nivel nacional como en la cooperación internacional, cuando sea necesario. Quiero mantenerme optimista, pues los impulsos básicos de lo económico y de lo democrático empujan hacia un impuesto progresivo sobre la propiedad. Si queremos seguir teniendo una gran clase media con acceso a patrimonio y una oportunidad para las personas que parten de cero, necesitamos un sistema tributario que les permita una oportunidad.

Reducir los impuestos a la renta a hogares endeudados que buscan acumular riquezas podría reunir a la derecha con la izquierda para decidirlo a nivel nacional. Cuando un país se encuentra en una situación económica difícil, debemos encontrar las recetas, y la aplicación de impuestos al gran patrimonio es algo bastante natural. En España, el impuesto sobre el patrimonio y la riqueza, que fue eliminado por Zapatero, fue luego reintroducido por Rajoy. Cuando tienes por un lado, una enorme deuda pública y por el otro un alza en propiedad floreciente, esta ideología no los pondría a tributar.

Por otra parte, sin tener que irnos a un impuesto global, la opinión pública está presionando por una lucha más creíble en contra de los paraísos fiscales. Fue hace cinco años, que todo el mundo pensaba que el secreto bancario suizo se quedaría así por siempre.

Bastó con que los Estados Unidos amenazaran con retirar la licencia bancaria a los bancos suizos para que el secreto comenzara a agrietarse. Si solamente te contentas con pedirles amablemente a los paraísos fiscales que sean más transparentes, no va a funcionar.

3

Notas:
  • Thomas Piketty es el director de estudios de la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales y enseña en la Escuela de Economía de París. Su investigación se centra en la desigualdad económica. Su último libro, ”El Capital del siglo XXI” (Seuil, ”Umbral” 2013), ha generado un vivo debate en los Estados Unidos y en Europa.
Fuente:

Entrevista a Thomas Piketty (I): La desigualdad y los peligros del capitalismo patrimonial Clic Aquí

Entrevista a Thomas Piketty (II): La fiscalidad justa, centro del conflicto político Clic Aquí

Entrevista a Thomas Piketty (III): Redistribuir en la era de la globalización Clic Aquí

Comentarios